viernes, 31 de diciembre de 2010

The deer hunter (1978) de Michael Cimino: Dios bendiga por siempre a los americanos




























Por Leonardo Mora
sanagustinconfesiones73@gmail.com

Nunca serán excesivas las referencias del arte cinematográfico al horror que deparan las guerras en que se han enfrascado nuestros loables dirigentes políticos hambrientos de dinero y poder, desde el mismo inicio del devenir del hombre. Aunque no todos los directores cuentan con la fortuna de crear un filme que pueda plantear más cosas que la superficialidad de la guerra –entiéndase bombas, sangre y mutilaciones-, tampoco  estará de más examinar las abundantes perspectivas con que se aborda tal fenómeno, para constatar si determinada película fue capaz o no de “cargar con el contenido histórico de su tiempo”, una de las definiciones que usa T.W. Adorno para esa compleja palabra que es el Arte. 

En el caso del director italo-americano Michael Cimino, con su filme The deer hunter, las expectativas son ampliamente logradas. La historia de unos  obreros siderúrgicos con sangre de inmigrantes que son enviados a una de las carnicerías más sangrientas e inútiles de la historia como lo fue Vietnam, resulta contundente, emotiva y conmovedora, sin necesidad de excederse en imágenes físicamente violentas para expresar de manera eficaz el daño moral y  mental que sufrieron los muchachos enviados  a proteger con su vida y su sangre los intereses de los detentores del poder en el país del norte, el de la libertad y la democracia.

Quizás la virtud más palpable y lograda de The deer hunter –película en la que el director se toma su tiempo para exponer detalles tales como el entorno de los personajes,  sus logros  y frustraciones cotidianas, es decir, posee cierto ritmo lento pero poderosamente envolvente- es que sus protagonistas, como ya se mencionaba, unos simples trabajadores incultos que se divertían en tabernas, que deseaban a las compañeras del prójimo, tonteaban entre ellos, salían de caza o cantaban canciones a coro con voces embriagadas, a pesar que sufren en carne propia el apocalipsis de Vietnam, son sometidos a una alta humillación y amenaza de perder la vida –como la impresionante secuencia en que tres de aquellos obreros, ya instalados en el sudeste asiático y capturados por el bando contario, son obligados a punta de golpes y recriminaciones a jugar a la letal ruleta rusa-, y además  mutilados  y traumatizados, en suma, echados a perder, ninguno es capaz de entender las verdaderas implicaciones de todo ese juego de poder al que se vieron obligados a servir; el destino juega malas pasadas, de una guerra sólo se puede llegar vivo, muerto, mutilado o enloquecido, eso todo el mundo lo sabe, pero aún así la patria es la patria, hay que defenderla  y se debe cantar y rezar al cielo para que Dios la proteja  -de esta trágica forma acabe el filme- y le augure prosperidad y protección por mucho tiempo.

Las actuaciones de esta película, que además cuenta con un reparto de lujo –Robert de Niro, Meryl Streep, John Savage, John Cazale, Christopher Walken- son de una factura impecable. El dolor, el trauma, la locura y la agonía de la guerra son muy bien demostrados a través de rostros y actitudes que denotan en quien los ve el sufrimiento y la paranoia extremos de los que se vieron sometidos a la cruel Vietnam. Quien quiera saber qué tipo de comportamientos  pueden develar una expresión como la de  “cadáveres vivientes”, esta magistral película puede ilustrarlo sobradamente.

The Deer Hunter (conocida como El francotirador en Hispanoamérica y El cazador en España) es una película dramática de guerra de 1978 dirigida por Michael Cimino. Además de que fue  galardonada con 5 oscares, incluidos mejor película y mejor director, la película está considerada como una de las 100 mejores películas de la historia del cine por el American Film Institute. Filme altamente recomendado para quienes saben que en épocas de caos y degradación como la que estamos atravesando,  el arte necesita indefectiblemente recargarse de agresividad, efectividad y templanza para lograr conmover al espectador y obligarlo a que reflexione sobre la condición humana, ya inserta en pleno siglo XXI, y a punto de comenzar una nueva década de historia. 

                                                                                 (31 de diciembre de 2010)

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Enter the void (Gaspar Noé, 2009)








































Por David M. Houghton.


Por la contundencia y relevancia de sus trabajos anteriores, el estreno de un nuevo filme de Gaspar Noé se rodea de grandes expectativas por lo que podrá plantear este director acostumbrado a sacudir el universo cinematográfico con sus desquiciantes experimentos técnicos y sus descarnadas visiones del mundo contemporáneo. En esta ocasión la expectativa fue mayor debido a los problemas de distribución que retrasaron casi un año el estreno de Enter the Void, alimentando toda clase de rumores sobre su alto contenido de sexo explícito y violencia descarnada.
Los primeros minutos del metraje, precedidos de unos créditos iníciales diseñados para deslumbrar a uno que otro publicista con ínfulas de artista, auguran una soberbia incursión en el bajo mundo de una luminosa y decadente Tokio. No obstante, y después de que los fastuosos efectos y la obsesiva utilización de la cámara subjetiva dejan de perturbarnos, empezamos a percibir el sabor de algo ya visto. Desde el color extravagante, pasando por los inesperados movimientos de cámara y la audacia narrativa, hasta llegar al sórdido inventario de seres decadentes inmersos en un mundo del que queda muy poco por salvar, todos los elementos que habían sido planteados con firmeza e inteligencia en el excelente Seul contre tous (1998) y que servirían también para estructurar con mucho acierto el multipremiado filme Irreversible (2002), así como algunos de sus trabajos audiovisuales de corta duración como Carne (1991), We fuck alone (2006) y Protege moi (2003), resultan en Enter the void una mera reiteración. Ninguno de sus guiños de espectacularidad técnica sorprenden, sus personajes son poco interesantes y la historia que trata de contar el filme es tediosa y superficial




Resulta indiscutible que una de las virtudes del realizador franco - argentino es la capacidad para imprimir un ritmo desquiciante a la narración fílmica: un trabajo de montaje arduo en el que se busca que el espectador sienta la angustia, la paranoia, la claustrofobia a la que se enfrentan a su vez los personajes. En Enter the void este recurso se convierte en algo planeado, exagerado hasta el paroxismo con el objetivo de dar un ritmo vertiginoso a una película que tendría que terminar promediando los noventa minutos y que sin embargo se dilata hasta el cansancio con decenas de secuencias absolutamente gratuitas – especialmente las de sexo – en las que pareciese que la intención del director es mostrar hasta dónde pudo llegar en el desarrollo de efectos especiales y de paso evidenciar cómo pudo gastar el gran presupuesto del que dispuso.
Si bien quedan algunos elementos para rescatar como la excelente musicalización realizada por Thomas Bangalter con la aparición ocasional de Throbbing Gristle, así como las secuencias que simulan los efectos producidos por el D.M.H. (una de las tantas sustancias alucinógenas inventariadas en el filme), la película no aporta nada significativo a la filmografía de Gaspar Noé. Puede que algunos destaquen el permanente compromiso del director por adentrarse en los pasajes más abyectos de la vida cotidiana en el contexto del capitalismo salvaje o su siempre contradictorio mensaje de esperanza que en esta ocasión está representado casualmente con el advenimiento de un crío llorón que purificará un mundo infecto y decadente. Se trata sin embargo de que, precisamente en un mundo en el que el arte tiende cada vez más a ser absorbido y masacrado por los dictámenes del mercado, todo creador debe evitar la reiteración, la mansedumbre, la experimentación formal gratuita y desligada de planteamientos humanos contundentes pues estos y no otros son los fáciles mecanismos que el sistema homogeneizador utiliza para neutralizar todo el potencial crítico de la creación artística.
(Dic. 2010) 

El famoso crayón oblongo / El puente (2025) - Una crónica poética y un relato breve de William Alexander Medina Méndez

 El famoso crayón oblongo                                            Salta cadáveres (1989) - Pedro Alcántara Herrán   "Eres esclava de...