lunes, 31 de marzo de 2014

Violencia en Colombia a golpes de boxeo: Uno del barrio (2013), un filme de Carlos Rodríguez Aristizábal

Diseño: Joseph Palomino

Por Leonardo Mora
Sanagustinconfesiones73@gmail.com


Este cortometraje documental del realizador colombiano Carlos Rodríguez Aristizábal, surge del Taller Varan realizado en el Diplomado Internacional de Documental de Creación de la Universidad del Valle, que tuvo lugar en Cali en 2013, y nos ofrece unos fragmentos en la vida de la familia de Jonatan “Momo” Romero, un joven boxeador con un duro pasado  y su lugar de origen: El Retiro, uno de los 38 barrios que conforman el distrito de Aguablanca, cordón de extrema pobreza en la capital del Valle del Cauca. En el filme, Momo está por enfrentar al mexicano Alejandro López, en Tijuana (México), por el título del peso súper gallo de la Federación Internacional de Boxeo, FIB.

         Este trabajo posee diversas particularidades que le dotan de un carácter especial y distinto al que habitualmente manifiestan los cortometrajes documentales. Cuando se observa Uno del barrio, puede notarse que ante todo prima un interés por contar una historia de manera honesta, veraz y sin intenciones de amarillismo fácil, dado que el objeto del retrato audiovisual pudiera prestarse para ello: una familia tercermundista de escasos recursos, con una historia violenta y desoladora, que confía y se enorgullece con la carrera boxística de uno de sus hijos. Los detalles del filme que paulatinamente nos van adentrando en la cotidianidad de un barrio marginal en donde las oportunidades son mínimas, nos revelan una gran sensibilidad y un gran talento a la hora de hilar la narración. La figura de Jonatan Romero se construye a partir de personajes de su ámbito como la familia –un padre enfermo pero orgulloso, una madre presta y esperanzada, una hermana de carácter, el recuerdo de un hermano asesinado- un entrenador tenaz, amigos, allegados y desconocidos que sólo recién se enteran de las hazañas de Momo, y también se vale minuciosamente de los lugares en que esta serie de personas viven su día a día, como el lugar de entrenamiento de los muchachos del barrio, las empobrecidas calles, y esencialmente, la casa de la familia de Momo.


En Uno del barrio nunca se interpela o entrevista a ninguno de los protagonistas: el equipo realizador opta por pasar inadvertido en medio de los encuentros, pláticas, costumbres y quehaceres de la familia de Momo, para lograr una naturalidad extraordinaria y captarlos de manera más fidedigna, más cercana a su comportamiento real. De manera que desfilan libremente en la historia un gran puñado de situaciones específicas que gradualmente nos ofrecen, casi sin que nos demos cuenta, un escenario mucho más interesante que la simple historia directa de un boxeador que asciende en su carrera y que alcanza a evidenciar aspectos claves del sentir cultural colombiano en una población específica.

Colectivo audiovisual Zerkalo conversó en días pasados con Carlos Rodríguez Aristizábal, quien nos adentró en todo el interesante proceso del filme, desde su concepción inicial, las dificultades tanto técnicas como morales que sorteó, las personas que conoció, su método de trabajo, su sensibilidad al momento de enfocar su cámara sobre un objeto determinado, los virajes de la narración, las decisiones artísticas sobre el material a grabar e implementar –muchas de las cuales no daban el tiempo suficiente para meditarlas, hasta la realización final. La idea de grabar acerca del deporte del boxeo surgió cuando Rodríguez Aristizábal realizó un documental para Televisión Española sobre esta disciplina en la misma España, y se enteró de muchos de los mecanismos e intereses personales que se ejecutan al momento de organizar un combate. De manera que, ya en Colombia, se acercó a la Liga Vallecaucana de Boxeo, conoció al entrenador encargado Jaime Aguirre –un hombre comprometido con ayudar a los jóvenes marginados a encontrar en el boxeo un aliciente para salir adelante- y este le enteró –no sin previas reticencias- de la historia de Momo, de su nivel deportivo, de su familia y de su difícil entorno social.


Rodríguez nos planteó la importancia al momento de efectuar su trabajo de expresarse de una manera clara y directa. Con respecto a la naturalidad del filme, afirmó que a pesar de la predominancia de este aspecto se genera un tipo especial de construcción argumental:

“Paradójicamente, el cine que más cerca parece estar de la realidad, el cine directo, es el que más usa recursos de la ficción. Para un espectador de ficción la experiencia es similar: no hay entrevistas, los personajes parecen que no ven la cámara, hay continuidad espacio temporal... hay mucha construcción ahí, operaciones retóricas, lenguaje cinematográfico”.

El realizador también citó al director español Víctor Erice, y específicamente su afirmación de que “en este tipo de cine no se escoge propiamente, sino que se encuentra; se demarca un territorio y se acepta lo que pase ahí”. También fue muy puntual en el hecho de tener completo control y dominio acerca de su propuesta, la cual paulatinamente sufría modificaciones y nuevas estimaciones a raíz de los acontecimientos que se desarrollaban en el proceso. Un ejemplo de ello es el rol fundamental que empezó a ganar la figura del padre del boxeador, Reinel Romero, conforme se ahondaba en su vida –signada por la enfermedad-, en su personalidad y en su amor y sufrimiento por las peleas de Momo.

Carlos Rodríguez Aristizábal elabora un trabajo en el cual inteligentemente nos acerca a un modo duro y hostil de sentir la colombianidad con sus anhelos, sus creencias, su idiosincrasia, sus conflictos irresueltos: sin dramas tergiversados, sin necesidad de sentimentalismos falsos, llegando más hondo y de modo más personal a una compleja realidad de exclusión y violencia en una de las incontables zonas de Colombia donde sobrevivir es la más difícil de las peleas y donde no ha muerto la esperanza de redención.    

Este realizador de origen pereirano ha realizado numerosos documentales y reportajes para las principales televisiones públicas de Colombia y España, entre ellas Telepacífico, Señal Colombia, Televisión Española, Barcelona Televisión y Canal Sur Andalucía. Actualmente se dedica a la dirección y producción de sus propios documentales y a la actividad docente.


Desde el 30 de marzo y hasta el 27 de abril de 2014, puede verse online Uno del barrio, filme el cual participará en la sección competitiva del festival francés Pointdoc. Es el único de origen colombiano en el festival y competirá con otras nueve películas de diferentes nacionalidades (Francia, Bélgica, Israel e Irán). El siguiente es el enlace a la película, donde también se puede votar.

Ficha Técnica

Dirección y guión: Carlos Rodríguez Aristizábal
Montaje: Terry Valencia
Fotografía y cámara: Carlos Rodríguez Aristizábal
Sonido: Eugenio Gómez / Jhon Ciavaldini
Producción: Diplomado Internacional de Documental de Creación Universidad del Valle / Les Ateliers Varan
Coordinación de producción: Centro de producción y asesoría en Comunicación Univalle
Asistente de producción: Natali Imery / Valentina Marulanda
Duración: 32’
País: Colombia
Año: 2013

sábado, 15 de marzo de 2014

INT. Trailer. Night. (2002) de Jim Jarmush: la contemplación como arte


Por Leonardo Mora
sanagustinconfesiones73@gmail.com

Este bello cortometraje de diez minutos del gran Jim Jarmush hace parte de un conjunto de cortos llamado Ten Minutes Older (2002) en el cual, diversos directores de la talla de Godard, Kaurismäki, Erice, Herzog, Wenders, entre otros, deben recrear en diez minutos una noción personal acerca del tiempo como fenómeno humano. Ten Minutes Older está dividido en dos entregas (The Trumpet y The Cello) y en ambas se encuentran las obras de 15 directores distintos.

     En la sección The Trumpet, se encuentra INT. Trailer. Night. (nombre tan sencillo como sugerente que desde luego hace referencia al episodio de un guión) el cual, desarrolla precisamente, la pequeña historia de una actriz innombrada con cierto prestigio –protagonizada por la talentosa y hermosa Chloé Sevigny- en el interior de su trailer personal, en medio de una agotadora sesión nocturna de actuación fílmica. Lo que inicialmente parece ser un pequeño descanso de la actriz en medio de la dura labor de rodaje, paulatinamente va siendo deshecho por la intromisión de asistentes y técnicos que deben ultimar detalles con ella para garantizar la factura del filme. Un sutil juego se despliega entonces entre el aislamiento -donde se busca y se puede ser uno mismo- y la obligación de interactuar con los otros, aunque a menudo no se tenga la disposición para ello, o la otra persona nos sea muy afecta en el ámbito personal. El papel de la actriz, que sobrelleva la situación con calma, acaso desea trasmitirnos esa impasibilidad o resignación con la cual todos nosotros asumimos ciertos episodios de la existencia, contra los cuales decidimos, por razones diversas, no luchar. 


En este corto, Jarmush, como en gran parte de sus filmes, ofrece al espectador la profundidad de los pequeños encuentros y sucesos que componen la vida cotidiana, en los que tan a menudo no se repara por considerarlos vaciados e intrascendentes, pero que una sensibilidad entrenada o una visión externa logra descubrir su oculta belleza. Detalles del filme como la implementación del sempiterno y poético blanco y negro, el aura bellamente cansada de la actriz, su limpia sensualidad captada sutilmente por la cámara bajo una tenue luz, su sugerente vestimenta –un vestido de bailarina de los “locos” años veinte- y el hecho de que ella misma pone a reproducir música clásica (Bach), genera una dulce intimidad que nos atrapa y que imprime a lo anodino del evento una potencia insospechada.



 INT. Trailer. Night. resulta ser una pequeña gran joya de Jarmush que nos remite a sus mejores obras y momentos, a esa poética de lo cotidiano que brilla en sus primeros filmes como Permanent Vacation (1980) o la insuperable Strangers Than Paradise  (1984), en las que la trama casi que pasa a un segundo plano para centrarse más en el desarrollo de la atmósfera y los atrayentes personajes,  y se perpetúa un marcado tono melancólico y contemplativo a través de extensas escenas silenciosas y prolongadas tomas fijas. En el enlace a continuación puede verse este filme subtitulado al español.


viernes, 31 de enero de 2014

El veneno de las palabras (2013), un filme de Carlos Armando Castillo




Por Leonardo Mora
sanagustinconfesiones73@gmail.com

El joven realizador colombiano Carlos Armando Castillo presentó en el año de 2013 en el Museo de Arte del Tolima el cortometraje El veneno de las palabras, el cual resulta ser una interesante e inusual obra que gira en torno a la extraña relación de tres personajes –dos hombres y una mujer jóvenes- tras un encuentro aparentemente casual en las afueras de la ciudad, con fines de esparcimiento sicotrópico.

La asistemática narración paulatinamente evoluciona de unas circunstancias normales, cotidianas, enmarcadas en un medio natural, al aire libre, a una atmósfera cada vez más tensionante en donde la realidad inicial deja paso a un tratamiento más onírico de las situaciones y el espacio en que los personajes despliegan su puesta en escena, que posteriormente pasa a ser una claustrofóbica casa. El veneno de las palabras plantea una construcción de lenguaje eminentemente visual  -es decir, los diálogos y la trama quedan relegados ante la supremacía del discurso de las mismas imágenes- sobre una franja sonora que no corresponde directamente a lo que sucede en la trama, a modo experimental. Hay cierta fijación por el registro de colores fuertes, en especial el amarillo y el rojo, que imprimen de un matiz visceral y kitsch la tensión sexual evidente entre los protagonistas, la cual logra transmitirse con gran contundencia.



 El tempo del filme es ralentizado, dosificado -es constante el uso de la cámara lenta- lo cual permite adentrarse con parsimonia en su viciada y densa realidad. Este carácter se acentúa cuando a menudo la cámara instala a uno de los personajes en un rol voyerista que observa maliciosamente las relaciones entre la mujer y el otro de los hombres, con el que ella parece simpatizar y congeniar eróticamente más. La mujer es quizás el punto álgido de la tensa relación entre los tres; ella manifiesta un creciente poder sobre los otros dos, a manera de femme fatal. En el corto los primeros planos son abundantes, elemento que ayuda a captar mejor cada una de sus sicologías.


Colectivo audiovisual Zerkalo logró registrar una breve conversación con el director – dispuesta en la red- en la que nos cuenta sobre el proceso de producción del filme, elementos varios de su visión artística, sus influencias, su método y equipo de trabajo, y su opinión acerca del estado actual del cine colombiano y latinoamericano.  El veneno de las palabras es la segunda parte de una proyectada trilogía que inicia en 2011 con el corto “Simulacro”. En el año 2012, el canal de televisión Señal Colombia elige como finalista el filminuto de Carlos Armando Castillo “La jornada” en una convocatoria a nivel nacional. Muestras, material fílmico y demás proyectos de este director pueden seguirse en la red a través del siguiente blog: http://caarcas.wordpress.com/.




Ficha Técnica:

Nombre: El veneno de las palabras.
País: Colombia.
Guión y dirección: Carlos Armando Castillo.
Reparto: Alexandra Mora Montes, Miguel Alejandro Pérez y Mario Roger Camargo.
Fotografía: Carlos Mario Pinzón.
Dirección de arte: Margarita Cuadros y Ana María Sánchez.
Foto fija y registro: Jose Alonso Rubio.
Edición: Carlos Armando Castillo y Diego Camilo Riaño.
Música, ambientación y producción de campo: Hermes David Juez.
Producción ejecutiva: Carlos Armando Castillo y Nabor Betancour.
Productora: Mirolindo Films

Año: 2013.

martes, 17 de diciembre de 2013

Voces recuperadas: César Pérez Pinzón (1964-2006) y Hugo Ruiz (1942-2007), escritores colombianos.

En esta ocasión presentamos dos grabaciones realizadas en el año de 1998, de las voces de dos de los más representativos escritores tolimenses -ya desaparecidos- de la literatura colombiana: Hugo Ruiz y César Pérez Pinzón. 

Colectivo audiovisual Zerkalo efectuó el proceso de digitalización de dos casettes con las voces de ambos autores, obtenidos por intercesión de la biblioteca Darío Echandía, del Banco de la República (sede Ibagué).

En 1998, Benhur Sánchez Suárez, director de tal institución en ese año, y también escritor –de origen huilense-, organizó un espacio llamado “El oficio de escribir”, en el cual se invitaron diversos escritores nacionales para conocer su perspectiva, sus influencias y sus ideas acerca del arte literario. Los dos conversatorios están dispuestos en la red, en el portal de videos You Tube.

César Pérez Pinzón

Nació en Alvarado (Tolima) en 1954. Cursó estudios de Historia, y ejerció la docencia en diversas universidades colombianas. En 1980 publica Alucinaciones, su primer libro de relatos. En 1986 lanzó un nuevo compendio de cuentos titulado La calle del farol dormido. Luego, daría a conocer las novelas Hacia el abismo (1986) y Cantata para el fin de los tiempos (1996). En el año de 2003 se haría ganador del Premio Nacional de Cuento Ciudad de Bogotá con el libro Hijos del fuego, del cual la crítica señaló su afortunado ejercicio de recreación y ficcionalización a partir de reconocidas figuras de la literatura universal. Dirigió el Taller de Literatura en la Biblioteca Darío Echandía de Ibagué. Falleció en Ibagué, en el año de 2006. 



Hugo Ruiz

Nació en Ibagué el 15 de octubre de 1942. Ejerció el periodismo en prensa, radio y televisión y escribió diversas reseñas, críticas y comentarios de libros en diarios y revistas desde 1959. En 1981 publicó el compendio de relatos Un pequeño café al bajar la calle, reeditado con cinco cuentos más en 1996. Es coautor de los libros Protagonistas del Tolima Siglo XX, Pintores del Tolima Siglo XX, Músicos del Tolima Siglo XX e Ibagué: sus múltiples rostros. En 1998 publica un libro de ensayos titulado Textos para conciliar el sueño. Dirigió la colección Vida y obra, de su editorial Astrolabio, de la cual aparecieron, entre otros, detallados estudios sobre Borges, Cortazar, Hemingway, Proust y Cavafis. Falleció en Ibagué, en el 2007, dejando una novela inédita completa, llamada Los días en blanco



lunes, 25 de noviembre de 2013

Entropy (2012) de Jose Castro: el sórdido encanto de lo burgués



Por Leonardo Mora

sanagustinconfesiones73@gmail.com


En el marco del 5° Festival de Cine Corto de Popayán de 2013, fue presentado durante una de las sesiones de la Muestra Panorama –sección específica del festival- un breve y contundente trabajo fílmico del joven realizador colombiano Jose Castro titulado Entropy (2013) -su primer cortometraje de ficción- el cual surge como trabajo final en un taller de verano en New York Film Academy en el 2012, cuando contaba con 25 años. 

Entropy posee la capacidad de narrar magistralmente en tan sólo ocho minutos la manera en que la intimidad normal y cotidiana de una chica austriaca en un apartamento neoyorkino, se convierte paulatinamente en un sórdido secuestro y crimen por parte de una pareja que se vale de engaños y de una falsa confianza generada en su víctima. De sus múltiples aciertos técnicos y narrativos, podemos mencionar los siguientes: dos ángulos de cámara, extraños, inusuales pero estratégicos por su talante indiscreto, de voyeur -en una de las esquinas superiores de la recámara principal y en el piso de la sala- se encargan de crear una tensión visual en la cual los tres personajes se relacionarán y revelarán paulatina e inesperadamente. La actuación es bastante meritoria, especialmente la desplegada por Natalie Yesufu, la carismática chica de la criminal pareja, quien se roba definitivamente el interés por su carácter violento y por demostrar mayor insania que su compañero de crimen. 

La caótica edición de Entropy, no cronológica, le permite al espectador participar de modo más dinámico porque este mismo debe encargarse de atar cabos y hacer deducciones con respecto a la oscura historia. El realizador, Jose Castro, quien intervino en un conversatorio posterior a la proyección, señaló que su interés en este tipo de edición obedecía a asemejar el discurso de su filme a los procesos mentales humanos, los cuales al momento de dar cuenta de los detalles de una jornada o de un evento, lo hacen sin respetar el orden estricto de lo recordado, valorando cada detalle en diferente medida. Por otro lado, Entropy carece de musicalización, asunto que la dota de un dramatismo y de un nivel de realidad más efectivo.



Elementos tales como las locaciones cerradas, el estilo aburguesado de vida de la joven austriaca llegada a la gran ciudad, el modelo narrativo, la fotografía, y la cotidianidad irrumpida violentamente, remiten al cinéfilo a las formas estéticas desarrolladas por Michael Haneke en películas como Benny’s Video (1992) o El séptimo continente (1989). Entropy destila sobriedad y cosmopolitismo, y auguramos un gran futuro al realizador colombiano. Ver este filme en pantalla grande fue una afortunada experiencia que disfrutaron y agradecieron los asistentes al festival que buscaban motivos urbanos y citadinos. 




Ficha técnica:

Nombre: Entropy
Año:2012
Idioma: Inglés
Subtítulos: Español
Duración: 8:11
Director: Jose Castro
Productor: Jose Castro
Guión: Jose Castro
Director de Fotografía: Danny Rachnaev
Director de Arte: Sultan Al Saud
Sonido: Joy Wang
Reparto: Veronika Petrovic, Natalie Yesufu, Cedric Miro.




viernes, 9 de agosto de 2013

Música Oscura (2013), cortometraje de Leonardo Mora

El siguiente texto desea presentar el cortometraje experimental Música Oscura (2013) y  generar diversas ideas acerca de su realización y su carácter, por el mismo autor.




Música Oscura (2013)
Un cortometraje experimental de Leonardo Mora


Diversas razones nos han llevado al proceso de creación de este cortometraje. Además del interés de la creación y expresión  estética a través de un medio audiovisual, otra de ellas es el aprovechamiento de la infinidad de imágenes y videos que inundan nuestra rutina todos los días -somos una generación eminentemente visual- y que gracias a las nuevas tecnologías, encontramos con tanta facilidad en portales como You Tube. Sobra mencionar su alcance e influencia en la cultura del siglo XXI.


Es extraordinario, de un valor e implicación incalculable, el hecho de saber que podemos disponer de tantas imágenes de todo tipo con sólo un click. Casi que podría afirmarse que ningún aspecto de la realidad es imposible de encontrar en los portales de video. Gracias a estas ventajas, decidimos elegir -entre millones de posibilidades visuales- solamente ocho videos –editarlos, aplicarles filtros, subtítulos, crearles música original, encontrarles la secuencia más acertada, y contar con ellos un breve documental acerca de ciertos pasajes de la vida de Iván Sergei Semionov, oscuro músico minimalista ruso que se suicidó prematuramente. Valga aclarar que ninguno de los ocho videos elegidos originalmente hacen parte de una obra artística.


Consideramos que esta propuesta es de alguna manera hija de aquella tendencia artística que instituyó Marcel Duchamp –el ready-made en las primeras décadas del siglo XX, cuando las vanguardias artísticas se abrían paso en medio de un mundo convulsionado por dos desastrosas guerras mundiales, y nos manifestaban a gritos unas nuevas e impresionantes maneras de concebir la existencia. El ready-made predica, sintetizando en extremo, que existe, y es válida, la posibilidad de tomar un elemento tangente de la realidad, creado para fines especialmente prácticos y aplicarle modificaciones, junto a una nueva connotación de carácter artístico, a través de ideas intelectuales y creativas. Ese es el propósito esencial del cortometraje: crear un nuevo producto artístico a partir de elementos que ya existían con otros propósitos. Creemos que algunas de las influencias visuales de Música Oscura van desde el cine de vanguardia de creadores como Walther Ruttmann o Dziga Vértov, hasta los documentales subjetivos de Win Wenders y de Chris Marker. Antes que cualquier otra cosa, tratamos de ser los más estrictos y respetuosos cinéfilos, interesados en desentrañar las más increíbles etapas de la historia de la cinematografía. Debemos mencionar que de cierta forma, la dificultad de hacer cine en nuestras latitudes, la escasez de recursos y las diferencias con respecto a los parámetros artísticos y técnicos que imponen las instituciones estatales y privadas promotoras del cine en Colombia, han determinado también el carácter de este trabajo.


Quizás sean altamente inválidas las razones arriba expuestas; podría pensarse que sólo deseamos justificar una acción reprensible con respecto a la cuestión de los derechos de autor. Pero con sinceridad, una necesidad febril de crear y transmitir una obra estética es la culpable de todo. Amamos el cine, amamos el arte, vivimos para el arte: sólo queremos crear cosas tan bellas como lo han hecho los grandes directores a través de la historia de la cinematografía, y expresarnos en medio de una dura, caótica y excluyente realidad de un país latinoamericano como Colombia.



Ficha técnica:

Nombre: Música oscura
Idea original, guión y dirección: Leonardo Mora.
Música original: Leonardo Mora.
País: Colombia.
Idioma: Ideolengua (subtítulos en castellano).
Duración: 13:39 minutos.
Género: Experimental.
Formato: Video digital.
Año: 2013.

Sinopsis: Diversos pasajes de la vida y obra del músico experimental y minimalista ruso Iván Sergei Semiónov (1974-2005) relatados a través de sus obras musicales, textos extraídos de una entrevista suya concedida en 2003 a la revista The New Yorker, e imágenes varias que recrean simbólicamente la narración.








Para ver una breve intervención del autor sobre este trabajo, 
pulsar abajo:














miércoles, 7 de agosto de 2013

Fantasmas en los suburbios: La noche infinita (2013), novela de Carlos Andrés Oviedo


Fotografía: Leonardo Mora


Por Leonardo Mora
sanagustinconfesiones73@gmail.com


Carlos Andrés Oviedo, joven escritor residente en la ciudad de Ibagué, Colombia, lanzó el fin de semana pasado con la editorial Caza de Libros -en el marco de la Feria Internacional del Libro celebrada en Bogotá- su primera novela titulada La noche infinita. Este libro conforma un tríptico junto con las novelas La sombra del artista y El pensador errante, las cuales permanecen inéditas hasta la fecha.

La noche infinita resulta una obra sumamente alentadora por diversas razones: además de significar la entrada al mundo editorial de un autor que escribe con disciplina y entrega constantes, como pocas veces acontece en un medio provinciano en el cual no han surgido más que algunos –muy contados- aciertos novelísticos, esta novela es un testimonio muy personal de un cúmulo de experiencias desplegadas en esa misma provincia que vio nacer y crecer a este autor, Ibagué. La historia literaria de esta ciudad no ha manifestado suficientemente una obra en la que se retrate de manera efectiva la vida de sus habitantes y su cosmovisión del mundo en términos urbanos y de ciudad, y la obra de Carlos Andrés Oviedo demuestra con creces el intento por dar cuenta de sucesos e imaginarios enmarcados en el sentir de esta región colombiana, de la mano de un creciente talento y un interés verdadero por alcanzar un verdadero rango literario y artístico. 

La lectura de la obra denota manejo de amplios recursos estilísticos y un lenguaje artístico bien trabajado y sin más pretensiones que constituir un relato honesto de índole ficcional. La noche infinita no funciona como una novela que cuenta una historia definible y tradicional, sino que constituye una estructura fragmentada, con apartados que sugieren diversas valoraciones y que no se manifiestan evidentemente en una sola esfera definible: la construcción del mundo novelístico de Carlos Andrés Oviedo se imprime de elementos tanto oníricos como reales, o del pasado como del futuro, y es el lector mismo quien está llamado a interpretar y a sacar sus propias conclusiones. 

Uno de los aspectos más interesantes y fuertes de La noche infinita se encuentra en el tono de la obra, la cual está impregnada de una extraña melancolía al relatar eventos, percepciones e ideas cargadas de significaciones, por boca de su protagonista, Solirio. Esta vulnerable niña que en la historia atraviesa diferentes edades que oscilan entre la infancia y la adolescencia –cabe recordar la importancia de las impresiones que se reciben en esta etapa de la vida, fundamentales para determinar la personalidad- nos relata como un fantasma, casi de manera espectral, sus encuentros emocionales con las primeras personas que conforman su entorno: sus padres, familiares, amigos de la casa, allegados, maestros, y con los espacios sociales que debe enfrentar una niña de educada sensibilidad y de tintes burgueses a medida que el mundo se le muestra: el hogar, el colegio, la calle, el barrio, hasta llegar a la ciudad. Solirio caracteriza sutilmente todos estos elementos y cavila profundamente en su trascendencia, pero lo hace con nostalgia, con pesimismo ontológico, porque en su condición de habitante de un indefinible limbo, ya sabe de la finitud y fragilidad de todas las cosas humanas. En diversos apartados hay un estilo que podríamos afirmar proustiano, en el sentido de ese examen minucioso de los pequeños detalles cotidianos para asumirlos a la luz de la experiencia ganada con el tiempo, y del rescate de los recuerdos que, veleidosos y arbitrarios, alguna vez se instalaron en la mente y por razones inciertas, acosan ocasionalmente a la conciencia que los retiene. El mundo de La noche infinita es un mundo frágil, leve, huidizo, que amenaza con desaparecer si antes no se logra cristalizar algo de su esencia en palabras escritas, porque amenaza con derrumbarse. Quizás ese es el gran objetivo de la pequeña Solirio, antes que el tiempo -que todo lo destruye- esconda en el cajón del olvido esos sentimientos que una vez nos arrebataron y lo fueron todo. Inconscientemente, Solirio asume la carga moral de dar cuenta de la transmutación de los valores de una sociedad que se desintegra poco a poco y ha dejado de ser el paraíso otoñal de sus ancestros, para convertirse en una salvaje jungla de asfalto en la que debe lucharse duramente para poder sobrevivir. Solirio –extraño nombre que parece conjugar la soledad y el delirio- es una conciencia que se va despertando poco a poco, y se entera paulatinamente de la mezquindad de lo que la rodea, de una realidad cruel y falta de espiritualidad a la que sólo puede combatirse con las posibilidades expresivas del arte. Solirio es ultrasensible, introvertida, una molécula de polvo en medio de la tempestad del mundo que se pregunta por el absurdo y el caos en que se ha sumergido el género humano, ese mismo que adolece de tanta inconstancia, de debilidad, de perplejidad, de ambigüedad, de resignación. 
Fotografía: Leonardo Mora

A pesar de la esencia “ectoplásmica” que nos habla en la novela, la ciudad de Ibagué aparece sopesada por una mirada y un carácter en particular: diversos personajes provenientes de varios estratos sociales y de todos los talantes –poetas, tenderos, docentes, burócratas, músicos- pueden informar al lector con certeza que se trata de la vida de provincia, con sus pequeñas miserias, sus ideas un tanto cerradas de la vida, sus comportamientos, sus expectativas, sus frustraciones. En el libro puede notarse un constante acercamiento a la historia de la ciudad, sus tradiciones y sus imaginarios, sus mitologías y sus construcciones mentales, y el choque cultural entre las etnias americanas y el invasor europeo. De igual forma aparecen lugares identificables de esta ciudad –como el Conservatorio de Música, el Parque Centenario, la carrera Tercera y el tradicional barrio de Belén- pero no solamente mencionados, sino que imprimen su evidente influencia en las conciencias y en las mentalidades y determinan la manera de vivir y de asumir el mundo. Los habitantes de Ibagué sensibles y observadores podrán encontrar correspondencias de su diario vivir con los escenarios de la novela, y encontrarán acertada la manera en que los personajes se mueven y actúan en su ciudad.

En buena hora la novela de Carlos Andrés Oviedo, un joven escritor ibaguereño de 32 años, que sospechamos inaugura una nueva novelística regional y asume el reto de enfrentar la realidad con las armas del arte y el intelecto, para crear obras estéticas que puedan darnos cuenta de la condición humana de una forma más acertada y consciente, en un contexto local donde no abunda la calidad y el trabajo minucioso en términos literarios. 

El famoso crayón oblongo / El puente (2025) - Una crónica poética y un relato breve de William Alexander Medina Méndez

 El famoso crayón oblongo                                            Salta cadáveres (1989) - Pedro Alcántara Herrán   "Eres esclava de...