martes, 6 de agosto de 2013

Cuatro poemas de Daniel Padilla Serrato


Foto: Fernando Caicedo Albarello

La Universidad Externado de Colombia publicó en diciembre del año 2012 una tercera antología con los textos ganadores de los Concursos Universitarios Nacionales de Cuento Corto y Poesía -abarcando los años 2003 a 2012- que organiza anualmente.

En este libro se encuentra el compendio de poemas El espejo dormido del joven autor colombiano Daniel Padilla Serrato, quien obtuvo el primer lugar de su categoría en el año de 2011. El lector podrá encontrarse con una poesía de alto nivel simbólico, de gran carácter visual y con imágenes que recurren constantemente a lugares y situaciones de extraña atmósfera onírica, los cuales destilan una oscura belleza generada por una forma notablemente depurada. 

Un halo metafísico de rara procedencia -acaso podrá evidenciarse que es un mundo surgido sólo de las entrañas de un ser humano sensible y desvelado por el complejo entramado de la realidad- arrebata al lector y lo hace partícipe de las experiencias, sentimientos y visiones de agónicos seres que gritan desde el abismo sideral del tiempo. A continuación presentamos cuatro poemas de El espejo dormido. 



I

En el comienzo era un cráter:

Su vacío recorría el espejo
y nada se interponía entre la superficie y el fondo
salvo una música
poblada de agujeros luminosos.

Acostumbrado a mirarse con cautela
y desnudo de la cintura para abajo
poco a poco el cielo
fue dándose cuenta de su condición
                         de eslabón perdido.


III

¿Y si todo es un error y estamos atrapados
en los herrajes del borde,
en las entrañas de una puerta que no existe,
con los ojos pendiendo de largas cadenas
que llegaron de ninguna parte?

Más allá del infinito una indecible luz se expande,
tan sí misma
que toda ella cabe en el ángulo de uno de sus ojos
y a la vez se mira soñar desde todas las direcciones.

En una casa poblada de espejos
la ceguera lame los poros del Universo.


VIII

En gargantas donde cadáveres ladran 
a la luna

el tiempo
con un campanario de ecos
tañe cansadas músicas de fiesta.

Bailan los ángeles y los gusanos
en el plomo de esos cuerpos olvidados para siempre. 


X

Dormimos en el alma de un fantasma
sueños invisibles.

Flotamos en el fragor de un mundo que desaparece
sin ruido. La  herrumbrosa espada de la muerte pende sobre
nuestro cuello de polvo.

La destrucción es otro sueño que se asemeja al agua
cuando lo circunda todo.




3 comentarios:

  1. Exquisitos poemas, un deleite poder leerlos

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    1. Sí, son muy bellos en verdad. Sabemos que recientemente Daniel Padilla publicó su libro El espejo dormido en una bella edición personal, de manera independiente.

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  2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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