miércoles, 11 de enero de 2017

Run the Jewels 3 (2017) : La sofisticada violencia del hip-hop para un sistema decadente



Por Herbert Neutra
herbertneutra@icloud.com



“I told y'all suckers, I told y'all suckers. 
I told y'all on RTJ1, then I told ya again 
on RTJ2, and you still ain't believe me.
So here we go, RTJ3”


RUN THE JEWELS / RUN THE JEWELS 3 / Mass Appeal / RED Music Solutions / 52´/ ****


El cambio de mando en la casa blanca puso a algunos americanos a llorar lagrimas de sangre: el colapso emocional y el dolor menstrual que algunas M. Streep aún no superan, reemplazó la celebración anticipada con Bon Jovi, Metallica y Lady Gaga que tenían preparada los demócratas. La aplastante derrota en las urnas, ante los ojos del mundo progresista, los dejó maltrechos. Sobre todo después de enterarse de que las noticias y las encuestas de CNN, ABC o NBC y todo lo que leían en Fakebook sobre la inminente victoria de la corrupta y venenosa Hillary, eran , como mucho de su opinión “bien informada”, otra farsa Orwelliana. Farsa en la que se supone ellos nunca caerían porque no le creen nada al sistema, pero el problema aquí, es que estos sectores liberales, plagados de muchos Millenials, Welfareros, una horda de artistas, ahora guerreros de la justicia social, muchas negritudes y algunos ilegales y criminales acomodados -que otorgaron números altos a la Clinton en estados como California, Oregon o la todavía ciudad santuario NYC- SON y FUERON hasta el 21 de enero de este año gran parte del sistema. 

     El mejor Hip-Hop siempre es esencialmente político e innovador, y cuando se gesta en la marginalidad, encuentra a los villanos, el clima moral adecuado y se atreve formalmente, la calidad del producto, como ocurre con este Run the Jewels 3, está garantizada. El dúo conformado desde el 2013 por el productor El-P y el rapero Killer Mike, no decepciona en esta tercera entrega, y es que a pesar de su simpatía incauta por viejitos rojos como Bernie Sanders, han gestado otro gran LP en el que, como en sus trabajos anteriores, los beats industriales/electrónicos y los ingeniosos arreglos, chocan con las rimas que ambos escupen como balazos. 



    Los momentos estelares los encontramos en cortes como “Hey Kids (Buyame)” acompañados por el agudo registro del fumeta Danny Brown, la nihilista y perfumada por Kamasi Washington “Thursday in the Danger Room” ó la introductoria y Trip-hop “Down”, tema en la que ya se lanzan suficientes advertencias sobre el futuro de la causa de ese “Black Lives Matter” que no trata de crear justicia e igualdad de oportunidades ante el aparato judicial y educativo para los negros, sino que solo quiere mantenerlos en guetos: rodeados de gángsters, pandillas, armas, prostitución, drogas y últimamente, de encumbrarlos como promotores del bullying cibernético: “You're gonna need a bigger boat, boys, you're in trouble Aye, gonna need a little hope, boys, on the double; Aye, you muckin' with a G here, see, talk to me Or maybe listen to the man that barely dodged his own lobotomy”. Importantes son la profética: “Talk to me” , la apocalíptica : “Legend has it” y la galvánica: “Call Ticketron” , posiblemente las mejores canciones de una grabación en la que ningún minuto tiene desperdicio y en la que también colaboran Tunde Adebimpe de TV on the Radio , la cantante Joi y nuevamente BOOTS y Zach de la Rocha . 



     RTJ se comportan menos como títeres de la izquierda que no saben perder, evitando otra narrativa “sobre-actuada” de la victimización de las minorías en EUA, para convertirse en juglares que musicalizan una problemática que involucra a toda una nación, que realmente pasa por una crisis social, económica y cultural, crisis de la que al parecer solo un repúblicano los podría sacar y que al cierre del mandato de Barack Obama ya toca fondo: “Hello from a Little Shop of Horrors ,Ski mask like a Phantom of the Opera,Go cold like the land of Chicago, Child soldiers sprayin' the chopper, But you don't give a fuck, that's them though,’Til a peasant put a pistol in your window, You ain't really need that chain, You ain't really need that ring, You ain't really need them thangs… Niggas assed out, niggas po'd up, Politicians so corrupt, sold our black ass out, Really ain't color, my brother, Here in Cabbagetown they put they white-ass out, Truth been told, I'm out”. 

   RTJ 3 es un álbum necesario en medio de la pataleta de entrega del trono y el largo éxodo que sufrirá la “corrección política” en el país norteamericano, un título que se alimenta de la zozobra por la llegada de Donald Trump al poder, personaje al que debemos agradecer éste y otros grandes discos porvenir en los próximos 4 (8) años. 

    La música de RUN THE JEWELS puede escucharse y descargarse gratis en este enlace:




lunes, 9 de enero de 2017

Honestidad, mentiras y guerra de géneros: Elle (2016) de Paul Verhoeven




Por Herbert Neutra
herbertneutra@icloud.com


Nos han tocado tiempos en los que ser un hombre promedio, manifestarse abiertamente heterosexual y declararse fanático de las vaginas, constituyen afrentas y motivo de linchamiento o denuncia por parte de todos los “manginas", las feministas de pata en pared, los “mandilones”* felizmente casados, las redes sociales, los “deplorables" habitantes de la friendzone y, especialmente, las mujeres políticamente correctas. En este patético y libre-pensante escenario, Paul Verhoeven ha filmado la que puede ser su mejor película y de paso, nos ha mostrado algunas de las perturbadoras consecuencias del empoderamiento femenil, además del precio a pagar por una sociedad que cada día ofrece sin reparos,todas las concesiones a la incauta naturaleza del "bello sexo”** .

     Lo nuevo del Holandés es un despropósito para los ojos de las generaciones taimadas y bien-intencionadas en 2016, también es la luz al final de un camino caracterizado por desaciertos ( “Showgirls", 1995; "Hollow Man", 2000), un taquillazo hollywoodense ("Basic Instinct", 1992) y unos cuantos filmes de culto ("Total Recall", 1990 ; "Robocop", 1987 & "The Fourth Man", 1983). En “Elle", tres de sus mayores obsesiones: la sexualidad humana, la violencia y la individualidad moderna, han logrado condensarse; siguiendo la estela de autores contundentes como Michael Haneke, Lars Von Trier o el más depurado David Cronenberg, la nueva película de Verhoeven, como lo mejor de estos directores, es una mirada realista y directa a los rugosidades de una humanidad que aspira a la igualdad y al equilibrio de roles, la misma en la que cada vez es más patente la incongruente pero cercana, agenda del marxismo cultural. Estamos ante una comedia negra sobre una violación a una bella damisela , un estilo y un tema que combinados, difícilmente dejarán a los espectadores y sobre todo, a la llamada “intelectualidad", indiferentes.






Michèle (Isabelle Huppert) es una mujer mayor, exitosa, realizada y divorciada, habitante de la cosmopolita Paris; un día, un desconocido irrumpe en su apartamento y abusa de ella; la espiral de situaciones que desencadenará este suceso, así como la psicología de la protagonista y la de las personas que la rodean, irán presentándose sin ningún pudor, olvidando las buenas maneras y los lugares comunes de la indignación. La interpretación de Huppert es memorable, cruda e incontestable, tan inescrupulosa, narcisista y sincera como la de muchas mujeres contemporáneas de a pie. El retrato que nos ofrece Verhoeven de todo este contexto, se caracteriza por un tono objetivo, de asepsia técnica, pulido ya en su anterior trabajo:"The Black Book" (2006). En la película apenas se abandonan los clásicos y conocidos planos cinematográficos por una que otra animación en 3-D de algún monitor de la compañia de video-juegos que Michèle dirige, ya que aquí, para finalidades de la sátira, cualquier efectismo sobra, basta con presentar los hechos crudos en una modesta pero loable edición, para dejarnos atónitos y estupefactos. A pesar de toda su provocación no se trata de una película de denuncia, tan solo de una versión honesta del mundo del presente y porvenir, un mundo que, gústenos o NO, machos y hembras tenemos que compartir. 


* Mandilón : m. Delantal grande. ; desp. Calzonazos,hombre cobarde y de poco espíritu. 

** I.Kant,"Beobachtungen über das Gefühl des Schönen und Erhabenen”, 1764 : III 


ELLE/ PAUL VERHOEVEN / FRANCIA-ALEMANIA-BÉLGICA / 2016/ R / 130´/ ★★★★1/2


miércoles, 28 de diciembre de 2016

Wanda (1970) de Barbara Loden: los despojos de una vida sin deseo





Por Leonardo Mora
sonidosrare@gmail.com




Esta contundente y directa película norteamericana (una firma estética de esta cultura en múltiples aspectos) escrita, dirigida y protagonizada por Barbara Loden, afamada actriz de teatro y cine en principio, conocida también por su matrimonio con el polémico Elia Kazan, representa una tremenda lección de efectividad y dureza que se inscribe en las zonas y las calles más duras de cualquier ciudad, donde los despojados, los desesperanzados, los marginados, a duras penas intentan, más que vivir, rasguñar una existencia que se mueve al vaivén de las circunstancias por carecer de pasado y futuro, para abrazar entonces al furioso advenimiento del presente; puestas en escena las difíciles y sórdidas circunstancias de la historia, así mismo es el trabajo de cámara que impone la directora: esta vez no se trata de hacer gala de finezas técnicas y ufanarse de exquisiteces visuales que empalagan: se trata de torturar magistralmente al espectador con una serie de vidas vaciadas de contenido –sobre todo la de Wanda- y directamente proporcionales en importancia al empaque de las comidas rápidas que atestan nuestras sucias y desalmadas sociedades contemporáneas 

   Wanda, una mujer particular, cándida hasta la exageración, lo que acentúa su golpeada belleza natural, extraída de barrios bajos suburbiales y olvidados, de evidente procedencia obrera, arrancada hasta de su propia historia, se muestra impasible ante el divorcio que le plantea su esposo y la custodia de sus hijos, pero no apela a ninguna razón en particular para ello, como quizás nunca lo ha hecho en circunstancia alguna de su vida. Las imágenes que nos proporciona el filme son brutales en la medida en que vemos a Wanda articular sólo los gestos necesarios, no opinar demasiado de la realidad en que se mueve, y dejarse llevar por los sucesos que le salgan al paso, por extraños, sórdidos, condenables o simples que resulten. Si es invitada a una cerveza está bien, si se propone acostarse con un desconocido, está bien, recibir un golpe está de más, pues no le dolerá más que el vacío sin expectativas que compone su cotidianidad, y si resulta involucrada con un criminal barato y verse envuelta en el peor pastiche de los románticos Bonnie y Clyde, también vale porque ella es una hoja que empuja el viento a ningún lugar en particular: en una escena Wanda misma nos confiesa al vuelo que no desea absolutamente nada. Y tal consigna es una muestra fehaciente de valentía en un medio que grita desaforado que sólo seremos felices en la medida que deseemos cosas estúpidas y vendamos hasta el alma para comprarlas o para hacer parte de ellas: el matrimonio, al igual que un televisor gigante de última generación, bastante bien pueden llegar a ser recíprocos en puerilidad. 



    De manera que Wanda sólo es inocente en apariencia: sin saberlo ha resultado ser más cínica que el afamado pensador griego Diógenes, pero su ternura nos impele a seguirle la pista durante el lapso del filme y cuestionarnos por qué ella hace lo que hace. El contrapunto del personaje de Wanda con el del infame Sr. Dennis (Michael Higgins) toma elementos que se inscriben en los mejores ejercicios de la improvisación (el azar como generador de belleza) que nos recuerda también a otro gigante, al gran John Cassavetes. 

      Barbara Loden, como ya señalábamos, escribió, dirigió y protagonizó Wanda, y lo hizo envidiablemente bien. Se dice que tanto Barbara como Wanda poseen una correspondencia bastante real que supo potenciarse en escena. Ella, en este filme, a pesar de su relación con el alto jet–set del Hollywood de oro, nunca estuvo interesada en pregonar su propia imagen a través de vacuas autocomplacencias aburguesadas y cómicas para entregar divertimento en una tarde desinfectada: ella no fue Woody Allen (Barbara murió en 1980, a la corta edad de 48 años, de un cáncer de seno) y tampoco le interesó serlo: con este único filme realizado en su vida, ha sabido inscribirse a golpes de mazo (fuerza no le falta para nada) en el podio de los realizadores más honestos, brutales y veraces de la tradición norteamericana, esa que nos han legado incontables vidas de marginales, underdogs, subterráneos, perdedores irremediables, y que difícilmente dejarán de habitar el séptimo arte para nuestro interés, o por lo menos no cuando son retratados como esta enorme directora bárbaramente lo ha hecho. Si las razones que exponemos para admirar a Wanda se encuentran febriles y exageradas, traigamos las consabidas citas legitimadoras: este filme fue clave para personalidades como Marguerite Duras, la crítica señala su urgencia en los planteamientos del cine y el feminismo, asunto que al parecer aún no ha sucedido cabalmente, el legendario Godard la reconoció como una obra de arte, y la productora fundada por Isabelle Huppert compró los derechos originales de la película. ¿Algún argumento más para ver urgentemente este filme y recibir las desoladas lecciones que sólo el cine más raso e independiente puede darnos?


martes, 29 de noviembre de 2016

Calle de la vieja linterna (2003): un relato de Cesar Pérez Pinzón, a diez años de su ausencia

Hoy se cumplen diez años desde la desaparición del escritor tolimense César Pérez Pinzón, quizás el mejor cuentista surgido en la historia de esta región colombiana. Ofrecemos al lector uno de los relatos de su gran obra Hijos del Fuego (2003), un creativo compendio basado en las biografías de diversos artistas y escritores de la cultura universal, compuesto con un estilo preciso y depurado y respaldado por una rigurosa investigación de varios años. La obra fue la ganadora del Premio Nacional de Cuentos Ciudad de Bogotá 2013, organizado por el Instituto Distrital de Cultura y Turismo.





Calle de la vieja linterna

Por César Pérez Pinzón




En 1903 el teatro de Sarah Bernhardt había satisfecho la demanda dramática de los parisinos con representaciones de Musset, de Dumas, de Rostand, de Beaumarchais, y preparaba nuevos montajes con la presencia múltiple de la actriz en la cresta de su fama. Fue entonces cuando Eduard Grey Howard, actor prescindible de la compañía, comenzó a murmurar que en la invernal madrugada del 26 de enero de todos los años, se reflejaba en el fondo del palco de proscenio, por tres veces consecutivas, la sombra de un ahorcado.

    Viejo ya para el pánico, no para la curiosidad porfiada, volcó su palabra indagadora en los hombres trajinados del teatro. Recibió respuestas mudas y gestos de conmiseración en los tramoyistas, de desgana en los otros actores, de enfado o displicencia en los directores. La Bernhardt le rozó el mentón con el índice enjoyado, y lo honró con una sonrisa de desfallecida indiferencia; sólo entre los de vestuario y maquillaje, más dados a la superstición, se compartió su perplejidad.

  Producto de un hogar victoriano, según él de tibio parentesco con el estadista Charles Grey, y menos tibio con Henry Howard, el poeta inglés encarcelado y ejecutado en 1547 por haber comido carne en cuaresma, no desmayó ante esa apatía; activó el Self control británico y decidió penetrar por su cuenta el misterio de las sombras en el palco de proscenio. Todavía se conservan las cuartillas en las que escribió el resultado de sus indagaciones, en el museo familiar de su nieto Albert Grey —destacado paleógrafo al servicio de la Corona en Italia—, ubicado a doscientos metros de la calle del Corso en Roma. El escrito, de letra menuda no carente de temple y grandilocuencia, inicia delatando una vergüenza:

   “Aficionado a escribir cuanto acontecimiento digno de registro observo, sería inútil vacilar por el mero hecho de hallarme ante lo desconocido. Debo confesar que al escribir revelo al eventual lector mi fatal ignorancia de hechos que a cualquier hombre de mediana cultura haría injuriar. No obstante, yo, el educado en el Coleridge College, y cuya primera impresión visual fue el esplendor dormido de una biblioteca; que a los nueve años acometí el desafuero de copiar, de puño y letra, la totalidad de El paraíso perdido, para sentir con mayor rigor la derrota del pecado; que como Samuel Johnson quise beber de todas las fuentes para hacer de mi vida una abundancia de sabiduría; que jamás he soslayado el entendimiento con los anales históricos; yo, que un día ofreceré al menos un libro digno del lector más exigente; debo reconocer la pena de una ignorancia que me hizo objeto de burla entre los más cercanos. Aunque ahora me es familiar lo relacionado con la sombra del palco de proscenio, pido a Dios —en un egoísmo que me infama— que haya alguien que comparta hoy mi ignorancia de ayer. Como yo, no será culpable; tampoco compensado con la absolución.


Édouard Manet: Madame Manet (Suzanne Leenhoff, 1830–1906) at Bellevue (1880)
   ”Ahora puedo decir que la sombra, esa sombra que me acosó durante las semanas de mi indagación, y que me indicaba la viva presencia del maligno, era el retorno sobrenatural de un santo. Aun hoy, mientras rasguño el papel, mi imaginación sitúa al infortunado hombre fraguando su aniquilación frente a la calle de la Vieja Linterna, ese lugar de depravada miseria, absorbido por el teatro de Sarah Bernhardt en 1899. 

   ”Lo llamaron Gérard y nació en mayo de 1808, según los astrólogos, bajo el maléfico influjo de Plutón. Prueba de ello es que eligió una ocupación plutónica: poeta. Se declaró Hijo del Fuego en oposición a los Hijos del Lodo, estirpe de Abel. Creó su propia mitología porque no quería ser deudor de nadie. La obsesión por las religiones fue uno de sus goces más íntimos. Cierto día, en casa de Víctor Hugo, a alguien que no lo entendía o fingía no entenderlo impugnando su carencia de religión, le respondió: ‘¿Qué yo carezco de religión? ¿Yo? ¡Cuando tengo por lo menos diecisiete!’ Ya había sido pagano en Grecia, musulmán en Egipto, y en Constantinopla tuvo la revelación de la tolerancia universal.

   ”En sus inicios, bajo la tutela del tío Antoine Boucher en Mortefontaine, Gérard había adquirido la rutina de los libros en la fabulosa biblioteca de su protector. Tal vez por no contar con una familia normal, hizo hermandad con temas inusuales. No en vano el tío Boucher creía en todos los misterios posibles, y aunque de origen ateo, tenía inclinación por un dios-sol. Los ídolos paganos acechan a Gérard en las tapias y los corredores de la quinta. Muy pronto penetra el universo de Swedenborg, el teósofo escandinavo que por más de un cuarto de siglo mantuvo estrecha relación con el más allá. Gérard se vuelve asiduo de Novalis, de la teúrgia, de la magia, de la cábala; se inicia en los Vedas y el Libro de los muertos, que tatuará en la mente hasta el fin de sus días.

   ”Y como todo quería percibirlo, llegaron a él los viejos rumores de un lugar cercano donde años atrás habitara Jean-Jacques-Rousseau, gracias a la generosidad de uno de sus discípulos, quien le regaló la casa como refugio final. Gérard reconstruía en la imaginación el contubernio de los espiritistas y los iluminados que visitaban al filósofo: Cagliostro el palermitano, en algún intervalo de sus arrestos y destierros; Mesmer, cuando ya había intuido en las propiedades del imán un remedio a todas las enfermedades; el conde de Saint Germain, antes de sentirse exhausto y negarse a beber el elixir de larga vida que poseía y que le había permitido ser testigo presencial de hechos ocurridos en épocas remotas. Los vecinos de la región también comentaban que un viejo científico apellidado Franklin, después de su estancia en París, llegó hasta allí a obrar sus experiencias de magnetismo.

  ”En la religión personal de Gérard, Adonai es terrible. Pronuncia su atronadora maldición y condena a los Hijos del Fuego: ‘Aunque de alma superior, serán juguete de los opulentos. Se esforzarán por la gloria de los pueblos pero no participarán de ella. Gigantes de la inteligencia serán los esclavos, serán los desdeñados, serán los solitarios. Corazones sensitivos, serán el blanco de la envidia. Entre ellos se desconocerán. Aunque dueños del poder de provocar cataclismos, la correspondencia amorosa estará vedada a los Hijos del Fuego. Poseerán la desdicha’. Ya él se sabe miembro de esa cofradía penitente.

   ”Así pues, Gérard ve romperse uno a uno los intentos de unión ideal con las mujeres que amó, en su forma particular de amarlas: todas son una misma, las reales y las creadas por él; en el rostro de una ve el rostro de todas; en el rostro de todas ve una sola; son la imagen transfigurada de la única, la primordial, la de los orígenes: Isis, su madre muerta, la Virgen María…

   ”La condena de Adonai lo incomoda: juzga injusta la negación amorosa y se atropella en sentimientos por una actriz. La obra en que ella actúa se demora en escena; Gérard no falta a una sola representación y la sepulta en misivas de embeleso firmadas por ‘un desconocido’. Al fin un día, titubeante y muerto de miedo, se le da a conocer como autor de las anónimas picardías, y le lee un drama escrito para ella. Jenny Colon acepta volver a verlo.

   ”Y él se prepara a dispensar una adoración turbulenta: escribe obras de teatro que ella protagonizará. Por encargo suyo, Théophile Gautier alaba a Jenny como una mujer digna del pulso del Véronese. Después, beneficiado con la herencia de un abuelo comerciante de ropa blanca en París, llena su apartamento de la calle del Doyenné con objetos exóticos asociados a ella, obtenidos en oscuros anticuarios. No duda en comprar en ocho mil francos un gran lecho de columnas Renacimiento, donde Margarita de Valois habría urdido sus Memorias. Para ponerlo en su sitio y agradar a Jenny, hubo de agrandar la puerta. Jenny es la reina; él y sus contertulios de la Bohemia Galante, cuya sede es el apartamento de la calle del Doyenné, sus áulicos. El joven heredero tiene un ataque de mecenazgo y crea una lujosa revista, Le Monde Dramatique, en la que colaborarán todos sus amigos. Él se reserva la crítica teatral. La carrera de Jenny alcanza cúspides delirantes.

   ”La Bohemia Galante dura dieciocho meses. En julio de 1836 fallece Le Monde Dramatique; se han agotado los treinta mil francos que le legara su abuelo. Gérard tiene el lastre de las deudas que ya no le abandonarán jamás. Como es natural, se ve obligado a dejar el apartamento del Doyenné; vende todos sus enseres. Jenny Colon se casa con un flautista abúlico, acaso sin haber probado el lecho que fuera de Margarita de Valois.

   ”De la herencia le ha quedado un provechoso viaje a Italia. Ha visitado Florencia, Génova, Livorno, Civitavecchia, Roma y Nápoles, donde la visión del suicidio lo corteja; la visión se repite en París; el Sena es su objetivo, pero fuerzas superiores lo hacen vacilar. De la Bohemia Galante obtuvo la permanencia de grandes amigotes, el recuerdo de libertinos concilios y momentos de inspiración desperdigados en el apartamento. Deja errar la mente y vuelve a ver a Théophile Gautier escribiendo soberbios capítulos, acostado sobre el vientre en un diván; a Camille Rogier sumergido y diestro en las ilustraciones de los cuentos de Hoffmann; a él mismo ingeniando diálogos para su Reina de Saba. Del amor probó la desabrida sensación del desastre prefigurado y la voz de Adonai prohibiéndole cualquier intento.

  ”Ya en los lugares de la infancia —Ermenonville, Mortefontaine: el Valois— lo había tocado por primera vez ese padecimiento del amor. Como todo bisoño, admira a una mujer mayor, Sophie de Feuchères, espléndida aventurera inglesa, amante del duque de Borbón. Según algunos suspicaces, asesina de éste. El duque fue hallado pendiendo de la falleba de una ventana, los pies en contacto con la tierra. En el interior de Gérard arraigó la imagen de aquel hallazgo, y aparecía intermitente en su evocación. Es indubitable que estuvo también en sus últimos pensamientos.

   ”La baronesa de Feuchères era propietaria de los encantados lugares de Mortefontaine, Saint-Sulpice y Saint-Leu, cercanos a Gérard. Organizaba fastuosas cacerías y ágapes bucólicos, en fiestas abundantes con diademas de flores y baños de fuentes. Él la contemplaba a lo lejos con reverencia impracticable y encogida. Lector laborioso, la inmortalizó en su obra como Petrarca a Laura de Noves; después de muerta la buscó en sus frecuentes delirios para tomarla como esposa; de manera velada ella ocupa espacio en uno de sus libros como Madame F… De todas sus mujeres, imaginarias o tangibles, queda rastro en sus libros. Algunas, como Jenny (Aurelia, Sylvie, Octavie, su madre, Isis…), serán el libro.

    ”Lo subordinó la muerte; la consideraba una segunda vida, era su sombra. En la breve locura del sueño ella le decía que no era hermosa, pero sí buena y compasiva; no daba placer, pero sí el reposo eterno a quien la invitaba. Era porfiada y se le apareció como un fantasma lívido de ojos hundidos, en el que reconoció a Aurelia, mujer de belleza alucinante que ocupaba una porción de su pasado. ‘Es su muerte o la mía la que me ha anunciado’, se limita a decirse Gérard después. También fue leal a la nostalgia; se figuraba en esa muerte de la noche a su madre Marie Antoinette Laurent, perdida cuando él era un niño y la idea de la muerte un sinsentido: tenía dos años. Tal vez se acercó al Opus Mago-Cabbalisticum et Theosophicum, y se decía que él no podría alcanzar el reino de los cielos si no nacía por segunda vez. Quería volver al seno de su madre para ser regenerado. Opinaba que una madre debe por necesidad natural unirse a su hijo. En ese ‘retorno a la Madre’ algunos han visto la prima materia de los alquimistas; otros, el instintivo incesto.

    ” Culpó a su padre de la mala fortuna de esa mujer que, con amor de comienzos de siglo, lo siguió en su aventura napoleónica; corrió tras él, que a su vez lo hacía tras el Corso, en su oficio de médico militar. De los tres millones de muertos que dejaron las campañas de Bonaparte en quince años de fuego, la de Rusia sepultó a su madre, exhausta y calcinada de fiebre, en el gélido cementerio polaco de Gloss-Gogau. Con los años el rencor a Etienne Labrunie, su padre culpable, se volvió miedo. En sus cartas de adulto, cuando el honor de la madre ya utilizaba otro apellido para los artículos de prensa y los libros, conservaba el apellido paterno para dirigirse a él. El doctor Labrunie no lo quería poeta.

 Retrato de Gérard de Nerval - Félix  Nadar 

  ”Tal vez por esa incompatibilidad, Gérard escribió abundante obra poética, teatro, periodismo, prosa poética; gran parte de esa abundancia ha desaparecido, lo certifican testigos de primera mano. En toda su obra se vislumbran su pasado y sus emplazamientos.

   ”Aunque desde temprano fue alejado de aquellos lugares, impidió que el tiempo los tachara. Volvía a ellos en las vacaciones o en la memoria. Espejo de una generación encandilada por los ecos fragorosos de las campañas de Bonaparte, y repentinamente confinada a un mundo vacío y zafio, adopta el recurso salvador del infinito de la memoria, de la mirada hacia atrás, del esguince a un presente sin perspectiva; tal vez no quería mirarse al espejo. Identifica a Bonaparte con el dios Horus, principio de renovación, el eterno retorno a una edad dorada; lo convierte en su ancestro mítico, y no duda en afirmar que su madre fue salvada por el emperador al atravesar el Bereziná; el lecho del río habría sido su extraordinaria cuna. El doctor Labrunie fue de esta manera un magnífico cornudo.

   ”A una edad perturbada, entre la niñez y la adolescencia, pierde todos los miembros de la familia materna. Plutón hace presencia; vincula los misterios de la vida y la muerte. Este perverso vínculo siempre caminará a su lado; será su sosia imperturbable; aparecerá trenzado en la imaginación del poeta. Con frecuencia llega a verlo; es él mismo. En muchas de sus crisis mentales cruza por su lado. Gérard se convierte así en espectador y actor como todos los que sueñan. Recuerda entonces una tradición muy conocida en Alemania según la cual cada hombre tiene un doble; doble que, cuando es visto, anuncia que la muerte está próxima. Abomina de la muerte presentada así. El doble es inmundo. La lengua alemana lo ha llamado Doppelgänger, y ante él se destroza su voluntad.

   ”Gérard irradia bondad, aunque es un hombre sufrido; esta virtud es su patrón. En su cenáculo lo llaman ‘el buen Gérard’. Queda complacido cuando le piden un favor, dicen; casi da las gracias por haber pensado en él. En seguida parte. Va del Arco de la Estrella a la Bastilla, del Panteón a Batignoles, en busca de un periódico para proponer el artículo de algún amigo en dificultades de dinero. Su paso es alado como el del avestruz. No es un hombre, piensan muchos, es un alma. Pertenece a la literatura ambulante porque reprueba el encierro y los despachos privados. Trabaja caminando. Alguna vez se detiene de improviso, saca de su bolsillo una libreta y reanuda la marcha. A veces lo ven en la calle con el sombrero en la mano, ausente del lugar donde se halla; los amigos se cuidan de llamarlo bruscamente. Es el respeto a los iluminados.

   ”Pero tal vez él ya ha tenido una mal augurio: un escarabajo que arrastraba su bola en el camino de Siria, en uno de sus viajes; un cuervo doméstico, comensal del miserable hogar donde aceptó un vaso de vino en la travesía de Beirut a San Juan de Acre; tal vez sea el mismo cuervo que bate las alas y grazna en la calle de la Vieja Linterna que le ha prefijado Plutón y que él visita con frecuencia en una insana voluntad de prefigurarse el fin. Ya en la infancia se ocupó de estudiar los atributos de esa agorera ave que hará sombra en su vida. Y a la vista del infortunio vuelve la mente a los primeros años, para recuperar la despreocupación de la niñez.

   ”Para felicidad del doctor Labrunie, el Collège Charlemagne lo recibe en París, y Gérard no desalienta esa felicidad. La educación clásica es su botín y ya se inicia como poeta. Magnificará fantasioso los conocimientos adquiridos entonces en Paseos y recuerdos, obra en la que se presenta como un prodigio en artes, ciencias, lenguas vivas, muertas y exóticas; pero más sincero, los comentará en su justo valor en Viaje a Oriente, donde el solfeo es para él una abominación y las lenguas orientales algo menos que el terror personificado. Con todo, se sabe que fue un lector infatigable y —por la revisión de sus escritos, por testimonio de sus cercanos— algo caótico. Ya conocía a Cervantes y lo imita leyendo cuanto papel llega a sus manos, aventurándose en todo tipo de temas. En el colegio es encumbrado por la versificación latina, por la retórica, por la redacción. No tarda en absorber la literatura europea y su curiosidad lo anima hacia la canción y la poesía populares. De ahí derivan sus Canciones y leyendas del Valois, que se leen con gozo. Sus primeros versos, escritos a los trece años, consiguen la admiración de los condiscípulos. Ya se pregunta por el tiempo y la inmortalidad; en los posteriores sonetos de Las Quimeras, estos temas se combinarán con elementos tomados de la alquimia, del tarot, de extraños mitos de los griegos, de otras razas fundacionales; también abarcarán sus obsesiones y experiencias íntimas. Cuando ya está fogueado, afirma que la magia de sus sonetos se desvanecería si intentara explicarlos.

   ”Por afecto a la cultura de raíces teutónicas, cuyo ámbito mítico captura su atención (ha conversado con elfos, ha visto regresar los cuervos por encima de la montaña del aquelarre, los duendes han salido ante él de las hendiduras de las rocas del Hartz, ha visto la danza de las hechiceras en la gran ronda del Walpurgis), a los dieciocho años se arriesga en una traducción del Fausto de Goethe. El coloso de las letras germanas no tarda en demostrar su admiración. Augura que ese joven irá muy lejos. La predicción de Goethe se repite con frecuencia. ‘Joven, usted llegará lejos’, señala a su vez el editor Tusquet a propósito de algunas de sus obras posteriores. ‘El destino les ha dado la razón —dirá Gérard con sorna— inspirándome la pasión por los largos viajes’. Y sus viajes fueron largos: peregrina Oriente, que lo lleva desde Grecia hasta Asia Menor, pasando por Malta, Alejandría, El Cairo, Constantinopla, Beirut, San Juan de Acre, Esmirna. De allí procede su Viaje a Oriente que es, ante todo, un viaje interior del artista; no evita, por supuesto, Alemania, Inglaterra, Holanda.

   ”Siempre estuvo abierto a todas las posibilidades y esto lo dejó admitir el alma de los animales; se detiene en tiendas de pájaros y se maravilla con los loros de los que, según él, procede el hombre. Lector de Gallad y de Gustav Weil, orientalistas que tradujeron Las mil y una noches, sospecha que bajo un árbol de las Tullerías se oculta un fabuloso tesoro; como Mohamed el Magrebí, el soñador de sus lecturas, no duda en buscarlo con frenesí hasta que lo olvida.

   ”Ya los sueños invaden su vigilia. Enloquece. Sorprende a sus amigos con frecuentes discursos donde su palabra es sermón, es proclama, es admonición, es profecía. Y una noche punteada de astros, en plena crisis extática, se lanza tras una estrella elegida que lo guiará hacia Oriente; se despoja de sus vestidos y desgañita arias, himnos y baladas; la policía lo detiene, lo reduce y lo lleva a una delegación. Esta crisis es poética, pero no falta la versión que lo sitúa en la calle Miromesnil, donde Gérard destroza espejos y sillas, teniendo que ser conducido por la fuerza a una casa de locos de la calle Saint-Antoine. La crisis lo frecuenta hasta la muerte: teoriza disparates sobre tetragramas de Salomón, y exhibe arrogante el cordón delgado pero muy resistente que, según él, llevaba atado a la cintura madame Maintenin cuando representaba a Esther en Saint Cyr; ve fantasmas, ve monstruos, ve recuerdos líricos, se ve a sí mismo paseándose a su lado. Y en todas partes ve a sus múltiples y una mujer. Jenny Colon ha fallecido y él ironiza su dolor diciéndose que ella le pertenece más en la muerte que en la vida.

   ”Y así, con el cerebro irregular, la madrugada del 26 de enero de 1855, con una nieve de dieciocho grados bajo cero, se detiene frente a la calle de la Vieja Linterna; dentro del bolsillo solaza los dedos en el ovillo de la cuerda que estrechó la cintura de madame Maintenin. Al salir ha dejado una nota a su tía Labrunie, en cuya casa habita: ‘No me esperes esta tarde, pues la noche será negra y blanca’. Ahora siente las cicatrices del trasnocho confundidas con las de la demencia y rememora las palabras de una paciente del sanatorio Dubois: ‘No hay nada que corrompa el rostro como la locura’; después de ese recuerdo la mente es vertiginosa. Ignora que ha pasado una noche en una taberna de Los Mercados; que ha escrito a su amigo Legrand para que lo rescate en la delegación del Chatelet. Había estallado una riña entre los maleantes que abarrotaban el lugar; la policía acudió al escándalo y se llevó a todos a la comisaría, Gérard con ellos. Sentado cómodamente en su silla, se había negado a decir quién era; insistente, el policía le preguntó qué hacía allí; Gérard respondió: ‘Pienso’. Y así, pensativo, fue conducido a empujones. Al ser interrogado por Legrand sobre los hechos, respondió con temas lejanos; sobre haber empeñado su abrigo, dijo que el Monte de la Piedad guarda bien los trajes de invierno. Sin embargo, le confiesa estar desolado; ha intentado escribir en vano, se aventura en ideas que se le pierden; ni dos líneas es capaz de escribir por día, las tinieblas lo envuelven. Teme que ante su incapacidad lo vuelvan a tildar de loco.

    ”Después se alejó solo y pensativo.

    ”Antes de llegar a la calle de la Vieja Linterna ha visitado algunas casas poco recomendables; hacia las dos de la mañana es interrogado de nuevo por una ronda policial que al momento lo ignora. Mira la calle. Está perdida en el barrio de los carniceros. Gérard conoce en detalle sus rincones y ha gozado la reiterada fascinación de que no tenga salida alguna, que sea ciega, que imposibilite violentarla con el simple acto de cruzar por ella como por cualquier otra calle de París. Hay allí una casa de dormir que anuncia una vieja linterna, donde habrá pasado algunas noches ya olvidadas. En verano ha visto la puerta de esta hostelería para los miserables bostezar al final de la acera. Ahora el invierno es colérico y sella la puerta en el umbral con varios centímetros de nieve, y mancha de blanco la madera exhausta, los goznes y aldabones que la sostienen. Al fondo de la calleja, unas escalinatas de piedra con barandas de hierro conducen a una plataforma que deriva en más escalinatas. En el muro bajo ellas, respira hediondez la embocadura enrejada de una alcantarilla que proviene del mercado de Saint Jacques. El cuervo hace presencia en la imaginación de Gérard; el duque de Borbón suspendido de una falleba palpita en su cabeza. Sin darse cuenta ha sacado del bolsillo el cordón de madame Maintenin. Lo prueba. Sus ojos están ocupados en los barrotes de una ventana —que más es tronera— del muro lateral al fondo de la calle.

     ”Con el primer sol, una lechera y un borracho descubren el cadáver de Gérard de Nerval. El borracho es cortés y lo saluda creyéndolo un vivo. Gérard ha olvidado despojarse del sombrero de copa antes de colgarse. Tal vez quiso jugar su única broma con los vivos antes de hacerlo como sombra intermitente en el teatro.

   ”El fotógrafo Nadar ha dejado testimonio de su vida. El dibujante Doré ha dejado testimonio de su muerte. Yo dejo en estas líneas testimonio de mi perfecta ignorancia”.





    



domingo, 30 de octubre de 2016

La persistencia de lo inútil (2016): un poemario de tres jóvenes autores colombianos

Recientemente la editorial colombiana Trilce ha publicado el poemario La persistencia de lo inútil (2016) en el cual figuran tres nuevos poetas (Margarita Losada, Daniel Padilla Serrato y Camilo Marroquín) originarios del departamento del Huila, en el suroccidente colombiano. Ofrecemos al lector algunos poemas de la obra y el acertado y sensible prólogo a cargo del poeta, ensayista y editor colombiano Guillermo Martínez Gonzáles, lamentablemente fallecido en septiembre de este año.



TRES NUEVOS POETAS


Por Guillermo Martínez Gonzáles


El poeta está solo con las estrellas, sentencia Nietzsche, para indicar, por un lado, que su indagación de lo desco­nocido y las complejidades del espíritu, con frecuencia le ocasiona el escarnio o la indiferencia de la época carente de méritos en que vive. Del otro, que la expansión de lo huma­no, el derrumbe de las talanqueras de la razón, la percep­ción de lo sagrado, arrojan a la noche oscura, a la aventura que casi siempre está amenazada por el fracaso.
     Algo de todo aquello, guardadas las proporciones, se puede advertir en este libro de irónico título, La persistencia de lo inú­til, que incluye a tres poetas, Camilo Marroquín, Margarita Losada y Daniel Padilla, oriundos del Huila. Los tres han asumido su destino con la obsesión y la claridad que no es­pera salvaciones ni frutos externos. Insisten porque están cruzados por el dolor de la vida, están tocados por la ne­cesidad del misterio, saben que la poesía es conocimiento esencial que justifica todos los riesgos, todos los llamados a la soledad.
    Por supuesto, cada uno de estos poetas posee su propia voz, un recorrido que los distingue:
   Una especie de rebelión desde adentro, de búsqueda en­tre los límites del silencio y la palabra, de ruptura del tiem­po, de mirada que anuncia la libertad como un acto que se conquista con dolor, marca los textos de Camilo Marroquín, imbuidos de un tono reflexivo, de una distancia en la que por momentos, como en una esquela del instante, apenas se escucha una canción.

Paul Cézanne - Still Life with Plaster Cast (1895)

   Poemas breves, aleteantes en el abismo, la palabra de Mar­garita Losada se cifra en la herida fundamental, excava en las verdades de su ser, en las desgarraduras del alba y el lenguaje. Espera el momento de la unidad, el clamor de la luz, en un ambiente de fragmentación, en un coletazo que no cesa y puede ser devastador.  
    Con la densidad que concentra los fósiles y las galaxias, la nada y el asombro, el polvo y la gota de lo eterno, Daniel Pa­dilla exacerba textos de largo aliento, a veces en prosa, que en un tono lacerado o próximo a la ceguera, recaban en una condición menesterosa, que ahora y siempre palpita ante el sordo clamor de la sed, espera la extinción o el milagro.
    En un poema sobre el cineasta alemán Fassbinder, uno de ellos dice: “En el fondo hay miedo/ o más bien/ una herida/ que la luna/ abre y cierra”. Tal vez estos versos resuman una atmósfera que da un indicio del libro. Cierto o no, el caso es que existe en estos poetas una intensa conciencia del mal, entienden el poema sobre todo como experiencia interior, prefieren, en cuanto a los temas centrales, afincarse en las zonas del ser, se expresan con un lenguaje impregnado de cautela y no de ostentación.
Paul Cézanne - Mardi Gras (1888)

  La relación entre la palabra y el silencio es constante, se manifiesta como tensión o posibilidad de unidad que sólo en el poema encuentra la dimensión que exige la búsqueda de su ambigüedad. El lenguaje sin el silencio no es nada y como diría Max Picard, “el silencio existe sin la palabra, pero no la palabra sin el silencio”.
   Como fenómeno primordial el silencio impregna experien­cias tan fundamentales en la constitución humana como el amor, el erotismo, la muerte y la eternidad. El ruidoso des­conoce a Dios y, todas aquellas experiencias, sin el silen­cio, carecen de sentido, se viven como simples accidentes, desprovistos de una articulación secreta que conforma la creación, la historia del hombre y el misterio de la vida.
   La persistencia de lo inútil, es una propuesta fértil y de calidad literaria que vale la pena señalar. Coincide con algunas ten­dencias de las últimas generaciones del país, caracterizadas por la diversidad, el predominio de lo personal y subjetivo, la creación como acto autónomo, provisto de múltiples re­ferencias culturales.
   Visto desde un punto regional, que no sé si sea pertinente mencionar, ya que el libro evita a toda costa una mirada lo­cal, tal vez sea conveniente decir que esta selección, encar­na un relevo generacional, propone alternativas distintas de escribir el poema, presenta sin estridencias una renovación dentro de lo que se ha escrito en los últimos tiempos en el Huila.
     Por esta y otras razones, resalto este libro que brilla solita­rio como una moneda intermitente en el mar ciego de las tormentas.

Bogotá, julio de 2016




Camilo Marroquín Díaz
:


El ojo ciego que todo lo ve

El ojo ciego que todo lo ve
te mira cuando tú no lo miras,
cuando no, tú buscas su mirada
como un hombre el sexo de una mujer.

Mas una vez coinciden las miradas
tanto el hombre como Dios dejan de existir,
o uno reemplaza al otro
como la luz a la luz misma.


Hay que tomar distancia

Hay que tomar distancia
así como quien se asoma a un estanque de agua
para ver a los ojos al misterio.

Verás que como una mujer
sonreirá
y tú te acercarás por un beso
dando infinitos pasos hacia atrás
sin apartar tus ojos de sus ojos.



Margarita Losada Vargas:



Lamento

la hoja trasciende en su viaje por el viento
y la rama
lentamente al partirse
astilla un pedazo de la memoria del árbol

¿qué es el corazón de un hombre
al lado del corazón de un pájaro?


Un poco de ser

querer no este
sino otro destino
buscar la luz en el espejo que mira hacia la noche
o intentar una palabra que sostenga la imagen
flotando en el abismo



Daniel Padilla Serrato:


ORACIÓN DE LA SED

Señor, tengo el estómago de hueso, la piel amarilla y caliente, sol en el cuello y un pozo en la boca del alma que no me deja pensar.

Señor, tu luz quema.

Si ya me diste una cicatriz en cada línea de la vida, si soy costra que se hunde sé mi fondo.

O mi tabla de naufragio.

Señor de los enfermos, ardiente dios de los insaciables: por el cemento de tus úlceras, por el vinagre que bebemos de tus venas los ladrones, no dejes que se evapore esta noche.

Vierte el perfume de tu sombra sobre la cal de mi lengua

y llena mi copa a rebosar.

A YijajaY all stars


OPUS

El barquero cruza el río
con dos monedas en los ojos.

Se dirige al palacio subterráneo:

Allí la rosa se consume
en su prisión de fuego.

Ella es el alma volátil;
bermeja floración de espinas
abrasadas por la belleza.

Sólo por asistir al lento martirio de sus perfumes,
el barquero ha cruzado el río
para soñar en el recinto donde la rosa se calcina
entre ardorosos destellos de luz y de misterio.

martes, 16 de agosto de 2016

Desolación de Armero (2016) - Una serie fotográfica en video de Leonardo Mora



En tiempos en que la sociedad colombiana lucha por asumir su trágica historia a través de la memoria como ejercicio de paz, Colectivo audiovisual Zerkalo presenta "Desolación de Armero", un ejercicio fotográfico en homenaje a las víctimas ausentes y presentes de la tragedia de Armero y Chinchiná, el 13 de noviembre de 1985.


Ficha Técnica:

Nombre: Desolación de Armero.
Dirección, fotografía, audio y edición: Leonardo Mora.
Idea original y actuación: Marta Muñoz.
Producción: Marta Muñoz, Hernando Rocha
y Leonardo Mora.
País: Argentina.
Año: 2016.

Más información sobre la Tragedia de Armero:
https://es.wikipedia.org/wiki/Tragedia_de_Armero


miércoles, 29 de junio de 2016

Sueños de un ensamble musical que quiere ser festival: crónica de un evento colombiano



Iván Esguerra nos relata sus percepciones y encuentros alrededor del Respira Music Fest  2016, evento que aconteció en días pasados en la ciudad de Ibagué, Colombia.




Por Ivan Esguerra Sierra
ivanesguerra2008@gmail.com



    Para comenzar con esta crónica considero necesario hacer el  breve ejercicio de explicar que es un ensamble musical. ¿Pero y cuál es la razón para esto?

    Muy sencilla. Cuando llegué a disfrutar del evento y además de que me considero un conocedor de estilos, sonidos y tendencias musicales. La palabra “ensamble” se tornó un poco sofisticada para mi gusto.

    La forma técnica en que  GOOGLE lo describe refiere lo siguiente: “Dos o más personas que a través de la voz o de instrumentos musicales, transmiten una interpretación propia de obras musicales pertenecientes a diferentes géneros y estilos”.

    Para mí opinión,  de una forma más divertida y coloquial se asemeja a la manera en que se encajan fichas de LEGO para formar una figura del señor de los anillos. Describiéndolo así, el ensamble musical busca acoplar el sonido de instrumentos de diferente tipo; puede que en determinado momento no sea muy común, pero que cuando se hace de una forma magistral se crea un sonido único, experimental y que deleita los oídos  educados.


   Aunque creo saber de música, mis oídos no son tan educados, Y aunque todavía no entiendo muy bien la diferencia entre ensamble musical y todos los revoltijos que los músicos “Nueva era” se permiten hacer. Yo disfrute el concierto.


Un famoso ejemplo de ensamble:





    La invitación era para las 4 de la tarde del día sábado 11 de junio. Como cosa rara, esta vez no me apresuré en llegar al lugar. La verdad tenía un poco de pereza porque dicho espacio es un patio mal llamado “Parque de la música”  y se encuentra poseído por el vicio, el olor a orina y como dice mi mama, “las malas costumbres”.  Créanme. No es muy llamativo.

    Una cuadra antes queda la plaza de Bolívar que es algo que identifica la centralidad de las ciudades colombianas. En esa zona queda una heladería a la que me gusta ir por una deliciosa ración de helado de chocolate cuando estoy cerca. Esa tarde y para retrasar la fiesta no fue la excepción. Mientras me tragaba el último bocado del lujurioso postre comencé a escuchar notas fluidas y algarabías acompañadas de gritos y entusiasmo. Juemadre está bueno, pensé.  Me apresure. A medida que me acercaba, todos esos sonidos empezaban a tomar forma.  Guitarra, bajo, Batería, Voces femeninas y masculinas… ¿Música rock?, ¿Música pop?, ¿Música moderna? Ensamble de música moderna para ser exactos.

      Esa cuadra que divide los parques la recorrí como si alguien me halara una cuerda amarrada a la cabeza. Los ritmos me ordenaban ligereza. Arribé al lugar. La primera imagen que tuve fue la recuperación del espacio. No olía a orines revueltos con cannabis. Los pocos indigentes que había, estaban disfrutando el espectáculo. La incipiente vegetación estaba siendo removida o mejorada. La cosa empezó muy bien. Cuando miré hacia la tarima y vi la pequeña multitud de gente bailando y divirtiéndose, lo confirme. Qué evento tan agradable. Todo estaba sencillamente organizado. Desde una pequeña carpa se manejaba la consola de sonido. Me instale allí para seguir el programa. Delante de mí acomodaron sabiamente unas sillas plásticas para el público. No eran muchas y no estaban todas ocupadas. En mi cabeza empezaron a saltar imágenes que evocan festivales pasados y pensé: otro concierto que se cae por falta de publicidad. Me entristecí y resigne a gozar lo que durara el suceso. Canciones famosas y conocidas se vivieron en las voces de estos jóvenes estudiantes del conservatorio de música del Tolima.





    El tiempo transcurrió y miré la hora en mi móvil. Vi que habían pasado 20 minutos desde mi llegada. Decidí salir del espacio en que me encerré para escuchar y observar. Pobre tonto por lo que me estaba perdiendo.  Afuera había una generosa cantidad de público. La gente no necesitaba de las sillas para participar de la fiesta. Caminé y me perdí entre la masa, las voces y los buenos ritmos. Saque mi cámara y empecé a dispararla. Una foto aquí y otra allá. Primero a la banda, luego específicamente a los cantantes. Cuando intenté tomar una nueva dirección con mi lente observe un pendón.





    La invitación general la hace el Conservatorio Musical del Tolima auspiciado por el Ministerio de Cultura de Colombia, y el concierto pertenece a un programa nacional de concertación cultural. La concurrencia fue tomando sentido. Son personas que apoyan lo propio. Padres apoyando hijos, novias soportando amantes, amigos preocupados por el futuro de sus camaradas, personas del común que quieren que la ciudad crezca. Muy significativo ver el alcalde sentado en una silla plástica de estas,  compartiendo una tarde de “relax” con su familia y la ciudadanía: estaba un poco distanciado pero es  entendible (por su seguridad y aun mejor, la nuestra).


Alcalde de la ciudad de Ibagué: Guillermo Alfonso Jaramillo.

    Avancé un poco y mientras lo hacía me surgió una pregunta ya que veía  muchos jóvenes con instrumentos musicales amarrados a sus espaldas. Además de mucha camaradería. ¿Cuál sería la verdadera razón para medírsele a crear algo así?  Aproveche el cambio de banda y me aventure en hablar con uno de los integrantes de la misma. Resulto ser alguien muy fresco además de amable. Me dijo llamarse Nicolás Bayona. Es uno de los cantantes del ensamble de música moderna. Él me explicó y dio sentido a lo que yo veía. Me contó que los grupos que esa tarde se presentaban estaban conformados por jóvenes emprendedores que pertenecen a un proyecto de estudiantes del técnico laboral con la escuela de música a cargo del maestro Andrés Acosta. Le pregunté si la recuperación del parque iba de la mano con el festival. El humildemente respondió que eso no lo sabía.

    Lo que sí sabía y de lo que estaba muy orgulloso es del proyecto que se traen entre manos con este espacio. “Los estudiantes del técnico laboral buscamos crear empresa y dejar una huella en el Tolima, y por qué no, en Colombia. Ibagué es la ciudad musical del país y carece de buenos espacios y de eventos de tipo musical. Nosotros queremos que este concierto se realice cada año. Buscamos dejarle a las generaciones de estudiantes que siguen a la nuestra un espacio en el cual desarrollar y compartir su talento. Este año son tres ensambles: si todo sale bien el próximo serán más y de otras ciudades. Podría llegar a convertirse en una especie de Rock al Parque”. En este caso de ensamble al parque. ¿Y porque no? ¿Qué le impide a la gente soñar y crear? Nada. Menos cuando se tienen ganas y herramientas, cuando se es consciente de lo que se tiene y de lo que se puede usar. 

      Son jóvenes emprendedores que la tienen clara. Tan clara como la música y géneros por los que transitan. Me sorprendió encontrar tres agrupaciones tan particulares y conformadas por personas de tan diferentes estilos y que a pesar de eso se ven como uno solo, se sienten como uno solo; con deseos de ser reconocidas por su calidad. Le pedí a Nicolás que me hablara un poco de los ensambles que se presentaban. Debido a su responsabilidad con el evento me respondió lo siguiente: Ensamble de música moderna, ensamble de música jazz y ensamble de música tropical. Con eso lo dijo todo. O al menos lo pienso así. Lo siguiente que me aconsejo fue: disfrútelo. Me extendió la mano y me obsequió un botón publicitario de muy bonita calidad que expresa el alma del concierto y me dejo con la promesa  que de ahora en adelante cada año, podría asistir a este evento y conocería muchísimos Andrés, Nicolás, Sara (mi hija hace parte de ese mundo) y cuanto joven amante de los buenos sonidos viva en la ciudad y que crea que todo es posible.  Gracias. Estaré  muy pendiente el año entrante pero por el momento aceptaré el consejo y disfrutare el espectáculo.  

Lazaretto "Ensamble de Música Moderna" Escuela de Música - Conservatorio del Tolima


    Del ensamble de música moderna atestiguo que fue un buen show. Un tanto tranquilo para mi gusto pero con mucho estilo, todos bien ataviados para la ocasión.  De las canciones que se interpretaron no me acuerdo los nombres o la verdad no creo saberlos. Pero puedo decir que fueron bien interpretadas y las disfrute como todos los presentes.  Me acuerdo del bajista quien se adornaba de  forma grata y técnica. Eso me hace pensar en todo el tiempo que debe llevar estudiando ese instrumento. El baterista también hizo lo propio. ¿Pero quién no lo haría si tiene sus esperanzas montadas en el escenario? 

      
    Los vocalistas son muy profesionales, se ve que les están haciendo un buen trabajo. Les resalto que a pesar de sus cortas edades han asumido buenos roles y han adquirido ciertas habilidades histriónicas que los hace muy amenos y atentos con la concurrencia y con los otros miembros. Prestos a corregir cualquier error y sobre todo conscientes del espacio que ocupan. Son los encargados de prender motores.  De hacer que la gente entre en comunión con los sonidos, lograr que ese primer ensamble se convierta en un verdadero festival anual. Hacer que ese día nos olvidáramos del sol abrasador y convertir esa sensación en energía pura. Para afrontar lo que se venía. Solo me resta decir que los felicito, muy bueno todo. Y como todo lo bueno termina;  pero en este caso para darle paso a otras agrupaciones.


















De lo que siguio en esa tarde solo puedo decir que fue diversión pura y que  el ensamble de musica tropical la saco del estadio. Otras palabras serian repetir lo que renglones arriba anoté. Que son una maravilla, que muy buenos musicos, que la gente lo disfrutó y bailó como si estuvieran en fiestas san pedrinas, bla, bla, bla…  Lo que si quiero decir y resaltar es que con poco se hace mucho. Que cuando se tienen ganas y espiritú, se llega lejos. No tuvierón necesidad de promocionar bandas exitosas de otros lugares para que la gente llenara un espacio. Que a pesar de que hicieron, es decir,  nuevas versiones de canciones muy sonadas en la radio (como el clásico de la salsa colombiana Cali pachanguero, de esa sí me acuerdo) la gente las sintio como nuevas. Las acepto sin excusas. No escuché rumores de que esperaban invitados especiales (nacionales o internacionales) para acercarse al evento. No atendí gritos de la multitud alegando que los robarón por lo bajo del espectacúlo o por lo corto del mismo pues tuvo una duración de dos horas (seria el colmo, era gratuito). Por el contrario la gente bailó, aplaudio y canto hasta que se termino.  Hasta yo mismo, con esta sangre “cachaca” o de persona nacida en el interior del país. Senti mis piernas moverse con tan poca gracia pero con tal frescura que no falto la doncella que se  acerco desde lejos moviendo los hombros y diciendo: “Papito, ¿bailamos?”.




El famoso crayón oblongo / El puente (2025) - Una crónica poética y un relato breve de William Alexander Medina Méndez

 El famoso crayón oblongo                                            Salta cadáveres (1989) - Pedro Alcántara Herrán   "Eres esclava de...