lunes, 31 de marzo de 2014

Violencia en Colombia a golpes de boxeo: Uno del barrio (2013), un filme de Carlos Rodríguez Aristizábal

Diseño: Joseph Palomino

Por Leonardo Mora
Sanagustinconfesiones73@gmail.com


Este cortometraje documental del realizador colombiano Carlos Rodríguez Aristizábal, surge del Taller Varan realizado en el Diplomado Internacional de Documental de Creación de la Universidad del Valle, que tuvo lugar en Cali en 2013, y nos ofrece unos fragmentos en la vida de la familia de Jonatan “Momo” Romero, un joven boxeador con un duro pasado  y su lugar de origen: El Retiro, uno de los 38 barrios que conforman el distrito de Aguablanca, cordón de extrema pobreza en la capital del Valle del Cauca. En el filme, Momo está por enfrentar al mexicano Alejandro López, en Tijuana (México), por el título del peso súper gallo de la Federación Internacional de Boxeo, FIB.

         Este trabajo posee diversas particularidades que le dotan de un carácter especial y distinto al que habitualmente manifiestan los cortometrajes documentales. Cuando se observa Uno del barrio, puede notarse que ante todo prima un interés por contar una historia de manera honesta, veraz y sin intenciones de amarillismo fácil, dado que el objeto del retrato audiovisual pudiera prestarse para ello: una familia tercermundista de escasos recursos, con una historia violenta y desoladora, que confía y se enorgullece con la carrera boxística de uno de sus hijos. Los detalles del filme que paulatinamente nos van adentrando en la cotidianidad de un barrio marginal en donde las oportunidades son mínimas, nos revelan una gran sensibilidad y un gran talento a la hora de hilar la narración. La figura de Jonatan Romero se construye a partir de personajes de su ámbito como la familia –un padre enfermo pero orgulloso, una madre presta y esperanzada, una hermana de carácter, el recuerdo de un hermano asesinado- un entrenador tenaz, amigos, allegados y desconocidos que sólo recién se enteran de las hazañas de Momo, y también se vale minuciosamente de los lugares en que esta serie de personas viven su día a día, como el lugar de entrenamiento de los muchachos del barrio, las empobrecidas calles, y esencialmente, la casa de la familia de Momo.


En Uno del barrio nunca se interpela o entrevista a ninguno de los protagonistas: el equipo realizador opta por pasar inadvertido en medio de los encuentros, pláticas, costumbres y quehaceres de la familia de Momo, para lograr una naturalidad extraordinaria y captarlos de manera más fidedigna, más cercana a su comportamiento real. De manera que desfilan libremente en la historia un gran puñado de situaciones específicas que gradualmente nos ofrecen, casi sin que nos demos cuenta, un escenario mucho más interesante que la simple historia directa de un boxeador que asciende en su carrera y que alcanza a evidenciar aspectos claves del sentir cultural colombiano en una población específica.

Colectivo audiovisual Zerkalo conversó en días pasados con Carlos Rodríguez Aristizábal, quien nos adentró en todo el interesante proceso del filme, desde su concepción inicial, las dificultades tanto técnicas como morales que sorteó, las personas que conoció, su método de trabajo, su sensibilidad al momento de enfocar su cámara sobre un objeto determinado, los virajes de la narración, las decisiones artísticas sobre el material a grabar e implementar –muchas de las cuales no daban el tiempo suficiente para meditarlas, hasta la realización final. La idea de grabar acerca del deporte del boxeo surgió cuando Rodríguez Aristizábal realizó un documental para Televisión Española sobre esta disciplina en la misma España, y se enteró de muchos de los mecanismos e intereses personales que se ejecutan al momento de organizar un combate. De manera que, ya en Colombia, se acercó a la Liga Vallecaucana de Boxeo, conoció al entrenador encargado Jaime Aguirre –un hombre comprometido con ayudar a los jóvenes marginados a encontrar en el boxeo un aliciente para salir adelante- y este le enteró –no sin previas reticencias- de la historia de Momo, de su nivel deportivo, de su familia y de su difícil entorno social.


Rodríguez nos planteó la importancia al momento de efectuar su trabajo de expresarse de una manera clara y directa. Con respecto a la naturalidad del filme, afirmó que a pesar de la predominancia de este aspecto se genera un tipo especial de construcción argumental:

“Paradójicamente, el cine que más cerca parece estar de la realidad, el cine directo, es el que más usa recursos de la ficción. Para un espectador de ficción la experiencia es similar: no hay entrevistas, los personajes parecen que no ven la cámara, hay continuidad espacio temporal... hay mucha construcción ahí, operaciones retóricas, lenguaje cinematográfico”.

El realizador también citó al director español Víctor Erice, y específicamente su afirmación de que “en este tipo de cine no se escoge propiamente, sino que se encuentra; se demarca un territorio y se acepta lo que pase ahí”. También fue muy puntual en el hecho de tener completo control y dominio acerca de su propuesta, la cual paulatinamente sufría modificaciones y nuevas estimaciones a raíz de los acontecimientos que se desarrollaban en el proceso. Un ejemplo de ello es el rol fundamental que empezó a ganar la figura del padre del boxeador, Reinel Romero, conforme se ahondaba en su vida –signada por la enfermedad-, en su personalidad y en su amor y sufrimiento por las peleas de Momo.

Carlos Rodríguez Aristizábal elabora un trabajo en el cual inteligentemente nos acerca a un modo duro y hostil de sentir la colombianidad con sus anhelos, sus creencias, su idiosincrasia, sus conflictos irresueltos: sin dramas tergiversados, sin necesidad de sentimentalismos falsos, llegando más hondo y de modo más personal a una compleja realidad de exclusión y violencia en una de las incontables zonas de Colombia donde sobrevivir es la más difícil de las peleas y donde no ha muerto la esperanza de redención.    

Este realizador de origen pereirano ha realizado numerosos documentales y reportajes para las principales televisiones públicas de Colombia y España, entre ellas Telepacífico, Señal Colombia, Televisión Española, Barcelona Televisión y Canal Sur Andalucía. Actualmente se dedica a la dirección y producción de sus propios documentales y a la actividad docente.


Desde el 30 de marzo y hasta el 27 de abril de 2014, puede verse online Uno del barrio, filme el cual participará en la sección competitiva del festival francés Pointdoc. Es el único de origen colombiano en el festival y competirá con otras nueve películas de diferentes nacionalidades (Francia, Bélgica, Israel e Irán). El siguiente es el enlace a la película, donde también se puede votar.

Ficha Técnica

Dirección y guión: Carlos Rodríguez Aristizábal
Montaje: Terry Valencia
Fotografía y cámara: Carlos Rodríguez Aristizábal
Sonido: Eugenio Gómez / Jhon Ciavaldini
Producción: Diplomado Internacional de Documental de Creación Universidad del Valle / Les Ateliers Varan
Coordinación de producción: Centro de producción y asesoría en Comunicación Univalle
Asistente de producción: Natali Imery / Valentina Marulanda
Duración: 32’
País: Colombia
Año: 2013

sábado, 15 de marzo de 2014

INT. Trailer. Night. (2002) de Jim Jarmush: la contemplación como arte


Por Leonardo Mora
sanagustinconfesiones73@gmail.com

Este bello cortometraje de diez minutos del gran Jim Jarmush hace parte de un conjunto de cortos llamado Ten Minutes Older (2002) en el cual, diversos directores de la talla de Godard, Kaurismäki, Erice, Herzog, Wenders, entre otros, deben recrear en diez minutos una noción personal acerca del tiempo como fenómeno humano. Ten Minutes Older está dividido en dos entregas (The Trumpet y The Cello) y en ambas se encuentran las obras de 15 directores distintos.

     En la sección The Trumpet, se encuentra INT. Trailer. Night. (nombre tan sencillo como sugerente que desde luego hace referencia al episodio de un guión) el cual, desarrolla precisamente, la pequeña historia de una actriz innombrada con cierto prestigio –protagonizada por la talentosa y hermosa Chloé Sevigny- en el interior de su trailer personal, en medio de una agotadora sesión nocturna de actuación fílmica. Lo que inicialmente parece ser un pequeño descanso de la actriz en medio de la dura labor de rodaje, paulatinamente va siendo deshecho por la intromisión de asistentes y técnicos que deben ultimar detalles con ella para garantizar la factura del filme. Un sutil juego se despliega entonces entre el aislamiento -donde se busca y se puede ser uno mismo- y la obligación de interactuar con los otros, aunque a menudo no se tenga la disposición para ello, o la otra persona nos sea muy afecta en el ámbito personal. El papel de la actriz, que sobrelleva la situación con calma, acaso desea trasmitirnos esa impasibilidad o resignación con la cual todos nosotros asumimos ciertos episodios de la existencia, contra los cuales decidimos, por razones diversas, no luchar. 


En este corto, Jarmush, como en gran parte de sus filmes, ofrece al espectador la profundidad de los pequeños encuentros y sucesos que componen la vida cotidiana, en los que tan a menudo no se repara por considerarlos vaciados e intrascendentes, pero que una sensibilidad entrenada o una visión externa logra descubrir su oculta belleza. Detalles del filme como la implementación del sempiterno y poético blanco y negro, el aura bellamente cansada de la actriz, su limpia sensualidad captada sutilmente por la cámara bajo una tenue luz, su sugerente vestimenta –un vestido de bailarina de los “locos” años veinte- y el hecho de que ella misma pone a reproducir música clásica (Bach), genera una dulce intimidad que nos atrapa y que imprime a lo anodino del evento una potencia insospechada.



 INT. Trailer. Night. resulta ser una pequeña gran joya de Jarmush que nos remite a sus mejores obras y momentos, a esa poética de lo cotidiano que brilla en sus primeros filmes como Permanent Vacation (1980) o la insuperable Strangers Than Paradise  (1984), en las que la trama casi que pasa a un segundo plano para centrarse más en el desarrollo de la atmósfera y los atrayentes personajes,  y se perpetúa un marcado tono melancólico y contemplativo a través de extensas escenas silenciosas y prolongadas tomas fijas. En el enlace a continuación puede verse este filme subtitulado al español.


El famoso crayón oblongo / El puente (2025) - Una crónica poética y un relato breve de William Alexander Medina Méndez

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