lunes, 9 de abril de 2018

A Quiet Place (2018) de John Krasinki: los nuevos caminos del terror



A QUIET PLACE/JOHN KRASINSKI/2018-EE.UU./ TERROR CONTEMPORÁNEO/****/ 90´/ DOLBY ATMOS / CLASIFICACIÓN:+13


Por Herbert Neutra
herbertneutra@icloud.com

Lo que hace de "A Quiet Place" una muy buena película es que termina donde la mayoría de producciones recientes del género comienzan y se estancan; piénsese en mediocres productos al uso que mezclan ciencia ficción y terror como "Abraham Lincoln: Vampire Hunter" (Bekmambetov, 2012) "Dawn of the Dead" (Snyder, 2004) o la mejor (?) de "Resident Evil" (“Final Chapter”, W.S. Anderson; 2017). Lo que convierte a “Un lugar en silencio” en posiblemente el mejor filme de horror en lo que va del año, es que precisamente comienza donde un clásico como "The Birds" (Hitchcock, 1963) termina. 

     John Krasinski, el famoso actor de la comedia "The Office" (NBC,2005), cambia completamente de registro y sale , por lo menos como director, por fin victorioso. Krasinski consigue sumergirnos en un escenario del que se nos informa poco, una tarea que ni falta hace, ya que en los primeros minutos de su largometraje, por las pocas situaciones que se muestran, lo entendemos todo y aceptamos sus reglas de juego. 

     “¡ES EL SONIDO!", puede leerse en la pantalla, como titular en la portada de un periódico abandonado a su suerte, y es, curiosamente, la ausencia de este, la que también permite que la sala conecte fácilmente con todo lo que se le va presentando. Pocas veces, desde que se abarataron los smartphones y se amplió el menú en los múltiplex, se podrá disfrutar de una audiencia tan aconductada . 


    El juego cognitivo aquí es bastante simple, aunque no faltará el público más ilustrado que presuma de su intelecto durante la proyección, ese al que le gusta hablar con la boca llena de palomitas y razón. A estos amantes de diseccionar la realidad como a un texto o como si se tratara de un pollo asado que se come con la mano, a ellos, les recomiendo quedarse mejor en casa. 

    Para los demás, para nosotros, para los vulgares, esto es, gente ordinaria que va al cine a ver y a entretenerse y que sabe hablar solo lo suficiente, les anticipo una bella cinematografía y una ingeniosa mezcla de sonidos extraídos de la América profunda; una experiencia sensorial sorprendente, finamente orquestada con saltos y cacofonías, varios sustos, loables interpretaciones, modestos pero perturbadores efectos especiales, mucha tensión y, sobre todo, emociones humanas en estado puro. 

   ADVERTENCIA: Las imágenes de "A Quiet Place" están desprovistas de cualquier propaganda o agenda ideológica, porque por fortuna cada vez que vemos el fin del mundo llegar, valen verga la exigencias de falsa igualdad, los derechos estatales y la equidad de género. Y es que en este "lugar en silencio" solo importa la supervivencia amparada en la estructura biológica e institución social por excelencia: la siempre necesaria familia nuclear y sus valores y tradiciones a prueba de todo. 





martes, 13 de marzo de 2018

Hogueras para la corrección política: The Death of Stalin (2018) de Armando Ianucci




THE DEATH OF STALIN / ARMANDO IANUCCI / BIOGRAFÍA-HISTORIA-COMEDIA / 106´/2018/ FRANCIA-BELGICA-REINO UNIDO / ****1/2


Por Herbert Neutra

herbertneutra@icloud.com



"A Stalin le gustaba usar el teléfono y tenía la enervante costumbre de llamar a los artistas en medio de la noche. A veces, como un emperador romano que se sentía indulgente, concedía a sus peticionarios un favor extraordinario. Otras veces les decía que esperaran una llamada que nunca se producía, y ellos solían interpretar el silencio como presagio de desastre. En cualquier momento podía llegar la temida llamada a la puerta".
(Ross, 2009:281)

Sus indignadas publicaciones sin fundamentación teórica en redes sociales ante el triunfo del sentido común, su falta de humor y empatía a la hora de elaborar memes y varios estudios de avanzada en áreas como la neuro-biología y la psicología lo demuestran: el cerebro del simpatizante de izquierda está seriamente afectado, sus conexiones neuronales sobre-excitan mecanismos emocionales aleatoriamente y estos se sienten amenazados, perseguidos o segregados por un argumento que los rebasa racionalmente o que sencillamente no les agrada (Kanai, Feilden; Firth & Ress; 2011; Wright, He, Shapira , Goodman & Liu, 2004; Schreiber, Fonzo, Simmons, Dawes, Flagan , Fowler, Paulus; 2013).

    Le invitamos a hacer un experimento en su cotidianidad: discuta con un hombre beta promedio, con una madre soltera luchona, con una solterona empoderada sin súcubo, con un buenista con mucho corazón pero mejor pasaporte, con algún militante de una “minoría” sexual o étnica ó con un licenciado en mamadas. Discuta con el individuo sobre temas como el triunfo de la civilización occidental, el fracaso de los regímenes socialistas-comunistas o las necesarias y deseables diferencias entre machos y féminas. Y prepárese para los efectos colaterales de su exposición lógica en las amígdalas cerebrales del incauto.


  La mayoría de los que se inscriben en ideologías del “cambio” y el “progreso” actúan con rechazo, con violencia, y con un alejamiento casi supersticioso ante todo aquello que está en contra de sus ideas; a fin de cuentas, por una cuestión evolutiva, independientemente de la orientación política, estructuras de nuestra anatomía como dichas amígdalas o la corteza insular, son las encargadas de regular y controlar estos procesos para defendernos de amenazas como imágenes desagradables, animales peligrosos o el riesgo en el que se pueden convertir la ira, un disgusto, o una tristeza desbordada.

   Pero agregue a este aspecto fundamental para nuestra supervivencia, factores complementarios característicos del cuadro clínico del progresista como el abuso de drogas, la falta de auto-estima, familias de-estructuradas, gusto por el alpinismo social, promiscuidad, desempleo, fascinación por el marxismo cultural, mediocridad artística, una pobre vida espiritual, depresión, cierta pedantería intelectual vecina del retraso mental, trastornos de identidad o una actitud des-informada patrocinada por los mass-media liberales: el resultado, una persona reaccionaria que en sus palabras y acciones se olvida incluso de lo que defiende.

      El lugar común en la era de la corrección política es que la izquierda aún crea sin rechistar que modos de producción como el capitalista son los culpables de todas las injusticias de la humanidad y de sus propios fracasos personales y profesionales. Que encuentren en modelos como el libre mercado, y en las éticas del trabajo, el ahorro y el sacrificio, nada más que generadores exclusivos de egoísmo y miseria en el mundo.

    Esta horda llena de buenas intenciones ve, en el reverso de su peculiar maniqueismo, al socialismo, o al candidato con una propuesta diferente (mixta) de turno- porque es típico en una mente enferma evadir nombres, conceptos, lugares o situaciones que le exijan pensar o tomar posición- como al creador de un mar de buenas intenciones, en el que flotan la invocación absurda de un estado matriarcal, monumental y proteccionista que vende la peligrosa idea de igualdad, equidad y prosperidad en un jardín de leche y miel al que sólo ellos, los más ilustrados, podrán llegar. Una especie de edén en una suerte de país ficcional del nunca jamás, que por lo visto en la historia económica y cultural de naciones como Camboya, Cuba, Corea del norte, Polonia y recientemente Venezuela, por citar solo algunos ejemplos, NO se ubica geográficamente en este planeta.


    La Union soviética fue desde 1917, hasta su estrepitosa caída en 1991, otra de estas sucursales del cielo en la tierra, y al final pasó, como pasa cualquier delirio irracional, cuando la verdad y los hechos desvelan la fantasía. Pero en el medio, la caída del régimen se dilató demasiado, y el cerebro de los fervientes creyentes en la causa bolchevique necesitaba alimentarse- como ocurre en todos estos ideales de democracia- con varios números de teatrillo surrealista, pastiches lo suficiente convincentes para no herir el subconsciente de la multitud. De eso, y de una bandada de parásitos en una frenética lucha por el poder, después del deceso del Líder, va la muy recomendable comedia de Armando Iannucci (“In the Loop”, 2009)

    Iannucci, un experto en satirizar la ineptitud de las social-democracias en el orden capitalista en sus excelentes productos televisivos: “The Thick of All” (BBC, 2005) y especialmente “Veep” (HBO, 2012), tiene en la decadencia moral y gubernamental de la extinta U.R.S.S. materia prima suficiente para sacarle risas al espectador, aún cuando el escenario histórico de fondo sea el escabroso paisaje de desapariciones, censura, persecución y farsa que caracteriza a los hipócritas regímenes de izquierda; estos aspectos también están disponibles en las pocas dictaduras de derecha, aunque en ellas son más frontales y pragmáticos y no entrañan ni venden algo distinto a un tipo de purgatorio provisional.


   En “The Death Of Stalin”, el mismo gobierno que había dirigido sus cañones hacia las nubes para fusilar a Dios, acusándolo de genocidio, ahora debe informar al pueblo de la muerte del autoritario, despiadado, paranoico y admirado por Neruda, Joseph Stalin. El año es 1953 y un país que ha aprobado una ideología tan desquiciada como el socialismo no podría estar manejado por hombres menos cuerdos, una tropa de energúmenos que intentará tomar el poder, mientras el aparente orden sigue en picada y logran asegurarse de que el propio Stalin no los mate, aún, después muerto.

    Un tarado Georgy Malenkov (Jeffrey Tambor), un des-ubicado Vyacheslav Molotov (Michael Palin), un astuto Nikita Khrushchev (Steve Buscemi) y el sádico jefe de la policía secreta Lavrentiy Beria (Simon Russell Beale), se pelearan y apuñalarán como mujeres por un tocado de flores hasta lograr su cometido: el poder sin más, como buenos narcisistas de izquierda.

     El director escocés filma esta charada política deudora tanto del humor de los Monty Phyton como del absurdo de “Dr Strangelove” (Kubrick S., 1964); apenas abandonando interiores, ejecuta varios guiños al agitado encuadre de sus trabajos para la pantalla chica, pero ante todo, se ciñe al diseño y colorido de la novela gráfica original de la que rescata su estilo "viñetesco", un recurso técnico idóneo a la hora de presentar a un grupo de personas torpes, de mentalidad débil, carentes de una convicción real distinta a un deseo patológico de control y posición; un cuadro no muy alejado de los mitines y los foros de discusión de mis estimados y conocidos contactos perro-flautistas.

   “The Death of Stalin” es una versión ligera pero no menos contundente de una historia que el actual ministro de cultura Ruso decidió vetar, una actitud que solo comprueba que las hipótesis lanzadas al inicio de este articulo no se instalan en el puro prejuicio.


viernes, 2 de febrero de 2018

Llenar la vida como a una pileta: Barrefondo (2017) de Jorge Leandro Colás







Por Leonardo Mora
sonidosrare@gmail.com



Este filme dirigido por Jorge Leandro Colás, basado en la novela de Félix Bruzzone, es una inteligente y realista puesta en escena que indaga en la cotidianidad veraniega de un humilde piletero, persona encargada de limpiar una pileta o piscina. De maneta natural, casi espontánea, sin presunciones, Barrefondo logra cristalizar en un buen y sincero relato acerca de tal trabajador, sus avatares diarios y sus relaciones sociales y familiares, las cuales específicamente se generan hacia su subordinado, su familia, su jefe, sus clientes, y hasta el infaltable y orgulloso brazo de la ley. 

      Desde el aspecto formal, dados el gusto y la experiencia del director en el cine documental, Barrefondo implementa usos como la cámara en mano, largos planos secuencia, serenidad en los encuadres y predilección por una amplitud constante para referir los escenarios. 

      Las escenas del filme son sustanciosas en la medida en que son bien elaborados y aprovechados todos los encuentros del piletero, de nombre Gustavo, con los demás, cual sea su rango: desde los más simples, aparentemente, como un diálogo con un cliente idiota, hasta los de mayores y delicadas implicaciones, que incluyen a criminales y policías. Con respecto a los personajes que contratan a nuestro piletero, el director perfila adecuadamente cierta mezquindad tan típica de su aburguesamiento, que como bien se sabe, se compone de especímenes que sufren de la maldición de estar contentos con quienes son, más no con lo que tienen, y juzgar con ese rasero a todo y a todos los demás. Y son precisamente son estos desbarajustes laborales y personales, que se van sumando día a día fastidiosamente en la vida de Gustavo, además de las tensiones con su esposa y su suegro, los que dosifican con interés la trama narrativa, hasta que él se ve estimando una peligrosa e ilegal oportunidad de mejorar un poco sus condiciones materiales y su posición.

    Son contadas las películas latinoamericanas de última generación que logran resolver acertadamente el acercamiento a los modos y a la cosmovisión de determinado sector de las clases trabajadoras, en este caso en el contexto argentino. Abundan las intentonas deformadas, insinceras, consabidas, casi ridículas, hasta irrespetuosas, pero Barrefondo, con sobresalientes actuaciones (que no se ufanan de profundos diálogos o protagonismos, como la vida diaria) logra superar con creces tales problemas y se convierte en una gran apuesta, virtuosa en cuanto se sujeta a un sencillo lenguaje, decodificable por múltiples espectadores, y la posibilidad de hacerlos sentir de alguna manera identificados. Es evidente la gran frustración que cualquier tipo de trabajador tiene que asumir a regañadientes cotidianamente, en una monotonía que se torna inaguantable. Y otra virtud que celebramos del filme, es el hecho de que su objetivo va por otro camino que la saturada exposición de dilemas burgueses con su clásico trasfondo de lujo, drogas, divas, galanes, sexo, y risibles problemas de orden psicológico que a la hora de la verdad no dejan de ser atisbos de una expresa imbecilidad. En suma, Barrefondo es honesta consigo misma y con el público; sabe lo que tiene, lo hace relucir, y en ello radica también la invitación a verla, en cartelera actual en Buenos Aires, en las salas del cine Gaumont, situadas en la populosa y transitada zona de Congreso. 








miércoles, 31 de enero de 2018

Changos divertidos en museos: The Square (2017) de Ruben Östlund






Por Leonardo Mora

sonidosrare@gmail.com


Estamos a frente a un filme que posee grandes cualidades y puntos de interés, pero no podría asegurarse que es una obra magna o que genere un gusto positivo más o menos uniforme entre los espectadores, lo cual, valga decir, repercutió en la vapuleada palma de oro en Cannes que le fue otorgada. Los aciertos que vemos en The Square, radican esencialmente en su poder crítico y provocador que pone en una satírica palestra cuestiones álgidas a diversos niveles, como los desatinos morales e institucionales de una enferma clase alta, el rol de los sacrosantos museos, el estiércol del arte contemporáneo, las embrutecedoras redes sociales y las desabridas relaciones sentimentales de hoy que ingenuamente nos obstinamos en sostener. 


        Geográficamente, se nos manifiesta un viejo continente en franca decadencia política y social, específicamente una Suecia de capa caída y con significativos índices de indigencia y pobreza, los cuales recaen más aún en la situación de sus inmigrantes. Dentro de esta zona, el filme señala ciertos modos y costumbres de una clase alta demasiado convencida, mezquina y de corto vuelo (bien retratada por el director y asumida con propiedad por su protagonista, Claes Bang), y desde luego, con su ancestral inclinación por establecer la mayor distancia posible con las clases sociales inferiores, casi sin ningún tipo de empatía e intervención. Asunto también grave, la cinta plantea cínicamente lo que tal sector acomodado legitima como arte en nuestros tiempos (hay que decirlo, general y lamentablemente basura) en la camisa de fuerza de las instituciones museísticas y sus poco ortodoxas campañas de recaudo y publicidad para llegar y conmover a los incautos.

      Un ejemplo reciente de ello en la realidad, por qué no traerlo a colación, lo constituye la decisión de la Manchester Art Gallery de bajar un cuadro prerrafaelista de sus salas, supuestamente para fomentar discusiones públicas en las que se ha sostenido que el bello cuadro hipersexualiza a las mujeres, ninfas en este caso, y las relega a una posición pasiva. He ahí cómo la deliciosa corrección política actual, tan risible e insuficiente, deja de tener en cuenta aspectos reales como el erotismo heterosexual, que no se anulan de un plumazo o con un insulto (sin disculpar sus pervertidas y dolorosas acepciones) y la época determinada en que se efectúa una obra artística*. Siempre es más fácil opinar con un "like" que esforzarse por lograr un criterio menos ridículo.


     Técnicamente The Square no representa una gran apuesta visual a pesar de su presupuesto considerable y a excepción de un par de movimientos de cámara interesantes, pero a cambio ofrece una inusual concatenación de situaciones absurdas, divertidas, trágicas, inclusive de pésimo gusto y macabras (algunos se sentirán heridos), lo cual imprime a la narrativa un valor distinto y no recurrente en los filmes que premia el consabido festival de Cannes. Pocas veces después de El Planeta de los Simios ha podido verse en pantalla grande una recreación tan cabal y fidedigna de un hombre imitando a su abuelo evolutivo, el divertido y sugerente chango. Y es en serio: es de gran factura la actuación de Terry Notary, quien efectivamente se basó en el clásico de ciencia ficción, y fue encontrado por el director en You Tube, imitando a un mono. 

      En suma, la intención crítica del autor es el gran elemento de la película. Cualquier cosa que se parezca a un escándalo simiesco y a una inteligente puesta en escena que cuestione la decadencia e idiotez del mundo actual y sus incontables facetas, nos parece justa y necesaria. Pero para quienes pretenden encontrar un filme tradicional de narrativa bien establecida, con los cabos atados y que genere dinamismo constante sin somníferos, posiblemente se les harán intolerables sus 2 horas y 24 minutos de duración, de algún modo innecesarias, y quizás un mal sabor final de boca que raya en lo absurdo. Pero, de cualquier modo, creemos que vale la pena verla.


*La noticia completa en inglés sobre la obra bajada del museo:Enlace de The Guardian (pulsar aqui)



jueves, 25 de enero de 2018

En memoria de Mark E. Smith (1957-2018), líder de la mítica banda The Fall




Por Herbert Neutra

herbertneutra@icloud.com


"Ellos pensaron que era demasiado serio,
han pasado por alto el humor que hay en ello...
esta es la historia de mi vida, de hecho."

Mark E. Smith

La lozanía y el buen aspecto no eran precisamente los puntos fuertes de Mark E. Smith (1957-2018). Ni siquiera en sus veintes parecía importarle lucir como un anciano de movimientos lentos y torpes al que le adeudaban meses de pensión, mientras recitaba en el escenario versos bizarros, surrealistas, sardónicos y elocuentes de raigambre Camus/H.P. Lovecraft, como si fuera el más brillante de los profesores universitarios en una borrachera el día de su despido. 


     La prolífica e increíble carrera de la agrupación británica The Fall, con más de treinta discos de estudio publicados en cuarenta años, recién acontece la muerte su líder y artífice, merece hoy más que nunca una revisión exhaustiva que nos permita superar los encorsetamientos ligeros de aspirantes a periodismo indie-queer-progre, que siguen vendiendo a la banda como una más de la vieja camada post-punk.

      Si bien es cierto que el momento en que la música de The Fall despega no puede deslindarse de la explosión del punk en Reino Unido a finales de la década de los setenta del siglo pasado, con clásicos grupos como Sex Pistols, Buzzcocks o The Clash, también lo es que la ética del D.I.Y (do it your self!/Hazlo tu mismo!) fue incorporada por Smith y su combo aleatorio con mayor ambición, pretensión y rigurosidad. 

    Mark Edward estaba menos interesado en pedorrearse en la televisión abierta y en tinturarse el pelo con Kool-Aid, y más en dar voz y forma a sus influencias literarias: Thomas Hardy, Edgar Allan Poe, Philip K. Dick. También arrastraba una obsesión con el minimalismo sonoro, con la repetición y con el “perfeccionamiento” de un estilo vocal emparentado con el legato. Estos detalles hicieron de sus composiciones no solo música de tres acordes; además, sus canciones resultaban pequeños tratados de naturalismo victoriano infestados de ruido, distorsión y catarsis. A esta particularidad atendió temprano el famoso disc-jockey de la BBC John Peel, quien para referirse a The Fall desde el principio dijo: “Son la banda contra la cual todas las demás serán juzgadas”.

   Los rumores sobre las complicaciones en la salud del músico a finales del año anterior, y la noticia de la cancelación de varios conciertos de la última gira, después un recital en octubre en el que apareció cantando en una silla de ruedas, llegaron de la mano con la publicación de una extensa compilación de sencillos y lados B: “Singles 1978-2016” (Cherry Red; 2017), un compendio que desde ya se convierte en documento de escucha obligada para todo aquel que necesite una visita guiada por el universo de la prolífica banda. 

     Aunque dos caras de una misma moneda se pueden quedar cortas para un fanático acérrimo, podría decirse que en “Singles 1978-2016” están casi todas las luces y las sombras de The Fall: “Bingo Master’s Breakout”, “It’s The New Thing”, “C.R.E.E.P”, “Cruiser’s Creek”, “Fiery Jack", “Jerusalem”, “Victoria”, “Wise Ol´ Man” “Theme from Sparta F.C #2” y un largo etcétera. 

      Solo aquellos que se tomen en serio la tarea de escuchar sin pausas, saltos o adelantos estas 7 horas y más de excelente música, siguiendo la disciplina que en otro tiempo nos impusiera el vinilo, obtendrán como recompensa un deseo incontrolable por saberlo todo sobre Smith, sobre su obra, su genio y su particular y siempre ascendente caída. Gracias Marky por hacer como pocos de tu vida una pequeña obra arte, tu ironía es justa y necesaria, especialmente en tiempos como los actuales plagados de falsa humanidad y talento.

lunes, 22 de enero de 2018

Artes, géneros, batallas: Phantom Thread (2017) de Paul Thomas Anderson




Por Herbert Neutra



“Me tiene de una pieza es la verdad, 
yo no comprendo por qué razón, 
a un hombre macho como yo, 
un par de piernas, lo vuelvan 
mierda y una carita lo haga un guevón”.


DARIO DARIO



Posiblemente el epígrafe no sea el más estilizado para este exquisito y elegante filme, pero por la crudeza y tono directo de esas improvisadas palabras, sí sea el más adecuado; por supuesto su pertinencia no se podrá constatar hasta que se abandone la sala, una vez finalicen las dos largas horas que se ha tomado el director americano Paul Thomas Anderson (Boogie Nights, 1997; There Will Be Blood, 2007; The Master, 2012) para presentarnos todas las intrigas y la condena a la que un artista se ve sometido cuando se topa con ese mar revuelto de zozobra, alegrías y sinsabores que es el amor. 


    Phantom Thread es la consagración de Anderson, otro gran nombre de la cinematografía de este siglo, quien ahora captura en portentosos 70 milímetros todo el glamour de la Londres de la posguerra, enfocándose en la obra y el genio de Reynolds Woodcock, un prestigioso costurero en el centro de la moda británica de 1950, a quien da cuerpo y voz de forma incontestable Daniel Day-Lewis. A Woodcok las mujeres le sirven de inspiración, de medio para su creación y de compañía, ¡claro!, hasta el día en el que conoce a Alma (Vicky Krieps), a quien, como ocurre con el "pendejo" (léase tonto en Colombia, infante en Argentina, imbécil en México) de la canción ranchera de Darío Darío, decide convertir en un elemento fijo y determinante en su vida: ya no solo será su amante, también será su ánima, su musa y su compañera. 

   Pronto, como ocurre con cualquier ecuación en la que se invierten los factores razón/emoción, y en las complicadas relaciones masculino-femenino y sus inversos caminos hacia la iluminación, aparecerán las fricciones entre ambas naturalezas. Este escenario es el que el director aprovecha para mostrarnos con su característico humor negro, todas las consecuencias de las acciones de un hombre al que ya no solo una, sino varias mujeres, han ido enredándole la psique, a lo largo de una exitosa pero espinosa existencia.


    A pesar de una aparente simpleza narrativa y genérica, “El hilo invisible” es un espectáculo visual, en el que todo el universo detrás del diseño de las prendas y el oficio de su protagonista, el contexto histórico, el tono oscuro emparentado con títulos como Rebecca (Hitchcock; 1940) y las loables interpretaciones del resto del elenco, cautivarán por su pureza y refinamiento al espectador paciente e interesado. La película es un cumplido al cine a la vieja usanza, en el que la composición de cada fotograma pide degustarse con calma, aún cuando lo que lo que vaya revelando entrañe un sabor agridulce y perturbador; no es gratuito, a propósito, que el propio Day-Lewis anunciara al final del rodaje que su compenetración con el personaje de Woodcok lo llevara a retirarse definitivamente de la actuación y que ha considerado NO ver el largometraje por una cuestión de salud profesional y mental.

  Phantom Thread es una pequeña joya y un clásico instantáneo que haría las delicias y despertaría la envidia de Max Ophüls o Douglas Sirk, entre otras, porque cuenta con una delicada y majestuosa partitura a cargo (nuevamente) de Jonny Greenwood; una obra maestra que pasó desapercibida por las limitaciones de su distribución y estreno en Norteamérica el año anterior, pero que afortunadamente podrá verse en muchos cines del mundo, por supuesto, si usted es de aquellos que valora la calidad y el sentido de dicha experiencia.

miércoles, 10 de enero de 2018

2017 en 11 filmes: sobre viejas y nuevas formas de hacer y observar cine



Fotografía de John Baldessari

Por Herbert Neutra
herbertneutra@icloud.com




En “Mystifying Movies: Fads & amp; Fallacies in Contemporary Film Theory (1988, Columbia University press), el ahora prestigioso filósofo del arte Nöel Carroll, despedazaba con una impecable argumentación todas las mentiras, la falsa ciencia y las aspiraciones “pluri-abarcantes” de los considerados en su momento paradigmas y pesos pesados de la teoría del cine. Pasaba que hace ya casi treinta años se bebía en las universidades y en las facultades de humanidades y bellas artes anglosajonas un cóctel peligroso que incluía entre otros al psicoanálisis lacaniano, al marxismo althusseriano y las pretensiosas maneras semióticas cortesía del infame Roland Barthes. En la conclusión de su libro, Carroll proponía la desmantelación de estas teorías, porque reducían la investigación y el análisis cinematográfico a la repetición de slogans, pastiches, códigos narratólogicos, patologías mentales y manipulación ideológica. Adicionalmente invitaba a diseñar desde cero un marco teórico que permitiera comprender la complejidad del séptimo arte más allá del texto, el consumo y el discurso, considerando que el cine fue, es y será, fundamentalmente, una experiencia cognitiva, emotiva y fisiológica y NO un mecanismo de control mental de la oscura industria cultural.


     A pesar de que en pleno 2018 es fácil hacerse de forma oficial o ilegal con cualquier copia de un libro de Carroll, desconcierta la manera en que la crítica cinematográfica latinoamericana no solo ha pasado por alto estos aportes, sino que sigue volviendo sobre los mismos lugares comunes, despreciando con una argumentación caduca el valor estético de muchos de los filmes que pasan por sus brillantes y aventajadas mentes y plumas. El año que recién terminó, los mandé a la chingada, y me dediqué a aprovechar las promociones de mi tarjeta de descuentos del Cineplex, a quemar las cortesías que tuve a mano, pero sobre todo, a integrarme con el público “menos ilustrado”, aquel que busca entretenimiento y buen rato en las salas de proyección. Como resultado, dejo a consideración este conjunto de títulos que valen por sí solos, no solo como evidencia de la evolución de la cinematografía, sino como muestra de la incapacidad del aspirante a Phd en mamadas y su defensa de un marco teórico que hace rato debería considerarse como un aborto para la historia de las ideas.


    Presento en orden ascendente, los que, en mi opinión y en el comentario de muchos espectadores de a pie, son los mejores largometrajes del año que acaba de finalizar, películas que estimularon el corazón y el cerebro de quienes realmente fueron a verlas, a tiempo que activaron la metástasis en las afectadas anatomías de muchos intelectuales que las despreciaron por no contar con una gran historia, celebrar la frivolidad del entretenimiento o reproducir los estereotipos de la opresión judeo-cristiana-capitalista-heteropatriarcal del perverso occidente.







COCO / ADRIAN MOLINA Y LEE UNKRICH

Lo último de Pixar es una celebración ingeniosa y milimétrica de una de las tradiciones más hermosas de la siempre colorida y optimista cultura mexicana; muchos académicos locales, invocando el manido chauvinismo se ofendieron, porque la gran fabrica “gringa” de sueños que es Disney, supo capturar sin muchos rodeos y con una técnica majestuosa, la esencia de su idiosincracia, volviendo sobre un tema tratado muchas veces en la historia del cine: aquel de la pérdida de aquellos que más queremos y la manera como los conservamos vivos . “Coco” no será la mejor película de Pixar pero sí un filme que conmovió al mundo con la mejor cara de un país que por momentos subestima su grandeza.




GET OUT / JORDAN PEELE

Posiblemente el mejor largometraje de terror que se proyectó el año anterior, la puesta en escena sardónica pero realista de Peele va sobre las buenas intenciones del progresismo americano para con las “minorías oprimidas”; el comediante remplaza la plantación de algodón y a los encapuchados del KKK por una casa campestre custodiada por nobles demócratas, y al final puso a muchos a dudar sobre las bondades de gente como B. Sanders y a otros a sudar frío con frases tan escalofriantes como: “Es una lastima que no pueda votar a Obama para un tercer mandato”.


STAR WARS: THE LAST JEDI / RIAN JOHNSON

Nadie esperaba que Johnson (Looper, 2012) convirtiera esta nueva entrega en una de las mejores películas de la legendaria saga. Rian logra el equilibrio entre la mesura y la espectacularidad, saca todo el provecho de la mezcla en Dolby Atmos y reta los reflejos del espectador en varias secuencias y batallas que pasarán a la historia: bien por su cuidada coreografía, bien por el tono espiritual y enigmático que suponen, o por cierta ironía que no cae jamás en la parodia. No faltaron en contra “niños rata revisionistas” que se niegan a aceptar que el universo de Star Wars es tan extenso y abierto que ya no sabe de nostalgias, coherencia narrativa o una supuesta “corrección política”. El futuro de la galaxia aun depende de lo mismo: Kylo Ren y Rey no son más que dos energías contradictorias y complementarias, que, como hombre y mujer, tarde o temprano tendrán que juntarse por el bien y la continuidad de la fuerza.



THE SHAPE OF THE WATER / GUILLERMO DEL TORO


Del Toro sabe como pocos - tal vez solo como Tim Burton, de quien es, por cierto, su relevo generacional- llevar al celuloide todas sus aficiones, sensibilidad infantil y gustos por el cine underground, de culto, los cómics y la literatura fantástica, entre otros, para materializarlos en contextos históricos plausibles que le permiten vender un sello inconfundible. Utilizando el escenario de la guerra fría ha filmado otro elocuente y bizarro cuento de hadas: en esta oportunidad vemos a Elisa (Sally Hawkins), una mujer poco agraciada, con una vida caracterizada por el aislamiento y silencio, a quien para colmo, la ha "dejado el tren". Sin embargo, pronto y de una manera inusual, conocerá a la que podría ser su última oportunidad de felicidad. “The Shape of the Water” tocará las fibras del espectador con su tono sombrío y elegante. El director tapatío invoca formas clásicas en el encuadre y rinde tributo al mejor cine silente, se concentra en adentrarnos en un romance anfibio, mudo e imposible, en el que los amantes a falta de oxigeno, cambiaran las palabras y argumentos por besos, gestos y caricias. Nada más hay aquí y me parece que ya es suficiente; favor abstenerse de ridículos estudios sociológicos y de identidad de genero, no olviden que la clasificación dice: Terror-Fantasía-Ciencia Ficción.




UNA MUJER FANTÁSTICA / SEBASTIAN LELIO

La película de Lelio no solo es la confirmación del gran momento por el que pasa el cine chileno; también es una obra cargada de momentos descaradamente kitch,una sensibilidad ácida impregnada de giros que le deben mucho tanto a Almodóvar como a Hitchcock, y una muestra muy original de la lucha que Marina debe enfrentar ante el mundo, sin refugiarse en el discurso barato y obvio de la segregación que tantos sueños húmedos provoca a la izquierda. La admirable interpretación de Daniela Vega conmueve: más difícil que ser mujer es ser hombre y más complicado insistir en ser una "mujer fantástica" inventada por un hombre.


BABY DRIVER / EDGAR WRIGHT

Este recomendable título tiene todos los elementos necesarios para ganarse el desprecio del crítico que lee más de lo que ve: Impresionantes escenas de acción, una banda sonora que engancha y sirve de columna vertebral a la cantidad de plomo que se dispara, excelentes representantes del sexo femenino y una historia de amor idílica y ridícula en los días de la “brecha salarial”. Wright llega mucho más lejos que Tarantino a la hora de juntar recortes y referencias cinéfilas, porque no presume de erudición ni abusa del metraje; más bien se concentra en la captura de las situaciones desde ángulos originales y en llevar a la sala de post-producción suficientes argumentos para obtener una película que se resiste a cualquier interpretación que quiera seguir utilizando conceptos como “diégesis” o metáfora.


LOVELESS / ANDREI ZVYAGINTSEV

Zvyagintsev se consagra como el director ruso más importante de las últimas dos décadas, esta podría ser fácilmente su mejor película en una filmografía que merece toda la atención ( “The Return”, 2003; “The Banishment”, 2007; Elena, 2011; “Leviathan”, 2014). Nuevamente el autor nos cautiva puliendo un estilo deudor de la poderosa escultura cinemática de Andrey Tarkovsky y la mirada desposeída y existencialista de Krzysztof Kieslowski, otra vez tenemos a heróes y villanos arrojados a un mundo al que Dios da la espalda y en el que las relaciones humanas se congelan a favor del consumismo y la vida material, un comentario para nada alejado de un contexto como el que el autor examina: la Rusia del post-comunismo donde la erosión moral y la falta de empatía de sus habitantes es el único credo que se profesa.

VISAGES-VILLAGES / AGNES VARDA- JR

La aclamada documentalista octogenaria Agnes Varda no se conforma con su reconocimiento como figura clave de la Nouvelle Vague, y aúna fuerzas con el famoso fotógrafo JR para embarcarse en un viaje por la Francia más profunda y olvidada. "Visages, Villages" termina recobrando el valor, la funcionalidad y la utilidad del que-hacer artístico. Varda y JR, sin proponérselo, terminan produciendo una obra maestra, en la que las historias cotidianas de la gente ordinaria, la arquitectura y el paisaje con el que se van topando y un original sentido del humor, nos devuelven la esperanza en la humanidad y en la vida. Un Documental Monumental que debe su calidad al tono personal y directo con el que se ha elaborado.


LADY BIRD / GRETA GERWIG

Saoirse Ronan lo ha vuelto a hacer: se ha metido en los poros de una mujer confundida dando cuerpo ahora de forma magistral a los conflictos de una adolescente que debe plantar cara a una existencia monótona y sin perspectiva en la Sacramento de inicios de este siglo. “Lady Bird” es el debut en la dirección de Gerwig y además, es esa típica película pequeña e independiente que se hace grande al mostrarnos la belleza que entrañan las cosas sencillas. Para el comentarista cosmopolita pasará desapercibida, para todos aquellos que venimos de pueblos chicos e infiernos grandes, podría funcionar como un manifiesto.


CALL ME BY YOUR NAME / LUCA GUADAGNINO

La sinopsis  que se promociona esta película la hemos leído desde los “Dialogos” de Platón, y es la fantasía de todo profesor universitario con gustos alternativos: Hombre maduro, con saludable posición económica y bien educado, que aspira a un doctorado, termina prendado por la jovialidad, la inteligencia y la belleza de un muchacho que se espontáneamente se ofrece como su aprendiz, su musa y todo lo que el calor del verano le provoque. ¿Cuál es el aporte de Guadagnino entonces? Es confeccionar todo el proceso en el que dicha atracción se condensa, explotando cada fotograma, cada linea de diálogo y cada encuentro entre ambos personajes, excitando nuestra pupila con una paleta vivida de colores, empleando acertadamente la música y preocupándose por capturar las rugosidades, las texturas y el calor de los cuerpos envueltos en la conquista. Hay tanto ritmo y sensualidad en "Call me by your name" que hasta el Señor de botas y sombrero que se equivocó de sala en su estreno en el reciente Festival de Morelia, terminó aplaudiendo en los créditos, hechizado por este descarnado tributo a las emociones.


DUNKIRK / CHRISTOPHER NOLAN

¿Es “Dunkirk” la mejor película de 2017? SÍ y desde ya hay que aceptar que es un gran logro cinematográfico, un clásico instantáneo del cine bélico que sobrevivirá mucho mejor al paso del tiempo que las pobres recreaciones que en décadas anteriores se intentaron sobre la intrépida misión de rescate de las tropas británicas -y de uno que otro francés y canadiense colado- de las costas galas, como resultado de la implacable avanzada del ejercito alemán durante la segunda guerra mundial. Nolan nos mete en la panza de la bestia desde el principio, no le interesa la rigurosidad histórica, ni los detalles sobre el suceso, ya que para eso existen buenos libros; el filme no va de explicar con muchos diálogos, va sobre ejecutar de manera impecable el infierno de la guerra y la intensidad de quienes la vivieron; en dicho sentido también la punzante partitura de Hans Zimmer aporta bastante. A Nolan no le interesa la “coherencia narrativa” porque no subestima al espectador, lo de él son los viajes en el tiempo y la fragmentación de la memoria, utilizando, como nos tiene acostumbrados, varios caminos, sin que esto suponga necesariamente la incongruencia. Christopher sabe que el arte cinematográfico recurre a los sentidos para potencializar la experiencia, ya que él es un perfeccionista como Kubrick, y si fue obstinado y filmó en IMAX de 70 mm, debe ser porque el 25 % de pantalla adicional SÍ importa. 

     En "Dunkirk" no hay nada de discursos, nada de un examen detenido sobre la psique de cada personaje -aunque sin buscarlo Nolan lo logre-, nada de estacionarse en denunciar y demonizar al adversario ni de glorificar a la victima, nada de llenar la pantalla con judíos llorando con sus brazaletes de estrellas de seis puntas y nada de Nazis con sus esvásticas escupiendo fuego: es la guerra y el enemigo nos ha arrinconado, hay que salvar a la mayor cantidad de soldados que se pueda, he aquí la única premisa. En contra de "Dunkirk" no faltaron los más tarados que se ofendieron porque la mujer no estaba adecuadamente representada, porque no había suficientes minorías o porque al final el “triunfo” del ejercito británico y las palabras que oficialmente profirió Wiston Churchill llamando a toda Britania a no rendirse, tenían un tono propagandístico que justificaría el reciente Brexit y toda la maldad del imperio británico por siglos. Para todos estos avezados comentaristas estaría mejor un fin de semana de entrenamiento militar. Dunkirk será ignorada en la próxima entrega de los Oscars, no solo porque se estrenó en Verano, sino porque no ofrece nada útil a la agenda hollywoodense, y es que en un mundo tan ginocéntrico como el actual ¿a quién le pueden importar un montón de hombres blancos luchando por la libertad de una nación? más trendy es encender velas, cantar "Imagine" y agarrarse de las manos.

El famoso crayón oblongo / El puente (2025) - Una crónica poética y un relato breve de William Alexander Medina Méndez

 El famoso crayón oblongo                                            Salta cadáveres (1989) - Pedro Alcántara Herrán   "Eres esclava de...