miércoles, 29 de junio de 2016

Sueños de un ensamble musical que quiere ser festival: crónica de un evento colombiano



Iván Esguerra nos relata sus percepciones y encuentros alrededor del Respira Music Fest  2016, evento que aconteció en días pasados en la ciudad de Ibagué, Colombia.




Por Ivan Esguerra Sierra
ivanesguerra2008@gmail.com



    Para comenzar con esta crónica considero necesario hacer el  breve ejercicio de explicar que es un ensamble musical. ¿Pero y cuál es la razón para esto?

    Muy sencilla. Cuando llegué a disfrutar del evento y además de que me considero un conocedor de estilos, sonidos y tendencias musicales. La palabra “ensamble” se tornó un poco sofisticada para mi gusto.

    La forma técnica en que  GOOGLE lo describe refiere lo siguiente: “Dos o más personas que a través de la voz o de instrumentos musicales, transmiten una interpretación propia de obras musicales pertenecientes a diferentes géneros y estilos”.

    Para mí opinión,  de una forma más divertida y coloquial se asemeja a la manera en que se encajan fichas de LEGO para formar una figura del señor de los anillos. Describiéndolo así, el ensamble musical busca acoplar el sonido de instrumentos de diferente tipo; puede que en determinado momento no sea muy común, pero que cuando se hace de una forma magistral se crea un sonido único, experimental y que deleita los oídos  educados.


   Aunque creo saber de música, mis oídos no son tan educados, Y aunque todavía no entiendo muy bien la diferencia entre ensamble musical y todos los revoltijos que los músicos “Nueva era” se permiten hacer. Yo disfrute el concierto.


Un famoso ejemplo de ensamble:





    La invitación era para las 4 de la tarde del día sábado 11 de junio. Como cosa rara, esta vez no me apresuré en llegar al lugar. La verdad tenía un poco de pereza porque dicho espacio es un patio mal llamado “Parque de la música”  y se encuentra poseído por el vicio, el olor a orina y como dice mi mama, “las malas costumbres”.  Créanme. No es muy llamativo.

    Una cuadra antes queda la plaza de Bolívar que es algo que identifica la centralidad de las ciudades colombianas. En esa zona queda una heladería a la que me gusta ir por una deliciosa ración de helado de chocolate cuando estoy cerca. Esa tarde y para retrasar la fiesta no fue la excepción. Mientras me tragaba el último bocado del lujurioso postre comencé a escuchar notas fluidas y algarabías acompañadas de gritos y entusiasmo. Juemadre está bueno, pensé.  Me apresure. A medida que me acercaba, todos esos sonidos empezaban a tomar forma.  Guitarra, bajo, Batería, Voces femeninas y masculinas… ¿Música rock?, ¿Música pop?, ¿Música moderna? Ensamble de música moderna para ser exactos.

      Esa cuadra que divide los parques la recorrí como si alguien me halara una cuerda amarrada a la cabeza. Los ritmos me ordenaban ligereza. Arribé al lugar. La primera imagen que tuve fue la recuperación del espacio. No olía a orines revueltos con cannabis. Los pocos indigentes que había, estaban disfrutando el espectáculo. La incipiente vegetación estaba siendo removida o mejorada. La cosa empezó muy bien. Cuando miré hacia la tarima y vi la pequeña multitud de gente bailando y divirtiéndose, lo confirme. Qué evento tan agradable. Todo estaba sencillamente organizado. Desde una pequeña carpa se manejaba la consola de sonido. Me instale allí para seguir el programa. Delante de mí acomodaron sabiamente unas sillas plásticas para el público. No eran muchas y no estaban todas ocupadas. En mi cabeza empezaron a saltar imágenes que evocan festivales pasados y pensé: otro concierto que se cae por falta de publicidad. Me entristecí y resigne a gozar lo que durara el suceso. Canciones famosas y conocidas se vivieron en las voces de estos jóvenes estudiantes del conservatorio de música del Tolima.





    El tiempo transcurrió y miré la hora en mi móvil. Vi que habían pasado 20 minutos desde mi llegada. Decidí salir del espacio en que me encerré para escuchar y observar. Pobre tonto por lo que me estaba perdiendo.  Afuera había una generosa cantidad de público. La gente no necesitaba de las sillas para participar de la fiesta. Caminé y me perdí entre la masa, las voces y los buenos ritmos. Saque mi cámara y empecé a dispararla. Una foto aquí y otra allá. Primero a la banda, luego específicamente a los cantantes. Cuando intenté tomar una nueva dirección con mi lente observe un pendón.





    La invitación general la hace el Conservatorio Musical del Tolima auspiciado por el Ministerio de Cultura de Colombia, y el concierto pertenece a un programa nacional de concertación cultural. La concurrencia fue tomando sentido. Son personas que apoyan lo propio. Padres apoyando hijos, novias soportando amantes, amigos preocupados por el futuro de sus camaradas, personas del común que quieren que la ciudad crezca. Muy significativo ver el alcalde sentado en una silla plástica de estas,  compartiendo una tarde de “relax” con su familia y la ciudadanía: estaba un poco distanciado pero es  entendible (por su seguridad y aun mejor, la nuestra).


Alcalde de la ciudad de Ibagué: Guillermo Alfonso Jaramillo.

    Avancé un poco y mientras lo hacía me surgió una pregunta ya que veía  muchos jóvenes con instrumentos musicales amarrados a sus espaldas. Además de mucha camaradería. ¿Cuál sería la verdadera razón para medírsele a crear algo así?  Aproveche el cambio de banda y me aventure en hablar con uno de los integrantes de la misma. Resulto ser alguien muy fresco además de amable. Me dijo llamarse Nicolás Bayona. Es uno de los cantantes del ensamble de música moderna. Él me explicó y dio sentido a lo que yo veía. Me contó que los grupos que esa tarde se presentaban estaban conformados por jóvenes emprendedores que pertenecen a un proyecto de estudiantes del técnico laboral con la escuela de música a cargo del maestro Andrés Acosta. Le pregunté si la recuperación del parque iba de la mano con el festival. El humildemente respondió que eso no lo sabía.

    Lo que sí sabía y de lo que estaba muy orgulloso es del proyecto que se traen entre manos con este espacio. “Los estudiantes del técnico laboral buscamos crear empresa y dejar una huella en el Tolima, y por qué no, en Colombia. Ibagué es la ciudad musical del país y carece de buenos espacios y de eventos de tipo musical. Nosotros queremos que este concierto se realice cada año. Buscamos dejarle a las generaciones de estudiantes que siguen a la nuestra un espacio en el cual desarrollar y compartir su talento. Este año son tres ensambles: si todo sale bien el próximo serán más y de otras ciudades. Podría llegar a convertirse en una especie de Rock al Parque”. En este caso de ensamble al parque. ¿Y porque no? ¿Qué le impide a la gente soñar y crear? Nada. Menos cuando se tienen ganas y herramientas, cuando se es consciente de lo que se tiene y de lo que se puede usar. 

      Son jóvenes emprendedores que la tienen clara. Tan clara como la música y géneros por los que transitan. Me sorprendió encontrar tres agrupaciones tan particulares y conformadas por personas de tan diferentes estilos y que a pesar de eso se ven como uno solo, se sienten como uno solo; con deseos de ser reconocidas por su calidad. Le pedí a Nicolás que me hablara un poco de los ensambles que se presentaban. Debido a su responsabilidad con el evento me respondió lo siguiente: Ensamble de música moderna, ensamble de música jazz y ensamble de música tropical. Con eso lo dijo todo. O al menos lo pienso así. Lo siguiente que me aconsejo fue: disfrútelo. Me extendió la mano y me obsequió un botón publicitario de muy bonita calidad que expresa el alma del concierto y me dejo con la promesa  que de ahora en adelante cada año, podría asistir a este evento y conocería muchísimos Andrés, Nicolás, Sara (mi hija hace parte de ese mundo) y cuanto joven amante de los buenos sonidos viva en la ciudad y que crea que todo es posible.  Gracias. Estaré  muy pendiente el año entrante pero por el momento aceptaré el consejo y disfrutare el espectáculo.  

Lazaretto "Ensamble de Música Moderna" Escuela de Música - Conservatorio del Tolima


    Del ensamble de música moderna atestiguo que fue un buen show. Un tanto tranquilo para mi gusto pero con mucho estilo, todos bien ataviados para la ocasión.  De las canciones que se interpretaron no me acuerdo los nombres o la verdad no creo saberlos. Pero puedo decir que fueron bien interpretadas y las disfrute como todos los presentes.  Me acuerdo del bajista quien se adornaba de  forma grata y técnica. Eso me hace pensar en todo el tiempo que debe llevar estudiando ese instrumento. El baterista también hizo lo propio. ¿Pero quién no lo haría si tiene sus esperanzas montadas en el escenario? 

      
    Los vocalistas son muy profesionales, se ve que les están haciendo un buen trabajo. Les resalto que a pesar de sus cortas edades han asumido buenos roles y han adquirido ciertas habilidades histriónicas que los hace muy amenos y atentos con la concurrencia y con los otros miembros. Prestos a corregir cualquier error y sobre todo conscientes del espacio que ocupan. Son los encargados de prender motores.  De hacer que la gente entre en comunión con los sonidos, lograr que ese primer ensamble se convierta en un verdadero festival anual. Hacer que ese día nos olvidáramos del sol abrasador y convertir esa sensación en energía pura. Para afrontar lo que se venía. Solo me resta decir que los felicito, muy bueno todo. Y como todo lo bueno termina;  pero en este caso para darle paso a otras agrupaciones.


















De lo que siguio en esa tarde solo puedo decir que fue diversión pura y que  el ensamble de musica tropical la saco del estadio. Otras palabras serian repetir lo que renglones arriba anoté. Que son una maravilla, que muy buenos musicos, que la gente lo disfrutó y bailó como si estuvieran en fiestas san pedrinas, bla, bla, bla…  Lo que si quiero decir y resaltar es que con poco se hace mucho. Que cuando se tienen ganas y espiritú, se llega lejos. No tuvierón necesidad de promocionar bandas exitosas de otros lugares para que la gente llenara un espacio. Que a pesar de que hicieron, es decir,  nuevas versiones de canciones muy sonadas en la radio (como el clásico de la salsa colombiana Cali pachanguero, de esa sí me acuerdo) la gente las sintio como nuevas. Las acepto sin excusas. No escuché rumores de que esperaban invitados especiales (nacionales o internacionales) para acercarse al evento. No atendí gritos de la multitud alegando que los robarón por lo bajo del espectacúlo o por lo corto del mismo pues tuvo una duración de dos horas (seria el colmo, era gratuito). Por el contrario la gente bailó, aplaudio y canto hasta que se termino.  Hasta yo mismo, con esta sangre “cachaca” o de persona nacida en el interior del país. Senti mis piernas moverse con tan poca gracia pero con tal frescura que no falto la doncella que se  acerco desde lejos moviendo los hombros y diciendo: “Papito, ¿bailamos?”.




lunes, 13 de junio de 2016

Días de violencia: una mirada al cine de Fernando Vallejo







Por Leonardo Mora
sanagustinconfesiones73@gmail.com 


Una faceta menos conocida del conocido y polémico escritor colombiano Fernando Vallejo es su trabajo como cineasta. El siguiente texto desea hacer un breve recorrido por los tres largometrajes que componen su obra, los cuales fueron realizados y dirigidos íntegramente en México (entre los años 1977 y 1984) dada la imposibilidad y los obstáculos que surgieron en Colombia, tanto en lo que respecta a su elaboración como a su difusión. Estos problemas, según el propio Vallejo, afectaron bastante el producto final, muy alejado de lo que se había propuesto en principio. Los filmes de Vallejo denotan claramente una estrecha relación con algunos elementos insertos en sus obras literarias, como es el caso de la violencia, la marginalidad, la vida de las clases sociales menos favorecidas y la imposibilidad de las instituciones estatales para contrarrestar las enormes dificultades que atraviesan sus sociedades.



Crónica roja (1977)

Este descarnado y violento filme narra la breve carrera delincuencial de un joven de extracción humilde y la influencia negativa que suscita en su desigual núcleo familiar (y sobre todo en su hermano menor) anclado en circunstancias marginales. Este argumento, tal y como señala el título, corresponde aparentemente a una macabra noticia de diario amarillista, similar a cualquier otra, como las que a diario se generan y se repiten incansablemente en sectores marginales de la urbe y en las que apenas se repara en su especificidad. Pero al apreciar el filme más de cerca, el espectador empieza a medir paulatinamente el desbarajuste familiar y social que contribuye a la generación de la violencia, en especial en las capas más jóvenes de la juventud. El director, con un enfoque que ahorra recursos y opta por un lenguaje crudo y directo, es atinado en mostrar detalles y eventos que quieren manifestar la manera en que un tipo de idiosincrasia popular –música, lugares de encuentro, costumbres caseras, expresiones coloquiales, proceder de la institucionalidad, actitudes y opiniones de los personajes con respecto a la fuerza pública- se halla íntimamente relacionada con una idea de violencia constante a un nivel tan íntimo y cotidiano, que resulta -hasta casi el absurdo- avistar la familiaridad con que puede llegar a ser asumido.

    Cuando no hay un modelo viable e integral de vida, no hay condiciones propicias de tipo material o intelectual y las circunstancias demuestran ser lamentables e insuficientes, a menudo se cae en la trampa de la criminalidad como forma de empoderamiento y manifestación. El problema es que todo esto representa, tristemente, más que un problema en vías de resolverse por las instituciones sociales o por la sociedad civil, una sección más en las páginas de un periódico amarillista, la cual siempre aparecerá, sin asombro, indolentemente, como la sección económica o de clasificados, a la cual se da vuelta de hoja para pasar a otra cosa.



En la tormenta (1980)

La más violenta de las películas de Vallejo se articula a partir del retrato de la sociedad colombiana durante la cruenta década de los 50’s, la cual fue testigo de la pugna política entre los dos partidos predominantes de la escena nacional: liberales y conservadores, los cuales dejaron una alarmante cifra de más de 300.000 víctimas mortales, predominantemente en zona rural colombiana. Este evento es conocido históricamente como La Violencia, la cual, sin previa declaración de guerra civil, se caracterizó por ser extremadamente violento, incluyendo asesinatos, agresiones, persecuciones, destrucción de la propiedad privada y terrorismo por el alineamiento político.

      Una vez más Vallejo se enfoca en el desarrollo no tanto de protagonistas específicos como en una mirada más amplia desde diversos personajes que permiten a través de sus diálogos y encuentros asistir a la grave crisis desatada por la pertenencia a uno u otro partido, la cual no obedece propiamente a una comprensión cabal de un programa de gobierno específico de cara a la regulación social ni a un sustento teórico o ideológico racional, sino que obedece más a una repetición de consignas prefabricadas sin razonamiento, radica en aspectos no directamente políticos como las afiliaciones de familia o de tipo religioso y se nutre de rencillas y rencores personales que necesitan una válvula de escape. En esta adhesión inconsciente y pasional se mira al oponente no como un contendiente de escenario político de debate sino como un enemigo susceptible de aniquilación y se genera un sentimiento de odio alimentado desde las altas esferas del poder.


      La puesta en escena del filme se desarrolla en un viaje rural por carretera de un grupo de campesinos y gente del campo. De nuevo el rescate de las idiosincrasias populares (sus costumbres de vida, su cotidianidad, sus cosmovisiones, su entorno, sus instituciones) y su ubicación en las circunstancias sociales de la época son el interés fundamental del realizador, quien no escatima en escenas y enfrentamientos violentos y sangrientos para mostrar cinematográficamente lo que fue una mínima parte del caos y la degradación política de la sociedad colombiana, la cual se remonta a las diversas y constantes guerras civiles del siglo XIX y se agrava después del asesinato del caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán en el año de 1948.    En este filme destaca la urgencia de Vallejo por retratar directamente un escenario rural y unos modos de vida específicamente colombianos de notable exactitud geográfica, temporal y cultural.

       Una de las consecuencias del conflicto interpartidista en Colombia señalado directamente en el filme En la tormenta fue el recrudecimiento de la delincuencia y del bandolerismo especialmente en zonas rurales. Aparece cierto líder histórico de las guerrillas liberales llamado Jacinto Cruz Usma, más conocido con el alias de "Sangrenegra" el cual, como tantos otros dirigentes de ambos partidos, no respetaron o se acogieron a las treguas y amnistías sino que optaron por asumir la figura de bandoleros célebres que protagonizaron episodios sangrientos en la historia de Colombia hasta ser abatidos posteriormente por la policía o el ejército. Valga señalar que grupos insurgentes como las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) provienen de esta etapa histórica y en la actualidad siguen vigentes.
  


Barrio de campeones (1984)

El tercer filme de Vallejo de nuevo se ocupa de retratar la vida de ciertos estratos populares, pero en esta ocasión a través de la cotidianidad de una numerosa familia que habita en una humilde vecindad del país mexicano. Valga mencionar que en este largometraje la delimitación de cierta idiosincrasia de este país es evidente, a diferencia de lo que sucede en sus dos primeros filmes en donde hay un interés directo por la vida social colombiana. Recordemos que todos fueron rodados en México, pero sólo Barrio de Campeones respeta directamente las convenciones de la vida mexicana.

     Una vez más, antes que contar una historia con argumento claramente encauzado o protagonistas definidos que sobresalgan, el director opta por recrear encuentros, costumbres y usos de los diversos miembros de la familia y los círculos en que se mueven, lo cual poco a poco permite perfilar un universo social compuesto por determinados valores, creencias, consumos, intereses, problemas y constructos mentales y que ayuda a caracterizar su nivel de vida y su procedencia.

      En medio de una hostil y populosa vecindad –con toda clase de tipos humanos- o lugares de encuentro popular como las calles suburbiales, las plazas de mercado y sus restaurantes cercanos, el filme nos lleva al interior de un hogar típico e identificable con la cosmogonía latinoamericana: una mujer-matrona latinoamericana que direcciona y regula la vida de su familia, unos hijos jóvenes que recién apenas se insertan en un mundo laboral difícil y marginal o que ya llevan a cuestas la carga de algunas malas decisiones de índole marital, unos nietos traviesos y audaces que en medio de su quehacer y diversión poco a poco se van enterando de lo que significa hacer parte de un nivel social difícil y se involucran en las cuestiones materiales del hogar. En un medio en donde el trabajo duro y constante es la única forma de sobrevivir  cada día y donde hay que ser fuerte y combativo para no dejarse arrastrar por la pobreza y la violencia, la familia visualiza sus únicas esperanzas en dos perspectivas con las que se permiten soñar y pensar en una vida mejor: la compra de un negocio propio, con ahorros de toda una vida, y la carrera pugilística de uno de los muchachos de la familia, quien entrena duro para hacerse al sueño de ser campeón mundial. Vallejo adereza múltiples veces Barrio de capeones con situaciones y diálogos divertidos (muy propios del mundo popular mexicano y por ende cercano al resto de Latinoamérica) lo cual permite la accesibilidad y la bondad del filme; pero en resumidas cuentas el espectador comprende que son pequeñas islas de refugio frente a la triste situación social y económica que se está planteando y que difícilmente encontrará la satisfacción de sus necesidades.    

      Formalmente encontramos la predilección de Vallejo por una cámara en mano verista y un sentido visual dinámico, práctico y de pocos artilugios para narrar la historia. La abundancia de planos generales frente a los pocos primeros planos y detalles, nos sugiere un interés mayor en desarrollar el contexto, a la manera de una mirada sociológica, que el de ahondar en las sicologías de los personajes o en el desarrollo argumental.

       En conclusión, vale la pena observar de nuevo los olvidados filmes de Fernando Vallejo a la luz de los tiempos actuales, porque revelan su vigencia, su calidad cinematográfica, su interés por la exposición de la sociedad colombiana y latinoamericana tan ligada a unas circunstacias histórico-sociales de violencia, esencialmente en lo concerniente a los modos de vida popular y de clases bajas, y su relación con los argumentos, los temas y las ideas que se despliegan en su producción literaria. Lejos de los actuales preciosismos o formalismos cinematográficos que desarrollan pobremente y sin nervio la cultura y la sociedad de nuestros países latinos, los filmes de Vallejo destilan efectividad, honestidad, inteligencia y una mirada sensible; a pesar de las dificultades que encararon en su tiempo y que afectaron su impronta final, han logrado instalarse en un punto notable de la cultura cinematográfica latinoamericana.


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