miércoles, 3 de febrero de 2016

Intimismo y sensibilidad de lo cotidiano: Confesión a Laura (1991) de Jaime Osorio




Por Leonardo Mora

colectivozerkalo@gmail.com





Este filme colombiano de 1991 dirigido por Jaime Osorio es una de las grandes y solitarias joyas de la historia cinematográfica de este país, el cual vale definitivamente la pena volver a observar y revisar: su alto valor artístico, de plena vigencia actual, es una lección invaluable para la nueva legión de realizadores que generalmente sólo trastabillan y decepcionan con obras tristes y obtusas que, si hoy quizás son celebradas por el público más incauto y superficial, indefectiblemente serán olvidadas a la vuelta de la esquina, y nunca alcanzarán el rango suficiente que sea capaz de inscribirlas en la historia de la cinematografía.



     Confesión a Laura es una bella historia personal e íntima de tres personajes de cierta clase aburguesada de la vida bogotana de mediados del siglo XX, en plena coyuntura de la violencia política y social desatada por el asesinato del caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán. Este trozo de la vapuleada historia colombiana, pletórica de malas decisiones, de inconsistencias políticas y de avalanchas de sangre inocente, afortunadamente enmarca la trama pero no la suplanta: hay un talentoso equilibrio entre las secuelas del magnicidio en la ciudad –toque de queda, asesinatos colectivos, violentos saqueos, desorden social- y los encuentros íntimos de los personajes: un desgastado matrimonio mayor y una vecina, triada acartonada y rigurosa de las formas sociales propias de su época y su clase social, que asustada y nerviosa por la hecatombe de las calles, opta por encerrarse intimidada a escuchar los punzantes bombardeos noticiosos de la radio y a esperar sin intervenir el retorno de la calma social. 






Y es precisamente en la espera de esa calma donde el filme, a través de una planificación visual de encuadres y movimientos sobrios y elegantes (perfecta para retratar la belleza vintage de los espacios, dos pequeños apartamentos y su mobiliario de la época, y los personajes, de impecables maneras y trajeados formalmente) nos va revelando el carácter personal de Laura –profesora de cierta edad, soltera- y de la convencional y aburrida pareja de esposos formada por Santiago y Josefina. El correcto esposo y la cordial profesora, quien vive en el apartamento de enfrente, debido a las circunstancias, se ven sujetos a compartir un mismo espacio por largas horas. Lo que inicialmente era un encuentro fortuito entre conocidos, con la distancia que fomenta una adultez avanzada y seria, el desconocimiento mutuo, pero sobre todo un alto sentido de las buenas maneras, el orgullo y la educación inculcada, se va convirtiendo, gracias al insospechado y subestimado ritual de la convivencia cotidiana (delimitada sutil y profundamente tanto en pequeños y divertidos sucesos como en pasajes dramáticos, un todo de honda humanidad) en una suerte de confesionario pasional en el que los anhelos y los fantasmas personales de ambos personajes se van compartiendo, reflexionando y convergiendo, hasta que ese autoconocimiento progresivo logra acercar a la nueva pareja y hacer florecer en ellos un bello y delicado sentimiento amoroso. En suma, Confesión a Laura es un sincero y encantador manifiesto del enamoramiento. Cuando la muerte ronda alrededor, la sinceridad desea aflorar del cuerpo y viajar hasta el otro (1). 

    Examinando algunos blogs con el fin de leer algunas críticas y comentarios acerca de Confesión a Laura, encontramos un desafortunado texto (2) en el que se afirma precipitadamente que este filme se trata de un plagio de la película de Ettore Scola “Una giornata particolare” (1977). Aunque tal texto en cierta medida se anula a sí mismo por su mal estilo y discutible argumentación, logró sembrar la semilla de la duda. Luego de observar el filme de Scola -protagonizado por Marcelo Mastroiani y Sofía Loren- para hacer la correspondiente comparación, encontramos que la película colombiana representa un homenaje al filme italiano y reinterpreta ciertas sugerencias de éste, pero es una obra autónoma y distinta. No es un pastiche malintencionado de la película original como lo quiere hacer ver el autor. Acertadamente Pedro Adrián Zuluaga señala en los comentarios de aquel texto, que su perspectiva resulta ser “una visión muy simple de los procesos de adaptación, traducción, copia, homenaje y apropiación que son moneda corriente en el arte” .


Si bien se encuentran rasgos similares en materia argumental –una coyuntura política inicial mostrada a través de imágenes de archivo, la historia central de dos desconocidos en un apartamento que paulatinamente logran un acercamiento íntimo, el constante bombardeo radial informando sobre el acontecer político- puede notarse que son fundamentalmente circunstanciales, externos. El carácter de los protagonistas de ambos filmes es distinto, incomparable, quizás a excepción de cierto vacío personal casi que presente en todo ser humano, por los errores y las omisiones cometidas en la vida. La pareja del filme italiano no se corresponde sentimentalmente a pesar de la cercanía íntima lograda, en contraposición a la historia narrada en Confesión a Laura. Nos atrevemos a afirmar que inclusive el acercamiento y la filiación personal de la pareja del filme colombiano se da en términos más naturales, más dosificados, menos precipitados, lo cual le imprime una veracidad única y bien lograda en el que no se entrevé ningún forzamiento, que sí se trasluce de alguna manera, a nuestro juicio, en el filme de Scola.


Otro aspecto que creemos prueba la inexistencia de burda imitación, es que encontramos en Confesión a Laura ciertos aspectos identificables -de una clase social, de una cosmovisión determinada- con cierta colombianidad intransferible y patente en los diálogos, las maneras y los caracteres de sus personajes. Imposible diseñar tal elemento sin un talento valorativo cultural evidente en la construcción del argumento y su puesta en escena, que de ninguna forma se revela en el filme italiano. Tal exposición de elementos colombianos es uno de los puntos más fuertes de Confesión a Laura: sólo que el tratamiento personal de la otoñal relación entre los protagonistas, es el aspecto que le imprime un talante universal. Valga señalar que el guión de esta película, escrito por Alexandra Cardona Restrepo, fue seleccionado para participar en el taller del Sundance Institute en 1990.

    Compartimos la opinión de Jaime Manrique cuando plantea que “pocas veces el cine colombiano ha logrado conjugar los elementos de una verdadera obra cinematográfica, en el sentido más amplio de la expresión y con todos los matices artísticos que esta puede contener” (3). Por ello, reiteramos, vale la pena revisar la obra de Jaime Osorio, encontrarse con su vigencia y disfrutar de la bella puesta en escena, sustentada por las atinadas actuaciones de Vicky Hernández, Gustavo Londoño y María Cristina Galvéz.


(1) Una interesante reflexión sobre la pulsión del peligro de muerte como generador de sentimiento y revelador de intimidades se encuentra en el texto "Detrás de las ventanas":

(2) "Una confesión particular: el juicio a Confesión a Laura por Una giornata particolare". Se encuentra en http://panycines.blogspot.com.ar/2011/07/una-confesion-particular-el-juicio.html





lunes, 1 de febrero de 2016

El artista febril ante la tempestad de lo cotidiano: Sult (1966) de Henning Carlsen





Por Leonardo Mora
sanagustinconfesiones73@gmail.com


Este sensible filme que concentra y potencia extraordinariamente la novela del mismo nombre del polémico autor noruego Knut Hamsun, narra la historia personal de un febril escritor (protagonizado por un enorme Per Oscarsson ganador en Cannes, cuando este premio valía la pena) y su lucha para vencer con determinación sus graves problemas que van desde lo económico –su situación de miseria es terrible-, lo emocional –su condición moral es en extremo compleja, de autoflagelación constante-, hasta lo social, dado que este susceptible personaje hace del contacto diario con la gente y la cotidianidad un engendro monstruoso al que debe enfrentarse y batallar a cada instante de su vida, a riesgo de enloquecer con tanta grosería y estupidez generalizada, que es la negativa e inexcusable manera en que ve a los demás.

       Es así como nos adentramos en un desfile de desencuentros entre este solitario artista y los otros en medio de arrabales tristes, grises, pedregosos y despojados de la ciudad de Kristiania en 1890 (actualmente Oslo, capital de Noruega). Nuestro escritor -nunca conocemos su nombre- se afirma en una dura y orgullosa posición –sin ninguna concesión a su grave estado de pobreza-  y resiste los embates cotidianos más mínimos con toda la entereza posible. Esa realidad que se manifiesta fría, torpe y desconfiada a través de rostros, voces, ademanes, miradas y actitudes de las personas del común, para nuestro protagonista se presentan en toda su máxima expresión, tocan sus fibras más íntimas y llenan de dolor su hipersensible condición. A ello contribuyen elementos formales en el filme como los veloces paneos y zooms de acercamiento y alejamiento sobre los rostros transeúntes -enfermizos énfasis en los más odiosos detalles de la infelicidad y futilidad humana-; y en materia de argumento, con los problemáticos desencuentros del protagonista con personajes de nulo valor e importancia espiritual.   


       Si bien tanta presión social y moral a menudo le generan pensamientos y actitudes insanas al escritor –podemos aplicar la consabida frase de Sartre de que el infierno son los otros- este no se doblega ante el degradante valor de cambio en que se ha convertido la vida y se convierte en un anónimo héroe del arte y de la existencia que pretende sostenerse imbatible y sin concesiones ante un sistema social homogeneizado y despojado de humanismo y empatía. A diferencia de ese estado “aburguesado” en el que todos se muestran contentos por quienes son más no por lo que poseen, el escritor manifiesta un estatus de autocrítica y culpabilidad elevado, y ello lo lleva a cuestionar todos sus actos de manera rígida, y a verse envuelto asimismo en comparaciones y posibilidades de acusado nivel moral. 

      Nuestro protagonista además de ocuparse en odiar a los demás, también tiene por costumbre trastocar la realidad y dejarse llevar por situaciones imaginarias en donde las cosas se inclinan favorablemente a su gusto personal. Si bien esta locura se ve agravada por los efectos de una inanición prolongada, podemos también señalar que sus falencias emocionales y su oposición ontológica ayudan a desbordar aquellos escapes ideales en donde las cosas marchan perfectamente y donde él es un sujeto activo y empoderado con pleno dominio de sus facultades y del mundo exterior. 

     Cuando tales mundos acusan desbarajustarse por manos de los demás, nuestro escritor pasa a mentir descaradamente para sostener una coraza imbatible y agresiva. La altanería que lo caracteriza -¿condición de exclusividad, de artista iluminado, de genio incomprendido?- necesita falsear las cosas porque necesita reafirmar el funcionamiento de su identidad y su persona con respecto a los otros, dado que su inseguridad es extrema, y casi siempre se cree el centro de las críticas y las malas intenciones: en todo intercambio cotidiano -simples saludos, roces en la calle, encuentros visuales, interacción con las personas, ya sean comunes o entes uniformados e institucionales- hay un entramado con consecuencias profundas que son de imposible evasión para nuestro escritor  –esto nos recuerda las sensibles fijaciones por el detalle en Henry James- y todo ello lo altera de manera profunda. 

   Pero el protagonista también está en capacidad de agradecer sinceramente, en su alterado fuero interno, las muestras de amabilidad que descubre en los demás, y a menudo intenta congraciarse con quien lo merezca, según su estima: a pesar de sus temores y traumas, también gusta de visualizarse, aunque sea por un brevísimo instante, como alguien en sereno intercambio con los demás que quiere dejar de sentirse marginado, que puede funcionar en la maquinaria general de la vida, y que cuenta para los demás y les ayuda a cimentar y reafirmar su integridad. En suma, a nuestro escritor lo caracteriza un insalvable espíritu de contradicción que no da tregua.  


   En el clima asfixiante y sórdido que se agrava paulatinamente mientras seguimos de cerca las incidencias del filme, también tiene un papel estelar la música del gran Krzysztof Komeda, famoso por su trabajo jazzístico, y quien también ha alimentado efectivamente los filmes del director polaco Roman Polanski. La pieza musical central que aparece como identificación constante nos ofrece una bellísima sonoridad minimalista que empieza con un talante festivo, como de feria de atracciones o de circo, y transitoriamente se convierte en una melodía de extraña sordidez, misterio y tensión, que una vez escuchada, se nos cuela en el cerebro hasta para nunca más salir de allí.

      Hambre existencial y delirio por la vida, Sult es una pieza magistral de la cinematografía europea, con una perspectiva visual moderna y de gran belleza, que vale la pena ver múltiples veces para asistir a su triste sordidez y para cuestionarnos acerca del estado actual del hombre en una sociedad violenta y desolada que amenaza atomizarse y hundirse cada vez más en un barranco profundo de apatía y soledad, y que se hace más insufrible para sus habitantes más sensibles y enfermizos.
    
    Valga mencionar la gran influencia que la historia original de Sult, publicada por primera vez en 1888, ha tenido para grandes artistas de las letras como Thomas Mann, Herman Hesse, Franz Kafka –en el libro original de Hamsun hay un curioso pasaje en donde el protagonista se ve a sí mismo como un pueril insecto- André Gide, H.G. Wells e Isaac Bashevis Singer –entre muchos otros-. Este último escritor, en el prefacio de una edición estadounidense de Sult, dice que Hamsun «es en todos los sentidos el padre de la literatura moderna —con su subjetividad, su impresionismo, su uso de la retrospectividad, su lírica [...]— toda la literatura moderna de nuestro siglo se puede remontar hasta Hamsun».
       

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