miércoles, 31 de enero de 2018

Changos divertidos en museos: The Square (2017) de Ruben Östlund






Por Leonardo Mora

sonidosrare@gmail.com


Estamos a frente a un filme que posee grandes cualidades y puntos de interés, pero no podría asegurarse que es una obra magna o que genere un gusto positivo más o menos uniforme entre los espectadores, lo cual, valga decir, repercutió en la vapuleada palma de oro en Cannes que le fue otorgada. Los aciertos que vemos en The Square, radican esencialmente en su poder crítico y provocador que pone en una satírica palestra cuestiones álgidas a diversos niveles, como los desatinos morales e institucionales de una enferma clase alta, el rol de los sacrosantos museos, el estiércol del arte contemporáneo, las embrutecedoras redes sociales y las desabridas relaciones sentimentales de hoy que ingenuamente nos obstinamos en sostener. 


        Geográficamente, se nos manifiesta un viejo continente en franca decadencia política y social, específicamente una Suecia de capa caída y con significativos índices de indigencia y pobreza, los cuales recaen más aún en la situación de sus inmigrantes. Dentro de esta zona, el filme señala ciertos modos y costumbres de una clase alta demasiado convencida, mezquina y de corto vuelo (bien retratada por el director y asumida con propiedad por su protagonista, Claes Bang), y desde luego, con su ancestral inclinación por establecer la mayor distancia posible con las clases sociales inferiores, casi sin ningún tipo de empatía e intervención. Asunto también grave, la cinta plantea cínicamente lo que tal sector acomodado legitima como arte en nuestros tiempos (hay que decirlo, general y lamentablemente basura) en la camisa de fuerza de las instituciones museísticas y sus poco ortodoxas campañas de recaudo y publicidad para llegar y conmover a los incautos.

      Un ejemplo reciente de ello en la realidad, por qué no traerlo a colación, lo constituye la decisión de la Manchester Art Gallery de bajar un cuadro prerrafaelista de sus salas, supuestamente para fomentar discusiones públicas en las que se ha sostenido que el bello cuadro hipersexualiza a las mujeres, ninfas en este caso, y las relega a una posición pasiva. He ahí cómo la deliciosa corrección política actual, tan risible e insuficiente, deja de tener en cuenta aspectos reales como el erotismo heterosexual, que no se anulan de un plumazo o con un insulto (sin disculpar sus pervertidas y dolorosas acepciones) y la época determinada en que se efectúa una obra artística*. Siempre es más fácil opinar con un "like" que esforzarse por lograr un criterio menos ridículo.


     Técnicamente The Square no representa una gran apuesta visual a pesar de su presupuesto considerable y a excepción de un par de movimientos de cámara interesantes, pero a cambio ofrece una inusual concatenación de situaciones absurdas, divertidas, trágicas, inclusive de pésimo gusto y macabras (algunos se sentirán heridos), lo cual imprime a la narrativa un valor distinto y no recurrente en los filmes que premia el consabido festival de Cannes. Pocas veces después de El Planeta de los Simios ha podido verse en pantalla grande una recreación tan cabal y fidedigna de un hombre imitando a su abuelo evolutivo, el divertido y sugerente chango. Y es en serio: es de gran factura la actuación de Terry Notary, quien efectivamente se basó en el clásico de ciencia ficción, y fue encontrado por el director en You Tube, imitando a un mono. 

      En suma, la intención crítica del autor es el gran elemento de la película. Cualquier cosa que se parezca a un escándalo simiesco y a una inteligente puesta en escena que cuestione la decadencia e idiotez del mundo actual y sus incontables facetas, nos parece justa y necesaria. Pero para quienes pretenden encontrar un filme tradicional de narrativa bien establecida, con los cabos atados y que genere dinamismo constante sin somníferos, posiblemente se les harán intolerables sus 2 horas y 24 minutos de duración, de algún modo innecesarias, y quizás un mal sabor final de boca que raya en lo absurdo. Pero, de cualquier modo, creemos que vale la pena verla.


*La noticia completa en inglés sobre la obra bajada del museo:Enlace de The Guardian (pulsar aqui)



jueves, 25 de enero de 2018

En memoria de Mark E. Smith (1957-2018), líder de la mítica banda The Fall




Por Herbert Neutra

herbertneutra@icloud.com


"Ellos pensaron que era demasiado serio,
han pasado por alto el humor que hay en ello...
esta es la historia de mi vida, de hecho."

Mark E. Smith

La lozanía y el buen aspecto no eran precisamente los puntos fuertes de Mark E. Smith (1957-2018). Ni siquiera en sus veintes parecía importarle lucir como un anciano de movimientos lentos y torpes al que le adeudaban meses de pensión, mientras recitaba en el escenario versos bizarros, surrealistas, sardónicos y elocuentes de raigambre Camus/H.P. Lovecraft, como si fuera el más brillante de los profesores universitarios en una borrachera el día de su despido. 


     La prolífica e increíble carrera de la agrupación británica The Fall, con más de treinta discos de estudio publicados en cuarenta años, recién acontece la muerte su líder y artífice, merece hoy más que nunca una revisión exhaustiva que nos permita superar los encorsetamientos ligeros de aspirantes a periodismo indie-queer-progre, que siguen vendiendo a la banda como una más de la vieja camada post-punk.

      Si bien es cierto que el momento en que la música de The Fall despega no puede deslindarse de la explosión del punk en Reino Unido a finales de la década de los setenta del siglo pasado, con clásicos grupos como Sex Pistols, Buzzcocks o The Clash, también lo es que la ética del D.I.Y (do it your self!/Hazlo tu mismo!) fue incorporada por Smith y su combo aleatorio con mayor ambición, pretensión y rigurosidad. 

    Mark Edward estaba menos interesado en pedorrearse en la televisión abierta y en tinturarse el pelo con Kool-Aid, y más en dar voz y forma a sus influencias literarias: Thomas Hardy, Edgar Allan Poe, Philip K. Dick. También arrastraba una obsesión con el minimalismo sonoro, con la repetición y con el “perfeccionamiento” de un estilo vocal emparentado con el legato. Estos detalles hicieron de sus composiciones no solo música de tres acordes; además, sus canciones resultaban pequeños tratados de naturalismo victoriano infestados de ruido, distorsión y catarsis. A esta particularidad atendió temprano el famoso disc-jockey de la BBC John Peel, quien para referirse a The Fall desde el principio dijo: “Son la banda contra la cual todas las demás serán juzgadas”.

   Los rumores sobre las complicaciones en la salud del músico a finales del año anterior, y la noticia de la cancelación de varios conciertos de la última gira, después un recital en octubre en el que apareció cantando en una silla de ruedas, llegaron de la mano con la publicación de una extensa compilación de sencillos y lados B: “Singles 1978-2016” (Cherry Red; 2017), un compendio que desde ya se convierte en documento de escucha obligada para todo aquel que necesite una visita guiada por el universo de la prolífica banda. 

     Aunque dos caras de una misma moneda se pueden quedar cortas para un fanático acérrimo, podría decirse que en “Singles 1978-2016” están casi todas las luces y las sombras de The Fall: “Bingo Master’s Breakout”, “It’s The New Thing”, “C.R.E.E.P”, “Cruiser’s Creek”, “Fiery Jack", “Jerusalem”, “Victoria”, “Wise Ol´ Man” “Theme from Sparta F.C #2” y un largo etcétera. 

      Solo aquellos que se tomen en serio la tarea de escuchar sin pausas, saltos o adelantos estas 7 horas y más de excelente música, siguiendo la disciplina que en otro tiempo nos impusiera el vinilo, obtendrán como recompensa un deseo incontrolable por saberlo todo sobre Smith, sobre su obra, su genio y su particular y siempre ascendente caída. Gracias Marky por hacer como pocos de tu vida una pequeña obra arte, tu ironía es justa y necesaria, especialmente en tiempos como los actuales plagados de falsa humanidad y talento.

lunes, 22 de enero de 2018

Artes, géneros, batallas: Phantom Thread (2017) de Paul Thomas Anderson




Por Herbert Neutra



“Me tiene de una pieza es la verdad, 
yo no comprendo por qué razón, 
a un hombre macho como yo, 
un par de piernas, lo vuelvan 
mierda y una carita lo haga un guevón”.


DARIO DARIO



Posiblemente el epígrafe no sea el más estilizado para este exquisito y elegante filme, pero por la crudeza y tono directo de esas improvisadas palabras, sí sea el más adecuado; por supuesto su pertinencia no se podrá constatar hasta que se abandone la sala, una vez finalicen las dos largas horas que se ha tomado el director americano Paul Thomas Anderson (Boogie Nights, 1997; There Will Be Blood, 2007; The Master, 2012) para presentarnos todas las intrigas y la condena a la que un artista se ve sometido cuando se topa con ese mar revuelto de zozobra, alegrías y sinsabores que es el amor. 


    Phantom Thread es la consagración de Anderson, otro gran nombre de la cinematografía de este siglo, quien ahora captura en portentosos 70 milímetros todo el glamour de la Londres de la posguerra, enfocándose en la obra y el genio de Reynolds Woodcock, un prestigioso costurero en el centro de la moda británica de 1950, a quien da cuerpo y voz de forma incontestable Daniel Day-Lewis. A Woodcok las mujeres le sirven de inspiración, de medio para su creación y de compañía, ¡claro!, hasta el día en el que conoce a Alma (Vicky Krieps), a quien, como ocurre con el "pendejo" (léase tonto en Colombia, infante en Argentina, imbécil en México) de la canción ranchera de Darío Darío, decide convertir en un elemento fijo y determinante en su vida: ya no solo será su amante, también será su ánima, su musa y su compañera. 

   Pronto, como ocurre con cualquier ecuación en la que se invierten los factores razón/emoción, y en las complicadas relaciones masculino-femenino y sus inversos caminos hacia la iluminación, aparecerán las fricciones entre ambas naturalezas. Este escenario es el que el director aprovecha para mostrarnos con su característico humor negro, todas las consecuencias de las acciones de un hombre al que ya no solo una, sino varias mujeres, han ido enredándole la psique, a lo largo de una exitosa pero espinosa existencia.


    A pesar de una aparente simpleza narrativa y genérica, “El hilo invisible” es un espectáculo visual, en el que todo el universo detrás del diseño de las prendas y el oficio de su protagonista, el contexto histórico, el tono oscuro emparentado con títulos como Rebecca (Hitchcock; 1940) y las loables interpretaciones del resto del elenco, cautivarán por su pureza y refinamiento al espectador paciente e interesado. La película es un cumplido al cine a la vieja usanza, en el que la composición de cada fotograma pide degustarse con calma, aún cuando lo que lo que vaya revelando entrañe un sabor agridulce y perturbador; no es gratuito, a propósito, que el propio Day-Lewis anunciara al final del rodaje que su compenetración con el personaje de Woodcok lo llevara a retirarse definitivamente de la actuación y que ha considerado NO ver el largometraje por una cuestión de salud profesional y mental.

  Phantom Thread es una pequeña joya y un clásico instantáneo que haría las delicias y despertaría la envidia de Max Ophüls o Douglas Sirk, entre otras, porque cuenta con una delicada y majestuosa partitura a cargo (nuevamente) de Jonny Greenwood; una obra maestra que pasó desapercibida por las limitaciones de su distribución y estreno en Norteamérica el año anterior, pero que afortunadamente podrá verse en muchos cines del mundo, por supuesto, si usted es de aquellos que valora la calidad y el sentido de dicha experiencia.

miércoles, 10 de enero de 2018

2017 en 11 filmes: sobre viejas y nuevas formas de hacer y observar cine



Fotografía de John Baldessari

Por Herbert Neutra
herbertneutra@icloud.com




En “Mystifying Movies: Fads & amp; Fallacies in Contemporary Film Theory (1988, Columbia University press), el ahora prestigioso filósofo del arte Nöel Carroll, despedazaba con una impecable argumentación todas las mentiras, la falsa ciencia y las aspiraciones “pluri-abarcantes” de los considerados en su momento paradigmas y pesos pesados de la teoría del cine. Pasaba que hace ya casi treinta años se bebía en las universidades y en las facultades de humanidades y bellas artes anglosajonas un cóctel peligroso que incluía entre otros al psicoanálisis lacaniano, al marxismo althusseriano y las pretensiosas maneras semióticas cortesía del infame Roland Barthes. En la conclusión de su libro, Carroll proponía la desmantelación de estas teorías, porque reducían la investigación y el análisis cinematográfico a la repetición de slogans, pastiches, códigos narratólogicos, patologías mentales y manipulación ideológica. Adicionalmente invitaba a diseñar desde cero un marco teórico que permitiera comprender la complejidad del séptimo arte más allá del texto, el consumo y el discurso, considerando que el cine fue, es y será, fundamentalmente, una experiencia cognitiva, emotiva y fisiológica y NO un mecanismo de control mental de la oscura industria cultural.


     A pesar de que en pleno 2018 es fácil hacerse de forma oficial o ilegal con cualquier copia de un libro de Carroll, desconcierta la manera en que la crítica cinematográfica latinoamericana no solo ha pasado por alto estos aportes, sino que sigue volviendo sobre los mismos lugares comunes, despreciando con una argumentación caduca el valor estético de muchos de los filmes que pasan por sus brillantes y aventajadas mentes y plumas. El año que recién terminó, los mandé a la chingada, y me dediqué a aprovechar las promociones de mi tarjeta de descuentos del Cineplex, a quemar las cortesías que tuve a mano, pero sobre todo, a integrarme con el público “menos ilustrado”, aquel que busca entretenimiento y buen rato en las salas de proyección. Como resultado, dejo a consideración este conjunto de títulos que valen por sí solos, no solo como evidencia de la evolución de la cinematografía, sino como muestra de la incapacidad del aspirante a Phd en mamadas y su defensa de un marco teórico que hace rato debería considerarse como un aborto para la historia de las ideas.


    Presento en orden ascendente, los que, en mi opinión y en el comentario de muchos espectadores de a pie, son los mejores largometrajes del año que acaba de finalizar, películas que estimularon el corazón y el cerebro de quienes realmente fueron a verlas, a tiempo que activaron la metástasis en las afectadas anatomías de muchos intelectuales que las despreciaron por no contar con una gran historia, celebrar la frivolidad del entretenimiento o reproducir los estereotipos de la opresión judeo-cristiana-capitalista-heteropatriarcal del perverso occidente.







COCO / ADRIAN MOLINA Y LEE UNKRICH

Lo último de Pixar es una celebración ingeniosa y milimétrica de una de las tradiciones más hermosas de la siempre colorida y optimista cultura mexicana; muchos académicos locales, invocando el manido chauvinismo se ofendieron, porque la gran fabrica “gringa” de sueños que es Disney, supo capturar sin muchos rodeos y con una técnica majestuosa, la esencia de su idiosincracia, volviendo sobre un tema tratado muchas veces en la historia del cine: aquel de la pérdida de aquellos que más queremos y la manera como los conservamos vivos . “Coco” no será la mejor película de Pixar pero sí un filme que conmovió al mundo con la mejor cara de un país que por momentos subestima su grandeza.




GET OUT / JORDAN PEELE

Posiblemente el mejor largometraje de terror que se proyectó el año anterior, la puesta en escena sardónica pero realista de Peele va sobre las buenas intenciones del progresismo americano para con las “minorías oprimidas”; el comediante remplaza la plantación de algodón y a los encapuchados del KKK por una casa campestre custodiada por nobles demócratas, y al final puso a muchos a dudar sobre las bondades de gente como B. Sanders y a otros a sudar frío con frases tan escalofriantes como: “Es una lastima que no pueda votar a Obama para un tercer mandato”.


STAR WARS: THE LAST JEDI / RIAN JOHNSON

Nadie esperaba que Johnson (Looper, 2012) convirtiera esta nueva entrega en una de las mejores películas de la legendaria saga. Rian logra el equilibrio entre la mesura y la espectacularidad, saca todo el provecho de la mezcla en Dolby Atmos y reta los reflejos del espectador en varias secuencias y batallas que pasarán a la historia: bien por su cuidada coreografía, bien por el tono espiritual y enigmático que suponen, o por cierta ironía que no cae jamás en la parodia. No faltaron en contra “niños rata revisionistas” que se niegan a aceptar que el universo de Star Wars es tan extenso y abierto que ya no sabe de nostalgias, coherencia narrativa o una supuesta “corrección política”. El futuro de la galaxia aun depende de lo mismo: Kylo Ren y Rey no son más que dos energías contradictorias y complementarias, que, como hombre y mujer, tarde o temprano tendrán que juntarse por el bien y la continuidad de la fuerza.



THE SHAPE OF THE WATER / GUILLERMO DEL TORO


Del Toro sabe como pocos - tal vez solo como Tim Burton, de quien es, por cierto, su relevo generacional- llevar al celuloide todas sus aficiones, sensibilidad infantil y gustos por el cine underground, de culto, los cómics y la literatura fantástica, entre otros, para materializarlos en contextos históricos plausibles que le permiten vender un sello inconfundible. Utilizando el escenario de la guerra fría ha filmado otro elocuente y bizarro cuento de hadas: en esta oportunidad vemos a Elisa (Sally Hawkins), una mujer poco agraciada, con una vida caracterizada por el aislamiento y silencio, a quien para colmo, la ha "dejado el tren". Sin embargo, pronto y de una manera inusual, conocerá a la que podría ser su última oportunidad de felicidad. “The Shape of the Water” tocará las fibras del espectador con su tono sombrío y elegante. El director tapatío invoca formas clásicas en el encuadre y rinde tributo al mejor cine silente, se concentra en adentrarnos en un romance anfibio, mudo e imposible, en el que los amantes a falta de oxigeno, cambiaran las palabras y argumentos por besos, gestos y caricias. Nada más hay aquí y me parece que ya es suficiente; favor abstenerse de ridículos estudios sociológicos y de identidad de genero, no olviden que la clasificación dice: Terror-Fantasía-Ciencia Ficción.




UNA MUJER FANTÁSTICA / SEBASTIAN LELIO

La película de Lelio no solo es la confirmación del gran momento por el que pasa el cine chileno; también es una obra cargada de momentos descaradamente kitch,una sensibilidad ácida impregnada de giros que le deben mucho tanto a Almodóvar como a Hitchcock, y una muestra muy original de la lucha que Marina debe enfrentar ante el mundo, sin refugiarse en el discurso barato y obvio de la segregación que tantos sueños húmedos provoca a la izquierda. La admirable interpretación de Daniela Vega conmueve: más difícil que ser mujer es ser hombre y más complicado insistir en ser una "mujer fantástica" inventada por un hombre.


BABY DRIVER / EDGAR WRIGHT

Este recomendable título tiene todos los elementos necesarios para ganarse el desprecio del crítico que lee más de lo que ve: Impresionantes escenas de acción, una banda sonora que engancha y sirve de columna vertebral a la cantidad de plomo que se dispara, excelentes representantes del sexo femenino y una historia de amor idílica y ridícula en los días de la “brecha salarial”. Wright llega mucho más lejos que Tarantino a la hora de juntar recortes y referencias cinéfilas, porque no presume de erudición ni abusa del metraje; más bien se concentra en la captura de las situaciones desde ángulos originales y en llevar a la sala de post-producción suficientes argumentos para obtener una película que se resiste a cualquier interpretación que quiera seguir utilizando conceptos como “diégesis” o metáfora.


LOVELESS / ANDREI ZVYAGINTSEV

Zvyagintsev se consagra como el director ruso más importante de las últimas dos décadas, esta podría ser fácilmente su mejor película en una filmografía que merece toda la atención ( “The Return”, 2003; “The Banishment”, 2007; Elena, 2011; “Leviathan”, 2014). Nuevamente el autor nos cautiva puliendo un estilo deudor de la poderosa escultura cinemática de Andrey Tarkovsky y la mirada desposeída y existencialista de Krzysztof Kieslowski, otra vez tenemos a heróes y villanos arrojados a un mundo al que Dios da la espalda y en el que las relaciones humanas se congelan a favor del consumismo y la vida material, un comentario para nada alejado de un contexto como el que el autor examina: la Rusia del post-comunismo donde la erosión moral y la falta de empatía de sus habitantes es el único credo que se profesa.

VISAGES-VILLAGES / AGNES VARDA- JR

La aclamada documentalista octogenaria Agnes Varda no se conforma con su reconocimiento como figura clave de la Nouvelle Vague, y aúna fuerzas con el famoso fotógrafo JR para embarcarse en un viaje por la Francia más profunda y olvidada. "Visages, Villages" termina recobrando el valor, la funcionalidad y la utilidad del que-hacer artístico. Varda y JR, sin proponérselo, terminan produciendo una obra maestra, en la que las historias cotidianas de la gente ordinaria, la arquitectura y el paisaje con el que se van topando y un original sentido del humor, nos devuelven la esperanza en la humanidad y en la vida. Un Documental Monumental que debe su calidad al tono personal y directo con el que se ha elaborado.


LADY BIRD / GRETA GERWIG

Saoirse Ronan lo ha vuelto a hacer: se ha metido en los poros de una mujer confundida dando cuerpo ahora de forma magistral a los conflictos de una adolescente que debe plantar cara a una existencia monótona y sin perspectiva en la Sacramento de inicios de este siglo. “Lady Bird” es el debut en la dirección de Gerwig y además, es esa típica película pequeña e independiente que se hace grande al mostrarnos la belleza que entrañan las cosas sencillas. Para el comentarista cosmopolita pasará desapercibida, para todos aquellos que venimos de pueblos chicos e infiernos grandes, podría funcionar como un manifiesto.


CALL ME BY YOUR NAME / LUCA GUADAGNINO

La sinopsis  que se promociona esta película la hemos leído desde los “Dialogos” de Platón, y es la fantasía de todo profesor universitario con gustos alternativos: Hombre maduro, con saludable posición económica y bien educado, que aspira a un doctorado, termina prendado por la jovialidad, la inteligencia y la belleza de un muchacho que se espontáneamente se ofrece como su aprendiz, su musa y todo lo que el calor del verano le provoque. ¿Cuál es el aporte de Guadagnino entonces? Es confeccionar todo el proceso en el que dicha atracción se condensa, explotando cada fotograma, cada linea de diálogo y cada encuentro entre ambos personajes, excitando nuestra pupila con una paleta vivida de colores, empleando acertadamente la música y preocupándose por capturar las rugosidades, las texturas y el calor de los cuerpos envueltos en la conquista. Hay tanto ritmo y sensualidad en "Call me by your name" que hasta el Señor de botas y sombrero que se equivocó de sala en su estreno en el reciente Festival de Morelia, terminó aplaudiendo en los créditos, hechizado por este descarnado tributo a las emociones.


DUNKIRK / CHRISTOPHER NOLAN

¿Es “Dunkirk” la mejor película de 2017? SÍ y desde ya hay que aceptar que es un gran logro cinematográfico, un clásico instantáneo del cine bélico que sobrevivirá mucho mejor al paso del tiempo que las pobres recreaciones que en décadas anteriores se intentaron sobre la intrépida misión de rescate de las tropas británicas -y de uno que otro francés y canadiense colado- de las costas galas, como resultado de la implacable avanzada del ejercito alemán durante la segunda guerra mundial. Nolan nos mete en la panza de la bestia desde el principio, no le interesa la rigurosidad histórica, ni los detalles sobre el suceso, ya que para eso existen buenos libros; el filme no va de explicar con muchos diálogos, va sobre ejecutar de manera impecable el infierno de la guerra y la intensidad de quienes la vivieron; en dicho sentido también la punzante partitura de Hans Zimmer aporta bastante. A Nolan no le interesa la “coherencia narrativa” porque no subestima al espectador, lo de él son los viajes en el tiempo y la fragmentación de la memoria, utilizando, como nos tiene acostumbrados, varios caminos, sin que esto suponga necesariamente la incongruencia. Christopher sabe que el arte cinematográfico recurre a los sentidos para potencializar la experiencia, ya que él es un perfeccionista como Kubrick, y si fue obstinado y filmó en IMAX de 70 mm, debe ser porque el 25 % de pantalla adicional SÍ importa. 

     En "Dunkirk" no hay nada de discursos, nada de un examen detenido sobre la psique de cada personaje -aunque sin buscarlo Nolan lo logre-, nada de estacionarse en denunciar y demonizar al adversario ni de glorificar a la victima, nada de llenar la pantalla con judíos llorando con sus brazaletes de estrellas de seis puntas y nada de Nazis con sus esvásticas escupiendo fuego: es la guerra y el enemigo nos ha arrinconado, hay que salvar a la mayor cantidad de soldados que se pueda, he aquí la única premisa. En contra de "Dunkirk" no faltaron los más tarados que se ofendieron porque la mujer no estaba adecuadamente representada, porque no había suficientes minorías o porque al final el “triunfo” del ejercito británico y las palabras que oficialmente profirió Wiston Churchill llamando a toda Britania a no rendirse, tenían un tono propagandístico que justificaría el reciente Brexit y toda la maldad del imperio británico por siglos. Para todos estos avezados comentaristas estaría mejor un fin de semana de entrenamiento militar. Dunkirk será ignorada en la próxima entrega de los Oscars, no solo porque se estrenó en Verano, sino porque no ofrece nada útil a la agenda hollywoodense, y es que en un mundo tan ginocéntrico como el actual ¿a quién le pueden importar un montón de hombres blancos luchando por la libertad de una nación? más trendy es encender velas, cantar "Imagine" y agarrarse de las manos.

viernes, 29 de diciembre de 2017

Cinco poemas de Blas de Otero








Blas de Otero Muñoz (Bilbao, 15 de marzo de 1916 – Majadahonda, Madrid, 29 de junio de 1979) fue uno de los principales representantes de la poesía social de los años cincuenta en España. Tradicionalmente la crítica divide en diversas etapas su producción poética: una primera de corte religioso, de la cual el poeta renegaría después. En una segunda etapa existencial, esta doctrina del pensamiento aparece de manera transicional, como respuesta a la crisis espiritual de 1945 durante la cual pierde la fe. A través de ella llega a lo que será el estadio definitivo de su poética, la poesía social. Sin embargo, esta etapa tiene entidad propia y valor de por sí.


     Finalmente el principal paso que da la poesía existencial para volverse social es el cambio de persona, del «yo» al «nosotros». El poeta, aceptada su condición humana, encuentra su sitio entre el resto de seres humanos, y halla también una razón vital: la solidaridad humana, la búsqueda de un mundo mejor a través de la poesía. El poeta defiende la utopía humanista porque ya no tiene una fe religiosa: no hay un más allá perfecto al que aspirar, pero, aunque el hombre esté condenado a venir de la nada y caminar hacia ella, se debe luchar para conseguir que su vida sea digna y feliz.


*Todos los datos anteriores tomados de Wikipedia.

Los siguientes cinco poemas han sido extraídos del libro Con la inmensa mayoría, recopilación publicada por Editorial Losada, en Buenos Aires, 1960 (con las obras Pido la paz y la palabra y En castellano).



A LA INMENSA MAYORÍA

Aquí tenéis, en canto y alma, al hombre
aquel que amó, vivió, murió por dentro
y un buen día bajó a la calle: entonces
comprendió: y rompió todos sus versos.

Así es, así fue. Salió una noche
echando espuma por los ojos, ebrio
de amor, huyendo sin saber adónde:
adonde el aire no apestase a muerto.

Tiendas de paz, brizados pabellones,
eran sus brazos, como llama al viento;
olas de sangre contra el pecho, enormes
olas de odio, ved, por todo el cuerpo.

¡Aquí! ¡Llegad! ¡Ay! Ángeles atroces
en vuelo horizontal cruzan el cielo;
horribles peces de metal recorren
las espaldas del mar, de puerto a puerto.

Yo doy todos mis versos por un hombre
en paz. Aquí tenéis, en carne y hueso,
mi última voluntad. Bilbao, a once
de abril, cincuenta y tantos.

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CON NOSOTROS

(Glorieta de Bilbao)

En este café
se sentaba don Antonio 
Machado.
             Silencioso
y misterioso, se incorporó
al pueblo,
blandió la pluma,
sacudió
la ceniza,
y se fue.

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JUICIO FINAL

Yo, pecador, artista del pecado,
comido por el ansia hasta los tuétanos,
yo, tropel de esperanza y de fracasos,
estatua del dolor, firma del viento.

Yo, pecador, en fin, desesperado
de sombras y de sueños: me confieso
que soy un hombre en situación de hablaros
de la vida. Pequé. No me arrepiento.

Nací para narrar con estos labios
que barrerá la muerte un día de éstos,
espléndidas caídas en picado
del bello avión aquel de carne y hueso.

Alas arriba disparó los brazos,
alardeando de tan alto invento;
plumas de níquel: escribid despacio.
Helas aquí, hincadas en el suelo.

Este es mi sitio. Mi terreno. Campo
de aterrizaje de mis ansias. Cielo
al revés. Es mi sitio y no lo cambio
por ninguno. Caí. No me arrepiento.

Ímpetus nuevos nacerán, más altos.
Llegaré por mis pies -¿para qué os quiero?
a la patria del hombre: al cielo raso
de sombra esas y de sueños esos.  

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AIRE LIBRE

Si algo me gusta, es vivir.
Ver mi cuerpo en la calle,
hablar contigo como un camarada,
mirar escaparates
y, sobre todo, sonreír de lejos
a los árboles...

También me gustan los camiones grises
y muchísimo más los elefantes.
Besar tus pechos,
echarme en tu regazo y despeinarte,
tragar agua de mar como cerveza
amarga, espumeante.

Todo lo que sea salir
de casa, estornudar de tarde en tarde,
escupir contra el cielo de las tundras
y las medallas de los similares,
salir
de esta espaciosa y triste cárcel,
aligerar los ríos y los soles,
salir, salir al aire libre, al aire.

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POR CARIDAD


Laura,
paloma amedrentada,
hija del campo, qué existencia ésta,
dices, con el hijo a cuestas
desde tus veinte años,
tres años en la Maternidad
fregando los suelos,
por caridad
(por caridad, te dejan fregar el suelo),
ahora en la calle
y entre mis brazos,
Laura,
te amo directamente,
no por caridad,
estás cansada
de todo,
de sufrir frío,
de tu pequeño acordeón
entre las piernas,
del desamor,
pero no olvides
(nunca),
yo te amo directamente,
y no
por caridad. 




domingo, 10 de diciembre de 2017

Deconstrucción 24 (Historia Argentina para Dummies) (2017): Una serie de imágenes por Leonardo Mora







El siguiente texto breve de Leonardo Mora expresa algunas ideas sobre la génesis de la serie de imágenes titulada "Deconstrucción 24 (Historia Argentina para Dummies)", actualmente en exposición en el Centro Municipal de Arte de Avellaneda, Buenos Aires.



   Este trabajo hace parte del proyecto colectivo La Conexión, el cual resulta de una experiencia coordinada por el fotógrafo Res, cuya propuesta consiste en trazar un cruce entre la historia personal de cada uno de los fotógrafos con la del espacio de la ex ESMA, centro clandestino de detención durante la última dictadura argentina. El trabajo de este colectivo fue inicialmente auspiciado por el Centro Cultural para la Memoria Haroldo Conti, y su trabajo puede seguirse en la fan page del grupo en Facebook:








"Deconstrucción 24 (Historia Argentina para Dummies) (2017): Arte y política para las masas"



Por Leonardo Mora
sonidosrare@gmail.com


Nuestro trabajo de imagen, actualmente (diciembre de 2017) en exposición en el Centro Municipal de Arte de Avellaneda (Buenos Aires), el cual hace parte de La Conexión, muestra fotográfica que nace del taller de imagen impartido por el fotógrafo argentino Res en el Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti, ha intentado amalgamar algunas ideas visuales y teóricas y manifestarlas a través de una serie inicial de seis imágenes que fundamentalmente emparentamos con los usos del cartel político.

    La elaboración de estas imágenes tuvo en cuenta la historia y las características de los carteles políticos más clásicos, especialmente los que surgieron en la primera mitad del siglo XX, y su manera de emitir y fomentar ideologías de manera directa, fáciles de decodificar para la población general y capaz de integrarse en su cotidianidad y en sus espacios públicos y callejeros. Tan sólo basta recordar el trabajo de los constructivistas y suprematistas en Rusia durante la revolución a principios de siglo XX, en el cual se exigió a diversos artistas servir a una causa política que necesitaba ser velozmente divulgada y llegar a todos los rincones de manera contundente y precisa. Tales artistas integraron entonces elementos provenientes del diseño, la fotografía, las artes plásticas o la arquitectura, y crearon imágenes de gran fuerza y efectividad, que hasta el día de hoy resultan fundamentales influencias en cuestiones tanto propagandísticas como estéticas. Pero a diferencia de estos aspectos afirmativos, nuestro trabajo hace uso de cierta carga satírica e irónica que se propone cuestionar determinados ejes negativos de una causa nacionalista (en este caso la argentina de la dictadura entre 1976 y 1983) en la cual los agentes del poder crean, implementan o potencian ciertos valores tradicionales, históricos y sociales, y gestan un sentimiento general de adhesión, de integración y de legitimación desde y hacia una bandera, una consigna, un modelo, lo cual pasa a transformarse, en su peor acepción, en un asentimiento de totalitarismos y fascismos que también se basa en el beneplácito de amplias capas poblacionales, y que permiten que el poder sea garante de un determinado “orden” incuestionable y legitimado en todo su accionar, esencialmente mediante las fuerzas militares.


  Cinco de las seis imágenes se valen de breves frases y expresiones emitidas por el dictador Jorge Videla (la otra es del expresidente colombiano Álvaro Uribe) en diferentes alocuciones públicas, de las cuales hacemos énfasis en sus aspectos más cínicos, radicales y reduccionistas, en cuanto están cargados de una temible demagogia que pretende defender los motivos del régimen (en estrecha relación con otras esferas como los emporios económicos o la iglesia), anular cualquier oposición y otredad de criterio político, y disculpar impunemente los letales móviles y actuaciones que desangraron nefastamente a la nación argentina, cobraron miles de vidas y desaparecieron otras tantas, de las que nada se sabe hasta el día de hoy.

    La razón por la que elegimos un camino distinto de un trabajo expresamente fotográfico, a pesar del origen y carácter de los trabajos de La Conexión, radica en ideas como las expresadas por Vílem Flusser en Hacia una filosofía de la fotografía, en cuanto a pensar, cuestionar y revalorar el ejercicio fotográfico y su especificidad como imagen técnica impuesta por el aparato en sí. Nos tomamos la libertad de traer una cita amplia, pero de gran interés y esclarecimiento:

     “La cámara exige que su poseedor (o quien es poseído por ella) tome constantemente fotografías, que produzca de manera continua ideas redundantes. Esta manía fotográfica –de lo eternamente reproducido, de la repetición de la igualdad (o de la similitud)- llega a un punto en donde el productor de fotografías instantáneas se siente ciego si se le priva de su cámara: drogadicción. El productor de fotografías instantáneas ya no puede ver el mundo si no es a través de su cámara y de las categorías del programa de su cámara; él no trasciende más la cámara, sino que es devorado por su función voraz. Se convierte en el obturador automático prolongado de la cámara; su conducta es una función automática de la cámara. El producto de esta manía en un flujo constante de imágenes sin conciencia (…) Fotografías redundantes son aquellas que se reemplazan entre sí de manera continua y de acuerdo con un programa (…) Este es el reto del universo fotográfico, el reto para el fotógrafo: como oponerse al flujo de fotografías redundantes con fotografías verdaderamente informativas”*.




En el caso particular de nuestro trabajo, partimos de fotografías preparadas y callejeras que posteriormente son manipuladas con programas de diseño; les hemos integrado, a la manera de un collage digital, elementos figurativos en los que se puede ver predilección de los trazos diagonales por su componente agresivo, dinámico y desestructurante (valga recordar los usos del expresionismo y el constructivismo en imagen), y colores primarios en dibujos esquemáticos para imprimirles mayor contundencia y rapidez (a la vez que cierta frialdad) a la hora de la recepción.

   Como última idea, queremos resaltar que también nos interesan las reflexiones acerca del ejercicio artístico y las maneras de abordar y generar memoria alrededor de un fragmento significativo de una historia determinada. En la medida en que tal ejercicio no se interrogue así mismo en contrapunto con nuestra época a nivel político, artístico, institucional, ni busque nuevas formas y nuevos caminos, y olvide un sentido crítico que cobije tanto a las obras mismas como los consumos culturales y las maneras actuales de difusión e intercambio, entre otros variados aspectos, posiblemente elementos como el rango y la contundencia artística, en relación con la necesidad de resguardar la memoria, sufran cierto nivel de detrimento y banalización traducida en olvido, desinterés o insufrible recurrencia.  


Diciembre de 2017



*FLUSSER, Vílem. Hacia una filosofía de la fotografía. Cap. 7 (La recepción de la fotografía). Páginas 54 y 61.


De izquierda a derecha: Paula del Cueto, Mariana Salaberry,
 Fernando Julián M., RES, Natalia Zaidman, Bruno Basile y Leonardo Mora. 
Inauguración de la exposición de fotografía e imagen del grupo La Conexión 
en el Centro Municipal de Arte de Avellaneda, Buenos Aires. Diciembre de 2017.




lunes, 27 de noviembre de 2017

Prismas (2017): un libro de relatos de Daniel Padilla Serrato





Prismas (2017) es el libro más reciente de relatos del joven poeta y escritor colombiano Daniel Padilla Serrato. Anteriormente el autor ha publicado tres libros de versos: "El espejo dormido" (2012), "Licor de Lodo" (2014) y "La persistencia de lo inútil" (2016), este último en conjunto con dos poetas más. Daniel Padilla ha ganado diversos certámenes literarios en su país, donde adelantó estudios de Maestría en Literatura, en la Universidad del Tolima. En esta institución actualmente se dedica a la docencia.  

    Prismas pertenece a la colección de narrativa publicada bajo el sello de Fallidos Editores, librería y editorial independiente de Medellín. Próximamente la obra podrá encontarse en ciudades como Bogotá, Cali, Manizales, Tunja, Cartagena, Pasto e Ibagué.

    A continuación presentamos un texto de Lucía Estrada, en el cual nos invita al abordaje del nuevo libro de Daniel Padilla y nos comparte su impresión del mundo poético de la obra. Posteriormente ofrecemos Prisma, un relato del libro, cedido amablemente por el autor. Daniel Padilla es colaborador habitual de Colectivo Audiovisual Zerkalo. 



PRISMAS, EL LABERINTO DE LA TRANSPARENCIA


Por Lucía Estrada


Medellín, 2017.



Este libro recibe la luz de una manera inusual. La silencia. Se diría que tiende una alfombra de musgo y hojas bajo sus pies. Palabra por palabra explora su extrañeza, su transparencia, el gran laberinto en el que el mundo se manifiesta de otra manera, donde su origen sobrevive lejos de nuestros ojos, pero cerca de nuestro corazón. 

    Nos desacostumbramos a las más antiguas manifestaciones de la noche y sus jardines por querer alcanzar el tiempo, por perseguir las ventajas de ser prácticos, racionales, por tratar, casi siempre, de explicarlo todo, de abrirlo todo, de robarle al mundo su misterio y su condición primera. Nos desacostumbramos al claroscuro en el que podemos apreciar mejor las formas, ese diálogo perfecto entre lo tangible y lo que no podemos rodear con nuestros sentidos, pero que resulta tantas veces más real y más inquietante que todo cuanto hemos nombrado y diseccionado. 

     Cuando empecé a leer este libro, supe que lo asistía el otro lado del espejo. Que Daniel Padilla, de quien ya había leído otros textos igualmente perturbadores, había elegido una atmósfera, un ritmo, una tensión que lo emparentara con el sueño, con la pesadilla, con esos seres que respiran más allá, pero también más acá de lo probable; una visión que nos recuerda lo mejor de la literatura gótica, pero también la sugerente poética del romanticismo alemán. 


   Estos cuentos no intentan convencernos de que existen otras regiones que escapan de lo cotidiano; transcurren sin pretensiones, sin retórica, sin artificios, señalando con rigor lo que, gracias a sus largas vigilias y a su rara sensibilidad, ha descubierto entre los pliegues de una realidad que se torna cada vez más compleja y extraordinaria cuando la sometemos a la ciencia y a nuestros exhaustivos análisis filosóficos. Desnuda, bajo los más potentes reflectores, la vida y el mundo que la contiene, continúan siendo tan misteriosos y secretos como al principio. 


     Manteniendo el pulso y la respiración de estos textos desde la primera página hasta la última, agradecí a su autor haberme permitido acercarme a este laberinto de transparencia en el que uno puede ver su rostro, a la vez, reconocerse ajeno, inexplorado, pero dispuesto a derribar la última puerta del castillo de Barba Azul. Páginas en las que lo desconocido se deja iluminar tenuemente para hacer parte de nuestro tiempo, de nuestra experiencia, pero sobre todo para recordarnos que sólo la poesía, ya sea en palabras, en música, en imágenes, puede ampliar nuestra conciencia del mundo, puede hacer más atenta nuestra mirada, y restablecer definitivamente ese árbol de inocencia bajo cuya raíz la luz completa su espectro. 


Armonía (1956) - Remedios Varo



PRISMA


Por Daniel Padilla Serrato




Si se comparara las distintas formas de la poesía
con la luz solar refractada por el prisma,
los escritos de los ensayistas serían
la radiación ultravioleta. 



Georg Lukács 







     Desde esta gruta en los acantilados puedo ver el mar y más allá las islas, iluminadas por el verde resplandor del sol en el agua. Los poemas que tengo en mis manos están, en gran medida, hechos de esa sustancia marina. Traen consigo aromas de algas y de sal. 


    Los lectores encontrarán en esta colección de poemas lo que promete ser una enciclopedia del mundo antiguo. Inútil copiar aquí uno solo de sus fragmentos; tal tarea me llevaría siglos. Son tan vastas sus imágenes, tan ardientes y punzantes sus metáforas que si las transcribiera, si de pronto quisiera suplantar al poeta moriría con el corazón despedazado, me volvería ciego, tal vez loco. Sólo puedo, en estas líneas, intentar comunicarles algo de lo que Un jardín para Perséfone ha provocado en mí. 

    Ya se ha descrito en algún libro la pugna entre todo poeta y sus precursores. Existe un conflicto que mantiene al autor joven vacilante en medio de la veneración a sus padres poéticos y la necesidad de crearse a sí mismo. Por eso, es inevitable sentir, al leer los poemas de Un jardín para Perséfone una voz que invoca a los dioses con el tono de los bardos, de sus canciones a las penurias y viajes de los héroes. 

    En aquel libro también se dice que todo poema es una versión empobrecida de lo que podría haber sido; así como todo hombre —según una sibila— no es más que una versión en ruinas de un rey. No obstante, los poemas que aquí comento alcanzan la grandeza, la autoridad aterradora de los cantos originales. 

    Como en los dibujos esparcidos sobre las paredes de mi gruta, encuentro en muchos de esos versos un aire primordial, imágenes de un tiempo olvidado. El encantamiento de las palabras hace aparecer ante mí hordas de cazadores con sus máscaras cornudas, el vuelo del mago, la hoguera ceremonial. ¿Qué extraña combinación de sombras —pues acabo de encender una fogata— dota de movimiento a los bisontes? 

     Al leer Un jardín para Perséfone imagina uno a los servidores de la Musa traduciendo en himnos el rapto de la Diosa, la travesía de la Anciana que busca a su Hija; el Dios ebrio, su Renacimiento, la iniciación en los Ritos. Afuera, en el ocaso de este día de verano las nubes brillan apacibles, traspasadas por el sol. Oigo el canto de los alcaravanes; salen a buscar roedores. El estrépito de los insectos revienta en la noche. 

     Vuelvo al pequeño tomo. Cada uno de estos textos evoca cuadros, escenas a manera de frescos de una remota edad de oro. Son páginas sostenidas por una búsqueda de momentos sacros. Los elementos son presencias vivas ante las cuales es necesario el conjuro apaciguador, la actitud reverente y conciliatoria. La experiencia extática busca esa efímera eternidad en que convergen los sucesos de los días comunes, los ciclos estacionales y el íntimo, adánico gozo de quien ve el paisaje con ojos nuevos y nombra todo por primera vez. Así, el poeta, merced a la memoria como Musa de la Revelación descubre —al recordarlo— el nombre secreto de los seres y las cosas. 

     El fuego, alejado prudentemente de la biblioteca vuelve a poner en movimiento aquellas formas inquietantes trazadas al parecer por la mano de un niño o de un anciano. Ahora me doy cuenta, mirando al cielo nocturno teñido de púrpura, de que cada figura corresponde a un conjunto de estrellas: La Ballena, El Escorpión, La Urna, El Cazador, La Serpiente. Entonces cada uno de los poemas debe corresponder a un dibujo. He descubierto, al disponerlos en determinado ángulo, que señalan la ubicación exacta de una constelación. Son un mapa sideral. 

   Los versos del jardín se vuelven música, oigo leves tambores; me rodea un murmullo de semillas, de golpes secos y monocordes. En el fondo, la melodía de una flauta de juncos. El sacerdote del Dios Astado habla pausadamente; una gaviota extraviada raya la noche, las llamas se estremecen. ¿Hacia qué numen se eleva el incienso de estos cantos? 

    Paso la página y diviso lejanos navíos bordeando la costa, cargados de oro y especias. Se abren, entonces, fisuras en las aristas de roca. Algo cambia, intenta salir y brillar. Un objeto pequeño: un corazón. Su diáfana solidez le asemeja a un diamante. En el centro exacto del volumen, donde el poeta emprende su viaje, una serie de estrofas refracta y dispersa, hacia todas las direcciones, la luz. De repente se desata una tormenta. Hace frío. Nieva. Tengo la impresión de ser nuevo en el mundo. He llegado hace muy poco, o todo despertó hace apenas un instante. Ya no sé si soy yo quien recorre los caminos de niebla como un sonámbulo, quien se mueve de campamento en campamento tras la caza, al ritmo de los cambios de estación; no sé si soy yo quien atestigua el sacrificio o quien empuña el pedernal. Un toro muge angustiosamente, el aire se vuelve pesado, hecho de tierra húmeda. El animal lanza un bramido largo y luego calla. Huelo sangre. Alguien, en la penumbra, la unta en mi cara. 

    Es curioso, sólo cerré los ojos un segundo. Un aire primaveral asciende, oigo el tranquilo rumor de las olas; de nuevo la brisa, la ensenada, el archipiélago, el mar. 

      He hallado solaz en este pequeño y retirado refugio. Siempre vuelvo a los mismos volúmenes de mi discreta biblioteca. Los leo pausadamente pues tengo tiempo de sobra. Apenas si en ocasiones me perturba el vocerío de los hombres del puerto —con los siglos la playa se ha venido poblando— o las ruidosas escaramuzas de las aves escamoteándose la pesca. Aquí arriba sólo el viento salobre se filtra, recoge las diminutas gotas de la resaca, se mezcla con el sudor mineral de las paredes y hace crecer estalactitas. 

    He llegado a entender que Un jardín para Perséfone es especial pues su autor no alcanzó la madurez; y sin embargo la certeza de su ministerio, el tono panteísta, la devoción jovial y oscura que permean tales páginas nos ponen ante un caso extraño dentro de la literatura. Allí se recrean los remotos cultos de la fertilidad y los misterios de la resurrección del dios venado. Somos capaces de intuir en ciertos acentos, en ciertos énfasis sutiles, en determinado orden de palabras, en alguna disposición particular de las sílabas o en un juego tipográfico, la intención de causar en el lector el deseo irresistible de repetir en voz alta algún verso. Cuidado. Existe la posibilidad de perderse, de abrir finas rasgaduras en el velo del tiempo. 

    Luego de incontables jornadas dedicadas a su estudio, tengo ahora el placer de presentar al público estos poemas. Imagino al autor el día que sembró el último lirio: escribe la frase final, se frota los ojos enrojecidos, deja su pluma a un lado. Mira con calma el eclipse de ópalo. Murmura algo para sí. Lo imagino caminar en el vacío hacia esa nueva y lejana luz que se insinúa. 


A Gabriel Arturo Castro. 





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