viernes, 11 de septiembre de 2015

Safe (1995) de Todd Haynes: La enfermedad que no tiene cura



Por Leonardo Mora
sanagustonconfesiones73@gmail.com




De este interesante y efectivo filme pudiera decirse en primera instancia que narra simplemente la historia de una mujer con una envidiable vida perfecta (bella físicamente, un impecable hogar en una zona exclusiva de Los Ángeles, un matrimonio con un hombre amoroso) la cual paulatinamente empieza a desmoronarse debido a la creencia inamovible de que su estado físico se está deteriorando por el nivel químico de contaminación presente en el medio ambiente. Como la película está ambientada a finales de los 80’s, valga recordar las peligrosas oleadas que los medios masivos empiezan a generar en la población con respecto a temibles enfermedades y epidemias a partir de la proliferación del SIDA.


       Pero si analizamos en detalle las cuestiones que Todd Haynes nos plantea plano a plano (fundamentalmente generales, valga anotar), llegamos a comprender que las razones que producen la caída de la bella ama de casa, de nombre Carol, pueden ser más profundas que un aparente malestar físico, y se remiten también a un flamante y engañoso sistema social, especialmente americano, en donde los individuos no logran encontrar bienestar emocional a pesar de la seguridad que les brinda un alto nivel de vida: hay quienes pueden caer en una desazón y ambigüedad existencial y empiezan a aplicar sus energías personales a la creación de monstruos temiblemente imaginarios que terminan por destruir la propia vida. 

         Por más que intenta amoldarse personal, afectiva y emocionalmente a su entorno, Carol no logra encontrarse a sí mismo: cae entonces en el flagelo de la hipocondría, y siendo ella una habitante del gran país del norte –con habitantes generalmente de alto poder adquisitivo y atomizados hasta lo enfermizo- podemos visualizarnos fácilmente la manera en que termina involucrada finalmente en las garras de esas famosas organizaciones tipo New Age –con algo de sala cuna y cuartel, como diría Estanislao Zuleta- que ofrecen sospechosos retiros y terapias físico-espirituales, amor prestado de Dios y de Cristo a montones, y ejercen una especie de “fascismo psicológico a través de incesantes charlas de motivación” (como diría Rob Gonsalves en un artículo sobre este mismo filme), posiblemente sólo para alcanzar grandes beneficios monetarios a costa del sufrimiento de los otros. 


 

       Hay que señalar que el poder persuasivo del filme recae de gran manera en la asombrosa y convincente actuación de Julianne Moore; construye su rol invistiéndose de una aguda timidez en su actitud hacia la vida, asumiendo una odiosa y mutilante jerarquía como ama de casa y ostentando una triste condición femenina de jarrón costoso que se dispone donde al dueño le dé la gana. Dosifica su decadencia magistralmente, sufrimos con ella las frustraciones cotidianas que desgastan su espíritu como una incesante lima de acero y observamos los tristes paliativos a los que acude, sin que ninguno sea capaz de curar su falencia “física”, la cual  sospechamos que lamentablemente es mucho más complicada que un simple salpullido o una simple congestión respiratoria.


       En materia técnica hay enorme efectividad: además de la abundancia de planos generales mencionada al principio, las imágenes nos muestran constantemente las interacciones de los personajes, especialmente Carol, con el medio que los circunda: el espectador siente la polución y el desorden de una megaciudad como Los Ángeles, se adentra en esos famosos entornos lujosos que pululan en los suburbios de esta ciudad, muy buscados por la clase alta, y nos ofrece diversos espacios de higiene y artificialidad excesiva en las que Carol se mueve cuando sus crisis se agravan. La música también ayuda a incentivar el suspense, y en su composición notamos gran influencia de los sintetizadores de los 80´s y sus sostenidas atmósferas ascendentes.     

      Vale señalar también la agudeza del director quien prefiere limitarse a mostrar las circunstancias a través de la cámara y los eventos transcurridos, sin permitirse caer en juicios morales en ningún momento de la narración: esta tarea deberá asumirla el espectador para que sea él mismo quien deduzca sus propias conclusiones.


       Safe es un filme que en su momento no representó mayor repercusión para la crítica, pero que el tiempo ha venido develando como una gran película, totalmente recomendada, capaz de suscitar interesantes reflexiones en nuestro tiempo con respecto al rol del individuo subsumido por las ciudades y el de las organizaciones que pretenden regular providencialmente la vida social y personal cuando esta parece desfallecer en una creciente inadaptación física y moral. 


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