viernes, 9 de agosto de 2013

Música Oscura (2013), cortometraje de Leonardo Mora

El siguiente texto desea presentar el cortometraje experimental Música Oscura (2013) y  generar diversas ideas acerca de su realización y su carácter, por el mismo autor.




Música Oscura (2013)
Un cortometraje experimental de Leonardo Mora


Diversas razones nos han llevado al proceso de creación de este cortometraje. Además del interés de la creación y expresión  estética a través de un medio audiovisual, otra de ellas es el aprovechamiento de la infinidad de imágenes y videos que inundan nuestra rutina todos los días -somos una generación eminentemente visual- y que gracias a las nuevas tecnologías, encontramos con tanta facilidad en portales como You Tube. Sobra mencionar su alcance e influencia en la cultura del siglo XXI.


Es extraordinario, de un valor e implicación incalculable, el hecho de saber que podemos disponer de tantas imágenes de todo tipo con sólo un click. Casi que podría afirmarse que ningún aspecto de la realidad es imposible de encontrar en los portales de video. Gracias a estas ventajas, decidimos elegir -entre millones de posibilidades visuales- solamente ocho videos –editarlos, aplicarles filtros, subtítulos, crearles música original, encontrarles la secuencia más acertada, y contar con ellos un breve documental acerca de ciertos pasajes de la vida de Iván Sergei Semionov, oscuro músico minimalista ruso que se suicidó prematuramente. Valga aclarar que ninguno de los ocho videos elegidos originalmente hacen parte de una obra artística.


Consideramos que esta propuesta es de alguna manera hija de aquella tendencia artística que instituyó Marcel Duchamp –el ready-made en las primeras décadas del siglo XX, cuando las vanguardias artísticas se abrían paso en medio de un mundo convulsionado por dos desastrosas guerras mundiales, y nos manifestaban a gritos unas nuevas e impresionantes maneras de concebir la existencia. El ready-made predica, sintetizando en extremo, que existe, y es válida, la posibilidad de tomar un elemento tangente de la realidad, creado para fines especialmente prácticos y aplicarle modificaciones, junto a una nueva connotación de carácter artístico, a través de ideas intelectuales y creativas. Ese es el propósito esencial del cortometraje: crear un nuevo producto artístico a partir de elementos que ya existían con otros propósitos. Creemos que algunas de las influencias visuales de Música Oscura van desde el cine de vanguardia de creadores como Walther Ruttmann o Dziga Vértov, hasta los documentales subjetivos de Win Wenders y de Chris Marker. Antes que cualquier otra cosa, tratamos de ser los más estrictos y respetuosos cinéfilos, interesados en desentrañar las más increíbles etapas de la historia de la cinematografía. Debemos mencionar que de cierta forma, la dificultad de hacer cine en nuestras latitudes, la escasez de recursos y las diferencias con respecto a los parámetros artísticos y técnicos que imponen las instituciones estatales y privadas promotoras del cine en Colombia, han determinado también el carácter de este trabajo.


Quizás sean altamente inválidas las razones arriba expuestas; podría pensarse que sólo deseamos justificar una acción reprensible con respecto a la cuestión de los derechos de autor. Pero con sinceridad, una necesidad febril de crear y transmitir una obra estética es la culpable de todo. Amamos el cine, amamos el arte, vivimos para el arte: sólo queremos crear cosas tan bellas como lo han hecho los grandes directores a través de la historia de la cinematografía, y expresarnos en medio de una dura, caótica y excluyente realidad de un país latinoamericano como Colombia.



Ficha técnica:

Nombre: Música oscura
Idea original, guión y dirección: Leonardo Mora.
Música original: Leonardo Mora.
País: Colombia.
Idioma: Ideolengua (subtítulos en castellano).
Duración: 13:39 minutos.
Género: Experimental.
Formato: Video digital.
Año: 2013.

Sinopsis: Diversos pasajes de la vida y obra del músico experimental y minimalista ruso Iván Sergei Semiónov (1974-2005) relatados a través de sus obras musicales, textos extraídos de una entrevista suya concedida en 2003 a la revista The New Yorker, e imágenes varias que recrean simbólicamente la narración.








Para ver una breve intervención del autor sobre este trabajo, 
pulsar abajo:














miércoles, 7 de agosto de 2013

Fantasmas en los suburbios: La noche infinita (2013), novela de Carlos Andrés Oviedo


Fotografía: Leonardo Mora


Por Leonardo Mora
sanagustinconfesiones73@gmail.com


Carlos Andrés Oviedo, joven escritor residente en la ciudad de Ibagué, Colombia, lanzó el fin de semana pasado con la editorial Caza de Libros -en el marco de la Feria Internacional del Libro celebrada en Bogotá- su primera novela titulada La noche infinita. Este libro conforma un tríptico junto con las novelas La sombra del artista y El pensador errante, las cuales permanecen inéditas hasta la fecha.

La noche infinita resulta una obra sumamente alentadora por diversas razones: además de significar la entrada al mundo editorial de un autor que escribe con disciplina y entrega constantes, como pocas veces acontece en un medio provinciano en el cual no han surgido más que algunos –muy contados- aciertos novelísticos, esta novela es un testimonio muy personal de un cúmulo de experiencias desplegadas en esa misma provincia que vio nacer y crecer a este autor, Ibagué. La historia literaria de esta ciudad no ha manifestado suficientemente una obra en la que se retrate de manera efectiva la vida de sus habitantes y su cosmovisión del mundo en términos urbanos y de ciudad, y la obra de Carlos Andrés Oviedo demuestra con creces el intento por dar cuenta de sucesos e imaginarios enmarcados en el sentir de esta región colombiana, de la mano de un creciente talento y un interés verdadero por alcanzar un verdadero rango literario y artístico. 

La lectura de la obra denota manejo de amplios recursos estilísticos y un lenguaje artístico bien trabajado y sin más pretensiones que constituir un relato honesto de índole ficcional. La noche infinita no funciona como una novela que cuenta una historia definible y tradicional, sino que constituye una estructura fragmentada, con apartados que sugieren diversas valoraciones y que no se manifiestan evidentemente en una sola esfera definible: la construcción del mundo novelístico de Carlos Andrés Oviedo se imprime de elementos tanto oníricos como reales, o del pasado como del futuro, y es el lector mismo quien está llamado a interpretar y a sacar sus propias conclusiones. 

Uno de los aspectos más interesantes y fuertes de La noche infinita se encuentra en el tono de la obra, la cual está impregnada de una extraña melancolía al relatar eventos, percepciones e ideas cargadas de significaciones, por boca de su protagonista, Solirio. Esta vulnerable niña que en la historia atraviesa diferentes edades que oscilan entre la infancia y la adolescencia –cabe recordar la importancia de las impresiones que se reciben en esta etapa de la vida, fundamentales para determinar la personalidad- nos relata como un fantasma, casi de manera espectral, sus encuentros emocionales con las primeras personas que conforman su entorno: sus padres, familiares, amigos de la casa, allegados, maestros, y con los espacios sociales que debe enfrentar una niña de educada sensibilidad y de tintes burgueses a medida que el mundo se le muestra: el hogar, el colegio, la calle, el barrio, hasta llegar a la ciudad. Solirio caracteriza sutilmente todos estos elementos y cavila profundamente en su trascendencia, pero lo hace con nostalgia, con pesimismo ontológico, porque en su condición de habitante de un indefinible limbo, ya sabe de la finitud y fragilidad de todas las cosas humanas. En diversos apartados hay un estilo que podríamos afirmar proustiano, en el sentido de ese examen minucioso de los pequeños detalles cotidianos para asumirlos a la luz de la experiencia ganada con el tiempo, y del rescate de los recuerdos que, veleidosos y arbitrarios, alguna vez se instalaron en la mente y por razones inciertas, acosan ocasionalmente a la conciencia que los retiene. El mundo de La noche infinita es un mundo frágil, leve, huidizo, que amenaza con desaparecer si antes no se logra cristalizar algo de su esencia en palabras escritas, porque amenaza con derrumbarse. Quizás ese es el gran objetivo de la pequeña Solirio, antes que el tiempo -que todo lo destruye- esconda en el cajón del olvido esos sentimientos que una vez nos arrebataron y lo fueron todo. Inconscientemente, Solirio asume la carga moral de dar cuenta de la transmutación de los valores de una sociedad que se desintegra poco a poco y ha dejado de ser el paraíso otoñal de sus ancestros, para convertirse en una salvaje jungla de asfalto en la que debe lucharse duramente para poder sobrevivir. Solirio –extraño nombre que parece conjugar la soledad y el delirio- es una conciencia que se va despertando poco a poco, y se entera paulatinamente de la mezquindad de lo que la rodea, de una realidad cruel y falta de espiritualidad a la que sólo puede combatirse con las posibilidades expresivas del arte. Solirio es ultrasensible, introvertida, una molécula de polvo en medio de la tempestad del mundo que se pregunta por el absurdo y el caos en que se ha sumergido el género humano, ese mismo que adolece de tanta inconstancia, de debilidad, de perplejidad, de ambigüedad, de resignación. 
Fotografía: Leonardo Mora

A pesar de la esencia “ectoplásmica” que nos habla en la novela, la ciudad de Ibagué aparece sopesada por una mirada y un carácter en particular: diversos personajes provenientes de varios estratos sociales y de todos los talantes –poetas, tenderos, docentes, burócratas, músicos- pueden informar al lector con certeza que se trata de la vida de provincia, con sus pequeñas miserias, sus ideas un tanto cerradas de la vida, sus comportamientos, sus expectativas, sus frustraciones. En el libro puede notarse un constante acercamiento a la historia de la ciudad, sus tradiciones y sus imaginarios, sus mitologías y sus construcciones mentales, y el choque cultural entre las etnias americanas y el invasor europeo. De igual forma aparecen lugares identificables de esta ciudad –como el Conservatorio de Música, el Parque Centenario, la carrera Tercera y el tradicional barrio de Belén- pero no solamente mencionados, sino que imprimen su evidente influencia en las conciencias y en las mentalidades y determinan la manera de vivir y de asumir el mundo. Los habitantes de Ibagué sensibles y observadores podrán encontrar correspondencias de su diario vivir con los escenarios de la novela, y encontrarán acertada la manera en que los personajes se mueven y actúan en su ciudad.

En buena hora la novela de Carlos Andrés Oviedo, un joven escritor ibaguereño de 32 años, que sospechamos inaugura una nueva novelística regional y asume el reto de enfrentar la realidad con las armas del arte y el intelecto, para crear obras estéticas que puedan darnos cuenta de la condición humana de una forma más acertada y consciente, en un contexto local donde no abunda la calidad y el trabajo minucioso en términos literarios. 

martes, 6 de agosto de 2013

Cuatro poemas de Daniel Padilla Serrato


Foto: Fernando Caicedo Albarello

La Universidad Externado de Colombia publicó en diciembre del año 2012 una tercera antología con los textos ganadores de los Concursos Universitarios Nacionales de Cuento Corto y Poesía -abarcando los años 2003 a 2012- que organiza anualmente.

En este libro se encuentra el compendio de poemas El espejo dormido del joven autor colombiano Daniel Padilla Serrato, quien obtuvo el primer lugar de su categoría en el año de 2011. El lector podrá encontrarse con una poesía de alto nivel simbólico, de gran carácter visual y con imágenes que recurren constantemente a lugares y situaciones de extraña atmósfera onírica, los cuales destilan una oscura belleza generada por una forma notablemente depurada. 

Un halo metafísico de rara procedencia -acaso podrá evidenciarse que es un mundo surgido sólo de las entrañas de un ser humano sensible y desvelado por el complejo entramado de la realidad- arrebata al lector y lo hace partícipe de las experiencias, sentimientos y visiones de agónicos seres que gritan desde el abismo sideral del tiempo. A continuación presentamos cuatro poemas de El espejo dormido. 



I

En el comienzo era un cráter:

Su vacío recorría el espejo
y nada se interponía entre la superficie y el fondo
salvo una música
poblada de agujeros luminosos.

Acostumbrado a mirarse con cautela
y desnudo de la cintura para abajo
poco a poco el cielo
fue dándose cuenta de su condición
                         de eslabón perdido.


III

¿Y si todo es un error y estamos atrapados
en los herrajes del borde,
en las entrañas de una puerta que no existe,
con los ojos pendiendo de largas cadenas
que llegaron de ninguna parte?

Más allá del infinito una indecible luz se expande,
tan sí misma
que toda ella cabe en el ángulo de uno de sus ojos
y a la vez se mira soñar desde todas las direcciones.

En una casa poblada de espejos
la ceguera lame los poros del Universo.


VIII

En gargantas donde cadáveres ladran 
a la luna

el tiempo
con un campanario de ecos
tañe cansadas músicas de fiesta.

Bailan los ángeles y los gusanos
en el plomo de esos cuerpos olvidados para siempre. 


X

Dormimos en el alma de un fantasma
sueños invisibles.

Flotamos en el fragor de un mundo que desaparece
sin ruido. La  herrumbrosa espada de la muerte pende sobre
nuestro cuello de polvo.

La destrucción es otro sueño que se asemeja al agua
cuando lo circunda todo.




El famoso crayón oblongo / El puente (2025) - Una crónica poética y un relato breve de William Alexander Medina Méndez

 El famoso crayón oblongo                                            Salta cadáveres (1989) - Pedro Alcántara Herrán   "Eres esclava de...