Tercer programa dedicado a la exploración del mundo sonoro de King Crimson. Herbert Neutra acompaña una cuidada selección musical con aportes claves para la apreciación de la banda, tanto a nivel instrumental como teórico, especialmente en el campo de la percepción artística, la idea de belleza y el mundo griego. Emisión del 23 de agosto, auspiciada por Colectivo audiovisual Zerkalo en Buenos Aires y Galería Afirme en Ciudad de México.
jueves, 23 de agosto de 2018
domingo, 19 de agosto de 2018
La vida como irreverencia salvaje: La conjura de los necios (1980) por John Kennedy Toole
Por Leonardo Mora
colectivozerkalo@gmail.com
En una entrevista al polémico y conocido realizador audiovisual Michael Moore, este afirmaba el poder demoledor que contienen la sátira y la comedia como elementos críticos para desbarajustar los argumentos de una contraparte y ejercer influencia en un público determinado, como no puede hacerlo el postulado más serio y encumbrado. Y que tales aspectos, mencionaba Moore, lamentablemente adolecían de un uso muy restringido por parte de creadores y teóricos, y que deberían ser más aprovechados por su eficacia emocional, su carácter iconoclasta y su contundencia para anclarse en el recuerdo.
La conjura de los necios es una extraordinaria novela del tempranamente desaparecido escritor norteamericano John Kennedy Toole (Nueva Orleans, 1937 – Biloxi, 1969), que resulta ser una divertida prueba de las posibilidades de la literatura para valerse de una historia desbordada y cáustica, y propinar una paliza a incontables aspectos demasiado encorbatados de la realidad, tales como la familia, la política, la militancia, la escritura, la intelectualidad, la fuerza pública, el trabajo, la moral cristiana, la empresa capitalista, o hasta la misma teología: casi ninguna esfera se escapa de la enorme comedia, vomitada, más que escrita, por Kennedy Toole.
El contexto de la novela es la famosa ciudad costera de Nueva Orleans, pero nada encontramos en su relato que se decante por el romántico interés histórico y cultural que posee este lugar en el agrio y complejo sur de los Estados Unidos, a excepción de sus enloquecidos carnavales: sólo que estos parecieran ser llevados a cabo por el flanco más gracioso y sardónico del infierno. Antes bien, Kennedy Toole escoge los lugares más sórdidos de los bajos fondos de tal ciudad (todos los escenarios de la trama son caóticos y siempre apestan) y allí sitúa una amplia gama de perdedores, degenerados, viejos, jóvenes, idiotas, chulos, drogadictos, negros, blancos, gordos, flacos, que desfilan en absurda comparsa por las páginas de la novela, y son liderados por uno de los personajes más asquerosos y paradójicamente entrañables de las letras contemporáneas: el obeso, pretencioso y excéntrico de Ignatius J. Reilly, un lunático anacrónico que a duras penas puede moverse (por su peso corporal y sus ideas medievales) en una realidad pragmática y llena de seres aburridos y carentes de imaginación.
La conjura de los necios se inscribe en esa vieja tradición libresca de dementes y disparates, de la cual podemos traer un puñado de nombres como Louis-Ferdinand Céline, polémico antisemita pero no exento de un singular talento lo llevó a consolidarse como el gran renovador de las letras francesas en el siglo XX, el viejo Rabelais con los archifamosos Gargantúa y Pantagruel, el sartal de desquiciados que relaciona Roberto Arlt en otra brillante novela, Los siete locos, y hasta el eminente Cervantes con las tragicómicas ocurrencias que componen la historia del Quijote. Valga señalar también que precisamente el fragmento del cual se extrae el nombre de la novela de Kennedy Toole, es de otro burlón redomado, el inglés Johnathan Swift: “Cuando en el mundo aparece un verdadero genio, puede identificársele por este signo: todos los necios se conjuran contra él” (Thoughts on Various Subjects, Moral and Diverting.)
La conjura de los necios es una novela exagerada y bufonesca, que destila hediondez por todos sus poros, como ya hemos señalado, pero tiene una poderosa raíz realista y crítica en la cual nada sale indemne. Su tono, tan cercano a la tradición norteamericana más dinámica y efectiva construye eventos y circunstancias a través de una afilada y lúcida pluma que es capaz de echar baldados de agua sucia en la cara de los lectores que la aborden, cualquiera que sea su calaña: universitarios promisorios que al primer cheque burocrático bajan la palanca del baño para desaparecer sus ideales, intelectuales moralistas que redactan pasquines que no leen ni sus madres, policías tontos e incapaces para hacerse cargo del orden social, cuestionables madres que rezan para que sus hijos acepten con gusto la carga de alcanzar sus objetivos frustrados, militantes políticos con más pereza y ganas de juerga que de sistematizar y poner en práctica un programa político medianamente decente, periodistas que tienen más en común con publicistas asalariados que con conscientes agentes informativos, o matrimonios decadentes que a duras penas se toleran a sí mismos pero que se empecinan en sostener la farsa de su entendimiento mutuo.
Dicho todo lo anterior, podrá deducirse que la brillante novela de Kennedy Toole no es para todos los gustos, y mucho menos en nuestra época de hostigante corrección política, donde tantos especímenes ondean orgullosamente banderas de ocasión, pero que chillan y patalean al primer argumento crudo pero verdadero que alguien más disciplinado les consigna en algún posteo de Facebook. Hay que decir que hace bastante tiempo no nos encontrábamos con una novela tan interesante, tan bien construida y dosificada, tan frontal para darnos cuenta de lo absurdo y llena de vanidades que es la existencia humana, o tan capaz de abrirse espacio entre el corazón y la mente del lector para no salir nunca, como inquilino indeseable; por ello, la recomendamos como un buen trago de tequila, caliente y salvaje, a diferencia de los sorbos de leche aguada que son las producciones literarias contemporáneas, tan proclives a las genuflexiones del público más tonto, hipócrita y conformista. Pero, también hay que decirlo, quien pueda hacer una sincera pesquisa intelectual y emocional de John Kennedy Toole al componer La conjura de los necios, podrá sospechar que detrás del insuperable método satírico de esta novela, de su precisión para implementar la carcajada como vehículo desvencijado de la verdad, había un hombre ansioso, deprimido y apático de la gente que lo rodeaba y el sistema que trataba por todos los medios de quitarle el alma y la libertad; John Kennedy Toole, agotado por las afrentas de la vida que minaban su estabilidad emocional, de luchar contra editores de miras cortas para conseguir la publicación de su obra maestra, decidió quitarse la vida a sus 31 años de edad.
La conjura de los necios obtuvo póstumamente en el año de 1981 el premio Pulitzer, gracias al esfuerzo de la dominante y sobreprotectora madre de Kennedy Toole por difundir la obra de su genial hijo, a diferencia de lo que hizo con la nota de suicidio: la destruyó sin permitir que nadie más que ella la leyera.
jueves, 16 de agosto de 2018
De punta a punta (2018): un poemario de Jorge García Izquierdo.
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| Foto y diseño: Leonardo Mora |
El próximo lunes 20 de agosto es el lanzamiento en Buenos Aires del poemario De punta a punta, escrito por el joven autor español Jorge García Izquierdo y publicado por la editorial Prosa. A continuación presentamos el breve texto de contraportada escrito por Matías Máximo y cinco poemas extraídos del libro, con la autorización del poeta.
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De punta a punta
Por Matías Máximo
El territorio en que se mueven estas poesías está fuera del tiempo y se rige por la cadencia de los sentimientos. Entonces una voz delicada llama al pedido de no pensar, "no pensarte ni de lunes, ni de martes, ni de noche oscura sin calendario. Y este pedido no se lanza al vacío, sino que está en la búsqueda de un equilibrio interno donde los versos quieren no llover, no tronar, tampoco que haga demasiado sol.
La apuesta es la constancia, a la forma en que lo cotidiano se vuelve un piso para una mirada frágil que precisa de una certeza, esa que nos dice "no sé si fuiste o no fuiste. Al menos te esperé". Entonces la voz no llora cualquier lágrima, llora lágrimas de hombre. Tampoco muerde cualquier pezón: conoce el lenguaje de los lobos nocturnos ("todos creen que asusta el lobo que aúlla por la noche/pero es sólo el gemido que le produce la luna/como a mí las aspas que circundan tus pezones").
El viaje que hace de punta a punta invita a un territorio sin centro, sin extremos, que no quiere justificar el verbo sino que lo respira con una seguridad:
"En medio del hambre desatada,
quizás los versos, aunque no lo sepas,
sean tu calma".
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| Fotografía: Leonardo Mora |
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Por los pájaros que duermes
Pura poesía brilla de tu rostro:
mil sonetos haría de tus labios,
decenas de odas a tu magna esfinge
y cientos de canciones a cada recuerdo diario.
Eres ese rayo que no cesa.
Eres calor y frío,
yugo y alivio;
eres las palabras de mi boca.
A cada luna que sales,
se vuelve loca mi cabeza,
a cada pájaro que duermes.
Mostraría mi plumaje, mi cantar,
pero mudo me quedo de ti
aun siendo imaginario.
__________________________________________
Al menos
Te quería
de noches estrelladas.
Te quise, mucho.
Y tú quisiste
ante el sol alambrado,
a lo lejos.
Puede ser
a veces una sombra,
o quizás no lo sea.
Se oyen cantos
allí donde se olvida,
por el monte.
A veces uno llora,
olvida, canta.
Quizás estés ahí.
No sé
si fuiste o no fuiste.
Al menos te esperé.
__________________________________________
El mundo viejo
El mundo
se cae cada día y muere,
mientras las flores advierten
que se ha quedado viejo.
Muere la tierra a diario
y resucita entre clavos de fuego.
Espantos entre madera de sangre.
Mueren árboles por tablas,
flores por soplidos.
Está ya el mundo mayor,
de cuerpo negro.
Sotanas y más sotanas con falda.
Grita el demonio apostasía
y mueren por fieles carpinteros.
__________________________________________
Nunca marches
Se prohíbe nacer de plástico
o asesor fiscal,
tener sonrisas de martillo
y, sobre todo, pensar que es imposible volar.
Hay que nacer cuantas veces se pueda
debajo de los árboles,
y que te caigan manzanas verdes
mientras suspiran en redondo.
Asomarse al balcón de vez en cuando
y ver qué ocurre,
y si la barandilla tirita de frío porque está sola
nunca marches.
__________________________________________
No me basta con el mundo
No me basta con el mundo,
lo quiero todo.
Quiero la vida,
no sólo quiero tus ojos.
Quiero el poema del recuerdo,
la sonrisa del todo,
el olor a jazmín
del pico del loro.
Beber de la baba del dormido,
matar moscas.
Antes que un beso,
quiero la vida.
Somos nosotras.
Llegamos tarde.
Me hace viejo pensar
que el sol está en silencio,
que yo siga mirando,
y no le encuentre.
Hay miles de espejos
y el elefante está asustado.
Cientos de casas.
Un pájaro en cada arco iris.
Me he peinado
con el silencio de todos
y el murmullo de unos pocos.
No basta. Gritemos.
Somos nosotras,
las que gritamos en silencio
y vomitamos sangre.
Hemos llegado tarde.
viernes, 10 de agosto de 2018
Un camino en el final de los tiempos: First Reformed (2018) de Paul Schrader
FIRST
REFORMED / PAUL SCHRADER / DRAMA-THRILLER / **** 1/2 / 2018 / 113 Min. / +18
Por Herbert Neutra
herbertneutra@icloud.com
El mundo moderno no será castigado, es el castigo
Nicolás
Gómez Dávila
En la filmografía de Paul Joseph Schrader (1946) destacan tres buenas
películas (Blue Collar, 1978; Mishima:
A Life in Four Chapters, 1985 & Affliction, 1998 ), una
tríada de filmes de culto (Cat People, 1982; Hardcore, 1979 &
Light Sleeper, 1992) y últimamente un montón de desaciertos: Dog Eat Dog (2016) Dying
of the Light ( 2014), The Canyons (2013), Dominion: Prequel to
the Exorcist (2005) Adam Resurrected (2008) y así.
Sorprendía mucho que el resultado final de su
trabajo detrás del lente con tantos años de experiencia, se terminara
doblegando ante la pesada loza que carga en la historia del cine, por sus formidables guiones para películas
que cambiaron todo el séptimo arte de la
mano de Martin Scorsese como Taxi Driver (1976) ó Raging Bull
(1980); y además, que una crianza en una familia protestante holandesa en la
que el visionado de cine no le estaba permitido, fuera la principal razón por
la que se le condenara a segundear como un buen escritor, al que le seguía
faltando la chispa y el control de las imágenes para persuadirnos por completo
de su gran talento.
Pero el joven Paul decidió llevarle la contraria
a sus padres y al término de su pre-grado en Teología, no tuvo miedo de morirse
de hambre y se aventó por un master en estudios cinematográficos; como la mejor
venganza ante el desencanto de la vida es empezar vivir, Schrader se supo desquitar viviendo para las
películas, vió, vivió y se dejó tocar por todo lo que pudo: el neorrealismo
católico de Roberto Rossellini, la oscuridad expresionista y gélida de Carl
Theodor Dreyer, el minimalismo de Robert Bresson, la crudeza y la violencia de
Sam Peckinpah, la peripecia y destreza de Alfred Hitchcock, el naturalismo y
lirismo de Jean Renoir, el drama y la fragilidad de las relaciones
interpersonales y la familia de Yasujirō Ozu
y así.
Paul Schrader se convirtió
no solo en el admirador de estos genios, sino en una de sus voces autorizadas
gracias a la publicación de sendos ensayos y artículos críticos que
identificaban siempre cierta conexión espiritual y religiosa entre ellos y una
desazón permanente de sus personajes para con la vida que les caía por defecto
encima (Transcendental Style in Film:
Ozu, Bresson, Dreyer, Da Capo Press, 1988; A Man of Excess: on Jean Renoir – Sight and
Sound,
January 1995 ó Notes
on Film Noir, Film Comment, Spring 1972). Desde
entonces, sus trabajos se empezaron a usar para pontificar en las clases de
academias de enseñanza cinematográfica, pero ni así.
Tendrían que pasar cuarenta años desde su
debut en los 35mm, para que a Paul se le
hiciera el milagro y se le reconociera con creces una capacidad creativa
que se pudo adiestrar lo suficiente para materializarse en la que es su pequeña
y merecida obra maestra. En First Reformed, su más reciente trabajo
estrenado durante el verano de este año, vemos
a un imperdible Ethan Hawke, haciendo del reverendo Ernst Toller, un hombre que opta, en días de de-contrucción
masculina y esquizofrenia progresista por el calentamiento global, por
convertirse en un pastor que administra una antigua y pequeña iglesia de la Reforma Holandesa
en el corazón del estado de Nueva York.
Toller no lo tiene fácil, debe promover la fe
y devolverle las ganas de vivir a una comunidad y una generación radicalizada y convencida de que el fin está cerca; en el
medio estará siempre el riesgo de que el panorama se oscurezca, y que, como ya
nos lo enseño Travis Bickle, la vida y la fé del héroe
también terminen trastocadas, peligrando y así.
En First Reformed, una espiral de sucesos e imágenes irá ganando en volumen
y riqueza conforme la cinta vaya avanzando, pasando de planos modestos, apenas
bien calibrados a secuencias de una belleza y riqueza cinemática muy elevadas
para lo que parecía una “historia” tan pequeña. Con esta pieza Paul se ha
convertido en un cineasta pleno, uno que por fin ha logrado estamparnos
postales y una forma nueva de ver la redención, una forma que quedará para
siempre en nuestra memoria.
A sus 71 años de edad, Schrader ha terminado su tesis doctoral, ha aprendido
a citar a sus mentores (siendo Bresson, sin duda, el ánima detrás de esta prolongada investigación), y aún le queda
tiempo suficiente para sentarse a apreciarla y a saborear una y otra vez el
triunfo. First Reformed es una película dedicada a todos los que están
desesperados con las desazones del mundo moderno, pero que así y con todo,
sabrán trabajar y esperar por su momento, hora y gloria.
lunes, 6 de agosto de 2018
La cuna estelar del terror: La Hora del Lobo (1968) de Ingmar Bergman
VARGTIMMEN (LA HORA DEL LOBO) / INGMAR BERGMAN / 



/ TERROR CONTEMPORÁNEO/
/ 90’ / 1968 / MONOAURAL. / +13




/ TERROR CONTEMPORÁNEO/
/ 90’ / 1968 / MONOAURAL. / +13
Por Herbert Neutra
herbertneutra@icloud.com
Tal vez sin esperarlo el genio escandinavo inventaba con “La Hora del Lobo” lo que hoy comunmente llamamos Terror contemporáneo. Viendo esta película a cincuenta años de su estreno y evitando cualquier desviación retórica de los críticos que la suelen explicar como una obra difícil y críptica, o como una enrevesada trama de símbolos y reflexiones sobre el “quehacer” artístico, funcional solo para entender las dificultades de salud por las que pasaba su director, descubrimos que “Vargtimmen” es ante todo otro de esos filmes que, respetando una puesta en escena realista, generalmente inspirada en el documental o el drama, paulatinamente se nos va revelando con sus imágenes, diálogos y situaciones, a cual más horripilantes, truculentas y escabrosas, como susto puro y duro.
La cinta comienza con el propio Bergman preparando una entrevista a Alma Borg (Liv Ullman) quien le cuenta a la cámara que su esposo, un pintor llamado Johan (Max von Sydow) ha desaparecido después de que ambos decidieron tomar un descanso reparador en una desolada casa en una gélida isla escandinava.
Poco a poco el escenario se va tornando de pesadilla: en las conversaciones de la pareja que espera un hijo y que se ha prometido amarse y envejecer junta, en la locura y el insomnio de Johan y su incapacidad creativa que solo se desbloquea a la hora de hostigar a su amada con dibujos macabros o con relatos a deshora en medio de la oscuridad, y en la visita y el convivio con una serie de personajes que tienen tanto de surrealistas como de plausibles.
Ingmar Bergman saca con su intrépido lente todo la belleza gótica de los distintos lugares por los que deambulan estos supuestos seres imaginarios. También es memorable el uso minimalista del sonido tanto ambiental como en el estudio, sacudiendo al espectador en los momentos de mayor tensión. De igual forma merece mucha atención la captura de la gestualidad y reacciones de sus personajes cuando ven aquello tan espantoso que nosotros no podemos, porque precisamente de eso va el mejor terror en el siglo XXI: de la pura visceralidad de lo que se expone y de la perturbación de lo que se nos oculta. De sentarte un rato a ver algo imposible y levantarte de la butaca trastornado porque nadie descarta que te pueda pasar a ti también.
El centenario del nacimiento del imprescindible cineasta sueco no solo nos ha permitido disfrutar de sus bien conocidos títulos: “El Séptimo Sello”, “Persona” o “Fresas Salvajes” - digitalmente restaurados, en su idioma original y exhibidos en muchas salas del mundo-; también nos devela, ya libres de bazas intelectuales y de opiniones anecdóticas de cajón, que “ La Hora del Lobo” es fácilmente una película de terror que pudo haberse filmado ayer y que desde hoy debe considerársele como un “Nuevo Clásico” del sub-género. Bueno, puede ser que esa ultima afirmación SÍ carezca de sentido pero “Vargtimmen” NO.
jueves, 2 de agosto de 2018
Cuando el cine de acción levanta vuelo: Misión Imposible (FallOut) (2018) de Christopher McQuarrie
MISSION: IMPOSSIBLE: “FALLOUT” / CHRISTOPHER McQUARRIE/ ⭑ ⭑ ⭑ ⭑1/2 -147 Min./ CLASIFICACIÓN+13 AVENTURA-THRILLER-ACCIÓN / 3D-DOLBY ATMOS / ESTADOS UNIDOS
Por Herbert Neutra
herbertneutra@icloud.com
Christopher McQuarrie ha logrado lo imposible: convertir la sexta entrega de la añeja franquicia de espías de mascaras de látex, terroristas conspiradores y encargos heroicos que se aceptan sin rechistar, en una de las películas más importantes del genero de acción de la última década. Lo cierto es que desde hace más de veinte años hemos visto con cada entrega de Mission Impossible, una mejora en la calidad del producto; esto, en la medida en que la integridad física de Tom Cruise se ha venido sacrificando.
Con “FallOut” (“Repercusión”) McQuarrie también ha logrado echarse al bolsillo a la crítica más amargada, experta en alabar cuanta película aparece en la que la gente habla mucho y en denostar a todas aquellas, taquilleras, en las que la gente simplemente explota. En “Repercusión” hay muchas explosiones, patadas, persecuciones y saltos, pero estas no se generan siempre por ordenador, ni saturan la pantalla hasta la incongruencia gráfica; aquí todas gozan de un ritmo poderoso, seductor, casi coreográfico y tienen un acabado muy realista. Igual de agitada es una trama con tantos giros que dejará por el piso las aspiraciones a escritor de cualquier becario narratólogo, y es que en el largometraje, si bien, estallan varios autos, también lo hacen unos cuantos egos, especialmente los de aquellos que siguen considerando al mejor séptimo arte como una manifestación ligada umbílicalmente a un supuesto valor literario.
MI:6 no es solo cine de palomitas para subestimar desde el simple prejuicio intelectual; más bien se parece por su estilo y por el tipo de experiencia ofrecida a “Con la muerte en los talones” (North by Northwest; Hitchcock, A. , 1959), a Bullit (Yates, P., 1968) obviamente a “Los Sospechosos de Siempre” (The Usual Suspects, Singer, B., 1995) y al mejor Mad Max (Fury Road, Miller, G., 2015). El filme apenas dejará respiro al espectador “poco ilustrado” que no necesita de un elaborado contexto para entender que lo que tiene ante sus ojos es una cacería en la que lo único que se le pide es NO parpadear, mantenerse atento y afilar muy bien sus reflejos.
Tres esferas de plutonio circulan por los circuitos criminales del planeta y su control atenta contra la paz mundial. En el medio de esta amenaza re-aparece el villano Solomon Lane (Sean Harris); Ethan Hunt (Tom Cruise) y su equipo tendrán que evitar que el peligroso material llegue a las manos equivocadas. La CIA por su parte, aún sin fiarse de los métodos y la honestidad de Hunt, le asignará un nuevo compañero, un tal Agente Walker (Henry Cavill). Nada mas hay que entender, nada más hay que cavilar, el resto de las más de dos horas es una angustiosa caída libre y pura ambigüedad moral.
En una investigación reciente sobre la forma cómo los cineastas controlan nuestra atención a través de la edición, liderada por Arthur P. Shimamura, logró confirmarse que es una influencia multi-modal a nivel cognitivo, disponible en la experiencia sensorial cinematográfica, la que permite mantenernos atrapados en la pantalla (Psychology of Aesthetics, Creativity, and the Arts, 9(4), 417-422., 2015).
Respetando el legado de la serie televisiva esta nueva MI, se enfoca precisamente en la materialización de la encomienda. El director, a pesar de cargar con una pesada loza de versiones y desaciertos anteriores, orquesta con solvencia todos los efectos colaterales que la misma misión supone, nos mantiene expectantes, devuelve el brillo al original, no abandona del todo el escenario de la guerra fría y apenas nos deja saber algo sobre la humanidad de sus agentes.
Su misión, entonces estimado lector, si decide aceptarla, será hacerse el sonso con el festival de cine independiente experimental somalí al cual sus amigos universitarios lo están invitando, y apuntarse más bien, a ver, solo o en familia, por el puro gusto que supone ir a las salas del múltiplex más cercano, la última de Tom Cruise y el tipo que ahora hace de Superman. Como ya sabe, si usted o algún miembro de su equipo es capturado disfrutando, el autor de esta reseña negará tener conocimiento de sus acciones. Este mensaje se auto-destruirá en cinco segundos.
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