domingo, 10 de diciembre de 2017

Deconstrucción 24 (Historia Argentina para Dummies) (2017): Una serie de imágenes por Leonardo Mora







El siguiente texto breve de Leonardo Mora expresa algunas ideas sobre la génesis de la serie de imágenes titulada "Deconstrucción 24 (Historia Argentina para Dummies)", actualmente en exposición en el Centro Municipal de Arte de Avellaneda, Buenos Aires.



   Este trabajo hace parte del proyecto colectivo La Conexión, el cual resulta de una experiencia coordinada por el fotógrafo Res, cuya propuesta consiste en trazar un cruce entre la historia personal de cada uno de los fotógrafos con la del espacio de la ex ESMA, centro clandestino de detención durante la última dictadura argentina. El trabajo de este colectivo fue inicialmente auspiciado por el Centro Cultural para la Memoria Haroldo Conti, y su trabajo puede seguirse en la fan page del grupo en Facebook:








"Deconstrucción 24 (Historia Argentina para Dummies) (2017): Arte y política para las masas"



Por Leonardo Mora
sonidosrare@gmail.com


Nuestro trabajo de imagen, actualmente (diciembre de 2017) en exposición en el Centro Municipal de Arte de Avellaneda (Buenos Aires), el cual hace parte de La Conexión, muestra fotográfica que nace del taller de imagen impartido por el fotógrafo argentino Res en el Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti, ha intentado amalgamar algunas ideas visuales y teóricas y manifestarlas a través de una serie inicial de seis imágenes que fundamentalmente emparentamos con los usos del cartel político.

    La elaboración de estas imágenes tuvo en cuenta la historia y las características de los carteles políticos más clásicos, especialmente los que surgieron en la primera mitad del siglo XX, y su manera de emitir y fomentar ideologías de manera directa, fáciles de decodificar para la población general y capaz de integrarse en su cotidianidad y en sus espacios públicos y callejeros. Tan sólo basta recordar el trabajo de los constructivistas y suprematistas en Rusia durante la revolución a principios de siglo XX, en el cual se exigió a diversos artistas servir a una causa política que necesitaba ser velozmente divulgada y llegar a todos los rincones de manera contundente y precisa. Tales artistas integraron entonces elementos provenientes del diseño, la fotografía, las artes plásticas o la arquitectura, y crearon imágenes de gran fuerza y efectividad, que hasta el día de hoy resultan fundamentales influencias en cuestiones tanto propagandísticas como estéticas. Pero a diferencia de estos aspectos afirmativos, nuestro trabajo hace uso de cierta carga satírica e irónica que se propone cuestionar determinados ejes negativos de una causa nacionalista (en este caso la argentina de la dictadura entre 1976 y 1983) en la cual los agentes del poder crean, implementan o potencian ciertos valores tradicionales, históricos y sociales, y gestan un sentimiento general de adhesión, de integración y de legitimación desde y hacia una bandera, una consigna, un modelo, lo cual pasa a transformarse, en su peor acepción, en un asentimiento de totalitarismos y fascismos que también se basa en el beneplácito de amplias capas poblacionales, y que permiten que el poder sea garante de un determinado “orden” incuestionable y legitimado en todo su accionar, esencialmente mediante las fuerzas militares.


  Cinco de las seis imágenes se valen de breves frases y expresiones emitidas por el dictador Jorge Videla (la otra es del expresidente colombiano Álvaro Uribe) en diferentes alocuciones públicas, de las cuales hacemos énfasis en sus aspectos más cínicos, radicales y reduccionistas, en cuanto están cargados de una temible demagogia que pretende defender los motivos del régimen (en estrecha relación con otras esferas como los emporios económicos o la iglesia), anular cualquier oposición y otredad de criterio político, y disculpar impunemente los letales móviles y actuaciones que desangraron nefastamente a la nación argentina, cobraron miles de vidas y desaparecieron otras tantas, de las que nada se sabe hasta el día de hoy.

    La razón por la que elegimos un camino distinto de un trabajo expresamente fotográfico, a pesar del origen y carácter de los trabajos de La Conexión, radica en ideas como las expresadas por Vílem Flusser en Hacia una filosofía de la fotografía, en cuanto a pensar, cuestionar y revalorar el ejercicio fotográfico y su especificidad como imagen técnica impuesta por el aparato en sí. Nos tomamos la libertad de traer una cita amplia, pero de gran interés y esclarecimiento:

     “La cámara exige que su poseedor (o quien es poseído por ella) tome constantemente fotografías, que produzca de manera continua ideas redundantes. Esta manía fotográfica –de lo eternamente reproducido, de la repetición de la igualdad (o de la similitud)- llega a un punto en donde el productor de fotografías instantáneas se siente ciego si se le priva de su cámara: drogadicción. El productor de fotografías instantáneas ya no puede ver el mundo si no es a través de su cámara y de las categorías del programa de su cámara; él no trasciende más la cámara, sino que es devorado por su función voraz. Se convierte en el obturador automático prolongado de la cámara; su conducta es una función automática de la cámara. El producto de esta manía en un flujo constante de imágenes sin conciencia (…) Fotografías redundantes son aquellas que se reemplazan entre sí de manera continua y de acuerdo con un programa (…) Este es el reto del universo fotográfico, el reto para el fotógrafo: como oponerse al flujo de fotografías redundantes con fotografías verdaderamente informativas”*.




En el caso particular de nuestro trabajo, partimos de fotografías preparadas y callejeras que posteriormente son manipuladas con programas de diseño; les hemos integrado, a la manera de un collage digital, elementos figurativos en los que se puede ver predilección de los trazos diagonales por su componente agresivo, dinámico y desestructurante (valga recordar los usos del expresionismo y el constructivismo en imagen), y colores primarios en dibujos esquemáticos para imprimirles mayor contundencia y rapidez (a la vez que cierta frialdad) a la hora de la recepción.

   Como última idea, queremos resaltar que también nos interesan las reflexiones acerca del ejercicio artístico y las maneras de abordar y generar memoria alrededor de un fragmento significativo de una historia determinada. En la medida en que tal ejercicio no se interrogue así mismo en contrapunto con nuestra época a nivel político, artístico, institucional, ni busque nuevas formas y nuevos caminos, y olvide un sentido crítico que cobije tanto a las obras mismas como los consumos culturales y las maneras actuales de difusión e intercambio, entre otros variados aspectos, posiblemente elementos como el rango y la contundencia artística, en relación con la necesidad de resguardar la memoria, sufran cierto nivel de detrimento y banalización traducida en olvido, desinterés o insufrible recurrencia.  


Diciembre de 2017



*FLUSSER, Vílem. Hacia una filosofía de la fotografía. Cap. 7 (La recepción de la fotografía). Páginas 54 y 61.


De izquierda a derecha: Paula del Cueto, Mariana Salaberry,
 Fernando Julián M., RES, Natalia Zaidman, Bruno Basile y Leonardo Mora. 
Inauguración de la exposición de fotografía e imagen del grupo La Conexión 
en el Centro Municipal de Arte de Avellaneda, Buenos Aires. Diciembre de 2017.




lunes, 27 de noviembre de 2017

Prismas (2017): un libro de relatos de Daniel Padilla Serrato





Prismas (2017) es el libro más reciente de relatos del joven poeta y escritor colombiano Daniel Padilla Serrato. Anteriormente el autor ha publicado tres libros de versos: "El espejo dormido" (2012), "Licor de Lodo" (2014) y "La persistencia de lo inútil" (2016), este último en conjunto con dos poetas más. Daniel Padilla ha ganado diversos certámenes literarios en su país, donde adelantó estudios de Maestría en Literatura, en la Universidad del Tolima. En esta institución actualmente se dedica a la docencia.  

    Prismas pertenece a la colección de narrativa publicada bajo el sello de Fallidos Editores, librería y editorial independiente de Medellín. Próximamente la obra podrá encontarse en ciudades como Bogotá, Cali, Manizales, Tunja, Cartagena, Pasto e Ibagué.

    A continuación presentamos un texto de Lucía Estrada, en el cual nos invita al abordaje del nuevo libro de Daniel Padilla y nos comparte su impresión del mundo poético de la obra. Posteriormente ofrecemos Prisma, un relato del libro, cedido amablemente por el autor. Daniel Padilla es colaborador habitual de Colectivo Audiovisual Zerkalo. 



PRISMAS, EL LABERINTO DE LA TRANSPARENCIA


Por Lucía Estrada


Medellín, 2017.



Este libro recibe la luz de una manera inusual. La silencia. Se diría que tiende una alfombra de musgo y hojas bajo sus pies. Palabra por palabra explora su extrañeza, su transparencia, el gran laberinto en el que el mundo se manifiesta de otra manera, donde su origen sobrevive lejos de nuestros ojos, pero cerca de nuestro corazón. 

    Nos desacostumbramos a las más antiguas manifestaciones de la noche y sus jardines por querer alcanzar el tiempo, por perseguir las ventajas de ser prácticos, racionales, por tratar, casi siempre, de explicarlo todo, de abrirlo todo, de robarle al mundo su misterio y su condición primera. Nos desacostumbramos al claroscuro en el que podemos apreciar mejor las formas, ese diálogo perfecto entre lo tangible y lo que no podemos rodear con nuestros sentidos, pero que resulta tantas veces más real y más inquietante que todo cuanto hemos nombrado y diseccionado. 

     Cuando empecé a leer este libro, supe que lo asistía el otro lado del espejo. Que Daniel Padilla, de quien ya había leído otros textos igualmente perturbadores, había elegido una atmósfera, un ritmo, una tensión que lo emparentara con el sueño, con la pesadilla, con esos seres que respiran más allá, pero también más acá de lo probable; una visión que nos recuerda lo mejor de la literatura gótica, pero también la sugerente poética del romanticismo alemán. 


   Estos cuentos no intentan convencernos de que existen otras regiones que escapan de lo cotidiano; transcurren sin pretensiones, sin retórica, sin artificios, señalando con rigor lo que, gracias a sus largas vigilias y a su rara sensibilidad, ha descubierto entre los pliegues de una realidad que se torna cada vez más compleja y extraordinaria cuando la sometemos a la ciencia y a nuestros exhaustivos análisis filosóficos. Desnuda, bajo los más potentes reflectores, la vida y el mundo que la contiene, continúan siendo tan misteriosos y secretos como al principio. 


     Manteniendo el pulso y la respiración de estos textos desde la primera página hasta la última, agradecí a su autor haberme permitido acercarme a este laberinto de transparencia en el que uno puede ver su rostro, a la vez, reconocerse ajeno, inexplorado, pero dispuesto a derribar la última puerta del castillo de Barba Azul. Páginas en las que lo desconocido se deja iluminar tenuemente para hacer parte de nuestro tiempo, de nuestra experiencia, pero sobre todo para recordarnos que sólo la poesía, ya sea en palabras, en música, en imágenes, puede ampliar nuestra conciencia del mundo, puede hacer más atenta nuestra mirada, y restablecer definitivamente ese árbol de inocencia bajo cuya raíz la luz completa su espectro. 


Armonía (1956) - Remedios Varo



PRISMA


Por Daniel Padilla Serrato




Si se comparara las distintas formas de la poesía
con la luz solar refractada por el prisma,
los escritos de los ensayistas serían
la radiación ultravioleta. 



Georg Lukács 







     Desde esta gruta en los acantilados puedo ver el mar y más allá las islas, iluminadas por el verde resplandor del sol en el agua. Los poemas que tengo en mis manos están, en gran medida, hechos de esa sustancia marina. Traen consigo aromas de algas y de sal. 


    Los lectores encontrarán en esta colección de poemas lo que promete ser una enciclopedia del mundo antiguo. Inútil copiar aquí uno solo de sus fragmentos; tal tarea me llevaría siglos. Son tan vastas sus imágenes, tan ardientes y punzantes sus metáforas que si las transcribiera, si de pronto quisiera suplantar al poeta moriría con el corazón despedazado, me volvería ciego, tal vez loco. Sólo puedo, en estas líneas, intentar comunicarles algo de lo que Un jardín para Perséfone ha provocado en mí. 

    Ya se ha descrito en algún libro la pugna entre todo poeta y sus precursores. Existe un conflicto que mantiene al autor joven vacilante en medio de la veneración a sus padres poéticos y la necesidad de crearse a sí mismo. Por eso, es inevitable sentir, al leer los poemas de Un jardín para Perséfone una voz que invoca a los dioses con el tono de los bardos, de sus canciones a las penurias y viajes de los héroes. 

    En aquel libro también se dice que todo poema es una versión empobrecida de lo que podría haber sido; así como todo hombre —según una sibila— no es más que una versión en ruinas de un rey. No obstante, los poemas que aquí comento alcanzan la grandeza, la autoridad aterradora de los cantos originales. 

    Como en los dibujos esparcidos sobre las paredes de mi gruta, encuentro en muchos de esos versos un aire primordial, imágenes de un tiempo olvidado. El encantamiento de las palabras hace aparecer ante mí hordas de cazadores con sus máscaras cornudas, el vuelo del mago, la hoguera ceremonial. ¿Qué extraña combinación de sombras —pues acabo de encender una fogata— dota de movimiento a los bisontes? 

     Al leer Un jardín para Perséfone imagina uno a los servidores de la Musa traduciendo en himnos el rapto de la Diosa, la travesía de la Anciana que busca a su Hija; el Dios ebrio, su Renacimiento, la iniciación en los Ritos. Afuera, en el ocaso de este día de verano las nubes brillan apacibles, traspasadas por el sol. Oigo el canto de los alcaravanes; salen a buscar roedores. El estrépito de los insectos revienta en la noche. 

     Vuelvo al pequeño tomo. Cada uno de estos textos evoca cuadros, escenas a manera de frescos de una remota edad de oro. Son páginas sostenidas por una búsqueda de momentos sacros. Los elementos son presencias vivas ante las cuales es necesario el conjuro apaciguador, la actitud reverente y conciliatoria. La experiencia extática busca esa efímera eternidad en que convergen los sucesos de los días comunes, los ciclos estacionales y el íntimo, adánico gozo de quien ve el paisaje con ojos nuevos y nombra todo por primera vez. Así, el poeta, merced a la memoria como Musa de la Revelación descubre —al recordarlo— el nombre secreto de los seres y las cosas. 

     El fuego, alejado prudentemente de la biblioteca vuelve a poner en movimiento aquellas formas inquietantes trazadas al parecer por la mano de un niño o de un anciano. Ahora me doy cuenta, mirando al cielo nocturno teñido de púrpura, de que cada figura corresponde a un conjunto de estrellas: La Ballena, El Escorpión, La Urna, El Cazador, La Serpiente. Entonces cada uno de los poemas debe corresponder a un dibujo. He descubierto, al disponerlos en determinado ángulo, que señalan la ubicación exacta de una constelación. Son un mapa sideral. 

   Los versos del jardín se vuelven música, oigo leves tambores; me rodea un murmullo de semillas, de golpes secos y monocordes. En el fondo, la melodía de una flauta de juncos. El sacerdote del Dios Astado habla pausadamente; una gaviota extraviada raya la noche, las llamas se estremecen. ¿Hacia qué numen se eleva el incienso de estos cantos? 

    Paso la página y diviso lejanos navíos bordeando la costa, cargados de oro y especias. Se abren, entonces, fisuras en las aristas de roca. Algo cambia, intenta salir y brillar. Un objeto pequeño: un corazón. Su diáfana solidez le asemeja a un diamante. En el centro exacto del volumen, donde el poeta emprende su viaje, una serie de estrofas refracta y dispersa, hacia todas las direcciones, la luz. De repente se desata una tormenta. Hace frío. Nieva. Tengo la impresión de ser nuevo en el mundo. He llegado hace muy poco, o todo despertó hace apenas un instante. Ya no sé si soy yo quien recorre los caminos de niebla como un sonámbulo, quien se mueve de campamento en campamento tras la caza, al ritmo de los cambios de estación; no sé si soy yo quien atestigua el sacrificio o quien empuña el pedernal. Un toro muge angustiosamente, el aire se vuelve pesado, hecho de tierra húmeda. El animal lanza un bramido largo y luego calla. Huelo sangre. Alguien, en la penumbra, la unta en mi cara. 

    Es curioso, sólo cerré los ojos un segundo. Un aire primaveral asciende, oigo el tranquilo rumor de las olas; de nuevo la brisa, la ensenada, el archipiélago, el mar. 

      He hallado solaz en este pequeño y retirado refugio. Siempre vuelvo a los mismos volúmenes de mi discreta biblioteca. Los leo pausadamente pues tengo tiempo de sobra. Apenas si en ocasiones me perturba el vocerío de los hombres del puerto —con los siglos la playa se ha venido poblando— o las ruidosas escaramuzas de las aves escamoteándose la pesca. Aquí arriba sólo el viento salobre se filtra, recoge las diminutas gotas de la resaca, se mezcla con el sudor mineral de las paredes y hace crecer estalactitas. 

    He llegado a entender que Un jardín para Perséfone es especial pues su autor no alcanzó la madurez; y sin embargo la certeza de su ministerio, el tono panteísta, la devoción jovial y oscura que permean tales páginas nos ponen ante un caso extraño dentro de la literatura. Allí se recrean los remotos cultos de la fertilidad y los misterios de la resurrección del dios venado. Somos capaces de intuir en ciertos acentos, en ciertos énfasis sutiles, en determinado orden de palabras, en alguna disposición particular de las sílabas o en un juego tipográfico, la intención de causar en el lector el deseo irresistible de repetir en voz alta algún verso. Cuidado. Existe la posibilidad de perderse, de abrir finas rasgaduras en el velo del tiempo. 

    Luego de incontables jornadas dedicadas a su estudio, tengo ahora el placer de presentar al público estos poemas. Imagino al autor el día que sembró el último lirio: escribe la frase final, se frota los ojos enrojecidos, deja su pluma a un lado. Mira con calma el eclipse de ópalo. Murmura algo para sí. Lo imagino caminar en el vacío hacia esa nueva y lejana luz que se insinúa. 


A Gabriel Arturo Castro. 





viernes, 29 de septiembre de 2017

Todo el tiempo nuevo (2016): un diario de viaje de Lucía Vargas





Lucía Vargas, joven autora de procedencia argentina, en noviembre de 2015 efectúa un viaje por diversos lugares de Latinoamérica como "mochilera", y en octubre de 2016 publica un diario (y poemario) de su travesía en Bogotá, Colombia. A su vital y enriquecedora experiencia cristalizada la titula Todo el tiempo nuevo.

    La perspectiva del breve libro sobresale en la medida en que aboga por un tono personal de evidente sensibilidad y vuelo poético, que desea compartirnos una compleja búsqueda interior generada por los encuentros y desencuentros de la autora con el mundo y la gente que sale al paso, y no se limita a una descripción desabrida, periodística o que simplemente, hay que decirlo, se ufane de los lugares visitados. Se sabe que en nuestra época el ejercicio del viaje y el turismo, como casi todo lo que existe, han degenerado en un trivial e incontrolable consumo snob, y por ello es pasmosamente ínfima la cantidad de personas que se hallan en capacidad de comprender las implicaciones y los desafíos de llegar y habitar un entorno desconocido, y de trasmitirlos con interés e inteligencia. Antes bien, la voz del libro de Lucía manifiesta una constante interrogación consigo misma en contrapunto con los nuevos contextos, honestamente y con el corazón en la mano, en la que se ponen en entredicho dinámicas de diversa índole (afectivas, familiares, vivenciales, morales, memorísticas), y son capaces de expresarse en un lenguaje claro, limpio, meditado, a través de bellos pasajes que a menudo cobran gran altura  poética y hondura existencial.

   Lucía Vargas nació en Capital Federal (Buenos Aires, Argentina), pero se crió en Santa Cruz, tierra patagónica. Es licenciada y profesora en Letras por la Universidad del Salvador. Actualmente, reside en Buenos Aires y trabaja como docente dictando talleres de literatura presenciales y a distancia. Su próximo paso será viajar por Centroamérica, regresando a Colombia en diciembre de 2017, para avanzar en 2018 y llegar hasta México. A continuación presentamos un fragmento del libro, cedido amablemente por la autora. Esta es la fanpage del libro en Facebook: (https://www.facebook.com/Todo-el-tiempo-nuevo-130740564191633/)




Todo el tiempo nuevo
(Fragmentos) 

Lucía Vargas 


31 de enero de 2016| 11:03 hora local. La Paz, Bolivia



En el hostel que paré la semana pasada, tuve la oportunidad de conocer a Starling. Sí, su nombre real es ese y no fue producto de la decisión de sus padres sino de un notario que registró lo que creyó escuchar (según lo que dice ella que le contó su mamá).

    Como a los padres les resultó agradable, lo aceptaron, y es hasta el día de hoy que no recuerdan cuál era el nombre original con el que querían registrar a su hija. –Pero mis amigos me dicen Beba- afirma con una sonrisa.

   Beba estudia turismo y está haciendo sus pasantías en el hostel Ananay, siempre está atenta al huésped que se muestra con ganas de conversar, como yo, esa tarde que volví de las ruinas de Tiwanaku.

    Después de haber escuchado leyendas y mitos por parte del guía, decidí comentárselas como para, de alguna forma, corroborar si eran cuentos para turistas o verdaderos saberes populares. Resultó que no sólo era ineludiblemente cierto sino que era indiscutible. Con razones más que poderosas, Beba me lo confirmó relatándome una historia transmitida por su padre: Un día los vecinos habían encontrado algo escarbando la tierra y decidieron llamarlo. Ese algo era un tapado. Los tapados son tesoros de épocas indígenas antiquísimas que fueron enterrados desde hace muchos años. Además, Beba me aclaró que habían llamado a su papá por su carácter fuerte y referente de autoridad, porque no cualquier persona puede desenterrar un tapado.

- Porque es dinero del tío- dijo seria, refiriéndose al demonio.

El padre llegó y los muchachos más jóvenes empezaron a escarbar. En el momento en que la pala de uno de ellos tocó la caja que todos llegaron a ver, el joven se desvaneció y tuvieron que sacarlo de urgencia. La tradición dice que si el que intenta sacarlo es alguien débil o de poco carácter, el tío se lo lleva. Luego de socorrerlo, siguieron escarbando dos, tres metros, pero no encontraron nada. Beba me dice que eso suele pasar, si es que uno no se adueña de lo encontrado tirando un sombrero o una prenda ni bien se ve el tapado: 

-Cuando lo haces, estás reclamándolo como tuyo y el tío ya no puede llevárselo.

  El joven estuvo un par de días convaleciente, pero se recuperó. El tapado nunca más apareció.

Junto al hostel, esa misma tarde, conversé con Álvaro, sentados en la puerta de su galería. Estaba contándole sobre esos fetos de llama que vi disecados en el mercado de las brujas. Le pregunté para qué servían y fue la puerta para una de las historias más fuertes que escuché hasta ahora.

    Acá en Bolivia, la pachamama es muy respetada y honrada. Cada primer viernes del mes se colocan ofrendas en una mesa que oficia de altar en cada casa creyente. Hay desde estatuillas de animales, hasta confites y réplicas de billetes. Lo que se ofrece se ha comprado por el dueño de casa y debe ser sahumado y bendecido. Si no, tiene que ser regalado por alguien que te desee el bien, la buena fortuna, el dinero, el trabajo, la salud, el amor, y lo represente en una alasita (reproducción miniatura del símbolo, entiéndase: billetes, animales de porcelana, botellitas, confites). Es importante saber que cada gran paso en la vida de uno o de todos los miembros de una familia, debe ser acompañado de un rezo y una ofrenda para la protección. Se busca la aprobación de la madre tierra, su consentimiento es la clave de un buen porvenir. Es entonces que la construcción de una casa debe ser respetada desde los cimientos. 

-Se hace un hueco en la tierra y se crema el feto- Álvaro lo dice en un tono neutro, casi como si fuera algo natural. Pero el tono de su voz cambia ni bien continúa su relato.

-Eso en las casas de familia, pero dicen que aquí, en la ciudad, al tener los cimientos listos para un edificio, se entierran personas vivas.

     Se me puso la piel de gallina. Insistí.

-¿Cómo personas vivas?- Necesitaba saber más.

-Aquí en La Paz existe mucha pobreza, mucho indigente. Y existe un lugar que ellos conocen en donde pueden acercarse a recibir comida y agua, mezclada con alcohol. Todo se ofrece a través de un hueco en la pared. Se da todo lo que se pide, hasta que la persona deja de pedir. Ellos saben que van a morir. Es un lugar para eso. Cuando se construye un edificio, se reúnen indigentes que acepten comer y beber en los cimientos, hasta que la borrachera los duerme y son enterrados vivos.

    Tardé un rato en poder decir algo. Pensé en todo lo que había escuchado en el museo. La tradición de los sacrificios humanos siempre ha sido así: personas que eran elegidas, que eran sometidas a beber y a inhalar rapé hasta quedar en un estado de sueño o coma alcohólico, para ser enterradas y sacrificadas. Todo era visto como algo necesario, como parte de un ciclo fundamental que daba sentido a las cosechas y así, a la vida de toda la comunidad.

   Entonces, ¿Cuánto es el tiempo físico que pasó desde aquellas momias que vi en el museo y estas personas indigentes fallecidas en construcciones?, ¿Cuánto puede modificarse o no una cultura desde sus primeras tradiciones? ¿Cuál es el límite entre el derecho y el deber?

-Claro que es un mito urbano, no se sabe si es verdad en realidad- dice Álvaro, como intentando volver al siglo XXI desde un salto en su discurso. Pero algo en sus ojos me dice que, en el fondo, no duda de estas cosas.






sábado, 16 de septiembre de 2017

Payasos, terror y otros refritos: IT (2017) de Andrés Muschietti



“IT”/ ANDRES MUSCHIETTI / 2017 / 135´ / CANADÁ-EE.UU / CLASIFICACIÓN: +16 / TERROR CONTÉMPORANEO / ***


“Las comparaciones que se hacen de ingenio a ingenio, de valor a valor, de hermosura a hermosura y de linaje a linaje son siempre odiosas y mal recibidas” 

(Miguel de Cervantes).

Por Herbert Neutra
herbertneutra@icloud.com


Debemos agradecerle al argentino Andres Muschietti porque su segunda incursión cinematográfica es una recuperación muy original y divertida de todo el barroquismo y el imaginario monstruoso que caracterizó al cine de terror de finales de la década de los ochenta; Muschietti no conoce modales, y se atreve a re-diseñar el universo truculento detrás de “IT”; todos sus engendros y los ataques del payaso bailarín son provocadores, afilados, dantescos, ácidos y muy entretenidos. Cuando se trata de sacudir al espectador, el argentino ejecuta con precisión, saltamos como palomitas en el fogón, se obtiene el efecto y en ningún momento se nos arrastra a la parodia; fue el paroxismo gráfico el que marcó la decadencia de muchos filmes de horror de hace unos treinta años y el que obligó al género, ya en los noventa, a buscar formas y maneras más limpias a la hora de coreografiar la aversión y el miedo.

       Sin embargo, cuando ese mismo director incursiona en el drama, cuando pretende examinar con lupa psicológica tanto a sus personajes como a la disímil adolescencia o simplemente, quiere juntar el resto de elementos necesarios para que la realidad y el tiempo de Derry Maine funcionen en una película de más de dos horas, desfallece, se queda corto. 



No lo tuvo nada fácil, “IT” - “El Coso”, “Esa Madre” ó “La Wea” -títulos usados dependiendo del país y del mercado en el que me leas- es otra novela del tantas veces adaptado, siempre rentable y algo subestimado Stephen King. “Eso”, el nombre más literal en castellano, ya había conocido una adaptación a la pantalla chica (Lee Wallace; ABC 1990) apoyada en el registro espeluznante aunque natural de Tim Curry como Pennywise, y en un casting con dejo perturbado, que convencieron tanto al público como a la crítica con una puesta en escena onírica y surrealista. 

    En la versión de 2017 Muschietti peca de tímido y de superficial, se le siente más cómodo con la sangre, el espectáculo y el trastorno y se limita a calcar diálogos, estilos, situaciones y caracteres: bien de la película anterior, bien de otras adaptaciones de King (“Stand by Me”, Reiner, 1986) y en mayor medida de la aclamada serie de Netflix “Strange Things”, un producto del que el director sólo se logra diferenciar gracias a la interpretación y el papel encargado al joven Finn Wolfhard (Mike/Richie) posiblemente el otro gran aporte de su película. 



Las nuevas generaciones que tienen por primera vez contacto con “IT” a través del trabajo de Muschietti, saldrán más que satisfechas y seguramente la encumbren como su película de terror del año, o incluso, inauguren a su manera un nuevo culto. A la fecha la cinta, primera de dos entregas, ha recaudado más de 150 millones de dólares de una inversión de 35). 
     
     A todos los demás, a los que tuvimos la dicha/desgracia de entrar en contacto con su contenido con anterioridad en otros formatos, nos parecerá otra buena película de sustos, de esas para pasar el rato pero que no te mandan a la cama ni chalado ni ansioso. Ya poco nada o nadie nos asusta, nada nos gusta, nos amargamos con facilidad, nos hicimos viejos.


viernes, 1 de septiembre de 2017

Francia ya no es como antes: Mi viaje a través del cine (2016) de Bertrand Tavernier




MI VIAJE A TRAVÉS DEL CINE FRANCÉS / BERTRAND TAVERNIER/ FRANCIA- 2016 / 201 min. / CLASIFICACIÓN B: MAYORES DE 12 AÑOS/ DOCUMENTAL/ **** 1/2



“Cineastas que creen que el cine puede hacer que las cosas se muevan, que creen como me decía un día Renoir que hay que hacer una película pensando: ¡Vamos a cambiar el curso de la historia!, también tienen la humildad para pensar que si conmueven a dos personas, han conseguido algo extraordinario”.

B.T

En una interesante y provocadora investigación científica muy reciente, se ha logrado demostrar cómo la incidencia de factores del tipo migración descontrolada, disgenesia y el controvertido, aunque muy pertinente, “Efecto Jensen”, han sido determinantes para que los niveles de inteligencia de la población francesa hayan disminuido 4 puntos en los últimos diez años (Dutton & Amp; Lynn, 2015). 

  Sin necesidad de entrar en querellas que nos permitan justificar como la genética sigue siendo el elemento más determinante en el desarrollo de la inteligencia y de la cultura, vemos en el extenso pero inagotable documental: “Voyage à travers le cinéma français" del talentoso Bertrand Tavernier (“La mort en direct”, 1980; Laissez-passer, 2002), una hermosa antología presentada en formato de entrevista cuidadosamente coronada con una ingeniosa edición, en la que se estudia el momento de mayor esplendor de una cinematografía, un país y una sensibilidad actualmente en decadencia.

   Por supuesto, ya asomará la academia materialista dialéctica-ideológica arguyendo que tal cosa es imposible, pero seamos realistas: ni Leos Carax, Claire Denis, Jean Pierre Jeunet ó Olivier Assayas - críticos mordaces a su manera precisamente del maremagnum multi-etnico e intelectualoide y del fiasco colonizador de la nación del “Coquelet” - alcanzan para igualar el listado de autores revolucionarios que de una manera sencilla y amena Tavernier nos comparte y analiza en más de tres horas. 


  Bertrand agarra anécdotas de su propia vida, de sus emociones, de su experiencia cinéfaga y de su profesión, para decir cosas mucho más valiosas y trascendentes que el “camionado de chorradas” que muchas facultades humanistas latinoamericanas siguen extrayendo de la también fallida narratología (Carrillo Canán, 2013).

  La infancia, adolescencia y madurez de Tavernier transcurren en los difíciles días de la segunda guerra mundial, de la ocupación germana y de la complicada recuperación posterior al conflicto bélico. En este escenario sus días transcurren amenizados por las obras maestras y “menores” de genios como Jacques Becker, Marcel Carné, Jean Renoir, Jean-Pierre Melville, Robert Bresson Claude Sautet ó Edmond T. Gréville. En el filme, el director no pasa por alto los aportes estéticos de los autores de la reconocida “Nouvelle Vague” pero tampoco se detiene demasiado en apologías, un aspecto que probablemente decepcione a los más “aventajados”, y en cambio, sí realiza un apasionante escrutinio en la música y los compositores que aportaron a forjar la leyenda y que terminaron en su mayoría, condenados al ostracismo, verbigracia: verdaderos pioneros del nivel de Maurice Jaubert ó Joseph Kosma.

   Tavernier tampoco se instala en el chovinismo y reconoce a la primera industria de Hollywood y a varios maestros americanos y alemanes su innegable influencia, además de todo aquello en las producciones tricolor, ante dichos aportes avanzaron. En un ejercicio entusiasta de intimidante erudición, el francés argumenta sin muchos rodeos, como son la imagen, la interpretación, el sonido, el semblante de Jean Gabin, el carácter de Eddie Costantine y sobre todo, el ingenio y la precisión con la cámara o cortando carretes de tipos como Claude Chabról ó Jean Vigo, los que realmente configuran un corpus artístico adelantado a su tiempo.


   Es una lastima que pueblos como los Galos ó los Normandos o los Francos se haya desangrado en tantas guerras y que ahora las otrora femmes fatales, sean meros esperpentos que solo saben exigir derechos y licuados en el útero. Es muy probable que dentro de cincuenta años todo lo que nos muestra este muy recomendable “Voyage…” sirva como memorial de agravios de la opresión de la raza más odiada actualmente, pero a la que curiosamente le debemos casi todo, me refiero a la raza blanca y a su “perverso proyecto opresor”.

Herbert Neutra















  

20 - 21 (programa n° 0): "Oknotok" (1997 - 2017) - 20 aniversario de "Ok Computer" de Radiohead

   

Con satisfacción presentamos en Colectivo audiovisual Zerkalo el primer programa radial de  "20 - 21", innovación y vanguardia sonora en los últimos dos siglos, a cargo de uno de los mejores jóvenes críticos musicales de Latinoamérica, el colombiano Herbert Neutra, radicado en México D.F. y colaborador habitual de nuestro blog.

     Este Podcast n° 0 indaga en el nuevo lanzamiento de Radiohead "Oknotok" (1997- 2017) (20 aniversario del mítico y fundamental Ok Computer) y en algunos proyectos sonoros que han hecho parte de la historia y de las innegables influencias para la mítica banda inglesa. Los invitamos a escuchar este primer viaje lleno de referencias y discusiones sobre los artífices del sonido contemporáneo, y desde luego, de una elevada e inteligente programación musical.














domingo, 20 de agosto de 2017

Plegaria para el buen vivir (2017): un poema de Daniel Padilla Serrato

Dante y Beatriz (1884) - Henry Holiday

Daniel Padilla Serrato es poeta y escritor de origen colombiano. Ha publicado tres libros de versos: "El espejo dormido" (2012), "Licor de Lodo" (2014) y "La persistencia de lo inútil" (2016). Adelantó estudios de Maestría en Literatura en la Universidad del Tolima. Actualmente reside en Ibagué, Colombia, y labora como docente y tallerista de literatura en la universidad mencionada.  Daniel es colaborador habitual de Colectivo audiovisual Zerkalo.


Plegaria para el buen vivir

Daniel Padilla Serrato


Señor, hazme un hombre silencioso, triste y solitario.
Que mi alegría no se convierta en esperanza,
que nunca alcance la satisfacción de mis sueños,
que me regocije cuando Tú, Señor, bendigas al mediocre y al ruin
con prosperidad sin límite.
Haz de la estupidez nuestro único horizonte.
Colma a los asesinos de salud, tranquilidad y bienaventuranza
pues de ellos es tu misericordia.
Reserva celosamente para mí la desdicha, el polvo y el fracaso.
Úngeme con desgracia y pena
y sella mi boca si el poderoso me humilla y medra a costa de mi vergüenza.
Ensalza al soberbio.
Maldice al justo.
Señor, que mis hijos olviden mi nombre,
que en vida mi corazón sea negro nido de gusanos,
que se tuesten mis pulmones y mi lengua
antes de musitar una palabra insolente.
Extirpa mi rabia.
Deja sólo la sumisión y la obediencia.
Dobla mi cabeza, mi lomo y mis rodillas.
Glorifícame Señor con el hastío y con la horca
y que en el día final
rojas heces brillen
en el fondo de mis pantalones.
Amén.

El famoso crayón oblongo / El puente (2025) - Una crónica poética y un relato breve de William Alexander Medina Méndez

 El famoso crayón oblongo                                            Salta cadáveres (1989) - Pedro Alcántara Herrán   "Eres esclava de...