lunes, 29 de abril de 2013

Dos novelas de Hank!


Por David M. Houghton.

1. CARTERO – CHARLES BUKOWSKI – 1972


Para alguien que posea una mediana sensibilidad, resulta inevitable considerar, por lo menos en algún momento de su existencia, la degradación y mecanización cotidiana a la que le somete la vida laboral. Inmersos en el absurdo engranaje de un sistema productivo del que nos vemos obligados a tomar parte para no perecer social y físicamente, acudimos día a día a cumplir tareas repetitivas y enajenantes con el único incentivo de recibir un modesto salario que nos permitirá participar en la repartición equitativa del tedio y la mediocridad. Problema de amplias dimensiones existenciales que, pese a haber sido considerado y analizado con amplitud de enfoques, sigue siendo pieza clave a la hora de explicar la crisis existencial del hombre moderno.

Consciente de tal situación y apremiado por sus propias condiciones de vida, Charles Bukowski hace de su experiencia como empleado del servicio postal de Los Ángeles la materia de su primera obra en prosa, Cartero (Post office), publicada en 1971. Podría argüirse, sin embargo, que se puede acceder por mejores fuentes a una reflexión literaria profunda acerca de la cosificación producida por un sistema productivo basado exclusivamente en la eficiencia y el máximo beneficio. La novedad de la novela radica en el tratamiento narrativo que Bukowski hace de este problema. Siendo esta la primera de una larga serie de apariciones del H. Chinaski, evidente trasunto literario del autor, en Cartero se percibe la aplastante realidad de un empleo absurdo que socava cualquier rasgo de sensibilidad y libertad. Rodeado de seres pusilánimes y conformistas, aturdido con el carácter obtuso de reglamentos y jerarquías, Chinaski devela progresivamente la atmósfera de estolidez que se respira en su entorno. Renunciando a seguir ciegamente las normas, gastando el salario en apuestas o en licor y desafiando diariamente la autoridad que denuncia como hipócrita, el personaje debe resignarse a permanecer en su empleo durante doce años hasta que opta por dedicarse definitivamente a la escritura.

Como primera obra literaria en prosa de este autor norteamericano de origen alemán, en Cartero se materializa por primera vez el singular y polémico estilo narrativo que ya era evidente en su obra en verso. Despojándose de todo escrúpulo, Bukowski hace de los marginales y los mediocres sus protagonistas. Todas las situaciones que describe se desarrollan en escenarios hostiles y se caracterizan por tratar abiertamente temas como la sexualidad, la enfermedad, los excesos con el alcohol, la miseria, desde un punto de vista realista y descarnado. Este aspecto particular de la prosa de Bukowski despoja de cualquier fingida investidura a los individuos, igualándolos en el sentido de su vulnerabilidad física y biológica.

En el caso específico de la novela en cuestión, un mundo regido por la apariencia y la ostentación como lo es el de Los Ángeles, es presentado desde la perspectiva de los desocupados, las prostitutas, los alcohólicos, permitiéndonos asistir a la cara oculta del glamour y la vanidad, al sórdido escenario en el que se desenvuelven aquellos que, como Chinaski, tienen dos alternativas: resignarse a repetir una tarea absurda por el resto de su vida o permanecer al margen de esa degradante maquinaria como outsiders y, en casos excepcionales, como artistas.


2. LA SENDA DEL PERDEDOR – CHARLES BUKOWSKI – 1982



Se trata de un relato autobiográfico crudo, sin eufemismos, en el que Bukowski reconstruye las experiencias más significativas de su niñez, su adolescencia y su iniciación como escritor, materializando su narración en el alter ego artístico Henry Chinaski.

Desprovisto de elementos retóricos u ornamentales, en La Senda del Perdedor (Ham on rye) podemos asistir a la relación descarnada y visceral del recorrido tormentoso que tienen que seguir aquellos seres marginales que se encuentran fuera de las estructuras jerárquicas de la sociedad. Aislado a causa de su aspecto físico y su temperamento rayano en la misantropía, maltratado por su padre y carente de expectativas existenciales, Chinaski refiere con dureza los años de aprendizaje en los que tendrá que moldear un carácter fuerte – soy un tipo duro, se lee reiteradamente en la novela – para poder hacer frente a un entorno social hipócrita y decadente. 

El rechazo y la marginalidad a las que se ve sometido permanentemente el joven Chinaski, desenmascaran un sistema ilusorio basado en las apariencias, cuyo único fin es asegurar la reproducción de un estilo de vida absurdo y carente de sentido. Trabajar, engendrar, elegir un buen candidato, pagar los impuestos, adquirir una casa a cuotas, y, en general, todos los elementos que constituyen la búsqueda vital del norteamericano promedio, son rechazados de plano y sometidos a un severo y constante cuestionamiento. Antes que seguir el destino mediocre y alienante de millones de seres, Chinaski prefiere arrojarse a un tren de vida en el que el alcohol y la literatura serán los únicos medios para contrarrestar el sinsentido de la existencia.

Los episodios de la novela, narrados en primera persona, son presentados con una plasticidad casi cinematográfica. Primeros planos en los que las deformidades y las excrecencias de las personas son descritas sin consideraciones de ninguna clase, despojando a todos los individuos de los privilegios que pudieran obtener a causa de su atuendo o su profesión, desmitificando y denunciando como aparente la superioridad fundada en la riqueza material. La novela de Bukowski se centra en la descripción escueta de un mundo vulgar que solapadamente segrega a todos aquellos que no son dignos de pertenecer a los afortunados defensores de la democracia y las libertades individuales. Las contradicciones económicas y sociales de los Estados Unidos posteriores al crack del 29, en el que las masas crecientes de desempleados contrastan con la inoculación en la consciencia colectiva de ideas chovinistas acerca de la prosperidad de la nación americana, se reflejan estruendosamente en la historia personal de Chinaski. Presionado por su familia y sus maestros para que elija una profesión y asegure un futuro digno, el personaje se revela contra estos mandatos y manda al traste todas las convenciones sociales y se define reiteradamente como un individuo carente de expectativas frente a la existencia.

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