miércoles, 29 de junio de 2016

Sueños de un ensamble musical que quiere ser festival: crónica de un evento colombiano



Iván Esguerra nos relata sus percepciones y encuentros alrededor del Respira Music Fest  2016, evento que aconteció en días pasados en la ciudad de Ibagué, Colombia.




Por Ivan Esguerra Sierra
ivanesguerra2008@gmail.com



    Para comenzar con esta crónica considero necesario hacer el  breve ejercicio de explicar que es un ensamble musical. ¿Pero y cuál es la razón para esto?

    Muy sencilla. Cuando llegué a disfrutar del evento y además de que me considero un conocedor de estilos, sonidos y tendencias musicales. La palabra “ensamble” se tornó un poco sofisticada para mi gusto.

    La forma técnica en que  GOOGLE lo describe refiere lo siguiente: “Dos o más personas que a través de la voz o de instrumentos musicales, transmiten una interpretación propia de obras musicales pertenecientes a diferentes géneros y estilos”.

    Para mí opinión,  de una forma más divertida y coloquial se asemeja a la manera en que se encajan fichas de LEGO para formar una figura del señor de los anillos. Describiéndolo así, el ensamble musical busca acoplar el sonido de instrumentos de diferente tipo; puede que en determinado momento no sea muy común, pero que cuando se hace de una forma magistral se crea un sonido único, experimental y que deleita los oídos  educados.


   Aunque creo saber de música, mis oídos no son tan educados, Y aunque todavía no entiendo muy bien la diferencia entre ensamble musical y todos los revoltijos que los músicos “Nueva era” se permiten hacer. Yo disfrute el concierto.


Un famoso ejemplo de ensamble:





    La invitación era para las 4 de la tarde del día sábado 11 de junio. Como cosa rara, esta vez no me apresuré en llegar al lugar. La verdad tenía un poco de pereza porque dicho espacio es un patio mal llamado “Parque de la música”  y se encuentra poseído por el vicio, el olor a orina y como dice mi mama, “las malas costumbres”.  Créanme. No es muy llamativo.

    Una cuadra antes queda la plaza de Bolívar que es algo que identifica la centralidad de las ciudades colombianas. En esa zona queda una heladería a la que me gusta ir por una deliciosa ración de helado de chocolate cuando estoy cerca. Esa tarde y para retrasar la fiesta no fue la excepción. Mientras me tragaba el último bocado del lujurioso postre comencé a escuchar notas fluidas y algarabías acompañadas de gritos y entusiasmo. Juemadre está bueno, pensé.  Me apresure. A medida que me acercaba, todos esos sonidos empezaban a tomar forma.  Guitarra, bajo, Batería, Voces femeninas y masculinas… ¿Música rock?, ¿Música pop?, ¿Música moderna? Ensamble de música moderna para ser exactos.

      Esa cuadra que divide los parques la recorrí como si alguien me halara una cuerda amarrada a la cabeza. Los ritmos me ordenaban ligereza. Arribé al lugar. La primera imagen que tuve fue la recuperación del espacio. No olía a orines revueltos con cannabis. Los pocos indigentes que había, estaban disfrutando el espectáculo. La incipiente vegetación estaba siendo removida o mejorada. La cosa empezó muy bien. Cuando miré hacia la tarima y vi la pequeña multitud de gente bailando y divirtiéndose, lo confirme. Qué evento tan agradable. Todo estaba sencillamente organizado. Desde una pequeña carpa se manejaba la consola de sonido. Me instale allí para seguir el programa. Delante de mí acomodaron sabiamente unas sillas plásticas para el público. No eran muchas y no estaban todas ocupadas. En mi cabeza empezaron a saltar imágenes que evocan festivales pasados y pensé: otro concierto que se cae por falta de publicidad. Me entristecí y resigne a gozar lo que durara el suceso. Canciones famosas y conocidas se vivieron en las voces de estos jóvenes estudiantes del conservatorio de música del Tolima.





    El tiempo transcurrió y miré la hora en mi móvil. Vi que habían pasado 20 minutos desde mi llegada. Decidí salir del espacio en que me encerré para escuchar y observar. Pobre tonto por lo que me estaba perdiendo.  Afuera había una generosa cantidad de público. La gente no necesitaba de las sillas para participar de la fiesta. Caminé y me perdí entre la masa, las voces y los buenos ritmos. Saque mi cámara y empecé a dispararla. Una foto aquí y otra allá. Primero a la banda, luego específicamente a los cantantes. Cuando intenté tomar una nueva dirección con mi lente observe un pendón.





    La invitación general la hace el Conservatorio Musical del Tolima auspiciado por el Ministerio de Cultura de Colombia, y el concierto pertenece a un programa nacional de concertación cultural. La concurrencia fue tomando sentido. Son personas que apoyan lo propio. Padres apoyando hijos, novias soportando amantes, amigos preocupados por el futuro de sus camaradas, personas del común que quieren que la ciudad crezca. Muy significativo ver el alcalde sentado en una silla plástica de estas,  compartiendo una tarde de “relax” con su familia y la ciudadanía: estaba un poco distanciado pero es  entendible (por su seguridad y aun mejor, la nuestra).


Alcalde de la ciudad de Ibagué: Guillermo Alfonso Jaramillo.

    Avancé un poco y mientras lo hacía me surgió una pregunta ya que veía  muchos jóvenes con instrumentos musicales amarrados a sus espaldas. Además de mucha camaradería. ¿Cuál sería la verdadera razón para medírsele a crear algo así?  Aproveche el cambio de banda y me aventure en hablar con uno de los integrantes de la misma. Resulto ser alguien muy fresco además de amable. Me dijo llamarse Nicolás Bayona. Es uno de los cantantes del ensamble de música moderna. Él me explicó y dio sentido a lo que yo veía. Me contó que los grupos que esa tarde se presentaban estaban conformados por jóvenes emprendedores que pertenecen a un proyecto de estudiantes del técnico laboral con la escuela de música a cargo del maestro Andrés Acosta. Le pregunté si la recuperación del parque iba de la mano con el festival. El humildemente respondió que eso no lo sabía.

    Lo que sí sabía y de lo que estaba muy orgulloso es del proyecto que se traen entre manos con este espacio. “Los estudiantes del técnico laboral buscamos crear empresa y dejar una huella en el Tolima, y por qué no, en Colombia. Ibagué es la ciudad musical del país y carece de buenos espacios y de eventos de tipo musical. Nosotros queremos que este concierto se realice cada año. Buscamos dejarle a las generaciones de estudiantes que siguen a la nuestra un espacio en el cual desarrollar y compartir su talento. Este año son tres ensambles: si todo sale bien el próximo serán más y de otras ciudades. Podría llegar a convertirse en una especie de Rock al Parque”. En este caso de ensamble al parque. ¿Y porque no? ¿Qué le impide a la gente soñar y crear? Nada. Menos cuando se tienen ganas y herramientas, cuando se es consciente de lo que se tiene y de lo que se puede usar. 

      Son jóvenes emprendedores que la tienen clara. Tan clara como la música y géneros por los que transitan. Me sorprendió encontrar tres agrupaciones tan particulares y conformadas por personas de tan diferentes estilos y que a pesar de eso se ven como uno solo, se sienten como uno solo; con deseos de ser reconocidas por su calidad. Le pedí a Nicolás que me hablara un poco de los ensambles que se presentaban. Debido a su responsabilidad con el evento me respondió lo siguiente: Ensamble de música moderna, ensamble de música jazz y ensamble de música tropical. Con eso lo dijo todo. O al menos lo pienso así. Lo siguiente que me aconsejo fue: disfrútelo. Me extendió la mano y me obsequió un botón publicitario de muy bonita calidad que expresa el alma del concierto y me dejo con la promesa  que de ahora en adelante cada año, podría asistir a este evento y conocería muchísimos Andrés, Nicolás, Sara (mi hija hace parte de ese mundo) y cuanto joven amante de los buenos sonidos viva en la ciudad y que crea que todo es posible.  Gracias. Estaré  muy pendiente el año entrante pero por el momento aceptaré el consejo y disfrutare el espectáculo.  

Lazaretto "Ensamble de Música Moderna" Escuela de Música - Conservatorio del Tolima


    Del ensamble de música moderna atestiguo que fue un buen show. Un tanto tranquilo para mi gusto pero con mucho estilo, todos bien ataviados para la ocasión.  De las canciones que se interpretaron no me acuerdo los nombres o la verdad no creo saberlos. Pero puedo decir que fueron bien interpretadas y las disfrute como todos los presentes.  Me acuerdo del bajista quien se adornaba de  forma grata y técnica. Eso me hace pensar en todo el tiempo que debe llevar estudiando ese instrumento. El baterista también hizo lo propio. ¿Pero quién no lo haría si tiene sus esperanzas montadas en el escenario? 

      
    Los vocalistas son muy profesionales, se ve que les están haciendo un buen trabajo. Les resalto que a pesar de sus cortas edades han asumido buenos roles y han adquirido ciertas habilidades histriónicas que los hace muy amenos y atentos con la concurrencia y con los otros miembros. Prestos a corregir cualquier error y sobre todo conscientes del espacio que ocupan. Son los encargados de prender motores.  De hacer que la gente entre en comunión con los sonidos, lograr que ese primer ensamble se convierta en un verdadero festival anual. Hacer que ese día nos olvidáramos del sol abrasador y convertir esa sensación en energía pura. Para afrontar lo que se venía. Solo me resta decir que los felicito, muy bueno todo. Y como todo lo bueno termina;  pero en este caso para darle paso a otras agrupaciones.


















De lo que siguio en esa tarde solo puedo decir que fue diversión pura y que  el ensamble de musica tropical la saco del estadio. Otras palabras serian repetir lo que renglones arriba anoté. Que son una maravilla, que muy buenos musicos, que la gente lo disfrutó y bailó como si estuvieran en fiestas san pedrinas, bla, bla, bla…  Lo que si quiero decir y resaltar es que con poco se hace mucho. Que cuando se tienen ganas y espiritú, se llega lejos. No tuvierón necesidad de promocionar bandas exitosas de otros lugares para que la gente llenara un espacio. Que a pesar de que hicieron, es decir,  nuevas versiones de canciones muy sonadas en la radio (como el clásico de la salsa colombiana Cali pachanguero, de esa sí me acuerdo) la gente las sintio como nuevas. Las acepto sin excusas. No escuché rumores de que esperaban invitados especiales (nacionales o internacionales) para acercarse al evento. No atendí gritos de la multitud alegando que los robarón por lo bajo del espectacúlo o por lo corto del mismo pues tuvo una duración de dos horas (seria el colmo, era gratuito). Por el contrario la gente bailó, aplaudio y canto hasta que se termino.  Hasta yo mismo, con esta sangre “cachaca” o de persona nacida en el interior del país. Senti mis piernas moverse con tan poca gracia pero con tal frescura que no falto la doncella que se  acerco desde lejos moviendo los hombros y diciendo: “Papito, ¿bailamos?”.




lunes, 13 de junio de 2016

Días de violencia: una mirada al cine de Fernando Vallejo







Por Leonardo Mora
sanagustinconfesiones73@gmail.com 


Una faceta menos conocida del conocido y polémico escritor colombiano Fernando Vallejo es su trabajo como cineasta. El siguiente texto desea hacer un breve recorrido por los tres largometrajes que componen su obra, los cuales fueron realizados y dirigidos íntegramente en México (entre los años 1977 y 1984) dada la imposibilidad y los obstáculos que surgieron en Colombia, tanto en lo que respecta a su elaboración como a su difusión. Estos problemas, según el propio Vallejo, afectaron bastante el producto final, muy alejado de lo que se había propuesto en principio. Los filmes de Vallejo denotan claramente una estrecha relación con algunos elementos insertos en sus obras literarias, como es el caso de la violencia, la marginalidad, la vida de las clases sociales menos favorecidas y la imposibilidad de las instituciones estatales para contrarrestar las enormes dificultades que atraviesan sus sociedades.



Crónica roja (1977)

Este descarnado y violento filme narra la breve carrera delincuencial de un joven de extracción humilde y la influencia negativa que suscita en su desigual núcleo familiar (y sobre todo en su hermano menor) anclado en circunstancias marginales. Este argumento, tal y como señala el título, corresponde aparentemente a una macabra noticia de diario amarillista, similar a cualquier otra, como las que a diario se generan y se repiten incansablemente en sectores marginales de la urbe y en las que apenas se repara en su especificidad. Pero al apreciar el filme más de cerca, el espectador empieza a medir paulatinamente el desbarajuste familiar y social que contribuye a la generación de la violencia, en especial en las capas más jóvenes de la juventud. El director, con un enfoque que ahorra recursos y opta por un lenguaje crudo y directo, es atinado en mostrar detalles y eventos que quieren manifestar la manera en que un tipo de idiosincrasia popular –música, lugares de encuentro, costumbres caseras, expresiones coloquiales, proceder de la institucionalidad, actitudes y opiniones de los personajes con respecto a la fuerza pública- se halla íntimamente relacionada con una idea de violencia constante a un nivel tan íntimo y cotidiano, que resulta -hasta casi el absurdo- avistar la familiaridad con que puede llegar a ser asumido.

    Cuando no hay un modelo viable e integral de vida, no hay condiciones propicias de tipo material o intelectual y las circunstancias demuestran ser lamentables e insuficientes, a menudo se cae en la trampa de la criminalidad como forma de empoderamiento y manifestación. El problema es que todo esto representa, tristemente, más que un problema en vías de resolverse por las instituciones sociales o por la sociedad civil, una sección más en las páginas de un periódico amarillista, la cual siempre aparecerá, sin asombro, indolentemente, como la sección económica o de clasificados, a la cual se da vuelta de hoja para pasar a otra cosa.



En la tormenta (1980)

La más violenta de las películas de Vallejo se articula a partir del retrato de la sociedad colombiana durante la cruenta década de los 50’s, la cual fue testigo de la pugna política entre los dos partidos predominantes de la escena nacional: liberales y conservadores, los cuales dejaron una alarmante cifra de más de 300.000 víctimas mortales, predominantemente en zona rural colombiana. Este evento es conocido históricamente como La Violencia, la cual, sin previa declaración de guerra civil, se caracterizó por ser extremadamente violento, incluyendo asesinatos, agresiones, persecuciones, destrucción de la propiedad privada y terrorismo por el alineamiento político.

      Una vez más Vallejo se enfoca en el desarrollo no tanto de protagonistas específicos como en una mirada más amplia desde diversos personajes que permiten a través de sus diálogos y encuentros asistir a la grave crisis desatada por la pertenencia a uno u otro partido, la cual no obedece propiamente a una comprensión cabal de un programa de gobierno específico de cara a la regulación social ni a un sustento teórico o ideológico racional, sino que obedece más a una repetición de consignas prefabricadas sin razonamiento, radica en aspectos no directamente políticos como las afiliaciones de familia o de tipo religioso y se nutre de rencillas y rencores personales que necesitan una válvula de escape. En esta adhesión inconsciente y pasional se mira al oponente no como un contendiente de escenario político de debate sino como un enemigo susceptible de aniquilación y se genera un sentimiento de odio alimentado desde las altas esferas del poder.


      La puesta en escena del filme se desarrolla en un viaje rural por carretera de un grupo de campesinos y gente del campo. De nuevo el rescate de las idiosincrasias populares (sus costumbres de vida, su cotidianidad, sus cosmovisiones, su entorno, sus instituciones) y su ubicación en las circunstancias sociales de la época son el interés fundamental del realizador, quien no escatima en escenas y enfrentamientos violentos y sangrientos para mostrar cinematográficamente lo que fue una mínima parte del caos y la degradación política de la sociedad colombiana, la cual se remonta a las diversas y constantes guerras civiles del siglo XIX y se agrava después del asesinato del caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán en el año de 1948.    En este filme destaca la urgencia de Vallejo por retratar directamente un escenario rural y unos modos de vida específicamente colombianos de notable exactitud geográfica, temporal y cultural.

       Una de las consecuencias del conflicto interpartidista en Colombia señalado directamente en el filme En la tormenta fue el recrudecimiento de la delincuencia y del bandolerismo especialmente en zonas rurales. Aparece cierto líder histórico de las guerrillas liberales llamado Jacinto Cruz Usma, más conocido con el alias de "Sangrenegra" el cual, como tantos otros dirigentes de ambos partidos, no respetaron o se acogieron a las treguas y amnistías sino que optaron por asumir la figura de bandoleros célebres que protagonizaron episodios sangrientos en la historia de Colombia hasta ser abatidos posteriormente por la policía o el ejército. Valga señalar que grupos insurgentes como las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) provienen de esta etapa histórica y en la actualidad siguen vigentes.
  


Barrio de campeones (1984)

El tercer filme de Vallejo de nuevo se ocupa de retratar la vida de ciertos estratos populares, pero en esta ocasión a través de la cotidianidad de una numerosa familia que habita en una humilde vecindad del país mexicano. Valga mencionar que en este largometraje la delimitación de cierta idiosincrasia de este país es evidente, a diferencia de lo que sucede en sus dos primeros filmes en donde hay un interés directo por la vida social colombiana. Recordemos que todos fueron rodados en México, pero sólo Barrio de Campeones respeta directamente las convenciones de la vida mexicana.

     Una vez más, antes que contar una historia con argumento claramente encauzado o protagonistas definidos que sobresalgan, el director opta por recrear encuentros, costumbres y usos de los diversos miembros de la familia y los círculos en que se mueven, lo cual poco a poco permite perfilar un universo social compuesto por determinados valores, creencias, consumos, intereses, problemas y constructos mentales y que ayuda a caracterizar su nivel de vida y su procedencia.

      En medio de una hostil y populosa vecindad –con toda clase de tipos humanos- o lugares de encuentro popular como las calles suburbiales, las plazas de mercado y sus restaurantes cercanos, el filme nos lleva al interior de un hogar típico e identificable con la cosmogonía latinoamericana: una mujer-matrona latinoamericana que direcciona y regula la vida de su familia, unos hijos jóvenes que recién apenas se insertan en un mundo laboral difícil y marginal o que ya llevan a cuestas la carga de algunas malas decisiones de índole marital, unos nietos traviesos y audaces que en medio de su quehacer y diversión poco a poco se van enterando de lo que significa hacer parte de un nivel social difícil y se involucran en las cuestiones materiales del hogar. En un medio en donde el trabajo duro y constante es la única forma de sobrevivir  cada día y donde hay que ser fuerte y combativo para no dejarse arrastrar por la pobreza y la violencia, la familia visualiza sus únicas esperanzas en dos perspectivas con las que se permiten soñar y pensar en una vida mejor: la compra de un negocio propio, con ahorros de toda una vida, y la carrera pugilística de uno de los muchachos de la familia, quien entrena duro para hacerse al sueño de ser campeón mundial. Vallejo adereza múltiples veces Barrio de capeones con situaciones y diálogos divertidos (muy propios del mundo popular mexicano y por ende cercano al resto de Latinoamérica) lo cual permite la accesibilidad y la bondad del filme; pero en resumidas cuentas el espectador comprende que son pequeñas islas de refugio frente a la triste situación social y económica que se está planteando y que difícilmente encontrará la satisfacción de sus necesidades.    

      Formalmente encontramos la predilección de Vallejo por una cámara en mano verista y un sentido visual dinámico, práctico y de pocos artilugios para narrar la historia. La abundancia de planos generales frente a los pocos primeros planos y detalles, nos sugiere un interés mayor en desarrollar el contexto, a la manera de una mirada sociológica, que el de ahondar en las sicologías de los personajes o en el desarrollo argumental.

       En conclusión, vale la pena observar de nuevo los olvidados filmes de Fernando Vallejo a la luz de los tiempos actuales, porque revelan su vigencia, su calidad cinematográfica, su interés por la exposición de la sociedad colombiana y latinoamericana tan ligada a unas circunstacias histórico-sociales de violencia, esencialmente en lo concerniente a los modos de vida popular y de clases bajas, y su relación con los argumentos, los temas y las ideas que se despliegan en su producción literaria. Lejos de los actuales preciosismos o formalismos cinematográficos que desarrollan pobremente y sin nervio la cultura y la sociedad de nuestros países latinos, los filmes de Vallejo destilan efectividad, honestidad, inteligencia y una mirada sensible; a pesar de las dificultades que encararon en su tiempo y que afectaron su impronta final, han logrado instalarse en un punto notable de la cultura cinematográfica latinoamericana.


jueves, 19 de mayo de 2016

Crónica de un evento no anunciado: perspectiva de un testigo del festival rock Young Fest (2016).

Este ameno texto elaborado por Ivan Esguerra Sierra nos adentra en algunas incidencias al interior de la organización y desarrollo del festival rock Young Fest, celebrado el pasado 7 de mayo en la ciudad de Ibagué, Colombia.                             
                                       




Por Iván Esguerra Sierra

ivanesguerra2008@gmail.com




“Al que le van a dar le guardan”. Esto dice el adagio popular y por lo que veo, igual que todos los demás refranes; está acompañado de sabiduría y verdad. Me viene perfecto a este caso.



    Meses atrás, en la ciudad de Ibagué, Colombia, se promovió un concierto, el Capital Music Fest, en el que la banda principal invitada era la conocida Molotov. A pesar de que este grupo dejó de gustarme hace muchos años, y de que ya la había visto en concierto, decidí comprar la boleta: igual quería ver a las otras agrupaciones que aparecían en parrilla y además, pensaba en el asunto del apoyo a la cultura local. Fui de los primeras personas en comprarla (para acogerme al descuento del 30% que implementa y hace famoso el evento masivo de la ciudad de Bogotá conocido como “Estereopicnic”, supuestamente organizado por las mismas personas que estaban llevando a cabo este Young Fest). La entrada la adquirí en un bar de la ciudad. Al apresurarme me arriesgue a que todo saliera mal y efectivamente la catástrofe no se hizo esperar. El evento se canceló y esa platica se perdió.



    Hace unos días (para ser exacto el lunes 2 de mayo) fui invitado a una cena política. Me destiné al lugar y al pasar por una casa cultural, observé en uno de sus muros un aviso con una publicidad similar a la del evento cancelado. Seguí. Aunque participé del evento la comida se me atoro y salí corriendo del restaurante. No podía dejar de pensar en aquel afiche que prometía lo mismo que el evento abolido. Y algo más. Anunciaba a otras bandas conocidas internacionalmente como Telebit y Superlitio, y otras del ámbito local, como Larvante.



   En la casa cultural me encontré con la oficina del organizador. Con el mal genio que me caracteriza hice mi reclamo. De forma muy amable me atendieron. Me comentaron todo lo que había pasado con el festival de Molotov. Para simplificar me entere que a la gente le dio miedo apoyar el evento. Este nuevo espectáculo era para levantar el pasado. Para inyectarle energía y efectivo. O eso era lo que se buscaba. Esa noche salí con boletas para el Young Fest y con la esperanza de que no se perdiera la plata de las entradas compradas en el bar.



   De las cosas que alcancé a observar en cuanto a la organización del evento, lo que más me sorprendió es que el programa era el siguiente sábado y yo no había escuchado nada relacionado al respecto. La verdad estoy muy conectado con todo esto. Además, la ciudad de Ibagué es muy pequeña y aquí todo se sabe.



    Con la intención de saber cómo marchaban las cosas, el jueves 5 de mayo, tres días después, me acerqué al lugar. Allí también funciona un “delicioso” bar para relajarse y disfrutar de un buen libro. Pedí un té helado. El espacio estaba revolucionado. Personas de diferentes estilos desfilaban por los pasillos. Boletas iban y venían. Risas y entusiasmo en el ambiente. Me acreditaron como periodista en la rueda de prensa para el día siguiente. Pensé que sería muy bueno: podría conocer y entrevistar a personas que admiro. 


    9 A.M. Otra cosa que me define: la puntualidad. Llegué al lugar pactado. Un lujoso hotel de la ciudad donde nos atendieron como reyes (algo muy curioso es que en ese mismo espacio fue la cena política del lunes). Me llevaron al lugar y acomodaron mis cosas (cámara, trípode, tablet, etc.) y me ofrecieron tinto para esperar la gente. Estábamos al lado de la piscina. Éramos amenizados por unos sonidos electrónicos provenientes de las manos de un singular artista. Se destacaba por su abundante cabellera, su buena altura y su personalidad jovial, muy divertida. Como su música.
Jack n’ Brothas

Una mezcla cultural de sonidos que me llevaron a varios lugares de Latinoamérica. Los flashes empezaron a estallar en su rostro. Periodistas llegaban. Hasta propuestas para trabajar por la localidad no se hicieron esperar. Dieron comienzo a la rueda de prensa. Se notaba la inexperiencia de la gente en cuanto a estos eventos al hacer las preguntas. No faltó quienes atacaron el festival relacionándolo con el otro. Tenían razón, pero para mí no era el momento. Todo fluyó como se supone debía ser. Después de un rato prudente de preguntas, respuestas, halagos, risas y demás, la cosa terminó. Fuimos llamados a manteles. Nos esperaba una "frijolada": lástima que la mía se cansó de esperar que yo entrevistara a los de Telebit y se agrió. Para el recuerdo me quedaron imágenes que aquí y en futuras entrevistas compartiré.

Rueda de prensa


Sábado 7 de mayo día del festival. Las puertas se abrían a las 12 del medio dia. Yo llegué a eso de las 11: a.m por aquello de las entrevistas que me faltaban por hacer. Todo estaba andando. A las carreras pero fluía. El organizador estaba cumpliendo. Pero algo llamo fuertemente mi atención. No se veía un solo patrocinador. Salvo por las carpas de Coca-Cola que utilizaban las personas que vendían sus productos, la publicidad era nula. En ese punto me preocupé porque estos espacios son necesarios para la ciudad y si no se apoyan… 

     Mi inquietud se disipo al escuchar la canción "Sombras" de Telebit. Me la gocé con toda. Estaban cuadrando sonido pero para mí, ello era parte del show que quería gozar. Canté desafinadamente y eso quedó enterrado en una grabación que hice. 10 minutos después se bajaron de tarima, y saludé a la banda como si fuéramos viejos conocidos. Llegó el vehículo que los transportaba y en el aire quedó un “nos vemos al rato”. Yo me quedé alli esperando que ese rato no fuera tan largo.


Telebit ensayando

Pasó un tiempo. La alarma de la estación de bomberos a lo lejos indicaba que era hora de que empezara el show. Al mirar hacia la tarima solo se veían unos ingenieros de sonido revoloteando y algunos instrumentos sin que nadie los hiciera tronar. Mi angustia regresó y se tornó mas fuerte cuando mire hacia la entrada y no se veía una cola de personas agobiadas por el calor y molestas por la tardanza. Ni siquiera se veía alguien preguntando por lo que alli se preparaba. Me acordé de la publicidad. Que lo único que había visto del evento era una anuncio pegado a un muro y un papel que me entregaron acompañando las boletas. Adiós Telebit, Jack n’ Brothas, Superlitio y demas bandas nacionales. Obvio las locales se presentaban. La vitrina estaba excelente. 

     Sali del lugar para evaluar la situación. No se veía bien. Aproveche para conseguir dos bebidas energizantes. Me tome una y la otra se la lleve al organizador del evento. Al entregársela, en la cara note su molestia, impotencia y tristeza. Se estaba dando cuenta que su sueño se volvía pesadilla. Sabia que lo que se le venia era grave. Yo lo entiendo, ya pase por eso y es muy duro. Difícil darse cuenta que Ibagué es una ciudad en la que solo marchan los eventos en los que la gente va a embriagarse y a escuchar rimas estúpidas que parecen escupidas por pequeños “descalsurriados” misóginos. Me agradeció la bebida. Siguió en lo suyo, no podía dejar hundir el barco.

     Luego de recorrer el pequeño bazar montado para el festival y al cabo de 2 horas, el sonido del escenario empezo a retumbar. La primera banda local se presentaba: "Mad Time". Un buen espectáculo de apertura para un escaso publico. Los integrantes la dejaron toda. Cantaron, tocaron y saltaron. Las cosas mejoraban. Nocsus , Coxmos y Larvante hicieron lo propio. Cada una con un show mejor que el anterior. La asistencia todavía era irrisoria. No habían mas de 100 personas. Los rumores se empezaron a escuchar. El acontecimiento era un fracaso. Uno de los susurros que mas me sorprendió pero que a la vez me dio esperanza era el que mencionaba que la gente no venia a ver bandas locales y que llegaban tarde para ver las nacionales. Eso es una mierda. Qué falta de respeto. Pero en el peor de los casos ojala sea así. Estos espacios se necesitan. Si esto funciona nuevas bandas le apostaran a “la capital musical”, epíteto con el que es conocida nacionalmente la ciudad de Ibagué.

Mad Time

Coxmos


Larvante









La Eskina del Barrio

“La fe es lo último que se pierde”: otro aforismo del que nos pegamos los que creemos en causas perdidas. Esto se sostuvo con la presentación de las bandas Acme y Crew y La Eskina del barrio. Sobre todo con la revelación de esta última. Teatralidad y fuerza en escena acompañados de belleza. En este lapso de tiempo llegaron varias camionetas con las bandas nacionales. Parecía que las condiciones mejoraban. Los músicos daban vueltas detrás del escenario. Se asomaban y nos observaban. Al publico. A los 100 que todavía estábamos. ¡Plop! como la onomatopeya de Condorito. Ahora sí todo se acabó.

    A la tarima voló DJ Missil con toda su parafernalia. Su colectivo Jack n’ Brothas nos estalló la cabeza. Sus sonidos trasladaron la pequeña afluencia a un Black and White, a un Tomorrowland (festivales multiculturales con sonidos electrónicos). Qué bueno verlos en tarima; y lo mejor, haber compartido con ellos (otra de las entrevistas a publicar). Qué espectáculo. Si. Muy bueno pero no sirvió para nada. De un momento a otro. Así como llegaron las bandas se despidieron. Como decimos aquí: “No quedó si no el polvero” y fue literal, porque al salir con tanta prisa eso fue lo que se vio. El colectivo bajo del escenario. Las luces se hicieron plenas. La gente se enfadó. El organizador no se hizo esperar y valientemente salio al escenario. Cuando digo valiente es porque es así. ¿Cuántos conciertos de otros géneros se han quebrado y sus organizadores se han volado con la plata? Muchos. En las emisoras radiales “serias” colombianas eso se discute a diario. La gente se queja sin encontrar respuesta. Para corroborar lo que aquí digo, pueden investigar los conciertos cancelados de estrellas mexicanas en Boyacá y Cartagena. Eso es mas normal de lo que se piensa y no con eso disculpo al organizador del Young Fest. Esta claro que él debió aterrizarlo mejor. Con una o dos bandas nacionales invitadas de pronto el presupuesto que tenia le hubiese bastado. Uno no se puede confiar en la venta de entradas de un evento para poder cancelar las deudas adquiridas por el mismo. Mucho menos para pagarle con eso a las bandas 10 minutos antes de subir al escenario. Yo me pregunto como se le mide una persona a cumplir con una programación de estas, sin tener si quiera un patrocinador. Sin invadir la ciudad con entrevistas, afiches, flyers, aunque sea perifoneo como en los pequeños pueblos. Indago como este mismo individuo cayó en la misma situación dos y parece que hasta tres veces. Será que no aprende de sus errores o que más bien, como él me dijo en alguna oportunidad: “quiero cumplirle a Ibagué con lo prometido”. ¿Esto lo hará un hombre responsable? ¿Lo destacara como un ser comprometido? ¿Será querer sacar la ciudad del atraso?. Me parece que eso es más propio de un soñador y está claro que soñar es para la cama y de vez en cuando para el asiento de un bus. Sin plata o sin quienes la faciliten, difícilmente se llega lejos. 

   Lo que le admiro al hombre es su valor para pararse al frente y dejar que la gente lo insulte, lo amenace y que se exponga a que un osado le dé un puño en la cara. Le admiro que el montaje del programa tuvo un costo de 40.000.000 de pesos colombianos, sin el apoyo de un solo sponsor. Y que eso se reflejó en lo digno que tuvo la experiencia del evento. Seamos realistas: un sonido bueno como ese que él trajo para un concierto decente de su estilo, en la parte mas cercana que se tiene es en la ciudad de Girardot: un pequeño paraíso a 2 horas de esta localidad, en el que están acostumbrados a variadas y frecuentes presentaciones. Le admiro que quiere poner la cara en cuanto a lo del evento de Molotov. Es un empresario de la región que se atrevió a creer. Le admiro que regalara tanto pase. Pero es lógico. Quería congraciarse con su público. Con los mismos que le gritaron LADRÓN, los que gruñían y exigían la devolución de sus dineros. Los mismos 100 que fueron al evento de los cuales solo 30 pagaron las boletas.





viernes, 22 de abril de 2016

Manifiesto (hablo por mi diferencia) (1986): un poema de Pedro Lemebel





Pedro Segundo Mardones Lemebel (Santiago de Chile, 21 de noviembre de 1952 - ibídem, 23 de enero de 2015) fue un escritor, cronista y artista plástico chileno. Su obra escrita aborda los temas de la marginalidad chilena utilizando para ello algunas referencias autobiográficas. Referente de la literatura homosexual y contestataria, su estilo irreverente se ha dado a conocer por toda Hispanoamérica, siendo uno de los escritores chilenos con mayor proyección internacional. Su obra ha sido traducida a varios idiomas, tales como el francés, el italiano y el inglés.

     Como artista de performances y como escritor, su trabajo se caracterizó por el uso de la provocación y el resentimiento como herramientas para la denuncia política y social. Lemebel fue cronista de Página Abierta, La Nación, de las revistas de izquierda Punto Final (desde 1998) y The Clinic. También condujo programas radiales, dirigió talleres de crónicas y dio conferencias en diversas universidades, como la Universidad de Harvard y la Universidad Stanford.* 

(*Todos los datos biográficos anteriores vía Wikipedia.)





Manifiesto (hablo por mi diferencia)

Pedro Lemebel


No soy Pasolini pidiendo explicaciones

No soy Ginsberg expulsado de Cuba
No soy un marica disfrazado de poeta
No necesito disfraz
Aquí está mi cara
Hablo por mi diferencia
Defiendo lo que soy
Y no soy tan raro
Me apesta la injusticia
Y sospecho de esta cueca democrática
Pero no me hable del proletariado
Porque ser pobre y maricón es peor
Hay que ser ácido para soportarlo
Es darle un rodeo a los machitos de la esquina
Es un padre que te odia
Porque al hijo se le dobla la patita
Es tener una madre de manos tajeadas por el cloro
Envejecidas de limpieza
Acunándote de enfermo
Por malas costumbres
Por mala suerte
Como la dictadura
Peor que la dictadura
Porque la dictadura pasa
Y viene la democracia
Y detrasito el socialismo
¿Y entonces?
¿Qué harán con nosotros compañero?
¿Nos amarrarán de las trenzas en fardos
con destino a un sidario cubano?
Nos meterán en algún tren de ninguna parte
Como en el barco del general Ibáñez
Donde aprendimos a nadar
Pero ninguno llegó a la costa
Por eso Valparaíso apagó sus luces rojas
Por eso las casas de caramba
Le brindaron una lágrima negra
A los colizas comidos por las jaibas
Ese año que la Comisión de Derechos Humanos
no recuerda
Por eso compañero le pregunto
¿Existe aún el tren siberiano
de la propaganda reaccionaria?
Ese tren que pasa por sus pupilas
Cuando mi voz se pone demasiado dulce
¿Y usted?
¿Qué hará con ese recuerdo de niños
Pajeándonos y otras cosas
En las vacaciones de Cartagena?
¿El futuro será en blanco y negro?
¿El tiempo en noche y día laboral
sin ambigüedades?
¿No habrá un maricón en alguna esquina
desequilibrando el futuro de su hombre nuevo?
¿Van a dejarnos bordar de pájaros
las banderas de la patria libre?
El fusil se lo dejo a usted
Que tiene la sangre fría
Y no es miedo
El miedo se me fue pasando
De atajar cuchillos
En los sótanos sexuales donde anduve
Y no se sienta agredido
Si le hablo de estas cosas
Y le miro el bulto
No soy hipócrita
¿Acaso las tetas de una mujer
no lo hacen bajar la vista?
¿No cree usted
que solos en la sierra
algo se nos iba a ocurrir?
Aunque después me odie
Por corromper su moral revolucionaria
¿Tiene miedo que se homosexualice la vida?
Y no hablo de meterlo y sacarlo
Y sacarlo y meterlo solamente
Hablo de ternura compañero
Usted no sabe
Cómo cuesta encontrar el amor
En estas condiciones
Usted no sabe
Qué es cargar con esta lepra
La gente guarda las distancias
La gente comprende y dice:
Es marica pero escribe bien
Es marica pero es buen amigo
Súper-buena-onda
Yo no soy buena onda
Yo acepto al mundo
Sin pedirle esa buena onda
Pero igual se ríen
Tengo cicatrices de risas en la espalda
Usted cree que pienso con el poto
Y que al primer parrillazo de la CNI
Lo iba a soltar todo
No sabe que la hombría
Nunca la aprendí en los cuarteles
Mi hombría me la enseñó la noche
Detrás de un poste
Esa hombría de la que usted se jacta
Se la metieron en el regimiento
Un milico asesino
De esos que aún están en el poder
Mi hombría no la recibí del partido
Porque me rechazaron con risitas
Muchas veces
Mi hombría la aprendí participando
En la dura de esos años
Y se rieron de mi voz amariconada
Gritando: Y va a caer, y va a caer
Y aunque usted grita como hombre
No ha conseguido que se vaya
Mi hombría fue la mordaza
No fue ir al estadio
Y agarrarme a combos por el Colo Colo
El fútbol es otra homosexualidad tapada
Como el box, la política y el vino
Mi hombría fue morderme las burlas
Comer rabia para no matar a todo el mundo
Mi hombría es aceptarme diferente
Ser cobarde es mucho más duro
Yo no pongo la otra mejilla
Pongo el culo compañero
Y ésa es mi venganza
Mi hombría espera paciente
Que los machos se hagan viejos
Porque a esta altura del partido
La izquierda tranza su culo lacio
En el parlamento
Mi hombría fue difícil
Por eso a este tren no me subo
Sin saber dónde va
Yo no voy a cambiar por el marxismo
Que me rechazó tantas veces
No necesito cambiar
Soy más subversivo que usted
No voy a cambiar solamente
Porque los pobres y los ricos
A otro perro con ese hueso
Tampoco porque el capitalismo es injusto
En Nueva York los maricas se besan en la calle
Pero esa parte se la dejo a usted
Que tanto le interesa
Que la revolución no se pudra del todo
A usted le doy este mensaje
Y no es por mí
Yo estoy viejo
Y su utopía es para las generaciones futuras
Hay tantos niños que van a nacer
Con una alíta rota
Y yo quiero que vuelen compañero
Que su revolución
Les dé un pedazo de cielo rojo
Para que puedan volar.




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Lectura de "Manifiesto (hablo por mi diferencia)"
(1986) por Sergio Contreras





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Nota sobre "Manifiesto (hablo por mi diferencia)" (1986), 
poema de Pedro Lemebel 



Por Leonardo Mora
colectivozerkalo@gmail.com



Manifiesto (hablo por mi diferencia) fue leído como intervención en un acto político de la izquierda en septiembre de 1986. En este bello poema/manifiesto se puede entrever la brutal honestidad de quien nos habla desde una individualidad enfrentada a un mundo intolerante, pugna que se agrava más cuando el sujeto se ocupa de la búsqueda y afirmación de una identidad que incomoda en el siempre autocomplacido y retrógrado conjunto social: en el caso del poeta chileno, su condición homosexual. 

  Se sabe -aunque jamás será recurrente condenarlo- que la sociedad en general, con sus instituciones y absurdos modelos de regulación, antes que mostrar un carácter abierto y comprensivo para los diferentes modos de ser, lamentablemente gusta más de ocuparse en crear odiosas etiquetas para clasificar, alejar y anular lo que es diferente, lo que no es nosotros, lo que no entendemos, lo que nos sobrepasa, pero sobre todo, con lo que no estamos dispuestos a identificarnos. Un trato deshumanizado y frío de la persona como un producto de consumo desechable, que sólo vale en el caso de que se inserte ventajosamente en los flujos de mercado.

     Lemebel en su poema desarrolla una fuerte postura crítica a través de unos versos directos y valientes que constituyen lo que se ha llamado con precisión un resentimiento lírico. El heraldo que asume, visto de manera global, es la distancia que establece el ser, la voz poética (como artista, como persona, como militante) al no hallar correspondencia ni empatía de parte del conjunto social. Lo que es peor aún, el poeta ni siquiera puede sentirse respaldado por su grupo ideológico -el cual se ha fundado, paradójicamente en una necesidad de disminuir las desigualdades sociales- porque su entrega a la causa y su trabajo no prima sobre sus preferencias sexuales. Antes bien, la voz del poema satiriza las contradicciones de la militancia o de un sistema político cualquiera con su papel redentor y garante de unas condiciones de existencia, ya sea material, social, o emocional.

   Los cometidos e inclinaciones políticas en grupo son siempre más fáciles de defender, de gritar, de asumir, que el ejercicio de autocuestionamiento sincero: ¿Hasta qué punto mi compromiso ético, personal, en verdad está en sintonía, o capacitado, para entender a profundidad lo que defiendo o con lo que me identifico? Localizamos en el poema la presencia de esa enorme y tan esquiva dificultad que entraña el ser consecuentes con una idea, con una inclinación, o por lo menos con el esfuerzo de ahondar en sus implicaciones y en las exigencias que denotan. Nuestra época abunda en adeptos que se apegan superficialmente a un cúmulo de ideas y consignas prefabricadas, dinámica que entre otras cosas obedece a la aceptación social o a empuñar la bandera de turno. 

     Lemebel también se ensaña contra la equivocada idea de masculinidad que el machismo más tóxico gusta de pregonar y tergiversar hasta el cansancio, quizás para eliminar dudas de una monolítica e irrebatible identidad. Nada se asemeja a la verdadera fortaleza, nos manifiesta el poeta, como el esfuerzo en todo momento de mantener la entereza y el orgullo ante los embates del monstruo social al que estamos sometidos. Cabe anotar que a menudo en la cotidianidad, equivocadamente se ha normalizado la asignación de virtudes a un género en particular. El poema entonces nos sugiere replantearnos y superar esa correspondencia fácil e injusta: la valentía, la entrega, el respeto, la consecuencia, el valor, el compromiso por la verdad, la sinceridad, está muy lejos de pertenecer solamente al dominio del hombre. De nosotros depende reconocerlo en quien realmente los demuestre con acciones, no los finja o los pregone vacuamente.  

   A su vez, el poeta implícitamente pregunta: ¿De qué manera se anula y se desconoce la homosexualidad? ¿Cuántos y quienes la respetan como condición, o se toman el trabajo de comprender mejor sus especificidades? ¿Por qué evitar o esconder su humanidad, su carácter, sus manifestaciones, su lugar en el mundo? ¿Qué miedos o represiones descansan detrás de la marginación sexual y la vulneración de los derechos de las minorías? ¿De que manera el futuro abordará las preferencias sexuales no predominantes? 

     A pesar de la violencia del descarnado manifiesto, el poeta no escatima en ironías y sentido del humor que amortiguan las duras experiencias en su enfrentamiento con el mundo  y guarda una leve esperanza de las generaciones futuras puedan, por lo menos, ser más indulgentes para con la distintas maneras de ser y sentir.

   Por todo ello y mucho más, el manifiesto de Pedro Lemebel tiene una enorme pertinencia actual, sobre todo en una contemporaneidad que se dice tolerante y con hondura intelectual, pero que pocas veces actúa en consecuencia, y mucho menos está en capacidad de expresar una postura política y personal de manera radical, con talento artístico y con descarnado nervio. Más que una temática de género, más que un producto queer, más que señalar una problemática social que alcanza hasta la militancia política como proyecto, es la calidad literaria del poema, su dolorosa belleza, lo cual permite que el lector se conmueva por una tragedia personal que alcanza visos existencialistas, y que reflexione sobre las etiquetas, las ideologías y los comportamientos que anulan tantas veces la comprensión y la solidaridad hacia la condición humana.

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