jueves, 26 de abril de 2018

Reseña de The Sciences (2018), el trabajo musical más reciente de Sleep




SLEEP / THE SCIENCES/ THIRD MAN RECORDS/ 2018/ 53´/ DOOM-STONER METAL/ ****1/2



Por Herbert Neutra
herbertneutra@icloud.com


Para nadie es un secreto que el uso de drogas, especialmente de las psicoactivas, acorta el camino para lograr efectos como el éxtasis religioso, los estados alterados de conciencia, el disfrute de las artes, la hipnosis o la perdida de los limites del espacio, el tiempo o el “yo”. Así como la emoción estética intensifica los estados conceptuales de la mente, drogas social e ingenuamente aceptadas como la marihuana, o más difíciles como el LSD, generan resultados similares. La “clarividencia” que ofrece el consumo de varias sustancias ha sido bien documentada, aunque no es muy distinta de la que puede obtenerse practicando la meditación trascendental, el baile frenético, la asistencia a cultos masivos, realizar algún deporte competitivo, abstenerse sexualmente o ayunar.

   El impresionante regreso discográfico de SLEEP -después de dos décadas y una serie de conciertos junto al baterista de Neurosis desde 2010 donde se fue tanteando parte de este material- se publica curiosamente hoy: cuatro-veinte, una fecha conmemorativa para toda la banda fumarola. El exceso de Cannabis Sativa en las sesiones de grabación del trio californiano, es como el cáliz en la liturgia para los cristianos; de hecho, mucho THC contribuyó en el proceso creativo de su anterior disco, el perdido, postergado y excepcional “Dopesmoker” (Southern Lord Records, 2012).



El tema de la relación entre la creación artística y la mota en la historia del arte es largo y da para muchas bocanadas. Tan solo en la música popular hay tantos álbumes como cantidad de efectos nocivos y daños colaterales a nivel neuronal, cognitivo y reproductivo producidos por esa “matica” que nos dejó Dios para que nos divirtiéramos. Provisionalmente vamos a aceptar que si de tanta intoxicación salen cosas como “Rubber Soul” (The Beatles; Parlophone,1965) “Tago Mago” (Can; United Artists, 1971) “Bitches Brew” (Miles Davis; Columbia, 1970) o incluso este “The Sciences”, entonces hace mucho sentido que ya desde los días de la caverna fuera el chamán de tribus como los Walbiri (AU), el único autorizado para encender y calentar la planta.

   “The Sciences” abre en clave de drones con Al Cisneros, Mike Pike y Jason Roeder anticipando toda su energía en los primeros tres minutos; luego se escucha el encendido de un bong y con este comienza un crescendo uniforme y constante de notas graves que se ensanchan, se hacen más densas y ganan en intensidad como las pinceladas monocromáticas que ya lanzara en su momento Rothko sobre sus lienzos en su también vibrante y abstracta sensibilidad expresionista. No pasa mucho tiempo en “Marijuanaut's Theme” para que aparezca la voz de Cisneros con su reflexión interestelar sobre el asunto verde y ya en el vórtice del track reluzcan dos sucios solos de guitarra enfrentados, firmados por el virtuoso Pike, quien da cuenta de su estilo característico y de lo mucho que ha practicado con High on Fire.



“Sonic Titan” se acopla más al canon que hiciera famoso al grupo desde los noventa; por la mitad del corte es el bajo de Al el que se roba el protagonismo, re-aparece su voz y con esta un ritmo lento a medio-tiempo y el sabor acido, retro y sabático. "Antarticans Thawed” empieza marcial y contemplativa para que luego llegue Roeder a llenar el espectro sonoro sacándole todo el ritmo posible a su set básico de batería en los cerca de 15 minutos que dura la canción.

     “Giza Butler” es un homenaje a ustedes ya saben quien, y desde ya un número obligado en el repertorio de SLEEP, especialmente por sus noventa segundos finales, mientras que el cierre con “The Botanist”, llevando la instrumentación a un escenario más cálido, acústico, psicodélico y paisajístico, supone el colofón perfecto para la grabación y el descenso de la nave.

    Está bien, olvidemos por un momento la evidencia científica (Bloomfield, M. et al, 2013; Starzer, M. S. K. et al., 2017 & Brown T. y Dobs A. , 2002 ) y arriesguémonos a decir que el consumo de marihuana no conlleva riesgos como bajas en la motivación, disminución de los niveles de testosterona o el desencadenamiento de enfermedades como la esquizofrenia; si no tienes el talento y sí mucho tiempo libre, ¿de qué serviría pasársela fumando?. Si de empujar tanto humo en nuestro sistema saliera algo por lo menos de la calidad de “The Sciences”, el riesgo valdría la pena, y es que a fin de cuentas, aún para disfrutar completo de este gran disco o para escribir algo elocuente sobre el mismo es necesario soltar la pipa.

domingo, 22 de abril de 2018

Reseña de Eat the Elephant (2018) de A Perfect Circle


A PERFECT CIRCLE / EAT THE ELEPHANT / 57´/ BMG / ****/ METAL ALTERNATIVO-ROCK PROGRESIVO


Por Herbert Neutra
herbertneutra@icloud.com

“Se trata de reconectarse y de responsabilizarse por uno mismo: ¿Qué estás haciendo para ayudar a tu familia? ¿Qué estás haciendo para mirarte y descubrir qué parte del problema eres? Señalar con un dedo a Trump no soluciona nada. Y sí, él es un bufón, pero no es el único bufón aquí…Todas tus quejas y publicaciones en Facebook pensando que vas a cambiar algo, tampoco van a hacer nada. Necesitamos reconectar.”

MJK (RevolverMag, Abril 2018)



Lo primero que llama la atención del regreso, después de catorce años sin un disco de estudio del proyecto liderado por Billy Howerdel y Maynard James Keenan, es la perturbadora e inusual carátula que han escogido para esta interesante y pertinente grabación. En la portada de “Eat the Elephant” aparece un personaje vampírico sosteniendo un bizarro pulpo bi-color: tenemos aquí a un ejemplar digno del bestiario dedicado a los monstruos de la democracia, que ya compilara Siegfried Kracauer, el teórico de la fallida escuela crítica de Frankfurt, en su ensayo sobre el expresionismo alemán (“From Caligari to Hitler: A Psychological History of the German Film”; Princeton University Press, 1947).


Debemos a Siegfried la cuidada elaboración de un “imaginario histórico” del cine de la época, aunque escribiendo desde su exilio cometió un grave error al considerar que su pensamiento era revolucionario por zafarse de un régimen totalitario de izquierda como el nacional-socialista, y al adjudicar a las películas que analizaba una exclusiva carga ideológica, despojándoles de un valor artístico y estético autónomo.

  Es un hecho que más de medio siglo después, las universidades de Estados Unidos y de Latinoamérica, donde se divulga la falsa ciencia psicoanalítico-marxista de Adorno, Horkheimer y Co., han producido monstruos buenistas, guerreros de la justicia social en redes sociales, bancos de órganos poli-sexuales y defensores de una hipócrita perspectiva disfrazada de neutral, que al final se parecen menos a la bondad y mucho al personaje principal del extenso “Homunculus” de Otto Rippert (Deutsche Bioscop GmbH, 1916). 


Puros adefesios demagogos y atormentados por su imposibilidad de amar, que también destacan por su opinión destructora y soberbia y que tienen en la tapa del tercer álbum de A Perfect Circle una materialización bastante lograda.

     Precisamente el tema central de las líricas de este LP - como ya lo fuera en su colección de covers desahuciados y anti-belicistas “eMotive” (Virgin, 2004) - es el escenario político, social y cultural del mundo actual; uno tan decadente como el de los últimos días del Imperio Romano o de la República de Weimar. El mismo donde la satisfacción inmediata sin evaluar consecuencias, la necro-pornografía, el abuso hedonista de drogas, la celebración y justificación de lo licencioso y abyecto, la charlatanería del progresismo y el narcisismo hecho banner de notificación son el pan de cada día.


     En lo musical APC siguen en su exploración melódica, entregando pasajes bellos, empapados de lirismo instrumental, con momentos muy esotéricos, sin descuidar su estirpe metalera; en el corte que da apertura y título al disco, el preciosismo de cámara del piano y el ritmo de una batería destartalada se completan con la perfecta entonación de Maynard y los samplers de Howerdel; “Disillusioned”, por su parte, es un llamado a la catarsis del exceso de scrolling que descansa en una canción que comienza con el estilo característico de la banda, para detenerse un momento en clave dramática y regresar reforzada con arreglos de electrónica; este detalle aparece refinado y multiplicado en la excelente “ Hourglass”, un track en el que también merece la interpretación vocal de James Kennan.

     “By and Down the River”, “Feathers” ó “TalkTalk” suenan a una fusión entre lo mejor de Circa Survive y el melancólico “Disintegration” de The Cure, aunque la inquietud progresiva del grupo lleva dicho sonido a un nuevo nivel; este efecto acorazado ya se vaticinaba en la muy conveniente y orquestada “The Doomed”, primer adelanto del larga duración. Por otra lado el cierre con “Get the Lead Out” nos descubre una apropiación del sabor soul, trip hop y R&B que por sí solo justifica la escucha reiterada del track unas cuantas veces.


“Eat the Elephant” NO es “Mer de Noms”, pero sí es la obra que supone la consolidación y maduración de una idea que ha ganado su propia voz y protagonismo; A Perfect Circle regresa con un disco elocuente y dinámico en tiempos en los que una conexión a internet, una cuenta gratuita y unos cuantos likes, convencen a cualquiera de su belleza, inteligencia y virtud, aún cuando lo único que salga a flote, en el proceso, sea su deformidad mental, moral y física.

jueves, 19 de abril de 2018

Reseña de Persona (2018), disco de Rival Consoles



RIVAL CONSOLES / "PERSONA"/ 58 ´/ NEO-ELECTRO / EXPERIMENTAL / ERASED TAPE RECORDS / 2018/ ****1/2



Por Herbert Neutra
herbertneutra@icloud.com


Descansa en los hombros del músico de Leicester, Ryan Lee West (aka Rival Consoles) la enorme responsabilidad de ofrecerle a nuestros oídos un equivalente sonoro del fragmentado, complicado y bi-polar filme “Persona” (I. Bergman, 1966). Seamos honestos: esta misión es pretenciosa e inalcanzable, sobre todo si se considera toda la influencia que aquel thriller sicológico disfuncional de pulsión lésbica y de monólogos bizarros y muchas elipsis mudas legó al arte cinematográfico. ¡Qué cosas!, pero el detalle, no obstante, es coqueto, se agradece y es la intención la que cuenta.

   “Persona”, el disco, no es una obra maestra pero sí es de lejos la mejor grabación de Lee West; por lo menos comparte con la película del genio sueco su intento por arrastrarnos a una experiencia de corte surrealista, pulsando en nuestro subconsciente, a su vez presentándonos muchas aristas, aunque finalmente no es tan inusual o raro como la pieza a la que rinde tributo, y a la larga resulta mucho más digerible e inteligible.


En su cuarto larga duración el británico encuentra su identidad. Después de varios intentos en el dance y el IDM confrontando tecnología análoga, manipulaciones de instrumentos acústicos y el uso de pedales para configurar capas, a Rival Consoles finalmente se le siente cómodo acercándose a una música abstracta e intuitiva que invita al oyente más a ensimismarse y menos a bailar.

   Cortes como “Rest”, “Untravel” o “Dreamers Wake” son puro ambient etéreo que conecta con nuestro costado más espiritual y trascendente, mientras que en otros tracks como “Hidden” o “Persona” no abandonamos la pista de la discoteca después de todo. Por otro lado, “Be Kind” resalta por su naturaleza improvisada del mismo modo que “Fragment” lo hace por su descarado minimalismo; y en ese orden “Sun´s Abandon” por su confesión dream-pop mientras que “Phantom Grip” reluce por su eclecticismo.

    Rival Consoles ha prensado un disco que se disfruta sin esfuerzos mientras contemplamos sin compromiso; Lee West ha cocinado un banquete en el que ningún platillo desmerece y al que por cualquier lado es posible entrarle; puede que resulte menos vanguardista que el imposible experimento de Bergman, pero venga, que la vida es corta y lo que hay son maneras de desdoblarse.


lunes, 16 de abril de 2018

Reseña de Distant Sky (2018) - Nick & The Bad Seeds (Live In Copenhagen) / David Barnard




DISTANT SKY- NICK CAVE & THE BAD SEEDS LIVE IN COPENHAGEN / DAVID BARNARD /***1/2 / GÉNERO: RECITAL-DOCUMENTAL/ 135´ / CLASIFICACIÓN+12 / REINO UNIDO /2018


Por Herbert Neutra
herbertneutra@icloud.com



“[Cave] es mi pastor; nada me faltará.
En lugares de delicados pastos me hará descansar;
junto a aguas de reposo me pastoreará.
Confortará mi alma; me guiará por
sendas de justicia por amor de su nombre”.

Salmos 23:1-3


¿Qué interés puede despertar una grabación de un evento único y especial como un concierto, y de que manera el séptimo arte puede convertirlo en una pieza original, interesante y única? La respuesta no la tengo a mano, pero ensayemos una posibilidad: sabemos que a lo largo de la historia de la cultura existen muchos ejemplos de películas basadas en recitales que nos han impactado: Woodstock (Wadleigh, 1970), Pink Floyd at Pompeii (Maben, 1972) ó Stop Making Sense (Demme, 1984), como también que existen otros con más culto que gloria: 200 motels (Palmer & Zappa, 1971) ó Ziggy Stardust and the Spiders from Mars (D.A. Penneabeaker, 1973).

    Lo que hace grande a los primeros es una combinación efectiva entre imágenes emblemáticas, potentes panorámicas de los escenarios presentados, cierto tono y estilo que encaja a la perfección con la estética de los músicos y su puesta en escena, la calidad de los registros en vivo de dichos artistas y por supuesto, que se trata de films entretenidos a los que no les sobra metraje, y en los que también el director se permite sus licencias y toque personal.



     Siguiendo la estrategia publicitaria del muy superior One More time with Feeling (Dominik, 2016) tenemos el estreno de este “Distant Sky”, presentado por una sola noche en 500 salas de cine del mundo; ¿El resultado? Una buena captura sin muchas novedades y aporte en lo cinematográfico que debe su valor a la intensidad y el nivel de ejecución del repertorio de Nick Cave and The Bad Seeds en la capital danesa, como parte de su celebrada gira el año anterior.

    Barnard se hace a un lado y cumple como buen contratista con su trabajo, dejándole a Nick y a los suyos toda la responsabilidad del filme. Aquí no hay planos ingeniosos, grandes secuencias que enganchen la música con lo que vemos, y mucho menos alquimia de post-producción. Su función como autor tiene un perfil bajo y efectivamente se distancia lo suficiente para acercarnos a lo que a fin de cuentas sería lo más importante; atrapando toda la delicadeza, la furia, la experiencia lisérgica y la emoción del evento, en un producto que casi parece teatro filmado.



   El protagonismo aquí es de NC & TBS porque cumplen con creces su cometido. Vibrante y estremecedora es la presencia de Cave como un pastor difundiendo la palabra entre su séquito, metido entre sus fieles poniendo a prueba su capacidad vocal y cambiando a gusto una que otra letra, bailando con su particular swing y sentándose al piano de vez en cuando, a ejecutar pequeñas pero definitivas melodías en el sonido de la banda. 

     Inmaculado es el talento del multi-intrumentista Warren Ellis, su nuevo mejor amigo y un fiel compañero de batallas en las últimas dos décadas, haciendo de contrapeso en el piano, el teclado, un violín perversamente alterado y en su ruidosa guitarra tenor. La base rítmica de Martyn Casey en bajo, Thomas Wydler en batería y especialmente Jim Sclavunos en vibráfono y percusiones no tiene parangón, mientras que los “recién llegados” George Vjestica en guitarras y Larry Mullins en teclados y pianos son el complemento perfecto a la alineación.




De las más de dos horas de la actuación quedan para la memoria el cuidadoso tratamiento ambient de todos los cortes que se incluyen en el flamante “Skeleton Tree” (Bad Seed Ltd, 2016) potencializando sus finas y delicadas texturas, el poder de la re-interpretación de clásicos como “From Her to Eternity”, “The Mercy Seat” o “Tupelo”, la compenetración de Nicolas con el público en “Stager Lee o “The Weeping Song” y la increíble participación de la soprano Else Torp en el corte que también sirve de título al documental, que a muchos dejará al borde del llanto.

   Lo que más se le puede criticar a este Distant Sky es la sensación al final de la proyección de que Barnard, con tanto talento, ante el lente haga solo lo justo y necesario; solo queda pues a todos la obligación moral y espiritual de asistir a esa suerte de Pentecostés en la que se convierte un concierto de Nick Cave and The Bad Seeds.







viernes, 13 de abril de 2018

Últimas imágenes de la violencia: You Were Never Really Here (2017) de Lynne Ramsay




“YOU WERE NEVER REALLY HERE”/ LYNNE RAMSAY/ **** 1/2 / NEON-NOIR/ FRANCIA-EE.UU / 89´/ CLASIFICACIÓN: +18 / 2017



Por Herbert Neutra
herbertneutra@icloud.com


En su búsqueda de evidencias para una interpretación cinemática, G. Currie señala que la interpretación del trabajo literario comienza con el texto, esto es, con el estudio de una secuencia de palabras y oraciones dotadas de un significado. La tarea del crítico es determinar qué tipo de historia, intenciones y significado cuenta dicho texto; por algo, el texto es la base y la evidencia de cualquier interpretación literaria. También, nos dice, que dicho modelo falla para el cine, porque el séptimo arte carece de un lenguaje. Una película es un artefacto tecnológico distinto, uno que consiste de imágenes cinemáticas, de acompañamientos verbales, aunque también, de otros elementos de diverso tipo: música, sonidos ambientales y manipulados, experimentos sensoriales, reflejos motores, ilusiones ópticas, etc. Un filme es una estructura altamente compleja, aunque nos resulta familiar porque vivimos en la cultura, en la psique, en la cognición, en el instinto y en la realidad que la producen. (Image and Mind; 1995: 251-253)

    En su cuarta película, la directora escocesa Lynne Ramsay se vale de algunas herramientas acumuladas en los más de 100 años de historia por el arte cinematográfico, para examinar la mente de Joe (Joaquin Phoenix), un veterano de guerra que deambula por los bajos fondos de un mundo pútrido y sucio, guiado por un altruismo bizarro y perturbado que se alimenta de sus miserias personales y del afecto de una madre chalada. Su camino sólo está iluminado por las luces de neón baratas de los antros de mala muerte por los que su humanidad deteriorada circula, tratando de cumplir con un nuevo encargo.


Este paisaje y sus atípicos héroes, los conocemos bien y no son precisamente nuevos, pues llevan materializándose desde hace un buen rato en el cine por apellidos de geografías, tiempos y géneros tan distintos como Ford (The Searchers, 1956), Bresson (Pickpocket, 1959), R.W. Fassbinder (Händler der vier Jahreszeiten, 1972), Scorsese (Taxi Driver, 1976), Cronenberg (Videodrome, 1983), Lynch (Blue Velvet, 1986) Besson (León aka "El Perfecto asesino", 1994) y no hace mucho, Winding Refn (Drive, 2011).

   You Were Never Really Here supone, no obstante, un avance en la manera como se muestra y se presentan el tema y las personas implicadas; Ramsay aprovecha todas las influencias mencionadas anteriormente, concatenando situaciones del pasado, presente y futuro, emulando el funcionamiento de la mente afectada de su protagonista, su confrontación, su memoria, su búsqueda permanente de sentido a una vida trastornada, donde tampoco existe redención.

   La película presume de un control del color y de la luz pletóricos; la directora se tomó la molestia de elevar cada uno de sus planos y escenas -desde el más burdo al más emotivo- a un registro solo disponible hasta ayer en los trabajos fotográficos de Gregory Credwson. Lynne Ramsay exprime todo el realismo posible, dejándole a la pupila del espectador el disfrute de todas las rugosidades y belleza escondidas en una “aparente y predecible trama” muchas veces trillada.


La directora tampoco le da respiro o posibilidad de aburrimiento a la audiencia, porque no se interesa por diálogos elaborados, ni por la descripción o construcción literaria de personajes; no subestima a su público y prefiere optimizar cada minuto del metraje y de su atención, evitando explicaciones del contexto y enfocándose en un montaje en el que condensan flash-backs, alucinaciones, capturas originales de la violencia, lo sublime encriptado en conversaciones banales y minuciosos primeros planos y travellings solo cuando el fervor del momento lo exige.

     YWNRH es una cinta de hora y media en la que el crítico narratológico solo verá espacios en blanco, una historia plana, personajes desinflados y falta de coherencia, un hecho que hace sentido porque “en realidad, [ellos] nunca estuvieron [allí]”; para los que verdaderamente conecten con la propuesta de Ramsay se trata de 90 minutos que les tocarán las tripas, el corazón y el entendimiento.



lunes, 9 de abril de 2018

A Quiet Place (2018) de John Krasinki: los nuevos caminos del terror



A QUIET PLACE/JOHN KRASINSKI/2018-EE.UU./ TERROR CONTEMPORÁNEO/****/ 90´/ DOLBY ATMOS / CLASIFICACIÓN:+13


Por Herbert Neutra
herbertneutra@icloud.com

Lo que hace de "A Quiet Place" una muy buena película es que termina donde la mayoría de producciones recientes del género comienzan y se estancan; piénsese en mediocres productos al uso que mezclan ciencia ficción y terror como "Abraham Lincoln: Vampire Hunter" (Bekmambetov, 2012) "Dawn of the Dead" (Snyder, 2004) o la mejor (?) de "Resident Evil" (“Final Chapter”, W.S. Anderson; 2017). Lo que convierte a “Un lugar en silencio” en posiblemente el mejor filme de horror en lo que va del año, es que precisamente comienza donde un clásico como "The Birds" (Hitchcock, 1963) termina. 

     John Krasinski, el famoso actor de la comedia "The Office" (NBC,2005), cambia completamente de registro y sale , por lo menos como director, por fin victorioso. Krasinski consigue sumergirnos en un escenario del que se nos informa poco, una tarea que ni falta hace, ya que en los primeros minutos de su largometraje, por las pocas situaciones que se muestran, lo entendemos todo y aceptamos sus reglas de juego. 

     “¡ES EL SONIDO!", puede leerse en la pantalla, como titular en la portada de un periódico abandonado a su suerte, y es, curiosamente, la ausencia de este, la que también permite que la sala conecte fácilmente con todo lo que se le va presentando. Pocas veces, desde que se abarataron los smartphones y se amplió el menú en los múltiplex, se podrá disfrutar de una audiencia tan aconductada . 


    El juego cognitivo aquí es bastante simple, aunque no faltará el público más ilustrado que presuma de su intelecto durante la proyección, ese al que le gusta hablar con la boca llena de palomitas y razón. A estos amantes de diseccionar la realidad como a un texto o como si se tratara de un pollo asado que se come con la mano, a ellos, les recomiendo quedarse mejor en casa. 

    Para los demás, para nosotros, para los vulgares, esto es, gente ordinaria que va al cine a ver y a entretenerse y que sabe hablar solo lo suficiente, les anticipo una bella cinematografía y una ingeniosa mezcla de sonidos extraídos de la América profunda; una experiencia sensorial sorprendente, finamente orquestada con saltos y cacofonías, varios sustos, loables interpretaciones, modestos pero perturbadores efectos especiales, mucha tensión y, sobre todo, emociones humanas en estado puro. 

   ADVERTENCIA: Las imágenes de "A Quiet Place" están desprovistas de cualquier propaganda o agenda ideológica, porque por fortuna cada vez que vemos el fin del mundo llegar, valen verga la exigencias de falsa igualdad, los derechos estatales y la equidad de género. Y es que en este "lugar en silencio" solo importa la supervivencia amparada en la estructura biológica e institución social por excelencia: la siempre necesaria familia nuclear y sus valores y tradiciones a prueba de todo. 





El famoso crayón oblongo / El puente (2025) - Una crónica poética y un relato breve de William Alexander Medina Méndez

 El famoso crayón oblongo                                            Salta cadáveres (1989) - Pedro Alcántara Herrán   "Eres esclava de...