lunes, 27 de noviembre de 2017

Prismas (2017): un libro de relatos de Daniel Padilla Serrato





Prismas (2017) es el libro más reciente de relatos del joven poeta y escritor colombiano Daniel Padilla Serrato. Anteriormente el autor ha publicado tres libros de versos: "El espejo dormido" (2012), "Licor de Lodo" (2014) y "La persistencia de lo inútil" (2016), este último en conjunto con dos poetas más. Daniel Padilla ha ganado diversos certámenes literarios en su país, donde adelantó estudios de Maestría en Literatura, en la Universidad del Tolima. En esta institución actualmente se dedica a la docencia.  

    Prismas pertenece a la colección de narrativa publicada bajo el sello de Fallidos Editores, librería y editorial independiente de Medellín. Próximamente la obra podrá encontarse en ciudades como Bogotá, Cali, Manizales, Tunja, Cartagena, Pasto e Ibagué.

    A continuación presentamos un texto de Lucía Estrada, en el cual nos invita al abordaje del nuevo libro de Daniel Padilla y nos comparte su impresión del mundo poético de la obra. Posteriormente ofrecemos Prisma, un relato del libro, cedido amablemente por el autor. Daniel Padilla es colaborador habitual de Colectivo Audiovisual Zerkalo. 



PRISMAS, EL LABERINTO DE LA TRANSPARENCIA


Por Lucía Estrada


Medellín, 2017.



Este libro recibe la luz de una manera inusual. La silencia. Se diría que tiende una alfombra de musgo y hojas bajo sus pies. Palabra por palabra explora su extrañeza, su transparencia, el gran laberinto en el que el mundo se manifiesta de otra manera, donde su origen sobrevive lejos de nuestros ojos, pero cerca de nuestro corazón. 

    Nos desacostumbramos a las más antiguas manifestaciones de la noche y sus jardines por querer alcanzar el tiempo, por perseguir las ventajas de ser prácticos, racionales, por tratar, casi siempre, de explicarlo todo, de abrirlo todo, de robarle al mundo su misterio y su condición primera. Nos desacostumbramos al claroscuro en el que podemos apreciar mejor las formas, ese diálogo perfecto entre lo tangible y lo que no podemos rodear con nuestros sentidos, pero que resulta tantas veces más real y más inquietante que todo cuanto hemos nombrado y diseccionado. 

     Cuando empecé a leer este libro, supe que lo asistía el otro lado del espejo. Que Daniel Padilla, de quien ya había leído otros textos igualmente perturbadores, había elegido una atmósfera, un ritmo, una tensión que lo emparentara con el sueño, con la pesadilla, con esos seres que respiran más allá, pero también más acá de lo probable; una visión que nos recuerda lo mejor de la literatura gótica, pero también la sugerente poética del romanticismo alemán. 


   Estos cuentos no intentan convencernos de que existen otras regiones que escapan de lo cotidiano; transcurren sin pretensiones, sin retórica, sin artificios, señalando con rigor lo que, gracias a sus largas vigilias y a su rara sensibilidad, ha descubierto entre los pliegues de una realidad que se torna cada vez más compleja y extraordinaria cuando la sometemos a la ciencia y a nuestros exhaustivos análisis filosóficos. Desnuda, bajo los más potentes reflectores, la vida y el mundo que la contiene, continúan siendo tan misteriosos y secretos como al principio. 


     Manteniendo el pulso y la respiración de estos textos desde la primera página hasta la última, agradecí a su autor haberme permitido acercarme a este laberinto de transparencia en el que uno puede ver su rostro, a la vez, reconocerse ajeno, inexplorado, pero dispuesto a derribar la última puerta del castillo de Barba Azul. Páginas en las que lo desconocido se deja iluminar tenuemente para hacer parte de nuestro tiempo, de nuestra experiencia, pero sobre todo para recordarnos que sólo la poesía, ya sea en palabras, en música, en imágenes, puede ampliar nuestra conciencia del mundo, puede hacer más atenta nuestra mirada, y restablecer definitivamente ese árbol de inocencia bajo cuya raíz la luz completa su espectro. 


Armonía (1956) - Remedios Varo



PRISMA


Por Daniel Padilla Serrato




Si se comparara las distintas formas de la poesía
con la luz solar refractada por el prisma,
los escritos de los ensayistas serían
la radiación ultravioleta. 



Georg Lukács 







     Desde esta gruta en los acantilados puedo ver el mar y más allá las islas, iluminadas por el verde resplandor del sol en el agua. Los poemas que tengo en mis manos están, en gran medida, hechos de esa sustancia marina. Traen consigo aromas de algas y de sal. 


    Los lectores encontrarán en esta colección de poemas lo que promete ser una enciclopedia del mundo antiguo. Inútil copiar aquí uno solo de sus fragmentos; tal tarea me llevaría siglos. Son tan vastas sus imágenes, tan ardientes y punzantes sus metáforas que si las transcribiera, si de pronto quisiera suplantar al poeta moriría con el corazón despedazado, me volvería ciego, tal vez loco. Sólo puedo, en estas líneas, intentar comunicarles algo de lo que Un jardín para Perséfone ha provocado en mí. 

    Ya se ha descrito en algún libro la pugna entre todo poeta y sus precursores. Existe un conflicto que mantiene al autor joven vacilante en medio de la veneración a sus padres poéticos y la necesidad de crearse a sí mismo. Por eso, es inevitable sentir, al leer los poemas de Un jardín para Perséfone una voz que invoca a los dioses con el tono de los bardos, de sus canciones a las penurias y viajes de los héroes. 

    En aquel libro también se dice que todo poema es una versión empobrecida de lo que podría haber sido; así como todo hombre —según una sibila— no es más que una versión en ruinas de un rey. No obstante, los poemas que aquí comento alcanzan la grandeza, la autoridad aterradora de los cantos originales. 

    Como en los dibujos esparcidos sobre las paredes de mi gruta, encuentro en muchos de esos versos un aire primordial, imágenes de un tiempo olvidado. El encantamiento de las palabras hace aparecer ante mí hordas de cazadores con sus máscaras cornudas, el vuelo del mago, la hoguera ceremonial. ¿Qué extraña combinación de sombras —pues acabo de encender una fogata— dota de movimiento a los bisontes? 

     Al leer Un jardín para Perséfone imagina uno a los servidores de la Musa traduciendo en himnos el rapto de la Diosa, la travesía de la Anciana que busca a su Hija; el Dios ebrio, su Renacimiento, la iniciación en los Ritos. Afuera, en el ocaso de este día de verano las nubes brillan apacibles, traspasadas por el sol. Oigo el canto de los alcaravanes; salen a buscar roedores. El estrépito de los insectos revienta en la noche. 

     Vuelvo al pequeño tomo. Cada uno de estos textos evoca cuadros, escenas a manera de frescos de una remota edad de oro. Son páginas sostenidas por una búsqueda de momentos sacros. Los elementos son presencias vivas ante las cuales es necesario el conjuro apaciguador, la actitud reverente y conciliatoria. La experiencia extática busca esa efímera eternidad en que convergen los sucesos de los días comunes, los ciclos estacionales y el íntimo, adánico gozo de quien ve el paisaje con ojos nuevos y nombra todo por primera vez. Así, el poeta, merced a la memoria como Musa de la Revelación descubre —al recordarlo— el nombre secreto de los seres y las cosas. 

     El fuego, alejado prudentemente de la biblioteca vuelve a poner en movimiento aquellas formas inquietantes trazadas al parecer por la mano de un niño o de un anciano. Ahora me doy cuenta, mirando al cielo nocturno teñido de púrpura, de que cada figura corresponde a un conjunto de estrellas: La Ballena, El Escorpión, La Urna, El Cazador, La Serpiente. Entonces cada uno de los poemas debe corresponder a un dibujo. He descubierto, al disponerlos en determinado ángulo, que señalan la ubicación exacta de una constelación. Son un mapa sideral. 

   Los versos del jardín se vuelven música, oigo leves tambores; me rodea un murmullo de semillas, de golpes secos y monocordes. En el fondo, la melodía de una flauta de juncos. El sacerdote del Dios Astado habla pausadamente; una gaviota extraviada raya la noche, las llamas se estremecen. ¿Hacia qué numen se eleva el incienso de estos cantos? 

    Paso la página y diviso lejanos navíos bordeando la costa, cargados de oro y especias. Se abren, entonces, fisuras en las aristas de roca. Algo cambia, intenta salir y brillar. Un objeto pequeño: un corazón. Su diáfana solidez le asemeja a un diamante. En el centro exacto del volumen, donde el poeta emprende su viaje, una serie de estrofas refracta y dispersa, hacia todas las direcciones, la luz. De repente se desata una tormenta. Hace frío. Nieva. Tengo la impresión de ser nuevo en el mundo. He llegado hace muy poco, o todo despertó hace apenas un instante. Ya no sé si soy yo quien recorre los caminos de niebla como un sonámbulo, quien se mueve de campamento en campamento tras la caza, al ritmo de los cambios de estación; no sé si soy yo quien atestigua el sacrificio o quien empuña el pedernal. Un toro muge angustiosamente, el aire se vuelve pesado, hecho de tierra húmeda. El animal lanza un bramido largo y luego calla. Huelo sangre. Alguien, en la penumbra, la unta en mi cara. 

    Es curioso, sólo cerré los ojos un segundo. Un aire primaveral asciende, oigo el tranquilo rumor de las olas; de nuevo la brisa, la ensenada, el archipiélago, el mar. 

      He hallado solaz en este pequeño y retirado refugio. Siempre vuelvo a los mismos volúmenes de mi discreta biblioteca. Los leo pausadamente pues tengo tiempo de sobra. Apenas si en ocasiones me perturba el vocerío de los hombres del puerto —con los siglos la playa se ha venido poblando— o las ruidosas escaramuzas de las aves escamoteándose la pesca. Aquí arriba sólo el viento salobre se filtra, recoge las diminutas gotas de la resaca, se mezcla con el sudor mineral de las paredes y hace crecer estalactitas. 

    He llegado a entender que Un jardín para Perséfone es especial pues su autor no alcanzó la madurez; y sin embargo la certeza de su ministerio, el tono panteísta, la devoción jovial y oscura que permean tales páginas nos ponen ante un caso extraño dentro de la literatura. Allí se recrean los remotos cultos de la fertilidad y los misterios de la resurrección del dios venado. Somos capaces de intuir en ciertos acentos, en ciertos énfasis sutiles, en determinado orden de palabras, en alguna disposición particular de las sílabas o en un juego tipográfico, la intención de causar en el lector el deseo irresistible de repetir en voz alta algún verso. Cuidado. Existe la posibilidad de perderse, de abrir finas rasgaduras en el velo del tiempo. 

    Luego de incontables jornadas dedicadas a su estudio, tengo ahora el placer de presentar al público estos poemas. Imagino al autor el día que sembró el último lirio: escribe la frase final, se frota los ojos enrojecidos, deja su pluma a un lado. Mira con calma el eclipse de ópalo. Murmura algo para sí. Lo imagino caminar en el vacío hacia esa nueva y lejana luz que se insinúa. 


A Gabriel Arturo Castro. 





viernes, 29 de septiembre de 2017

Todo el tiempo nuevo (2016): un diario de viaje de Lucía Vargas





Lucía Vargas, joven autora de procedencia argentina, en noviembre de 2015 efectúa un viaje por diversos lugares de Latinoamérica como "mochilera", y en octubre de 2016 publica un diario (y poemario) de su travesía en Bogotá, Colombia. A su vital y enriquecedora experiencia cristalizada la titula Todo el tiempo nuevo.

    La perspectiva del breve libro sobresale en la medida en que aboga por un tono personal de evidente sensibilidad y vuelo poético, que desea compartirnos una compleja búsqueda interior generada por los encuentros y desencuentros de la autora con el mundo y la gente que sale al paso, y no se limita a una descripción desabrida, periodística o que simplemente, hay que decirlo, se ufane de los lugares visitados. Se sabe que en nuestra época el ejercicio del viaje y el turismo, como casi todo lo que existe, han degenerado en un trivial e incontrolable consumo snob, y por ello es pasmosamente ínfima la cantidad de personas que se hallan en capacidad de comprender las implicaciones y los desafíos de llegar y habitar un entorno desconocido, y de trasmitirlos con interés e inteligencia. Antes bien, la voz del libro de Lucía manifiesta una constante interrogación consigo misma en contrapunto con los nuevos contextos, honestamente y con el corazón en la mano, en la que se ponen en entredicho dinámicas de diversa índole (afectivas, familiares, vivenciales, morales, memorísticas), y son capaces de expresarse en un lenguaje claro, limpio, meditado, a través de bellos pasajes que a menudo cobran gran altura  poética y hondura existencial.

   Lucía Vargas nació en Capital Federal (Buenos Aires, Argentina), pero se crió en Santa Cruz, tierra patagónica. Es licenciada y profesora en Letras por la Universidad del Salvador. Actualmente, reside en Buenos Aires y trabaja como docente dictando talleres de literatura presenciales y a distancia. Su próximo paso será viajar por Centroamérica, regresando a Colombia en diciembre de 2017, para avanzar en 2018 y llegar hasta México. A continuación presentamos un fragmento del libro, cedido amablemente por la autora. Esta es la fanpage del libro en Facebook: (https://www.facebook.com/Todo-el-tiempo-nuevo-130740564191633/)




Todo el tiempo nuevo
(Fragmentos) 

Lucía Vargas 


31 de enero de 2016| 11:03 hora local. La Paz, Bolivia



En el hostel que paré la semana pasada, tuve la oportunidad de conocer a Starling. Sí, su nombre real es ese y no fue producto de la decisión de sus padres sino de un notario que registró lo que creyó escuchar (según lo que dice ella que le contó su mamá).

    Como a los padres les resultó agradable, lo aceptaron, y es hasta el día de hoy que no recuerdan cuál era el nombre original con el que querían registrar a su hija. –Pero mis amigos me dicen Beba- afirma con una sonrisa.

   Beba estudia turismo y está haciendo sus pasantías en el hostel Ananay, siempre está atenta al huésped que se muestra con ganas de conversar, como yo, esa tarde que volví de las ruinas de Tiwanaku.

    Después de haber escuchado leyendas y mitos por parte del guía, decidí comentárselas como para, de alguna forma, corroborar si eran cuentos para turistas o verdaderos saberes populares. Resultó que no sólo era ineludiblemente cierto sino que era indiscutible. Con razones más que poderosas, Beba me lo confirmó relatándome una historia transmitida por su padre: Un día los vecinos habían encontrado algo escarbando la tierra y decidieron llamarlo. Ese algo era un tapado. Los tapados son tesoros de épocas indígenas antiquísimas que fueron enterrados desde hace muchos años. Además, Beba me aclaró que habían llamado a su papá por su carácter fuerte y referente de autoridad, porque no cualquier persona puede desenterrar un tapado.

- Porque es dinero del tío- dijo seria, refiriéndose al demonio.

El padre llegó y los muchachos más jóvenes empezaron a escarbar. En el momento en que la pala de uno de ellos tocó la caja que todos llegaron a ver, el joven se desvaneció y tuvieron que sacarlo de urgencia. La tradición dice que si el que intenta sacarlo es alguien débil o de poco carácter, el tío se lo lleva. Luego de socorrerlo, siguieron escarbando dos, tres metros, pero no encontraron nada. Beba me dice que eso suele pasar, si es que uno no se adueña de lo encontrado tirando un sombrero o una prenda ni bien se ve el tapado: 

-Cuando lo haces, estás reclamándolo como tuyo y el tío ya no puede llevárselo.

  El joven estuvo un par de días convaleciente, pero se recuperó. El tapado nunca más apareció.

Junto al hostel, esa misma tarde, conversé con Álvaro, sentados en la puerta de su galería. Estaba contándole sobre esos fetos de llama que vi disecados en el mercado de las brujas. Le pregunté para qué servían y fue la puerta para una de las historias más fuertes que escuché hasta ahora.

    Acá en Bolivia, la pachamama es muy respetada y honrada. Cada primer viernes del mes se colocan ofrendas en una mesa que oficia de altar en cada casa creyente. Hay desde estatuillas de animales, hasta confites y réplicas de billetes. Lo que se ofrece se ha comprado por el dueño de casa y debe ser sahumado y bendecido. Si no, tiene que ser regalado por alguien que te desee el bien, la buena fortuna, el dinero, el trabajo, la salud, el amor, y lo represente en una alasita (reproducción miniatura del símbolo, entiéndase: billetes, animales de porcelana, botellitas, confites). Es importante saber que cada gran paso en la vida de uno o de todos los miembros de una familia, debe ser acompañado de un rezo y una ofrenda para la protección. Se busca la aprobación de la madre tierra, su consentimiento es la clave de un buen porvenir. Es entonces que la construcción de una casa debe ser respetada desde los cimientos. 

-Se hace un hueco en la tierra y se crema el feto- Álvaro lo dice en un tono neutro, casi como si fuera algo natural. Pero el tono de su voz cambia ni bien continúa su relato.

-Eso en las casas de familia, pero dicen que aquí, en la ciudad, al tener los cimientos listos para un edificio, se entierran personas vivas.

     Se me puso la piel de gallina. Insistí.

-¿Cómo personas vivas?- Necesitaba saber más.

-Aquí en La Paz existe mucha pobreza, mucho indigente. Y existe un lugar que ellos conocen en donde pueden acercarse a recibir comida y agua, mezclada con alcohol. Todo se ofrece a través de un hueco en la pared. Se da todo lo que se pide, hasta que la persona deja de pedir. Ellos saben que van a morir. Es un lugar para eso. Cuando se construye un edificio, se reúnen indigentes que acepten comer y beber en los cimientos, hasta que la borrachera los duerme y son enterrados vivos.

    Tardé un rato en poder decir algo. Pensé en todo lo que había escuchado en el museo. La tradición de los sacrificios humanos siempre ha sido así: personas que eran elegidas, que eran sometidas a beber y a inhalar rapé hasta quedar en un estado de sueño o coma alcohólico, para ser enterradas y sacrificadas. Todo era visto como algo necesario, como parte de un ciclo fundamental que daba sentido a las cosechas y así, a la vida de toda la comunidad.

   Entonces, ¿Cuánto es el tiempo físico que pasó desde aquellas momias que vi en el museo y estas personas indigentes fallecidas en construcciones?, ¿Cuánto puede modificarse o no una cultura desde sus primeras tradiciones? ¿Cuál es el límite entre el derecho y el deber?

-Claro que es un mito urbano, no se sabe si es verdad en realidad- dice Álvaro, como intentando volver al siglo XXI desde un salto en su discurso. Pero algo en sus ojos me dice que, en el fondo, no duda de estas cosas.






sábado, 16 de septiembre de 2017

Payasos, terror y otros refritos: IT (2017) de Andrés Muschietti



“IT”/ ANDRES MUSCHIETTI / 2017 / 135´ / CANADÁ-EE.UU / CLASIFICACIÓN: +16 / TERROR CONTÉMPORANEO / ***


“Las comparaciones que se hacen de ingenio a ingenio, de valor a valor, de hermosura a hermosura y de linaje a linaje son siempre odiosas y mal recibidas” 

(Miguel de Cervantes).

Por Herbert Neutra
herbertneutra@icloud.com


Debemos agradecerle al argentino Andres Muschietti porque su segunda incursión cinematográfica es una recuperación muy original y divertida de todo el barroquismo y el imaginario monstruoso que caracterizó al cine de terror de finales de la década de los ochenta; Muschietti no conoce modales, y se atreve a re-diseñar el universo truculento detrás de “IT”; todos sus engendros y los ataques del payaso bailarín son provocadores, afilados, dantescos, ácidos y muy entretenidos. Cuando se trata de sacudir al espectador, el argentino ejecuta con precisión, saltamos como palomitas en el fogón, se obtiene el efecto y en ningún momento se nos arrastra a la parodia; fue el paroxismo gráfico el que marcó la decadencia de muchos filmes de horror de hace unos treinta años y el que obligó al género, ya en los noventa, a buscar formas y maneras más limpias a la hora de coreografiar la aversión y el miedo.

       Sin embargo, cuando ese mismo director incursiona en el drama, cuando pretende examinar con lupa psicológica tanto a sus personajes como a la disímil adolescencia o simplemente, quiere juntar el resto de elementos necesarios para que la realidad y el tiempo de Derry Maine funcionen en una película de más de dos horas, desfallece, se queda corto. 



No lo tuvo nada fácil, “IT” - “El Coso”, “Esa Madre” ó “La Wea” -títulos usados dependiendo del país y del mercado en el que me leas- es otra novela del tantas veces adaptado, siempre rentable y algo subestimado Stephen King. “Eso”, el nombre más literal en castellano, ya había conocido una adaptación a la pantalla chica (Lee Wallace; ABC 1990) apoyada en el registro espeluznante aunque natural de Tim Curry como Pennywise, y en un casting con dejo perturbado, que convencieron tanto al público como a la crítica con una puesta en escena onírica y surrealista. 

    En la versión de 2017 Muschietti peca de tímido y de superficial, se le siente más cómodo con la sangre, el espectáculo y el trastorno y se limita a calcar diálogos, estilos, situaciones y caracteres: bien de la película anterior, bien de otras adaptaciones de King (“Stand by Me”, Reiner, 1986) y en mayor medida de la aclamada serie de Netflix “Strange Things”, un producto del que el director sólo se logra diferenciar gracias a la interpretación y el papel encargado al joven Finn Wolfhard (Mike/Richie) posiblemente el otro gran aporte de su película. 



Las nuevas generaciones que tienen por primera vez contacto con “IT” a través del trabajo de Muschietti, saldrán más que satisfechas y seguramente la encumbren como su película de terror del año, o incluso, inauguren a su manera un nuevo culto. A la fecha la cinta, primera de dos entregas, ha recaudado más de 150 millones de dólares de una inversión de 35). 
     
     A todos los demás, a los que tuvimos la dicha/desgracia de entrar en contacto con su contenido con anterioridad en otros formatos, nos parecerá otra buena película de sustos, de esas para pasar el rato pero que no te mandan a la cama ni chalado ni ansioso. Ya poco nada o nadie nos asusta, nada nos gusta, nos amargamos con facilidad, nos hicimos viejos.


viernes, 1 de septiembre de 2017

Francia ya no es como antes: Mi viaje a través del cine (2016) de Bertrand Tavernier




MI VIAJE A TRAVÉS DEL CINE FRANCÉS / BERTRAND TAVERNIER/ FRANCIA- 2016 / 201 min. / CLASIFICACIÓN B: MAYORES DE 12 AÑOS/ DOCUMENTAL/ **** 1/2



“Cineastas que creen que el cine puede hacer que las cosas se muevan, que creen como me decía un día Renoir que hay que hacer una película pensando: ¡Vamos a cambiar el curso de la historia!, también tienen la humildad para pensar que si conmueven a dos personas, han conseguido algo extraordinario”.

B.T

En una interesante y provocadora investigación científica muy reciente, se ha logrado demostrar cómo la incidencia de factores del tipo migración descontrolada, disgenesia y el controvertido, aunque muy pertinente, “Efecto Jensen”, han sido determinantes para que los niveles de inteligencia de la población francesa hayan disminuido 4 puntos en los últimos diez años (Dutton & Amp; Lynn, 2015). 

  Sin necesidad de entrar en querellas que nos permitan justificar como la genética sigue siendo el elemento más determinante en el desarrollo de la inteligencia y de la cultura, vemos en el extenso pero inagotable documental: “Voyage à travers le cinéma français" del talentoso Bertrand Tavernier (“La mort en direct”, 1980; Laissez-passer, 2002), una hermosa antología presentada en formato de entrevista cuidadosamente coronada con una ingeniosa edición, en la que se estudia el momento de mayor esplendor de una cinematografía, un país y una sensibilidad actualmente en decadencia.

   Por supuesto, ya asomará la academia materialista dialéctica-ideológica arguyendo que tal cosa es imposible, pero seamos realistas: ni Leos Carax, Claire Denis, Jean Pierre Jeunet ó Olivier Assayas - críticos mordaces a su manera precisamente del maremagnum multi-etnico e intelectualoide y del fiasco colonizador de la nación del “Coquelet” - alcanzan para igualar el listado de autores revolucionarios que de una manera sencilla y amena Tavernier nos comparte y analiza en más de tres horas. 


  Bertrand agarra anécdotas de su propia vida, de sus emociones, de su experiencia cinéfaga y de su profesión, para decir cosas mucho más valiosas y trascendentes que el “camionado de chorradas” que muchas facultades humanistas latinoamericanas siguen extrayendo de la también fallida narratología (Carrillo Canán, 2013).

  La infancia, adolescencia y madurez de Tavernier transcurren en los difíciles días de la segunda guerra mundial, de la ocupación germana y de la complicada recuperación posterior al conflicto bélico. En este escenario sus días transcurren amenizados por las obras maestras y “menores” de genios como Jacques Becker, Marcel Carné, Jean Renoir, Jean-Pierre Melville, Robert Bresson Claude Sautet ó Edmond T. Gréville. En el filme, el director no pasa por alto los aportes estéticos de los autores de la reconocida “Nouvelle Vague” pero tampoco se detiene demasiado en apologías, un aspecto que probablemente decepcione a los más “aventajados”, y en cambio, sí realiza un apasionante escrutinio en la música y los compositores que aportaron a forjar la leyenda y que terminaron en su mayoría, condenados al ostracismo, verbigracia: verdaderos pioneros del nivel de Maurice Jaubert ó Joseph Kosma.

   Tavernier tampoco se instala en el chovinismo y reconoce a la primera industria de Hollywood y a varios maestros americanos y alemanes su innegable influencia, además de todo aquello en las producciones tricolor, ante dichos aportes avanzaron. En un ejercicio entusiasta de intimidante erudición, el francés argumenta sin muchos rodeos, como son la imagen, la interpretación, el sonido, el semblante de Jean Gabin, el carácter de Eddie Costantine y sobre todo, el ingenio y la precisión con la cámara o cortando carretes de tipos como Claude Chabról ó Jean Vigo, los que realmente configuran un corpus artístico adelantado a su tiempo.


   Es una lastima que pueblos como los Galos ó los Normandos o los Francos se haya desangrado en tantas guerras y que ahora las otrora femmes fatales, sean meros esperpentos que solo saben exigir derechos y licuados en el útero. Es muy probable que dentro de cincuenta años todo lo que nos muestra este muy recomendable “Voyage…” sirva como memorial de agravios de la opresión de la raza más odiada actualmente, pero a la que curiosamente le debemos casi todo, me refiero a la raza blanca y a su “perverso proyecto opresor”.

Herbert Neutra















  

20 - 21 (programa n° 0): "Oknotok" (1997 - 2017) - 20 aniversario de "Ok Computer" de Radiohead

   

Con satisfacción presentamos en Colectivo audiovisual Zerkalo el primer programa radial de  "20 - 21", innovación y vanguardia sonora en los últimos dos siglos, a cargo de uno de los mejores jóvenes críticos musicales de Latinoamérica, el colombiano Herbert Neutra, radicado en México D.F. y colaborador habitual de nuestro blog.

     Este Podcast n° 0 indaga en el nuevo lanzamiento de Radiohead "Oknotok" (1997- 2017) (20 aniversario del mítico y fundamental Ok Computer) y en algunos proyectos sonoros que han hecho parte de la historia y de las innegables influencias para la mítica banda inglesa. Los invitamos a escuchar este primer viaje lleno de referencias y discusiones sobre los artífices del sonido contemporáneo, y desde luego, de una elevada e inteligente programación musical.














domingo, 20 de agosto de 2017

Plegaria para el buen vivir (2017): un poema de Daniel Padilla Serrato

Dante y Beatriz (1884) - Henry Holiday

Daniel Padilla Serrato es poeta y escritor de origen colombiano. Ha publicado tres libros de versos: "El espejo dormido" (2012), "Licor de Lodo" (2014) y "La persistencia de lo inútil" (2016). Adelantó estudios de Maestría en Literatura en la Universidad del Tolima. Actualmente reside en Ibagué, Colombia, y labora como docente y tallerista de literatura en la universidad mencionada.  Daniel es colaborador habitual de Colectivo audiovisual Zerkalo.


Plegaria para el buen vivir

Daniel Padilla Serrato


Señor, hazme un hombre silencioso, triste y solitario.
Que mi alegría no se convierta en esperanza,
que nunca alcance la satisfacción de mis sueños,
que me regocije cuando Tú, Señor, bendigas al mediocre y al ruin
con prosperidad sin límite.
Haz de la estupidez nuestro único horizonte.
Colma a los asesinos de salud, tranquilidad y bienaventuranza
pues de ellos es tu misericordia.
Reserva celosamente para mí la desdicha, el polvo y el fracaso.
Úngeme con desgracia y pena
y sella mi boca si el poderoso me humilla y medra a costa de mi vergüenza.
Ensalza al soberbio.
Maldice al justo.
Señor, que mis hijos olviden mi nombre,
que en vida mi corazón sea negro nido de gusanos,
que se tuesten mis pulmones y mi lengua
antes de musitar una palabra insolente.
Extirpa mi rabia.
Deja sólo la sumisión y la obediencia.
Dobla mi cabeza, mi lomo y mis rodillas.
Glorifícame Señor con el hastío y con la horca
y que en el día final
rojas heces brillen
en el fondo de mis pantalones.
Amén.

martes, 18 de julio de 2017

La vuelta de King Crimson: crónica de una alta presentación en México





KING CRIMSON, TEATRO METROPÓLITAN , CIUDAD DE MÉXICO, 16 DE JULIO DE 2017 **** 1/2



Por Herbert Neutra
herbertneutra@icloud.com



A diferencia de lo ocurre con la mayoría de la decadente escena del rock progresivo británico, Robert Fripp y los suyos parecen ser el único acto que sabe reinventarse mediante una puesta en escena de naturaleza fractal, en la que no solo se optimiza el repertorio clásico sino que siempre se tiene algo distinto y nuevo que ofrecer. No es de gratis que el anuncio de una gira de King Crimson genere tanta expectativa dentro de su pequeño aunque selecto y fiel grupo de seguidores; un público igual de exigente que agota con velocidad las entradas ante el anuncio y que no se conforma con los ridículos números de bandas como Yes: hoy por hoy, abuelos virtuosos que ya deberían jubilarse y parar de volver sobre los mismos lugares comunes con su plantilla de integrantes rebuscados que más parecen un grupo tributo reuniéndose para celebrar la nostalgia; en esta bolsa también caben los pretenciosos conciertos del siempre políticamente correcto Rogelio Aguas: un activista antes que artista más preocupado por acomodar su panfleto, abusando de la pirotecnia y el artificio mientras cobra las ganancias del legado de los monumentales recitales de los extintos Pink Floyd. Por fortuna KC corta con todo esto y debe sus treinta años de existencia precisamente a esquivar cualquier intento de caricatura de su música y de sus espectáculos. 



Con la publicación del raro registro en vivo “Radical Action to Unseat the Hold of Monkey” (DGM, 2016) Fripp le hizo saber al mundo que su Hidra de Lerna no andaba ni herida ni desahuciada, y que simplemente, como el animal mítico, se escondía en el inframundo paciente a la espera de resurgir con más cabezas, siete para ser exactos, que, con motivo de un tour por Norteamérica, se convirtieron pronto en ocho. De esta misma manera también se multiplicaron las fechas de regreso de la emblemática formación a tierras mexicanas, un país que no visitaban desde 1996 y en el que primero agendaron dos días, luego un tercero que no dio abasto y al final un total de cinco presentaciones.

   Eran las 18:59 del pasado domingo, cuando en un acto inédito y sin precedentes en los eventos masivos en la capital azteca, todas las butacas del precioso recinto de inspiración Art déco estaban ocupadas; dentro de la multitud muchos hombres mayores de tallas grandes, forrados en playeras XXL, algunos jóvenes con semblante de estudiantes de conservatorio y unas cuantas y poco agraciadas féminas que lamentaron el momento en el que una voz en off, primero en castellano y luego en inglés (a cargo del propio Robert Fripp) solicitaba apagar y abstenerse de usar “esos maravillosos dispositivos tecnológicos llamados celulares” mientras el grupo estuviera interpretando en el escenario. Un minuto después, por el lado derecho subía Pat Mastelotto y detrás del ecléctico baterista, el resto de la plantilla: un equipo en el que se reúne lo mejor del pasado el presente y el futuro del rey carmesí. De inmediato se escuchan las primeras notas de la introducción colorida y percutiva, aquí elevada al cubo, de “Larks' Tongues in Aspic I” (Island;1973); Fripp se pone sus audífonos y ataca con sus gruesos riffs para desencadenar el carácter poderoso y metálico del tema. La acústica del metropolitano se pone a prueba con las complejas exploraciones del ahora aprendiz de brujo y cantante Jakko Jakszyk, quien presume una guitarra con el acabado de la portada del debut discográfico de la banda, y de la precisión y músculo grave del irremplazable Tony Levin. Minutos más tarde el legendario Mel Collins despliega su primer solo de flauta de la noche y aprovecha para coquetear con fragmentos del himno nacional que terminan de des-pelucar (Mex. = Sin. Des-guapar) a la audiencia local. Sin darnos tiempo para vitorear empieza “Pictures of a City” tema original de “In the Wake of Poseidon” ( Island; 1970) un corte que parece escrito para el registro vocal de Jakszyk y que la enérgica combinación de la triada de bateristas y las melodías del saxo de Collins llevan al frenesí en sus pasajes instrumentales. 



Bill Rieflin (Ministry, Swans, R.E.M) ahora al mando de los teclados se encarga de liderar una pausa ambient apoyándose en los arpegios medievales de Fripp y las oscuras notas del contrabajo eléctrico de Levin y nuevamente el Saxofón de Mell en “Cirkus” (Lizard, Island; 1970). Para “VROOM” (THRAK, E’G; 1995 ) Levin no abandona su instrumento y crea la antesala perfecta para que los siete restantes descargen toda su vitalidad en uno de los temas más experimentales de la era del “doble trio” crimsoniano. “ Hell Hounds of Krim” (DGM, 2016) es uno de los temas inéditos del ya mencionado RATUTHOM y el primer round en el que Mastelloto, el minimalista Jeremy Stacey y el más agresivo Gavin Harrison (Porcupine Tree, OSI) plantan cara a una espiral poli-rítmica. Del mismo disco es la secuencia “Meltdown-Radical II”, más emparentada con el sonido industrial de sus últimas grabaciones; al cierre de la misma, los fragmentos electrónicos ejecutados por Pat y el acople con la guitarra de Fripp se roban el aplauso. El auditorio se levanta de la emoción para recibir casi por reflejo la increíble e imposible “Level Five” (The Power to Believe, Sanctuary; 2003), aquí magnificada por el talento de una hidra octo-cefálica que amenaza con tragarse a los asistentes: estamos ante uno de los dos mejores momentos de la noche. 



King Crimson nos permite un respiro para recuperar la olvidada y pastoral “Islands” (Islands, Island; 1971); nuevamente Jakko demuestra porque es el más indicado en la nueva nómina para desempeñar las responsabilidades vocales. Rieflin y Collins coronan un pasaje melancólico y dramático que contrasta con el acto siguiente: una interpretación algo bizarra para el tono más ochentero de la clásica “Indiscipline" (Discipline,E’G; 1981), tal vez en esta oportunidad se echa de menos la esquizofrenia y maneras desquiciadas de Adrian Belew al micrófono. 

   INTERMEDIO : Todos aprovechan para ir al baño, la fila es tan larga como la mayoría de canciones de KC, los más arriesgados aprovechamos para preguntar por un whisky, una cerveza o una copa de Sangre de Toro en la barra. 



    Para la segunda parte, el octeto nos recibe con la caótica “Neurotica” (Beat, E’G, 1982); nuevamente se ofrece una versión muy distinta del tema aunque ello no le impide a Levin lucirse con su icónico Chapman Stick; con la suite “Lizard ”/ “Epitaph”, la banda hipnotiza y seda a los otrora inquietos y ansiosos espectadores, algunos, los más grandes, logran conmoverse hasta la lagrima. Sin permitir que la ovation debout termine, Robert Fripp descarga la jazzy “Easy Money” (Larks' Tongues in Aspic, Island; 1973) y todo el mundo, posiblemente por la venta sin receta ni identificación de alcohol, estalla en gritos al reconocerla: es tanta la alegría del respetable, que los músicos deben esperar a que se restaure el orden en la sala para desempolvar otro par de joyas menospreciadas en su tiempo, en este caso “The Letters” y “ Sailor´s Tale” (Lizard, Island; 1970); en esta última Fripp parece poseído despedazando cualquier técnica para tocar escalas en su afinada lira llegando hasta a tambalearse de su asiento mientras que muchos de los presentes se preguntaban si es posible imaginar en lo consecutivo una encarnación de King Crimson sin sus tres batuqueiros. 


Un segundo respiro lo tenemos con “Exile” (1973) tema deudor de las sonoridades folklóricas de Europa del este que creó el paisaje propicio para la burbujeante “The Talking Drum" (1973); nadie le quita la mirada a Levin y sus Funk Fingers ni se percata de la embestida de “Larks' Tongues in Aspic II” (1973). Para este instante ninguno discute la supremacía de esta hidra, Hail Hydra! Cuando “Starless” (Red, Atlantic;1974 ) hace su entrada todo el teatro se ha rendido ante el talento de King Crimson y ha olvidado por completo el estreno de la nueva temporada de “Game of Thrones”. En los momentos más sublimes de la pieza el auditorio se ilumina completamente de rojo; todos se ponen de pie y la mayoría parece hechizada por una fuerza oscura como en una de esas películas de Dario Argento. El tema termina, todos aplauden, chiflan y piden más, la banda se retira para regresar dos minutos después y dar la estocada final con sus dos obras más populares: “The Court of the Crimson King” y “21st Century Schizoid Man” (Island; 1969), en el primero la muchedumbre corea, en el segundo ya “vale madres” conservar la postura, sobretodo con el estruendoso y bailable solo de batería de G. Harrison. A los adultos mayores se les revienta el ácido que guardaron desde la adolescencia, a los adolescentes ya no los impresiona tanto TOOL y a las feas ahora les aflora la sensualidad y la virtud. 

    Se acaba el show, tiempo para un par de fotos y aplaudir sin temor a sacarse callos en las palmas, se abren las salidas, muchos se quedaron esperando la versión de “Heroes”. Otros salimos en chinga, mañana hay que madrugar y tendremos que exprimir el recuerdo, los King Crimson descansan pero aún les queda mucha tela de donde cortar. Ah, y dos conciertos más, por lo menos en tierra picante.


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