viernes, 29 de diciembre de 2017

Cinco poemas de Blas de Otero








Blas de Otero Muñoz (Bilbao, 15 de marzo de 1916 – Majadahonda, Madrid, 29 de junio de 1979) fue uno de los principales representantes de la poesía social de los años cincuenta en España. Tradicionalmente la crítica divide en diversas etapas su producción poética: una primera de corte religioso, de la cual el poeta renegaría después. En una segunda etapa existencial, esta doctrina del pensamiento aparece de manera transicional, como respuesta a la crisis espiritual de 1945 durante la cual pierde la fe. A través de ella llega a lo que será el estadio definitivo de su poética, la poesía social. Sin embargo, esta etapa tiene entidad propia y valor de por sí.


     Finalmente el principal paso que da la poesía existencial para volverse social es el cambio de persona, del «yo» al «nosotros». El poeta, aceptada su condición humana, encuentra su sitio entre el resto de seres humanos, y halla también una razón vital: la solidaridad humana, la búsqueda de un mundo mejor a través de la poesía. El poeta defiende la utopía humanista porque ya no tiene una fe religiosa: no hay un más allá perfecto al que aspirar, pero, aunque el hombre esté condenado a venir de la nada y caminar hacia ella, se debe luchar para conseguir que su vida sea digna y feliz.


*Todos los datos anteriores tomados de Wikipedia.

Los siguientes cinco poemas han sido extraídos del libro Con la inmensa mayoría, recopilación publicada por Editorial Losada, en Buenos Aires, 1960 (con las obras Pido la paz y la palabra y En castellano).



A LA INMENSA MAYORÍA

Aquí tenéis, en canto y alma, al hombre
aquel que amó, vivió, murió por dentro
y un buen día bajó a la calle: entonces
comprendió: y rompió todos sus versos.

Así es, así fue. Salió una noche
echando espuma por los ojos, ebrio
de amor, huyendo sin saber adónde:
adonde el aire no apestase a muerto.

Tiendas de paz, brizados pabellones,
eran sus brazos, como llama al viento;
olas de sangre contra el pecho, enormes
olas de odio, ved, por todo el cuerpo.

¡Aquí! ¡Llegad! ¡Ay! Ángeles atroces
en vuelo horizontal cruzan el cielo;
horribles peces de metal recorren
las espaldas del mar, de puerto a puerto.

Yo doy todos mis versos por un hombre
en paz. Aquí tenéis, en carne y hueso,
mi última voluntad. Bilbao, a once
de abril, cincuenta y tantos.

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CON NOSOTROS

(Glorieta de Bilbao)

En este café
se sentaba don Antonio 
Machado.
             Silencioso
y misterioso, se incorporó
al pueblo,
blandió la pluma,
sacudió
la ceniza,
y se fue.

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JUICIO FINAL

Yo, pecador, artista del pecado,
comido por el ansia hasta los tuétanos,
yo, tropel de esperanza y de fracasos,
estatua del dolor, firma del viento.

Yo, pecador, en fin, desesperado
de sombras y de sueños: me confieso
que soy un hombre en situación de hablaros
de la vida. Pequé. No me arrepiento.

Nací para narrar con estos labios
que barrerá la muerte un día de éstos,
espléndidas caídas en picado
del bello avión aquel de carne y hueso.

Alas arriba disparó los brazos,
alardeando de tan alto invento;
plumas de níquel: escribid despacio.
Helas aquí, hincadas en el suelo.

Este es mi sitio. Mi terreno. Campo
de aterrizaje de mis ansias. Cielo
al revés. Es mi sitio y no lo cambio
por ninguno. Caí. No me arrepiento.

Ímpetus nuevos nacerán, más altos.
Llegaré por mis pies -¿para qué os quiero?
a la patria del hombre: al cielo raso
de sombra esas y de sueños esos.  

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AIRE LIBRE

Si algo me gusta, es vivir.
Ver mi cuerpo en la calle,
hablar contigo como un camarada,
mirar escaparates
y, sobre todo, sonreír de lejos
a los árboles...

También me gustan los camiones grises
y muchísimo más los elefantes.
Besar tus pechos,
echarme en tu regazo y despeinarte,
tragar agua de mar como cerveza
amarga, espumeante.

Todo lo que sea salir
de casa, estornudar de tarde en tarde,
escupir contra el cielo de las tundras
y las medallas de los similares,
salir
de esta espaciosa y triste cárcel,
aligerar los ríos y los soles,
salir, salir al aire libre, al aire.

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POR CARIDAD


Laura,
paloma amedrentada,
hija del campo, qué existencia ésta,
dices, con el hijo a cuestas
desde tus veinte años,
tres años en la Maternidad
fregando los suelos,
por caridad
(por caridad, te dejan fregar el suelo),
ahora en la calle
y entre mis brazos,
Laura,
te amo directamente,
no por caridad,
estás cansada
de todo,
de sufrir frío,
de tu pequeño acordeón
entre las piernas,
del desamor,
pero no olvides
(nunca),
yo te amo directamente,
y no
por caridad. 




domingo, 10 de diciembre de 2017

Deconstrucción 24 (Historia Argentina para Dummies) (2017): Una serie de imágenes por Leonardo Mora







El siguiente texto breve de Leonardo Mora expresa algunas ideas sobre la génesis de la serie de imágenes titulada "Deconstrucción 24 (Historia Argentina para Dummies)", actualmente en exposición en el Centro Municipal de Arte de Avellaneda, Buenos Aires.



   Este trabajo hace parte del proyecto colectivo La Conexión, el cual resulta de una experiencia coordinada por el fotógrafo Res, cuya propuesta consiste en trazar un cruce entre la historia personal de cada uno de los fotógrafos con la del espacio de la ex ESMA, centro clandestino de detención durante la última dictadura argentina. El trabajo de este colectivo fue inicialmente auspiciado por el Centro Cultural para la Memoria Haroldo Conti, y su trabajo puede seguirse en la fan page del grupo en Facebook:








"Deconstrucción 24 (Historia Argentina para Dummies) (2017): Arte y política para las masas"



Por Leonardo Mora
sonidosrare@gmail.com


Nuestro trabajo de imagen, actualmente (diciembre de 2017) en exposición en el Centro Municipal de Arte de Avellaneda (Buenos Aires), el cual hace parte de La Conexión, muestra fotográfica que nace del taller de imagen impartido por el fotógrafo argentino Res en el Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti, ha intentado amalgamar algunas ideas visuales y teóricas y manifestarlas a través de una serie inicial de seis imágenes que fundamentalmente emparentamos con los usos del cartel político.

    La elaboración de estas imágenes tuvo en cuenta la historia y las características de los carteles políticos más clásicos, especialmente los que surgieron en la primera mitad del siglo XX, y su manera de emitir y fomentar ideologías de manera directa, fáciles de decodificar para la población general y capaz de integrarse en su cotidianidad y en sus espacios públicos y callejeros. Tan sólo basta recordar el trabajo de los constructivistas y suprematistas en Rusia durante la revolución a principios de siglo XX, en el cual se exigió a diversos artistas servir a una causa política que necesitaba ser velozmente divulgada y llegar a todos los rincones de manera contundente y precisa. Tales artistas integraron entonces elementos provenientes del diseño, la fotografía, las artes plásticas o la arquitectura, y crearon imágenes de gran fuerza y efectividad, que hasta el día de hoy resultan fundamentales influencias en cuestiones tanto propagandísticas como estéticas. Pero a diferencia de estos aspectos afirmativos, nuestro trabajo hace uso de cierta carga satírica e irónica que se propone cuestionar determinados ejes negativos de una causa nacionalista (en este caso la argentina de la dictadura entre 1976 y 1983) en la cual los agentes del poder crean, implementan o potencian ciertos valores tradicionales, históricos y sociales, y gestan un sentimiento general de adhesión, de integración y de legitimación desde y hacia una bandera, una consigna, un modelo, lo cual pasa a transformarse, en su peor acepción, en un asentimiento de totalitarismos y fascismos que también se basa en el beneplácito de amplias capas poblacionales, y que permiten que el poder sea garante de un determinado “orden” incuestionable y legitimado en todo su accionar, esencialmente mediante las fuerzas militares.


  Cinco de las seis imágenes se valen de breves frases y expresiones emitidas por el dictador Jorge Videla (la otra es del expresidente colombiano Álvaro Uribe) en diferentes alocuciones públicas, de las cuales hacemos énfasis en sus aspectos más cínicos, radicales y reduccionistas, en cuanto están cargados de una temible demagogia que pretende defender los motivos del régimen (en estrecha relación con otras esferas como los emporios económicos o la iglesia), anular cualquier oposición y otredad de criterio político, y disculpar impunemente los letales móviles y actuaciones que desangraron nefastamente a la nación argentina, cobraron miles de vidas y desaparecieron otras tantas, de las que nada se sabe hasta el día de hoy.

    La razón por la que elegimos un camino distinto de un trabajo expresamente fotográfico, a pesar del origen y carácter de los trabajos de La Conexión, radica en ideas como las expresadas por Vílem Flusser en Hacia una filosofía de la fotografía, en cuanto a pensar, cuestionar y revalorar el ejercicio fotográfico y su especificidad como imagen técnica impuesta por el aparato en sí. Nos tomamos la libertad de traer una cita amplia, pero de gran interés y esclarecimiento:

     “La cámara exige que su poseedor (o quien es poseído por ella) tome constantemente fotografías, que produzca de manera continua ideas redundantes. Esta manía fotográfica –de lo eternamente reproducido, de la repetición de la igualdad (o de la similitud)- llega a un punto en donde el productor de fotografías instantáneas se siente ciego si se le priva de su cámara: drogadicción. El productor de fotografías instantáneas ya no puede ver el mundo si no es a través de su cámara y de las categorías del programa de su cámara; él no trasciende más la cámara, sino que es devorado por su función voraz. Se convierte en el obturador automático prolongado de la cámara; su conducta es una función automática de la cámara. El producto de esta manía en un flujo constante de imágenes sin conciencia (…) Fotografías redundantes son aquellas que se reemplazan entre sí de manera continua y de acuerdo con un programa (…) Este es el reto del universo fotográfico, el reto para el fotógrafo: como oponerse al flujo de fotografías redundantes con fotografías verdaderamente informativas”*.




En el caso particular de nuestro trabajo, partimos de fotografías preparadas y callejeras que posteriormente son manipuladas con programas de diseño; les hemos integrado, a la manera de un collage digital, elementos figurativos en los que se puede ver predilección de los trazos diagonales por su componente agresivo, dinámico y desestructurante (valga recordar los usos del expresionismo y el constructivismo en imagen), y colores primarios en dibujos esquemáticos para imprimirles mayor contundencia y rapidez (a la vez que cierta frialdad) a la hora de la recepción.

   Como última idea, queremos resaltar que también nos interesan las reflexiones acerca del ejercicio artístico y las maneras de abordar y generar memoria alrededor de un fragmento significativo de una historia determinada. En la medida en que tal ejercicio no se interrogue así mismo en contrapunto con nuestra época a nivel político, artístico, institucional, ni busque nuevas formas y nuevos caminos, y olvide un sentido crítico que cobije tanto a las obras mismas como los consumos culturales y las maneras actuales de difusión e intercambio, entre otros variados aspectos, posiblemente elementos como el rango y la contundencia artística, en relación con la necesidad de resguardar la memoria, sufran cierto nivel de detrimento y banalización traducida en olvido, desinterés o insufrible recurrencia.  


Diciembre de 2017



*FLUSSER, Vílem. Hacia una filosofía de la fotografía. Cap. 7 (La recepción de la fotografía). Páginas 54 y 61.


De izquierda a derecha: Paula del Cueto, Mariana Salaberry,
 Fernando Julián M., RES, Natalia Zaidman, Bruno Basile y Leonardo Mora. 
Inauguración de la exposición de fotografía e imagen del grupo La Conexión 
en el Centro Municipal de Arte de Avellaneda, Buenos Aires. Diciembre de 2017.




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